¿Que os puedo contar de mi dolor? El niño era como un joven ciprés, cuyas raíces son arrancadas por el viento. Todo lo que podía decir mi corazón era: "A Dios ha ido puro, mientras que yo, vieejo pecador, llegaré indigno".
Un día loco de angustia, fui a su tumba y levanté la lápida. En el interior, todo era angusto, agobiante y oscuro. Retrocedí lleno de miedo y confusión. Y en ese triste estado me pareció oír la voz de mi amado hijo: -¡Padre! ¿Tienes miedo de este oscuro lugar? Sé, entonces, sabio y trae tu propia luz en tu interior. ¡Quieres que la noche de la tumba sea como la del día? Entonces, enciende ahí fuera, en el mundo, una lámpara de buenas acciones.
"Cuando mis siervos te pregunten por Mi, (dí) estoy cerca y escucho la súplica del que me ruega cuando Me invoca" (Corán, 2:186))
***
"Convence a tu corazón de la Majestuosidad y Grandeza divinas, ayúdalo a observar la sabiduría de Al-lah (el Dios Uno) en tu interior, sepas que Al-lah conoce lo oculto de tu ser, la verdad y la falsedad (cuando hayas alcanzado este estado, nacerá en tí apego y amor hacia Al-lah (el Dios Uno), y podrás suplicarle con confianza)".
El término Mawlid es el nombre que recibe la celebración del aniversario de Muhammad (s.a.s.). También se utiliza con el mismo significado la palabra Mawlud que literalmente significa "el Nacido" (en pronunciación vulgar Mulud).
La personalidad de Muhammad (s.a.s.) impresionó fuertemente a sus contemporáneos y todo lo suyo adquirió una enorme importancia y trascendencia. De él fluía una poderosa Báraka que lograba comunicar a todo lo que le rodeaba, ya fueran personas, objetos, lugares, incluso a su "tiempo". Sus compañeros, los Sahâba, especialmente sensibles a su Báraka, velaron por transmitirnos sus gestos más mínimos, sus estancias en determinados lugares -que desde entonces aún mantienen la presencia de su Bendición activa-, los momentos en los que él derramaba a su alrededor la bondad natural de su ser. Para los musulmanes, el recuerdo de su nacimiento (Mawlid) está estrechamente ligado al principio que rige todo lo que es bueno en la existencia, y aunque la Sunna no menciona la necesidad de celebrar ese acontecimiento, es conmemorado por toda la Umma que desea recibir simbólicamente la Báraka del instante en el que nació el Habib (s.a.s.).
La casa en la que vio el día en Makka, en el actual Suq al-Layl, cuya historia se conserva principalmente en las crónicas de la ciudad, no parece haber jugado, al principio, un papel especialmente notable. Fue la madre de Harún ar-Rashid, la reina Jayçurán (S.VIII), quien construyó una mezquita sobre esa modesta habitación. De igual modo que los musulmanes aprovechaban y aprovechan la peregrinación para visitar la tumba del Rasûl (s.a.s.) en Medina, muchos acudían a su lugar de nacimiento en Makka como muestra de reconocimiento hacia el lugar en el que había nacido y con el deseo de recoger la Báraka que proyecta el espacio en el que tuvo lugar el acontecimiento de su Mawlid. Se conservan descripciones de la casa hasta finales del S. XIX, justo antes de que fuera saqueada por los wahhabíes. La mención más antigua que se conserva de celebraciones públicas del Mawlid se encuentra en la obra del historiador Ibn Yubáir. En su época (S. XII), una ceremonia especial, distinta de la observancia privada, era organizada en Makka. Durante ese día -la fecha generalmente admitida para el Mawlid es el doce de Rabí' al-Awwal, él (s.a.s.) habría nacido en lunes- la casa natal de Rasûlullâh (s.a.s.) permanecía excepcionalmente abierta durante todo el día y a ella acudía un gran número de visitantes. Durante la visita (Çiara), se efectuaban dos rak'as, se hacía du'a y dzikr, y también se besaban las paredes como signo de aceptación de la Báraka.
En el Cairo, la participación a gran escala del pueblo y de las tariqas sufies data al menos del S. XIII. En un tiempo relativamente breve, la fiesta se extendió por todo el mundo musulmán y se poseen numerosas descripciones en diferentes países y diversas épocas.
En 1588, el sultán otomano Murad III introdujo la ceremonia del Mawlid en su corte. A partir de 1910, y hasta la dictadura de Ataturk, fue la fiesta nacional del Califato Otomano. Hoy en día, la fiesta oficial dura uno o varios días en los países en los que el Islam predomina. En muchos de estos países la celebración auténtica y popular es remedada por una ceremonia política, a la cual asiste el jefe de gobierno o su representante y se celebra en una de las principales mezquitas de la capital.
En el África occidental, el aniversario del nacimiento de Muhammad se asocia a la idea de rito de iniciación. Para algunas tariqas, especialmente para las ramas de la Tiyanía en Senegal, es la ocasión de la principal reunión anual. El grueso de la literatura hausa, olof, mandinga y peul está constituido por los amdah o qasidas que elogian al Rasul y que son recitadas durante el Mawlid. En Chad, también se celebra con gran pompa, regularidad y cuidado. El centro de estas ceremonias es la recitación del madh, el poema panegírico con carácter casi siempre legendario. Los amdah siguen normalmente una misma secuencia: alabanzas a Allah como introducción, du'a o invocación, descripción de la creación del Nur Muhammad (s.a.s.), y después diversas disgresiones (por ejemplo, sobre los antepasados del Rasûl) antes de pasar al relato concreto de su nacimiento en el que se exalta la figura de Amina; su madre. En el mundo arabófono, la recitación de un madh extenso es también un rasgo común de las celebraciones del Mawlid desde al menos el S. XV. Los poemas regularmente más empleados son la Burda y la Hamçía, ambos de al-Busiri, quizás el autor más prestigioso de amdah. Tanto en el norte de África, Oriente Medio, la India, Asia Oriental, en toda la Umma, se celebra el Mawlid como una fecha que debe ser conmemorada y aprovechada por los musulmanes.
La celebración del Mawlid, en tanto que expresión de veneración hacia Muhammad, es, en la práctica, universalmente admitida en el Islam. No obstante, los wahhabíes la detestan (está formalmente prohibida en Arabia Saudita) y algunos sectores salafis (puristas) la consideran inoportuna y ajena a la Sunna -evidentemente, Rasulullah (s.a.s.) no celebraba su aniversario-. La importancia que le da el común de los musulmanes radica en la trascendencia que reviste para los sufies. Los que se oponen a la celebración del Mawlid la consideran bid'a, es decir, innovación reprensible, y sus objeciones se elevan precisamente contra los aspectos que revelan una influencia del sufismo (como la recitación de poemas alegóricos, las danzas, los fenómenos de éxtasis... ). Un interesante documento referente a esta polémica es una especie de fatua publicada por Suyuti, el gran 'Alim egipcio del S. XVI: tras un breve estudio de la historia de la fiesta discute sus pros y sus contras en detalle y concluye que debe ser aprobada como bid'a hásana (innovación acertada).
Extraído de Webislam.com
sábado, 21 de febrero de 2009
La Prueba de la Existencia Y Unidad de Al-lah
Por
Muhammad Mutwally El Sharawi
Traducido del Inglés por:
Musa Ta-Ha Bao
“Vuestro conocimiento de la existencia de Al-lah ¡Glorificado y Ensalzado Sea! es, ante todo, algo Inexistente e intuitivo. En segundo lugar, Algo intelectual logrado por la razón. Y en tercer lugar, algo empírico cuyo origen Descansa sobre la sensación y la percepción”.
Modos Internos y Externos de Percepción
El ser humano posee ciertas formas del sentido de la percepción -el oído, la vista, el olfato, el gusto y el tacto-que le caracterizan concediéndole acceso al mundo exterior. También es poseedor de ciertas facultades latentes a través de las cuales es capaz de entenderse así mismo y a su conciencia. Por lo tanto, tiene acceso a ambos mundos; uno al mundo exterior y otro al mundo de uno mismo; el interno. Estos accesos que le introducen al mundo exterior son conocidos como los sentidos y aquellos que lo introducen al interno, son llamados intuitivos. Tales intuiciones son inherentes en el ser humano sin que este tenga el conocimiento de como funcionan y de como ha llegado a ser receptor o poseedor de ellas. Para poder demostrar este punto permitámonos dirigir nuestra atención a observar los objetos de percepción. El hombre ve formas y colores, escucha voces, toca las cosas, saborea y discrimina entre lo amargo y lo dulce, olfatea olores que tanto pueden agradarle como disgustarle. Todo esto le hace establecer contacto con el mundo exterior. Pero existen otras percepciones que no obtenemos por ese mismo sistema. Pongamos un ejemplo; una persona puede sentir que tiene hambre, pero ¿a través de cual de sus sentidos experimenta esa sensación?; ¿a través de sus ojos?, ¿de su nariz?, ¿del tacto?, ¿su poder de audición?...sencillamente no; a pesar de todo, se da cuenta de que tiene hambre. Debe de haber por lo tanto en nuestro interior, formas de percepción ajenas a las que nos permiten percibir el mundo exterior. Alguien puede amar a alguien y también llegar a odiarle. ¿De que manera entonces podemos percibir este amor o este odio? El hecho de que estas sensaciones existan demanda alguna forma de percepción, lo que sucede es que dicha forma no está estructurada dentro del margen de los sentidos burdos o externos. Esto es debido, a que cuando los estudiosos decidieron expresarse, lo hicieron basándose a través de la referencia obtenida con los sentidos externos y de una manera muy escrupulosa. Hablan de cinco sentidos (externos). Este cuidado demanda la existencia de otros sentidos (no externos) que unen al hombre con su mundo interno. Sería una incoherencia en contra de la razón, que el ser humano tuviese formas de percepción que le unen con el mundo exterior, mientras que el mundo dentro de él se abandona a un estado de imperceptibilidad. Para poder captar lo que existe en su interior, el hombre debe por el contrario percibirlo directamente desde su presencia externa.
La Intuición Testifica la Existencia de Al-lah
El tener tales formas interiores de percepción implica la validez de nuestra conciencia intuitiva sobre la existencia de Al-lah. Esta conciencia intuitiva pudiera ser imprecisa; aun así, testifica la existencia de alguna clase de poder detrás de este universo de percepción sensorial. El nombre de Al-lah se encuentra mucho más allá de la percepción intuitiva. Pero... ¿se puede percibir Al-lah a través del oído? Alguien tuvo entonces que decirnos que el poder así percibido es llamado Al-lah, ya que un nombre no se manifiesta a través de la percepción intuitiva. ¿Cual sería entonces nuestra evidencia para demostrar este poder? Personalmente, nada sé respecto a este punto, ya que se encuentra fuera de los dominios del intelecto.
Cuando los filósofos de otros tiempos (especialmente los griegos) se encontraban totalmente inmersos e inmensamente preocupados con este tema, fue en ese momento cuando dio comienzo el estudio de las metafísicas. Tal como la palabra “metafísicas” sugiere, ellos intentaban mirar más allá de la naturaleza física. ¿Quien les dijo que había algo que tenía que ser buscado y estudiado? ¿Como llegaron a la conclusión de la existencia de algo que tenía que ser encontrado detrás de la materia? Tanto si lo han conseguido o han fallado en el intento, esto aquí es algo que no nos concierne; lo que nos interesa es el hecho de que aquellos hombres sintieron la necesidad de dirigir sus miradas mas allá de la naturaleza. Lo curioso y sobretodo sorprendente, es que tuvieron la iniciativa de hacerlo. Dicha iniciativa tuvo que haberse desarrollado por causa de alguna clase de conciencia intuitiva, cierta clase de conciencia todavía en proceso de evolución, que testificó y asimiló el hecho de que algo tenía existencia detrás del universo material. El universo, decían, no pudo haberse generado así mismo, sino que tenía que existir tras él algún tipo de poder. Fue debido a este razonamiento cuando comenzaron a buscar la causa de ese poder canalizando todas sus energías y pensamientos hacia ello. De no existir dicha conciencia no hubiesen estado tan preocupados y tan determinados a investigarlo. Una vez más, debemos de considerar la plataforma de madurez intelectual alcanzada por aquellos pensadores quienes dejaron al descubierto pruebas de la existencia de Al-lah. Seguramente que estos hombres tuvieron que haber alcanzado una cierta edad en el momento que decidieron tomar la iniciativa que les llevaría a descubrir esas pruebas. Nadie se dedica a la práctica de la lógica antes de los veinte años de edad. Pensadores, quienes ofrecen pruebas de la existencia de Al-lah, deben estar entre los 20 y los 30 años.¿Entonces, en que terreno estos hombres adoraban a Al-lah -Alabado Sea- antes de haber podido encontrar la prueba de Su existencia? Su búsqueda por obtener tal prueba es una evidencia implícita de su creencia en un existente Al-lah. Ellos Le buscaron por deducción de su creencia anterior. Por consiguiente, lo que conduce a la mente para encontrar la prueba de la existencia de Al-lah es el Ser Inasible, su creencia intuitiva localizada en el alma y que es un poder cierto detrás del mundo material, un poder que debe ser buscado hasta encontrarlo.
Filosofía Mezcla Frecuentemente Razón e Imaginación
Los filósofos no estaban satisfechos con permanecer dentro de la capacidad de sus mentes, sino que se consumieron a si mismos al intentar incluir en su investigación algo inadecuado en ello. ¿Que fue lo que intentaron incluir? A pesar que las facultades naturales de la mente persisten en argumentar la existencia de Al-lah -Alabado Sea- aun así el hombre se obceca en su búsqueda a través de los confines de la tierra por alguna evidencia con la cual pudiera deducir dicha existencia. De encontrarla, su mente quedaría satisfecha. Después de todo, recibiría conocimiento de ese poder, a través del mismo poder en cuestión. Detengámonos aquí para tratar de clarificar este punto. Lo que entorpece a pensadores y filósofos en sus intentos para poder llegar a conocer este trascendental poder, es su confusión entre la razón y la imaginación. Incluyen a la imaginación en una labor de la razón y acto seguido lo mezclan. ¿A que se debe este comportamiento? Sencillamente, a que descansa dentro de la capacidad de la mente; la razón puede concluir en la existencia de algún poder detrás de este mundo material. La mente (a pesar de todo), no puede hacerlo por si misma y decirnos el nombre de dicho poder, su trascendencia, sus atributos, sus demandas sobre nosotros o lo que pueda proporcionarnos si nos sometemos a él. La mente no nos informa de tales cosas. Permítaseme ofrecer una analogía para mostrar lo que intento explicar: Si cerrásemos la puerta de esta habitación y poco después sonase el timbre, todos estaríamos de común acuerdo de que hay alguien al otro lado de la puerta. Pero, si por el contrario, comenzamos a preguntarnos a nosotros mismos: ¿quien será el que está llamando al otro lado de la puerta? ¿Será hombre, mujer, joven, viejo, blanco o negro; será portador de buenas o malas noticias? En ese mismo instante de intuición nuestras opiniones comenzarían a ser diferentes. ¿Y esto, a que se debe? Sencillamente, porque no es una función para ser realizada por la razón, sino por la imaginación. Por lo tanto, lo que aquí consume a los filósofos es que intentan imaginar a Al-lah, cuando opuestamente dicha imaginación va mas allá de algo que está innata e intuitivamente impregnado en la mente. Digo esto, porque cada uno fabrica en su propia imaginación cosas inexistentes que guardan relación con tangibles objetos que nos son familiares. Esto es parecido al caso en donde la gente carece de experiencia respecto a algo y deseamos ofrecerle alguna noción acerca de ello. Le decimos, es así de esta o... de esta otra manera. En otras palabras, transformamos lo que la gente desconoce en algo que conoce. Evidentemente, si los filósofos estuviesen satisfechos con permanecer dentro de los límites de la razón, no habría ningún problema; abandonarían vanas imaginaciones y aceptarían lo que está en los mensajes.
Por el poder, El Poder se revela así mismo y le dice al hombre: Mi Nombre es Al-lah, tengo este atributo y este otro. De aquellos que estén dispuestos a servirme les pido esto y esto otro. Para aquel que Me obedezca Yo haré esto y aquello, y para aquel que me desobedezca Yo haré esto y lo otro. Lo que habría que responder a quienes alegan la existencia de cualquier dios distinto de Al-lah -Alabado Sea-. Preguntemos a los que adoran al Sol (por ejemplo), que es lo que el Sol les pide que hagan y que clase de enseñanzas deban seguir. Naturalmente que no podremos encontrar tales enseñanzas. ¿Que podría hacer el Sol por aquel que se somete a él o que dejara de hacerlo? No existe absolutamente nada que pueda recompensar o castigar. Lo que envicia dicha adoración es un total fracaso del objeto adorado al no poder proporcionar a sus seguidores cualquier dirección o curso a seguir. ¿Como puede entonces una persona adorarlo o someterse a él? Razonemos y entendámonos: Tiene que existir una doctrina o algún cuerpo de enseñanzas antes de que podamos identificar y creer en algún poder tan razonablemente real como es Al-lah; el Creador y el Mantenedor. Y si el Sol no puede ofrecer a sus fieles adeptos ninguna clase de enseñanza, tenemos y debemos de admitir que es un dios falso, y que jamás ha existido hombre alguno proclamando ser ¡un enviado del Sol!
El Glorioso Corán no Ofrece Evidencia De la Existencia de Al-lah
La razón, por lo tanto, es algo surgido del sentimiento y la conciencia. Ambas en si mismas son nonatas y anteriores al pensamiento. La intuición induce a la mente a buscar fuera de sí por cualquier evidencia, y es debido a esta necesidad lo que le lleva a embarcarse en una causa que está mas allá de su poder; una causa que transciende los límites de la razón. Alguna que otra vez los filósofos han dicho (siendo conscientes de esta limitación) que sería suficiente con creer en algún poder trascendental y al mismo tiempo someterse a él. En este punto habría que responder, que el hombre no podrá estar satisfecho con semejante razonamiento, ya que desconoce cuales serían los deseos de dicho poder. O sea, lo que le complace o le desagrada. Este desconocimiento ha causado a las metafísicas -rama de la filosofía que trata con todo aquello que se encuentra mas allá del mundo físico- perderse por laberintos y en donde ninguna escuela puede alcanzar fines comunes; incluso filósofos de una misma escuela discrepan entre sí yendo y viniendo por diferentes caminos. Las investigaciones en el campo de las metafísicas, no pueden alcanzar conclusiones que puedan ser aceptadas por todas las mentes. Por esta razón, cuando el Glorioso Corán fue enviado para enseñar la Verdad, no aportó ninguna evidencia de la existencia de Dios, sino que se demostró en contra de la absurdidad de asociar segundos con Al-lah. Es como si la existencia de algún poder trascendental fuese a priori un axioma indiscutible. Lo que tiene que ser aquí debatido no es este axioma, si no, la existencia de un Dios en contra de los múltiples existentes. De esta manera, el hombre podría aceptar la sugerencia de que existe, un dios del cielo, un dios de la tierra, un dios de la mente o un dios de las estrellas.
Por este motivo la existencia de Al-lah no está demostrada en el Corán; ni tampoco lo necesita hacer, porque a priori es un hecho axiomático indiscutible y hasta tal extremo, que los infieles que se opusieron al Mensaje cuando fueron expuestos a las cruciales preguntas de quien es el Dios Creador de los Cielos y de la Tierra y de ellos mismos, estos respondieron Al-lah. Incluso quien diga que Dios no existe, asume en su misma negación la existencia de lo que él quisiera negar. Pregunta: ¿Nació en tu mente la idea del Dios que tú niegas? Esa idea la cual tú rehúses, ¿como surgió en tu pensamiento? Afirmaciones puramente existenciales no acontecen en nuestras mentes solo para que podamos negarlas. Si uno se esfuerza en querer negar a Dios, tiene que encontrarse en una posición de que en algún momento de su vida creyese en Su existencia. ¿Que es lo que ha sucedido? Que al encontrarlo oculto comenzó a decir que Dios no existe. En todas las lenguas siempre se encuentra un nombre para Dios; en árabe, el nombre usado es Al-lah. En cada lengua el nombre encierra el mismo significado. La existencia de dichas palabras conduce a observar que estas están unidas a un cierto idioma cuando su significado tiene existencia en las mentes de aquellos que las utilizan. Una palabra no puede crearse donde el pensamiento no tiene existencia en la mente. El pensamiento es anterior a las palabras; surge un pensamiento y una palabra es creada. El que podamos encontrar una palabra en el diccionario de una lengua y el uso que se le dé por quienes la hablan se debe, por fuerza, a que tiene que existir la evidencia de cierta referencia. Ahora bien, que la existencia de la causa anteriormente discutida venga a ser negada, esto es otro tema.
La Revelación de Al-lah a Adán
Se dice que la afirmación es superior a la negación porque el que niega está omitiendo la existencia de algo; por lo tanto, la existencia es anterior a su negación. Aún más, la presencia de una palabra en el léxico de una lengua, demuestra la existencia del hecho en común a lo que hace referencia. Por consiguiente podemos atrevernos a decir, que una idea nacida dentro de la intuición puede volverse lo suficientemente clara como para crear una certeza mental y de este modo encaminarnos sobre dicha certeza hacia el poder que hace referencia, obteniendo así directo conocimiento de ello. Es por esto, que la relación de la mente hacia el ya mencionado trascendental poder, se convierte al fin en un asunto de los sentidos, con lo cual, le otorga la mas consolidada clase de evidencia.
El Glorioso Corán nos informa que Al-lah creó a Adán. Un ser humano carente de niñez, un ser humano que jamás pudo ser niño...que no necesitó crecer. Se encontró a si mismo totalmente desarrollado y los ángeles postrados ante él. Fue creado de la nada y exento de pasado. Esta escena ha sido para él, una auténtica y absoluta revelación. Fue por expreso deseo de Al-lah, que Adán existiese y de esta manera poder transmitir a su descendencia esta escena de revelación, y como resultado de ello se le concedió a su descendencia el derecho de transmitirla a través de todos los tiempos y generaciones. La palabra que nombra a Al-lah en todas las lenguas, adquiere su propia alternativa de poder manifestarse, solamente porque su significado tuvo existencia en la mente del que la pronunció por primera vez. Cuando el Glorioso Corán hace mención a cosas que carecen de existencia en nuestras mentes, este nos proporciona una mera aproximación con el propósito de poder obtener así algún significado de ellas. Hace mención del Paraíso y de los disfrutes y delicias que existen en él. Naturalmente, todos estos disfrutes divergen extraordinariamente de aquellos que existen en este mundo. Pero cuando el Señor nos informa del Paraíso, de donde podrían surgir estas palabras sino del lenguaje de aquellos hacia quienes Él se dirige. Palabras que son concebidas en su referencia hacia conceptos mentales. Al-lah nos informa que en el Paraíso existen cosas jamás imaginadas por las mentes o corazones de los hombres. ¿Como y de que manera entonces se pueden revelar palabras que identifiquen tales cosas? Esto sucede porque a pesar de que Al-lah nos esté proporcionando una cierta imagen del Paraíso, aun así, no está presentándonos la verdadera realidad del mismo, ya que dicha realidad es de tal magnitud que jamás ha podido ser contemplada por el ojo humano, o el oído; y mucho menos, poder imaginarlo con la mente. El lenguaje se basa sobre la plataforma de los objetos de los sentidos de lo visible. Las personas solamente tienen palabras las cuales mantienen una relación con lo que acontece en sus propias mentes. Partiendo del punto de que la verdadera naturaleza del Paraíso es desconocida descriptivamente, no puede ser explicada debido a la ausencia de palabras. Consecuentemente la Verdad habla de... “la alegoría del Paraíso la cual está prometida para los justos”. No, “El Paraíso”. Y esto se debe, a que en nuestro léxico no existen palabras con las cuales nuestro Señor pueda dirigirse a nosotros y hablarnos explicándonos que esta cosa o la otra se encuentran en un lugar llamado “Paraíso”, “Jardín” o “Edén”. Por lo tanto, Él nos informa de que algo tiene existencia en ese lugar. Siendo así, la palabra que pueda describir e identificar y como resultado nombrar, debe de ser poseedora de un sentido muy particular para el hombre, y por ello de antemano ha tenido que ser conocida y pensada por alguna mente humana. Algo que jamás ha tenido su propia existencia jamás podrá pensarse acerca de ello. Por consiguiente, la conciencia que tenemos de Al-lah deberá ser remitida a la mismísima creación de Adán en el momento de encontrarse así mismo como testigo ante La Causa de su experiencia. Cierto es, que él ha sido creado con el propósito de que pudiera transmitir tan claro conocimiento a sus descendientes. Pero a medida que esta transmisión iba en aumento, también lo hacía en alejamiento de la fuente, y como consecuencia de este hecho el hombre creció despreocupado. Uno olvida una cosa, otro la ignora, y así sucesivamente hasta que el significado real se enturbia. De este modo, el hombre comenzó a familiarizarse exclusivamente con el mundo de las formas hasta que en algún momento de su vida algo sucede y le obliga a inferir una vez más sobre la existencia de algo que está mas allá de todo lo que le rodea. De nuevo sus mentes son llamadas a pensar y otro proceso da comienzo.
Al-lah Envió Mensajeros para Contrarrestar la Inconsciencia del Hombre
Es la tarea de los Mensajeros de Dios, eliminar el óxido del alma producido por la causa de este abandono. Como la conciencia del hombre tiende por si misma a debilitarse, El Único -por siempre glorificado- envía profetas y mensajeros para ayudar al hombre a que restablezca contacto con su Creador. Reflexionemos con el mensaje en la siguiente Azora del Glorioso Corán:
“Y cuando tu Señor sacó de las espaldas de los hijos de Adán a su propia descendencia y les hizo que dieran testimonio: ¿Acaso no Soy Yo vuestro Señor?. Contestaron: Sí, lo atestiguamos. Para que en el Día del Juicio no pudierais decir, nadie nos había advertido de esto”. (Corán: 7-172)
Este hecho es conocido como, “El Convenio de la Posteridad” y está englobado en la tradición profética en el Hadiz, explicando que cuando Al-lah creó a Adán, Él, golpeando sus espaldas y presentándole a toda su posteridad les dijo: “¿No Soy Yo vuestro Señor?. Y ellos respondieron: “¡Sí!, y nosotros lo testificamos”. De esta manera el tema en cuestión, es de directa e inmediata experiencia. Adán conoció a Al-lah y no a través de un proceso de meditación mental; sino, por tenerlo frente a frente. Es de suponer que este conocimiento tuvo que haber sido transmitido a sus descendientes; pero como ya se ha comentado, por causa de una negligencia, abandono y falta de responsabilidad, dicha realidad se ha ido desvaneciendo a través del tiempo.
Retrocedamos unas líneas y detengámonos en el pasaje que trata sobre este punto:
“Y cuando tu Señor sacó de las espaldas de los hijos de Adán a su propia descendencia y les hizo que dieran testimonio: ¿Acaso no Soy Yo vuestro Señor?. Contestaron: ¡Sí!, lo atestiguamos. Para que en el Día del juicio no pudierais decir, nadie nos había advertido de esto”. (Corán: 7-172).
Y el Dios continua utilizando la frase, “para que no pudierais decir...” lo cual establece que hubo un convenio. El versículo dice: “Para que en el Día del Juicio no pudierais decir, nadie nos había advertido de esto”. Hasta aquí todo está claro. Y continua diciendo: “o que podáis decir: Ya nuestros padres antes que nosotros eran adoradores de falsos dioses, y nosotros somos su descendencia. ¿Es que vas a destruirnos por culpa de las acciones de unos hombres que fueron lascivos consigo mismos?”. Esto es otra cosa; por lo tanto, exige una reflexión ya que nos encontramos ante dos pretendidas excusas. La primera de ellas manifiesta una inconsciencia transmisora; y la segunda expone como consecuencia, el resultado de un mal ejemplo. Por esta razón este texto del Corán establece: ...Para que no digáis: “Jamás se nos ha advertido de ello”. “Antes que nosotros, nuestros padres ya adoraban falsos dioses”. El segundo intento agotador, es el que nos conduce hacia el legado o herencia de transmisión. Si hacemos un seguimiento de esta herencia en un proceso descendente hasta la misma línea transmisora, concluiremos afirmando que la primera línea hereditaria fue Adán y que al mismo tiempo fue testigo visual. La causa de la primera fisura fue la despreocupación. Con el tiempo, esta negligencia o abandono se extendería hacia una generación ignorante de las enseñanzas y mandatos de Al-lah la cual contribuyó al surgimiento de otra generación culpable de ambas faltas; ignorantes e imitadores de sus padres. En resumen: Primero surge una generación ignorante y poco después como consecuencia, acontece otra de atontados que dicen: “Nuestros padres antes de nosotros ya adoraban falsos dioses, nosotros solo somos su descendencia”. Cuando el Glorioso Corán expone este tema, asume la existencia de Al-lah como un hecho que va más allá de cualquier pregunta, ya que no puede ser razonablemente cuestionado. Si alguien estuviese dispuesto a rebatirlo, ofreciendo alguna evidencia, confesaría a través de esa misma evidencia que está ofreciendo, la dudosa calidad de su rebatimiento. Pongamos el ejemplo de alguien que va a visitar a su médico. Si el especialista le prescribe alguna medicación, el paciente asume que algo en su organismo va mal y por lo tanto tendrá que admitir que padece alguna clase de malestar o enfermedad. Pero si el médico no le diagnostica ningún mal no habrá necesidad de ponerlo bajo tratamiento, ya que se supone que todo está en orden. O sea, que goza de una excelente salud. Por esta causa, dicha propuesta deberá ser presentada y dirigida hacia cualquier otra finalidad y no poner la evidencia de Al-lah ante cualquier demanda, excepto para que Sea Ensalzado y Glorificado. No queda ninguna duda de la existencia de Al-lah, pero parece ser que Al-lah no puede ser Uno sino muchos, ya que el mundo tiene necesidad de diversidad de extensivos poderes dando la impresión de que estos, por ser demasiado grandes, no pueden ser ejecutados por un solo Dios. Dicha duda puede surgir, pero no la de que exista algún Dios; esto es absolutamente imposible. Surgiría entonces la duda ante la posibilidad de que puedan existir varios dioses y no necesariamente Un Dios Único y Exclusivo. Como consecuencia de esto, siempre se recurrirá a la consabida pregunta: ¿Podría existir algún otro dios que no sea Al-lah? Como conclusión, aquí la duda siempre descansará sobre la posibilidad de que puedan existir segundos con Al-lah y no el simple hecho de la existencia de Al-lah Cuando la ignorancia y el abandono se apoderaron del hombre, muchos de ellos se volvieron intelectualmente arrogantes rechazando seguir a quienes aclamaban ser Mensajeros y trataron de explotar los límites de la razón y la intuición. Asumieron la posibilidad de que tal vez pudiera existir cierto poder trascendental, pero se quedaron cortos cuando se enfrentaron a la pregunta respecto a lo que dicho poder demandaba del hombre y de sus requerimientos, los cuales ellos carecían de conocimiento.
El primer paso hacia el conocimiento de Al-lah es una inasible e intuitiva conciencia que hace referencia a cierta clase de poder trascendente. El siguiente paso tal como ya se ha visto, nos conduce al razonamiento en donde dichos sentimientos intuitivos obligan al pensamiento a la presentación de pruebas. Dicho de otra manera, habría que demostrar la existencia de Al-lah a través de la deducción. Para conseguir esas pruebas y suministrar sus detalles y elucidación, descubriríamos que se transformaron en una evidencia empírica alcanzada a través de los sentidos.
Los Seres Humanos dan Nombre a lo que Pueden dar Nombre
Detengámonos para considerar la teoría de los nombre. La gente da nombre a lo que puede nombrar. Es una característica del hombre el poder hacerlo. A todo le corresponde un nombre para poder ser identificado: niños, inventos...todo. Por lo tanto, el ser humano está acostumbrado a conceder nombres. Es una actividad universal.
“La Verdad: Todas las Glorias y alabanzas sean para Él”.
Este versículo del Corán demuestra la indiscutible realidad y desafía a quienes tratan de relacionar cualquier cosa a través de Su Nombre de la misma manera que ellos mismos acostumbran a realizar, entreteniéndose con la tan humana y familiar práctica de otorgar nombres. Dice Al-lah El Altísimo: “Señor de los cielos y de la Tierra y de todo lo existente entre ellos: Adoradle y sed pacientes en Su adoración. ¿Conocéis alguno digno de llevar Su Nombre aparte de Él?”. Este versículo deja en el aire la pregunta: ¿hay alguien que conozca alguna cosa llamada Al-lah? ¿Existe en realidad alguna cosa que se le haya concedido el nombre de Al-lah? La innegable respuesta tiene que ser: ¡Jamás!
La fecha del nacimiento y de la muerte de una persona, son los datos que definen la duración de su vida y sitúan a esta en el tiempo en relación a otra persona. Desde épocas remotas, los diversos pueblos del mundo han tenido gran cuidado en registrar estos dos datos para las personas a quienes consideran importantes. Por esto, es muy extraño que en el caso de uno de los hombres más importantes - y para muchos el más importante – que han existido, Jesucristo (a.s.), no conozcamos esos datos de su vida.
En cuanto a la Natividad de Jesús (a.s.), es bien sabido que las diversas iglesias cristianas difieren acerca de la fecha del evento, celebrándolo los ortodoxos el 6 de enero, algunas iglesias orientales, como los coptos, en octubre, etc. La Iglesia Católica y la mayoría de las iglesias protestantes conmemoran la Navidad el 25 de diciembre, pero es un hecho admitido abiertamente en la actualidad, que esta fecha fue escogida con el propósito de facilitar la conversión al Cristianismo de diversos pueblos de Europa y Asia; los griegos y los romanos ya consideraban sagrada dicha fecha ya que era el día del nacimiento del dios sol (cuando el sol despuntaba como si saliera del centro de la constelación de la Virgen, que en ese día se veía en el horizonte oriental a la hora del alba); los persas celebraban el natalicio del dios Mitra, también hijo de una virgen; y, posteriormente, los germanos y otros pueblos, por coincidencia o talvez por un origen común en sus religiones, también tenían al 25 de diciembre como el día del nacimiento de uno de sus dioses principales. Al adoptar la iglesia esta fecha para la Navidad, logró la adopción del Cristianismo por parte de los paganos.
Similarmente, no hay una fecha exacta para la supuesta muerte de Cristo (a.s.). Cada año se establece una fecha diferente; el primer viernes después del primer plenilunio posterior al equinoccio de primavera, lo cual coincide con la Pascua judía. ¿Por qué?
Los Evangelios dicen que Cristo (a.s.) en su última cena celebró la Pascua de acuerdo a la usanza judía, pero su supuesta crucifixión[i] iba a convertirse en la marca que separaría a la religión judía de la cristiana. ¿Cómo es que no se pudo fijar una fecha definida para un evento de tal trascendencia? Aún en la actualidad, los ortodoxos conmemoran la muerte de Jesús (a.s.) una o dos semanas después que los católicos y protestantes; y la fecha elegida por la iglesia Copta y la Armenia es también diferente. ¿Será acaso que no hubo tal evento?
Quiero señalar aquí que los acontecimientos del pueblo judío, desde la salida de Egipto hasta la destrucción de Jerusalén, fueron minuciosamente registrados por el historiador judío-romano Flavio Josefa en su famoso libro Antigüedades Judías. Es muy extraño que en los manuscritos originales del siglo II no haya mención alguna de la crucifixión, y que en ediciones posteriores al siglo IV (después de que el emperador Constantino había oficializado al Cristianismo como la religión imperante) haya solamente un pequeño párrafo, obviamente insertado a propósito y no por el autor. El párrafo aparece entre el relato de una rebelión de los esenios en Jerusalén y otro evento sin relación alguna con la crucifixión, y dice solamente que siendo Poncio Pilatos gobernador de Judea, un profeta llamado Jesús fue crucificado por los romanos acusado de blasfemia por el pueblo judío. No habla del nacimiento de Jesús (a.s.), ni de ninguno de sus milagros, ni de los terremotos, eclipses y otros fenómenos que sucedieron después de la supuesta crucifixión. ¿Cómo es posible que tales importantes eventos no hubieran sido registrados por el principal historiador judío ni por otros historiadores de la época?
Recientemente, varios investigadores cristianos han estudiado los datos históricos, las Escrituras cristianas y judías y otros documentos han sido descubiertos en las últimas décadas, y concuerdan con la observación anterior y han escrito varios libros que indican que la pasión y la crucifixión de Cristo (a.s.), si realmente sucedieron, no fueron exactamente como lo da por hecho la Historia Sagrada (la narrativa oficialmente aceptada por la iglesia y, supuestamente, basada en la Biblia); además, las discrepancias, contradicciones e incoherencias de los relatos que fueron legados por los cuatro evangelistas reconocidos como canónicos por los cristianos, demuestran que es imposible que los cuatro Evangelios canónicos hayan sido escrito por apóstoles de Jesús (a,s,) ni por testigos presenciales, y que la historia que cuentan es una interpolación de varias fuentes para hacerles concordar con una ideología que se trataba de imponer. Kenneth Woodward[ii] resumió esto en la conocida revista inglesa Newsweek.
Estos descubrimientos son muy recientes e interesantes, sin embargo, no son algo completamente nuevo para los musulmanes.
Desde hace 15 siglos, los musulmanes tenemos la obligación de creer en los libros que fueron revelados por Dios a los diversos profetas, tal como dice el Sagrado Corán: “…Creemos en dios – y en lo que Él nos envió como Revelación, y en lo que reveló a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y las tribus de Israel y en lo que recibieron Moisés y Jesús y en lo que recibieron de su Señor, los Profetas. No hacemos distinciones entre ellos y nosotros somos musulmanes sometidos a Él…”. (2:136). Dios envió revelaciones a sus profetas repetidas veces y en diferentes épocas, y todos esos Libros o Escrituras Divinas son igualmente respetables para nosotros. Sin embargo, tanto el Sagrado Corán como el Santo profeta Muhammad (s.a.w.) y la Historia misma nos ha indicado que las escrituras previas al Corán no fueron preservadas tal como Dios las entregó a los profetas sino que sufrieron cambios. Solo el Sagrado Corán ha permanecido inalterable durante 15 siglos y por ello este Libro es el Criterio absoluto para distinguir la autenticidad o la alteración de los otros Libros Sagrados.
Nosotros creemos en la Tora o Pentateuco, los 5 libros revelados a Moisés (a.s.), los Salmos o Zabur que fueron dados a David (a.s.) – y cualquier otro libro del Antiguo Testamento que no diga cosas contrarias a la doctrina del Sagrado Corán – y el Evangelio o Inyil que fue revelado al profeta Jesucristo (a.s.). no obstante, el Evangelio que le fue dado a Jesús (a.s.) no llegó a nosotros, sino solo los “Evangelios” que fueron escritos por muy diversas personas – algunos de los cuales fueron discípulos de Jesús (a.s.) y otros de épocas muy posteriores – y a veces hasta 500 ó 1.000 años después de la época de Jesús (AS). De todos estos libros, la Iglesia Católica (y subsecuentemente la ortodoxa y las protestantes) admitió a solamente cuatro como canónicos –Mateo, Lucas, Marcos y Juan – y declaró el resto como apócrifos.
Aquí surgen varias preguntas y confusiones. ¿Por qué estos cuatro libros? ¿Eran los más antiguos? ¿Fue porque sus autores fueron realmente apóstoles de Jesús (AS)? La respuesta sería muy larga, pero puede reducirse como sigue. Después de que Jesús (AS) partió de este mundo, sus seguidores se dividieron en dos grupos, uno dirigido por los apóstoles Pedro y Santiago que seguían la Ley Mosáica y no pretendían ser una nueva religión, y que son llamados Judeocristianos; y el otro grupo, como Paulino, dirigido por el advenedizo Pablo, que despreciaba la Ley Judía y querían extender las enseñanzas de Cristo (AS) a los gentiles (paganos) aunque para ello tuvieran que introducir creencias e ideas paganas (encarnación, trinidad, redención, etc. En las enseñanzas de Jesús (AS). Los dos grupos estaban enemistados pero, al final, Pedro se alió a Pablo y así se fortaleció el “cristianismo paulino. Este fortalecimiento no fue doctrinal sino en cuanto a número de seguidores y fuerza política. Al final, el emperador romano Constantino se convirtió al cristianismo y se encargó de eliminar a los opositores al cristianismo paulino y a establecer a este como la religión oficial. Los evangelios de Mateo, Lucas, Marcos y Juan, fueron declarados Canónicos ya que eran los que habían sido escritos por seguidores de Pablo y no por ser los más antiguos o auténticos[iii]. Russell Watson[iv], en la revista Newsweek, indica como surgieron los cuatro evangelios canónicos (mateo, Marcos, Lucas y Juan), muy probablemente escritos a partir de un documento común, conocido como Q (por Quelle, que en alemán significa “origen” o “fuente”), escrito en el siglo I por autores judeocristianos, y mezclado con escritos propios de grupos Judeocristianos (para escribir Mateo y Marco) o Paulinos (para Lucas y Juan).
Canónico no quiere decir auténtico o verdadero, sino “para ser usado en el Canón”, a sea en los ritos y las reglas eclesiásticas. Similarmente, Apócrifo se ha convertido en un sinónimo de falso, adulterado inventado, aunque su significado es “para ser ocultado”, o sea, no es para la lectura de los fieles en general, sino para los clérigos[v]. Hay libros que están incluidos en la Biblia católica y que no se aceptan en las Biblias protestantes, tales como Tobías, Judith y la Epístola de Santiago; de la misma manera en que algunos Evangelios Apócrifos no son incluidos en el Canon católico o protestante, pero sí son aceptados por la Iglesia Copta o la Armenia. Acerca de los Evangelios Apócrifos dijo san Agustín: “…Contienen muchas verdades y cosas buenas, aunque también hay en ellos mentiras y cosas malas; y es debido a que estas están mezcladas entre sí, que es mejor que los fieles no los lean, para que no se confundan…”. “Los famosos Padres de la Iglesia”, tales como Orígenes, San Juan Crisóstomo, Clemente de Alejandría, San Agustín, etc., frecuentemente citaban los Evangelios Apócrifos en sus sermones y libros; y tanto la liturgia cristiana como la iconografía contienen elementos sin duda de fuentes consideradas actualmente apócrifas, como el Protoevangelio de Santiago[vi] el Evangelio Armenio de la Infancia y el Evangelio de Tomás[vii], el Evangelio de los Hebreos y el Evangelio Árabe de la Infancia, etc.
Uno de los Evangelios Apócrifos más antiguos es el Evangelio de Bernabé, escrito en los primeros años de la era cristiana y descubierto en el siglo pasado en Egipto, en la tumba de un monje cristiano. Si este libro hubiera sido sacado a la luz hubiera provocado un escándalo debido a las revelaciones tan claras que hace acerca del profeta Muhammad (S.A.W.) y porque niega la crucifixión de Cristo(AS), así que durante muchos años permaneció oculto en la Biblioteca Imperial de Viena. En 1907 fue descubierto por el Rev. Lonsdale Ragg y su esposa Laura quienes lo tradujeron al inglés y publicaron en Oxford. La autenticidad y la antigüedad de este evangelio han sido demostradas por dichos investigadores y concuerdan con datos históricos confiables. El autor fue el apóstol Bernabé, el cual era un judío nacido en Chipre y que vivió en Galilea, donde siguió a Jesús(AS). El libro es mencionado en varios catálogos apócrifos muy antiguos y muy anteriores al surgimiento del Islam, lo cual excluye la posibilidad de falsificación por parte de musulmanes. Por ejemplo, está mencionado en el Decretum Gelasianum, emitido en el siglo IV por el papa Gelasio (+496), donde aparece con el nº7 como:
7. Evangelium nomine Barnabae, apocryphum.
También es mencionado en la Stichometría de Nicéforo, publicada en Jerusalén en el Siglo IV. En dicho catálogo el Evangelio de Bernabé está incluido en la lista de libros apócrifos del Nuevo Testamento, y dice que tiene 1.360 “stichoi” (líneas de papiro):
3, barnaba epotolh, opcoix (1,360
Y también está incluido con el número 18 en la lista de los Sesenta Libros, que fue publicada a principio del siglo VII.
Este evangelio concuerda con las creencias musulmanas acerca de Jesús (AS) y no tiene elementos que vayan en contra de la doctrina Islámica: aclara que Jesús (AS) no fue hijo de Dios sino solo un profeta Suyo; indica que nunca pretendió traer una nueva religión, sino que solo quería que los judíos cumplieran correctamente la Ley de Moisés (AS); y que Jesús (AS) no fue crucificado por los judíos y romanos sino que Dios lo salvó, dejando a otra persona para que fuera crucificada en su lugar.
Como musulmán al leer este evangelio me siento más complacido que cuando leo los evangelios canónicos, donde la mano del hombre puede verse casi físicamente, insertando con sus calamos (o plumas) palabras como “hijo de Dios”, “cargar con los pecados del mundo”, “redención”, etc. El Evangelio de Bernabé no contiene esas palabras contrarias al Islam. Para los musulmanes, los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan son tan poco confiables como el Evangelio de los hebreos, la Pistis Sophia, el Pastor de Hermas, EL Evangelio de Tomás o el Protoevengelio de Santiago, etc. Si estos libros niegan alguno de los principios del Islam (Monoteísmo, Profecía, Justicia, Liderazgo y Resurrección) no podemos aceptarlos como correctos. En cambio, el Evangelio de Bernabé no contiene cosas contrarias a estos principios, así que, de todos, es el mejor.
Nunca conoceremos el verdadero Inÿïl, el Evangelio o Buenas Nuevas que fue dado por Dios a Jesús (AS), pero posiblemente el Evangelio de Bernabé es el que contiene la doctrina más cercana a la que contenían las enseñanzas originales de nuestro profeta Jesús (AS).
Dr.Mohammad Alí Anzaldúa-Morales
Dhul Qa’dah 114 H/Abril1994 C.
Chihuahua, México
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Prólogo
La razón por la que traduje al castellano el Evangelio de Bernabé fue procurar a los musulmanes de habla hispana una fuente más fidedigna de la doctrina de Jesús (AS)* que los evangelios canónicos. Los musulmanes que vivimos en países cristianos solo escuchamos la versión de ellos acerca del Evangelio, y, al parecernos tan diferente de nuestra religión debido a que los evangelios que ellos conocen no son el verdadero Evangelio, olvidamos que Jesús (AS) fue nuestro profeta y que merece nuestro respeto y también debe ser conocido por nosotros. Además, nuestros hijos crecen en una sociedad no musulmana y, al oír a los cristianos decir que Jesús (AS) fue hijo de Dios, o al verlos cómo a un dios, ellos se confunden y es necesario que tengan una idea más correcta acerca de la personalidad de este gran profeta.
El Sagrado Corán nos aclara todo perfectamente acerca de Jesucristo (AS) y su madre y el Evangelio de Bernabé no contradice a nuestro Libro sagrado, por lo que podemos considerarlo correcto, ya que el Corán es el criterio definitivo para distinguir lo correcto de lo falso.
La idea de que Evangelio significa “biografía de Jesús (AS)” no es correcta. Evangelio significa “buenas nuevas”, o sea, la doctrina traída por un profeta de Dios. Jesús (AS) nunca escribió su doctrina, y los evangelios que actualmente conocemos fueron escritos entre 60 y 110 años después de su partida de este mundo, y no fueron considerados como únicos o canónicos por la Iglesia Cristiana sino hasta el siglo IV de esta era. Debido a ello, sufrieron modificaciones y alteraciones desde la época de Jesucristo (AS) hasta su establecimiento como Escrituras oficiales. Por esto, ni los evangelios canónicos ni los que la Iglesia ha decretado apócrifos (que, al contrario de lo que la gente piensa, no significa “falsos”, sino “que deben ser escondidos u ocultados”) son el verdadero Evangelio de Jesús (AS).
El Evangelio de Bernabé fue escrito en los primeros años de la era cristiana, y es citado por padres de la Iglesia tales como Clemente de Alejandría y Orígenes, y está mencionado en el Decreto Gelesiano, emitido en el siglo IV después de Cristo, antes del advenimiento del Islam, por lo que no son ciertas las acusaciones de que fue escrito por algún musulmán. A los cristianos les parece sospechoso ya que predice el surgimiento del profeta Muhammad (S.A.W.)** e incluso lo menciona por su nombre; sin embargo, éste no es el único libro que lo hace. El Cantar de los Cantares en la Biblia menciona el nombre del Santo Profeta (S.A.W.), y Jesús (AS) predijo su existencia llamándolo por uno de sus nombres: Ahmad. Asimismo, el Santo Profeta Muhammad (S.A.W.) fue profetizado en el Antiguo Testamento por Moisés (AS), en el Génesis, Éxodo y Deuteronomio; por David (AS), Isaías (AS), Miqueas (AS) y otros profetas. También está mencionado en los libros sagrados de los zoroastrianos y los de los hindúes. Así que no debe sorprendernos que Jesús(AS), conocedor de la Biblia y otros libros, supiese el nombre de Muhammad (S.A.W.).
A los lectores interesados en los temas que generalmente suscitan polémica de este libro, tales como la predicción del advenimiento de Muhammad (S.A.W.), la negación de la divinidad de Jesús (AS), la crucifixión de Judas, etc., puedo recomendarles la lectura de algunas obras tales como: La Biblia el Corán y la Ciencia, por Maurice Bucaille; ¿Quién murió en la cruz? y ¿Crucifixión o Cruci-ficción? por Ahmad Deedat.
Espero que nuestros hermanos reciban con agrado este libro y que lo lean con interés, con mente abierta, y siempre tomando a nuestro Corán como la palabra última y definitiva de El Dios Todopoderoso; y que, si los cristianos llegan a leerlo, no lo tomen como una ofensa a sus creencias, las cuales respetamos aunque no la compartamos del todo, ni como un ataque, sino como una forma de acercamiento entre cristianos y musulmanes, los cuales creemos en el profeta Jesús (AS). Rogamos a Dios que ilumine a todos los que busquen la verdad, guiándolos hacia el Islam, y que acerque el regreso del profeta Jesucristo (AS) en la compañía del Duodécimo Imam del Islam, el Imam Mahdi (AS), para terminar con los sufrimientos de los musulmanes en el mundo mediante el establecimiento del Islam en la Tierra.
Que la Paz sea con vosotros.
Dr. Mohammad Alí Anzal´dua Morales
Chihuahua, Chih, México 28 de enero de 1994 C. /15 de Xa’abán de 1414 H.
Aniversario del nacimiento del Imam Mahdi (AS)
a de Jesús (a.s.)
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[i] Se recomienda al lector el libro: ¿Crucifixión o Cruci-ficción? De Ahmad deedat, publicado por el centro Islámico de Durbán, en Sudáfrica.
[ii]- Kenneth L. Woodward (1994). The death of Jesus. Newsweek, abril, pp. 39-43.
[iii].-Por ejemplo el Evangelio de los Hebreos, el de los Egipcios, el Protoevangelio de Santiago y el Evangelio de Tomás son mucho más antiguos que cualquiera de los cuatro Canónicos, sin embargo, fueron declarados apócrifos porque fueron escritos Judeocristianos. En cambio el Evangelio de Juan fue escrito en el año 100 después de Cristo y es muy poco probable que el apóstol Juan lo haya escrito.
[iv].-Russell Watson (1994). A Lesser Chile of God. Newsweek, abril, pp. 43-45.
[v].- Aurelio de Santos Otero (1993). Los Evangelios Apócrifos. Biblioteca de Autores Cristianos. 2ª edición, Madrid.
[vi].-Por ejemplo, los nombres de Joaquín y Ana dados a los padres de María (AS); los datos acerca del nacimiento y la infancia de la Virgen; algunos detalles de la Natividad, como el pesebre, el asno y el buey junto al pesebre, los nombres de los Reyes Magos (Melchor, Gaspar y Baltasar), etc.
[vii].-Algunos de los milagros realizados por Jesús (AS) cuando era niño, como el milagro de los pájaros, el conocimiento de lo que las gentes ocultaban en sus casas; asimismo, la representación de José el Carpintero como un hombre anciano, la huída a Egipto, la matanza de los inocentes, etc.
Verdadero Evangelio de Jesús, Llamado el Cristo, Un nuevo Profeta enviado por Dios al mundo, Según la descripción de Bernabé, Su Apóstol
B ernabé, apóstol de Jesús el Nazareno, llamado Cristo, a todos quienes viven sobre la tierra les desea paz y consuelo. Queridos hermanos: el Dios Grande y Maravilloso nos visitó durante estos últimos años a través de Su Profeta Jesucristo, con gran misericordia de enseñanzas y milagros, por cuya razón muchos, siendo engañados por Satanás, bajo la pretensión de piedad, están predicando la doctrina más impía, llamando a Jesús “hijo de Dios”, repudiando la circuncisión ordenada por Dios para siempre y permitiéndose toda carne impura; entre los cuales también Pablo ha sido engañado, y de esto no hablo sin sufrir; y por esta causa estoy escribiendo aquella verdad que yo vi y escuché en el trato que tuve con Jesús, para que podáis ser salvados y no engañados por Satanás pereciendo en el Juicio de Dios. Por tanto cuidaos de todo aquel que os predique una nueva doctrina contraria a la que yo escribo, para que así podáis ser salvados eternamente. Que el Gran Dios esté con vosotros y os proteja de Satanás y de todo mal. Amén.
1.
E n estos últimos días una virgen llamada María, del linaje de David, de la tribu de Judá, fue visitada por el ángel Gabriel, enviado por Dios. Esta virgen, que vivía en toda su santidad sin pecar, siendo inmaculada y estando dedicada a la oración y el ayuno, estaba sola un día, y entonces entró en su habitación el ángel Gabriel y la saludó diciendo: “Dios te salve María”. La virgen se asustó por la aparición del ángel, pero este la consoló diciendo: “No temas, María, pues has hallado favor ante Dios, Quien te ha escogido para que seas la madre de un profeta, el cual será enviado al pueblo de Israel para que puedan seguir Su Ley con corazón sincero”. La virgen respondió: “¿Pero cómo puedo tener hijos, siendo que ningún hombre me ha conocido?”. El ángel contestó: “¡Oh María!, Dios, que pudo hacer al hombre sin necesidad de hombre, es capaz de crear en ti un hombre sin necesidad de hombre alguno, ya que para Él nada es imposible”. María respondió: “yo sé que Dios es Todopoderoso, por tanto, hágase Su Voluntad”. El ángel respondió: “Ahora ha sido concebido en ti el profeta, a quien llamarás Jesús; y lo mantendrás alejado del vino y la bebida embriagante y de toda carne impura, ya que el niño es un santo de Dios”. María se postró con humildad diciendo: “He aquí la esclava de Dios, hágase en mi según tu palabra”. El ángel partió, y la virgen glorificó a Dios, diciendo: “Glorifico mi alma al Señor y Su Grandeza, y se regocija mi espíritu en Dios, mi Salvador; pues Él se ha dignado tomar en cuenta la insignificancia de Su sierva, tanto que seré llamada bienaventurada por todas las naciones, ya que Él, que es Poderoso, me ha engrandecido y bendecido. Bendito sea Su santo Nombre, pues Su Misericordia se extendió de generación en generación de quienes le temen. Poderosa es Su Mano, y Él destruyó a los soberbios y acabó con el orgullo que había en sus corazones. Él derrumbó al poderoso de su trono, y exaltó a los humildes. A quien estaba hambriento Él lo sació de cosas buenas, y al rico lo despidió con las manos vacías. Ya que Él recordó las promesas hechas a Abraham y a su hijo por siempre” 2.
M aría, habiendo conocido la Voluntad de Dios y temiendo que las gentes pudiesen considerar un pecado el que ella estuviese embarazada, y la apedreasen como culpable de fornicación, escogió a un compañero de su propio linaje, un hombre conocido por el nombre de José, de vida intachable; ya que siendo él justo, temía a Dios y Lo adoraba con ayunos y oraciones y viviendo del trabajo de sus manos, pues era carpintero. A ese hombre que la virgen conocía, lo escogió como compañero y le dio a conocer el designio divino. José, siendo un hombre piadoso, cuando se dio cuenta de que María estaba encinta, sintió que debía separarse de ella, ya que él temía a Dios. Pero mientras dormía, fue reprendido por el ángel de Dios quien le dijo: “¡Oh José!, ¿porqué intentas repudiar a María, tu esposa? Has de saber que lo que vive en ella ha sido hecho por la Voluntad de Dios. La virgen dará a luz un hijo, a quien pondrás como nombre Jesús; y a él mantendrás alejado del vino y las bebidas embriagantes y toda carne impura, ya que él es un santo de Dios desde el vientre de su madre. Él es un profeta de Dios enviado al Pueblo de Israel, para que él pueda convertir a Judea a su corazón y para que Israel camine bajo la ley del Señor, como está escrito en el libro de Moisés. Él vendrá con gran poder, que Dios le dará, y obrará grandes milagros, por lo cual muchos serán salvados”. José, despertando de su sueño, dio gracias a Dios y vivió con María el resto de sus días sirviendo a Dios con toda sinceridad.
3.
R einaba en ese tiempo en Judea Herodes, por decreto de Cesar Augusto, siendo el gobernador Pilatos durante el sacerdocio de Anás y Caifás. Entonces, por decreto de Augusto, todo el mundo fue censado; de allí que cada uno fuera a su propia tierra y fuesen presentados por sus propias tribus para ser empadronados. José de acuerdo al mandato, partió de Nazareth, una ciudad de Galilea, con María su esposa, que se hallaba en estado avanzado de embarazo, para ir a Belén –ya que esa era su ciudad, siendo del linaje de David- para poder ser censados según el decreto del César. Habiendo llegado José a Belén y por ser una ciudad pequeña y además llena de forasteros, no pudo encontrar alojamiento; por lo tanto tuvo que albergarse en un refugio en las afueras de la ciudad, hecho para descanso de los pastores. Mientras José permaneció en el lugar, se cumplieron los días para que María diera a luz. La virgen fue rodeada por una brillante luz y parió a su hijo sin dolor. Ella lo tomó en sus brazos, lo envolvió en trapos y lo colocó en el pesebre ya que no había lugar en la posada. Fue entonces, cuando multitud de ángeles descendieron con alegría sobre el albergue, alabando a Dios y anunciando la paz a quienes fuesen temerosos de Dios. María y José Glorificaron al Señor por el nacimiento de Jesús y ella lo alimento con gran regocijo.
4
E n ese entonces estaban los pastores, como era su costumbre, cuidando sus rebaños. De repente fueron rodeados por una luz sumamente brillante de la cual surgió un ángel loando a Dios. Los pastores se llenaron de temor debido a la luz y a la súbita aparición del ángel; por lo que el ángel del Señor los consoló diciendo: “En verdad os anuncio una gran alegría, pues ha nacido en la ciudad de David un niño que es un profeta del Señor y que trae gran salvación para la casa de Israel. Encontraréis al niño en un pesebre junto a su madre, la cual bendice a Dios”. Habiendo terminado el ángel con el mensaje, vino una gran multitud de ángeles glorificando a Dios y anunciando la paz a los hombres de buena voluntad a quienes temieran a Dios. Cuando los ángeles se fueron, los pastores hablaron entre ellos diciendo: “Vayamos hasta Belén y veamos la palabra que Dios nos ha anunciado por medio de Su ángel”. Acudieron muchos pastores a Belén buscando al niño recién nacido, al que pudieron encontrar en las afueras de la ciudad tal y como el ángel les había dicho, pudiendo ver al niño acostado en un pesebre. De inmediato, ellos le rindieron homenaje y le ofrecieron a la madre lo que ellos tenían, haciéndole saber lo que habían visto y oído. María guardaba entonces, todas estas cosas en su corazón así como José, dando ambos gracias a Dios. Los pastores regresaron a sus rebaños, anunciando a todos el gran acontecimiento que habían visto. Y así, toda Judea se llenó de temor y todo hombre a quien llegaban estas noticias las guardaba en su corazón y se decía: “Nos preguntamos... ¿que será este niño?”. 5.
C uando se cumplieron los ocho días según la ley del Señor y como está escrito en el Libro de Moisés, tomaron al niño y lo llevaron al templo para circuncidarlo. Y así, circuncidaron al niño y le dieron como nombre Jesús, nombre que el ángel del Señor lo había dicho antes de ser concebido en el vientre. María y José sintieron que el niño debería ser para la salvación y ruina de muchos. Mientras tanto, ellos se refugiaban en Dios y cuidaban al niño con temor de Dios.
6.
E n el reinado de Herodes, rey de Judea, cuando nació Jesús, tres magos del Oriente observaban las estrellas del cielo. De repente, surge ante ellos una estrella de gran luminosidad, por lo que habiendo argumentado entre ellos, decidieron acudir a Judea guiados por la estrella, la cual iba indicándoles el camino. Habiendo llegado a Jerusalén, preguntaron en donde había nacido el rey de los judíos. Estas noticias llegaron a oídos de Herodes quien se sintió repentinamente atemorizado y toda la ciudad se vio alterada. Herodes, entonces, convocó a los sacerdotes y escribas diciendo: “¿En donde debería de nacer el Cristo?”. Ellos respondieron que había de nacer en Belén, pues así está escrito por el profeta: “Y tú, Belén, no eres pequeña entre las princesas de Judea, pues de ti saldrá un líder y él conducirá a Mi pueblo Israel”. Entonces, Herodes llamó a los magos y les preguntó a que habían venido; ellos le respondieron que habían visto una estrella en el Oriente, la cual los había guiado hasta allí y deseaban mostrar sus respetos acompañándolos con regalos a este nuevo rey manifestado por su estrella. Entonces dijo Herodes: “Id a Belén y buscad sin descanso al niño; y cuando lo hayáis encontrado venid y decídmelo, ya que a mí, también me gustaría acudir y rendirle homenaje”.Pero esto lo dijo engañosamente.
7.
L os magos por tanto, partieron de Jerusalén pudiendo observar en el cielo a la misma estrella que se les había aparecido en el Oriente y que ahora una vez más, estaba ante ellos. Al verla, los magos se llenaron de alegría. Y así, habiendo llegado a Belén y a las afueras de la ciudad, observaron que la estrella se detenía sobre el albergue en donde había nacido Jesús. Los magos avanzaron diligentemente y entrando al albergue encontraron al niño con su madre y arrodillándose le rindieron homenaje. Y los magos le regalaron especias, junto con oro y plata, y contándole a la Virgen una vez más, todo lo que habían visto en Judea.
8.
V iendo Herodes que los magos no regresaron, y sintiéndose burlado por ellos, determinó entonces dar muerte a todo niño nacido en esos días. Pero he aquí, que mientras José dormía, se le apareció el ángel del Señor diciendo: “Levántate de inmediato y toma al niño junto a su madre e id a Egipto, ya que Herodes desea matarlo”. José se levantó con gran temor y tomando a María y al niño, emprendieron el camino hacia Egipto. Allí estuvieron viviendo hasta la muerte de Herodes quien creyéndose burlado por los magos, envió a sus soldados para que matasen a todos los niños recién nacidos en Belén. Cumpliendo las órdenes dadas por Herodes, los soldados por tanto, fueron y mataron a todos los niños que allí había. Se cumplieron así las palabras del profeta, que dijo: “Hay lamentos y mucho llanto en Ramah: Raquel se lamenta por sus hijos, pero no hay quien la consuele, pues ellos ya no están”.
9.
A la muerte de Herodes, el ángel del Señor se le apareció en sueños a José, y le dijo: “Regresa a Judea, por que ya se han muerto los que querían matar al niño”. José, entonces, tomo al niño (ya cumplidos los siete años) junto a María y volvieron a Judea; donde al oír que Arquéalo, hijo de Herodes estaba reinando en Judea, temeroso, emprendió camino hacia Galilea, quedándose a vivir en Nazareth. El niño creció en gracia y sabiduría de Dios y ante los hombres. Jesús, habiendo llegado a la edad de 12 años, subió con Maria y José a Jerusalén, para adorar allí según la Ley del Señor escrita en el Libro de Moisés. Una vez terminadas sus oraciones María y José regresaron sin Jesús, en la creencia que él había regresado a casa con sus parientes. Al ver que Jesús no regresaba, María y José regresaron a Jerusalén buscando a Jesús entre Parientes y vecinos. Al tercer día, encontraron al niño en el templo en medio de los doctores y argumentando con ellos acerca de la Ley. Y todos estaban asombrados por sus preguntas y respuestas Diciendo: “Como puede haber tal doctrina en él siendo tan pequeño; y además, sin haber aprendido a leer”. María lo regañó diciendo: “Hijo, ¿que nos has hecho?, tu padre y yo te hemos estado buscando preocupadamente durante tres días”. Jesús respondió: “¿Es que no sabes, que servir a Dios está antes que el padre y la madre?”. Jesús entonces bajó con su madre y con José a Nazareth y estuvo sujeto a ellos con humildad y reverencia.
10.
J esús habiendo alcanzado la edad de 30 años y como el mismo me dijo, subió al Monte de los Olivos con su madre para recoger aceitunas. Mas tarde, sobre el mediodía y cuando él se encontraba rezando, al llegar a estas palabras: “Señor, con misericordia...”, fue rodeado por una luz intensamente brillante y por infinidad de ángeles los cuales decían: “Bendito sea Dios”. El ángel Gabriel le presentó como si fuera un espejo reluciente, un libro, el cual descendió entrando al corazón de Jesús; en él se encontraba todo el conocimiento de lo que Dios hizo y dijo, así como lo que Dios quería, de tal manera que todo le fue claramente expuesto; como él me dijo: “Créeme Bernabé, que yo conozco a todos los profetas junto a todas sus profecías, de tal modo, que todo lo que yo digo ha salido de ese Libro”. Jesús, habiendo recibido esta visión y a sabiendas que él era un profeta enviado a la casa de Israel, todo esto se lo hizo saber a María su madre, diciéndole que era necesario que él sufriese gran persecución por la causa de Dios y que ya no podía seguir viviendo junto a ella sirviéndola. Entonces, habiendo oído María todo esto, contestó: “Hijo, cuando naciste todo esto me fue anunciado; así que... ¡bendito sea el Santo Nombre de Dios!”. Jesús por tanto, partió ese mismo día despidiéndose de su madre para atender a su misión profética.
11.
J esús, al descender de la montaña para entrar en Jerusalén, se encontró a un leproso, el cual, por inspiración divina supo que Jesús era un profeta. Por tanto, lleno de lágrimas le rogó diciendo: “Jesús, hijo de David, ten piedad de mí”. Jesús respondió: “¿Qué deseas, hermano, que yo haga por ti?”. El leproso respondió: “Señor, dame salud”. Jesús le reprendió diciendo: “En verdad que eres tonto; ruégale a Dios, Quien te creó y Él te dará salud; ya que yo soy un hombre como tú”. El leproso contestó:”Yo sé que tú, señor, eres un hombre, pero un santo del Señor. Por ello, rézale tu a Dios y Él me dará la salud”. Entonces Jesús, suspirando, dijo: “Señor Dios Todopoderoso, por el amor a Tus santos profetas, Haz que este hombre enfermo recupere su salud”. Entonces, habiendo dicho esto, dijo él, tocando al hombre enfermo con sus manos en el Nombre de Dios: “¡Oh hermano!, recibe tu salud”. Y cuando él hubo dicho esto, el leproso fue sanado; tanto, que su piel le quedó tan limpia como la de un niño. Viéndose que había sido sanado, el leproso con voz potente gritó: “¡Venid aquí Israel, a recibir al profeta que Dios os envía!”. Jesús le rogó diciendo: “Hermano, no te apresures y guarda silencio”. Pero cuanto más le rogaba, el hombre más gritaba, proclamando: “¡Ved al profeta!, ¡ved al santo de Dios!”. Y a estas palabras, muchos de los que salían de la ciudad, regresaron entrando de nuevo con Jesús a Jerusalén, divulgando lo que Dios, a través de Jesús, había hecho al leproso.
12.
T oda la ciudad de Jerusalén se conmovió al conocer la noticia; así, que todos juntos, se apresuraron hacia el templo para ver a Jesús, quien había entrado allí para rezar. Tal era el gentío que allí se había reunido, que casi no había espacio para todos. Así que los sacerdotes le solicitaron a Jesús: “Estas gentes desean verte y escucharte; por lo tanto súbete al pináculo y si Dios te da una palabra, dila en el Nombre del Señor”. Subió entonces Jesús, al lugar desde donde solían hablar los escribas. Y habiendo ordenado silencio con un gesto de la mano, comenzó a hablar diciendo: “Bendito sea el Santo Nombre de Dios, Quien, por Su Bondad, quiso crear a Sus criaturas para que lo glorificasen. Bendito sea el Santo Nombre de Dios, Quien creó el esplendor de todos los santos y profetas antes que a todas las cosas, enviándolos para la salvación del mundo; y como Él habló a través de su siervo David, diciendo: “ANTES QUE A LUCIFER YO TE HE CREADO A TI, EN LA BRILLANTEZ DE LOS SANTOS”. Bendito sea el Santo Nombre de Dios, Quien creó a los ángeles para que le obedecieran. Y bendito sea Dios, Quien castigó y reprobó a Satanás y a sus seguidores, quienes no se prosternaron ante aquel a quien Dios quiso que rindieran homenaje. Bendito sea el Santo Nombre de Dios, Quien creó al hombre del barro de la tierra y elevándolo por encima de Sus obras. Bendito sea el Santo Nombre de Dios, Quien con Misericordia se compadeció de las lágrimas de Adán y Eva, los primeros padres del género humano. Bendito sea el Santo Nombre de Dios, Quien con justicia castigó a Caín, el fraticida, envió el Diluvio sobre la tierra, incendió las tres ciudades perversas, arrasó Egipto, derrotó al Faraón en el Mar Rojo, dispersó a los enemigos de su pueblo, castigó a los infieles y castigó a los impenitentes. Bendito sea el Santo Nombre de Dios, Quien, con Misericordia miró a Sus criaturas y a causa de ello, les envió a Sus santos profetas, para que pudiesen caminar ante Él, en la Verdad y la rectitud; Quien liberó a Sus siervos de todo mal, dándoles esta tierra tal y como Él se lo prometió a nuestro padre Abraham y a su hijo por siempre. Luego, a través de Su siervo Moisés, Él nos dio esta santa Ley, para que Satanás no nos engañe y Él nos exaltó sobre todos los demás pueblos. Pero hermanos... ¿qué hacemos hoy, que no somos castigados por nuestros pecados?”. Y entonces Jesús, con gran vehemencia, reprendió a las gentes por haber olvidado la Palabra de Dios, y por haberse entregado a la vanidad; reprendió a los sacerdotes por su negligencia en el servicio de Dios y por su ambición mundana; reprendió a los doctores (de la Ley) porque hacían inválida la Ley de Dios a través de sus tradiciones. Y de tal sabia manera habló Jesús a las gentes, que todos lloraron, desde el menor hasta el mayor y pidiendo misericordia a gritos, solicitándole a Jesús que rezara por ellos: excepto los sacerdotes y líderes, quienes en ese día, concibieron odio hacia Jesús por haberse manifestado así en contra los sacerdotes, escribas y doctores de la Ley. Y tramaron acerca de su muerte, pero por temor a las gentes que lo habían recibido como profeta de Dios, no dijeron palabra alguna. Jesús, levantó sus manos al Señor Dios y rezó; mientras, las gentes lloraban diciendo: “Así sea, oh Señor, así sea...”. Terminada la oración, Jesús descendiendo del pináculo salió del templo. Ese día, partió de Jerusalén con muchos que le seguían. Entretanto, los sacerdotes, quedaron entre ellos difamando a Jesús.
13.
H Abiendo pasado algunos días y percibiendo Jesús en su espíritu las intenciones de los sacerdotes, ascendió al Monte de los Olivos para rezar. Y habiendo pasado toda la noche en oración, en el momento del alba dijo: “Oh Señor, bien sé, que los escribas me odian y que los sacerdotes están decididos a matarme a mí, Tu siervo; por lo tanto Señor Dios Todopoderoso y Misericordioso, escucha por piedad las oraciones de Tu siervo y sálvame de sus intrigas, ya que Tú eres mi salvación. Tú sabes, Señor que yo, Tu siervo solamente te busco a Ti, oh Señor y transmito Tu Palabra; ya que Tu Palabra es La Verdad, la cual perdurará eternamente”. Cuando Jesús hubo dicho estas palabras, he aquí que vino a él, el ángel Gabriel diciendo: “No temas, oh, Jesús, ya que un millar de millares que viven arriba en el cielo velan por ti y no morirás sino en el momento que todo se haya cumplido; el fin del mundo acontecerá muy pronto”. Jesús cayó rostro en suelo, diciendo: “Oh gran Señor Dios, que grande es Tu Misericordia sobre mí; ¿que podría ofrecerte mi Señor, por todo lo que Tú me has concedido?”. El ángel Gabriel respondió: “Levántate Jesús y recuerda a Abraham, quien queriendo hacer el sacrificio de su unigénito Ismael, para cumplir la Palabra de Dios, no pudo llevar a cabo el sacrificio debido a que el filo del cuchillo perdió la cualidad de poder cortar a su hijo; a Mí Palabra, ofreció un cordero en sacrificio. Por lo tanto, así lo harás tú también, ¡oh Jesús, siervo de Dios!”. Jesús respondió: “De buena gana lo haría, pero... ¿Dónde encontraré el cordero, si no tengo dinero y no es lícito robarlo?”. En ese momento, el ángel Gabriel le mostró un cordero el cual Jesús, ofreció en sacrificio alabando y bendiciendo a Dios, Quien es El Glorioso por los siglos, de los siglos.
14.
J esús, al empezar a obscurecer, descendió del monte; él solo y entrada ya la noche, cruzó al otro lado del Jordán y ayunó durante 40 días y 40 noches sin tomar ningún alimento durante todo ese tiempo y suplicando continuamente al Señor por la salvación de su pueblo, al cual había sido enviado por Dios. Habiendo transcurrido los cuarenta días junto a sus noches, sintió hambre. Entonces se le apareció Satanás y lo tentó con muchas palabras, pero Jesús lo expulsó por el poder de las palabras de Dios. Habiendo partido Satanás, vinieron los ángeles que abastecieron a Jesús de todo lo que él necesitaba. Jesús, habiendo regresado a la región de Jerusalén, una vez mas, se encontró con la gran alegría de las gentes del lugar, quienes le rogaron que se quedara a vivir con ellos, ya que sus palabras no eran como la de los escribas, sino que tenían poder; sus palabras, llegaban en verdad al corazón. Jesús al ver que la multitud de quienes habían regresado al buen camino era grande y además haciéndolo bajo la Ley de Dios, subió a la montaña pasando toda la noche en oración. Y con el despuntar del alba, descendió de la montaña y eligió a doce, a quienes él llamó apóstoles y entre los cuales se encontraba Judas, el cual fue crucificado. Sus nombres son: Andrés y Pedro, su hermano; ambos pescadores; Bernabé quien escribe esto, con Mateo el publicano, quien se sentaba en el puesto de la aduana; Juan y Santiago, hijos de Zebedeo; Tadeo y Judas; Bartolomé y Felipe; Santiago y Judas Iscariote, el traidor. A estos siempre les reveló los secretos divinos; pero el Iscariote Judas, lo nombró administrador de todo lo que era dado en caridad, pero Judas robaba la décima parte de ello.
15.
C uando se aproximaba la fiesta de los Tabernáculos, cierto hombre rico invitó a Jesús junto a sus discípulos y a su madre a una boda. Aceptando Jesús la invitación y mientras estaban celebrándolo, se acabó el vino. Su madre le dijo a Jesús: “Ya no tienen vino”. Jesús respondió: “Y a mí que me importa madre mía”. Su madre ordenó a los sirvientes que obedecieran lo que Jesús les indicase. Había allí, seis recipientes vacíos que se utilizaban para contener el agua que las gentes usaban para purificarse y realizar la oración según la costumbre de Israel. Jesús dijo: “Llenad estos recipientes con agua”. Los sirvientes así lo hicieron. Jesús les dijo: “En el Nombre de Dios, dadles de beber a los que estén festejando”. Entonces, los sirvientes le dieron al maestro de ceremonias para que probara; este, los reprendió diciendo:”Oh siervos indignos, ¿porqué habéis guardado hasta ahora la mejor bebida?” puesto que él, desconocía lo que Jesús había hecho. Los sirvientes respondieron: “Oh señor, hay aquí un hombre santo de Dios, ya que él ha transformado el agua en esta bebida”. El maestro de ceremonias pensó que los sirvientes estaban borrachos; pero, los que estaban sentados cerca de Jesús y habiendo sido testigos de lo que allí había sucedido, se levantaron de la mesa y le rindieron homenaje diciendo: “En verdad tu eres un santo de Dios, un verdadero profeta enviado por Dios a nosotros”. Entonces sus discípulos creyeron en él y fueron muchos los que tornaron sus corazones hacia el bien diciendo: “Alabado sea Dios, Quien tiene piedad de Israel y visita la casa de Judá con amor; ¡Bendito sea Su Santo Nombre!”.
16.
U n día Jesús convocó a sus discípulos y subieron a la montaña, una vez que se hubo sentado, sus discípulos se acercaron a él y dando comienzo a sus palabras, él, los instruyó diciendo: “Grandes son los beneficios que Dios ha dejado descender sobre nosotros, por lo que es necesario que Le sirvamos con un corazón sincero. Y así como el vino nuevo se guarda en recipientes nuevos, de igual manera vosotros tendréis que convertiros en hombres nuevos si vais a contener la nueva doctrina que saldrá de mi boca. En verdad os digo, que de la misma manera que un hombre con sus ojos no puede mirar al cielo y a la tierra al mismo tiempo, de igual modo, no podrá amar a Dios y al mundo. Ningún hombre, en su sano juicio, serviría a dos amos enemistados el uno con el otro; ya que si uno de ellos os amara, el otro os odiaría. Y así en verdad os digo, que vosotros no podréis servir a Dios y al mundo, ya que el mundo consiste en falsedad, codicia y maldad. Por tanto, no encontraréis en el mundo reposo alguno, sino más bien persecución y perdición. Así que servid a Dios y despreciad al mundo, porque así encontraréis reposo para vuestras almas. Escuchad mis palabras, ya que os estoy hablando con la verdad. En verdad os digo; bienaventurados sean aquellos que sufren en esta vida terrenal, ya que ellos serán consolados. Bienaventurados sean aquellos que de corazón rechazan las delicias del mundo, ya que ellos abundarán en las delicias del Reino de Dios. En verdad os digo; bienaventurados sean los que se sienten a la mesa de Dios, porque los ángeles le atenderán y servirán. Vosotros estáis viajando como peregrinos. ¿Se carga así mismo el peregrino con palacios, campos y otras cosas mundanas en el camino?; claro que no; sino que él se abastece de cosas ligeras y valiosas por su utilidad y conveniencia para el camino. Esto debería ser un ejemplo para vosotros; y si deseáis otro ejemplo yo os lo daré para que podáis hacer como yo os lo digo. No hacer que vuestros corazones se vuelvan pesados, llenándolos con deseos mundanos diciendo: “¿Quien nos vestirá?”, o “¿Quien nos dará de comer?”; sino mejor observad las flores y los árboles junto a las aves, a quienes Dios nuestro Señor vistió y alimentó con mayor gloria que toda la gloria de Salomón. Él es capaz de alimentaros de igual manera, el Dios que os creó y os llamó a Su servicio; Quien durante 40 años hizo que del cielo descendiera el maná sobre el desierto para Su pueblo Israel, y no permitió que sus ropas se volvieran viejas ni gastadas, siendo el número de ellos entre hombres, mujeres y niños 640.000. En verdad os digo, que el cielo y la tierra perecerán, pero no Su Misericordia sobre aquellos que Le escuchan. Pero los ricos del mundo, en su prosperidad, están hambrientos y perecerán. Hubo un hombre muy rico cuyos ingresos aumentaban muy rápidamente y decía: “¿Que haré, oh alma mía? Voy a derribar mis graneros porque son muy pequeños y construiré unos nuevos y más grandes; ¡así triunfarás, alma mía!”. ¡Oh, hombre desgraciado!; esa misma noche, la muerte se lo llevó. Cuanto mejor hubiera sido para él, haberse preocupado por los pobres y hacerse de amigos con limosnas de las riquezas impías de este mundo, ya que ellos traen tesoros en el reino de los cielos. Decidme, os lo ruego, si vosotros confiarais vuestro dinero al banco de un publicano y él os devolviera diez veces y veinte veces más de lo que habías dado, ¿acaso no le daríais a ese hombre todo lo que tuvieseis? Pero en verdad yo os digo, que cualquier cosa que deis y entreguéis por amor a Dios, la recibiréis multiplicada 100 veces y duradera por toda la vida. Ved entonces, con cuanto debéis conformaros para servir a Dios”.
17.
C uando Jesús hubo dicho esto, contestó Felipe: “Estamos contentos de servir a Dios, pero deseamos, sin embargo, conocer a Dios, ya que Isaías, el profeta, dijo: “Verdaderamente Tú eres un Dios escondido”; y Dios, dijo a Su siervo Moisés: Yo Soy el que Soy” . Jesús contestó: “Felipe, Dios es un bien sin el cual no hay nada bueno; Dios es un Ser sin el cual no hay nada que sea; Dios es una vida sin la cual no hay nada que viva; tan Grande Él es, que todo lo llena y está en todas partes. Él, siendo Único, no tiene igual. Él no tuvo principio, ni jamás tendrá fin, pero a todo ha dado Él un principio y a todo le dará un fin. Él no tiene ni padre ni madre; Él no tiene hijos, ni hermanos, ni compañeros. Por ser Dios carece de cuerpo y por lo tanto Él no come, ni duerme, ni muere, ni camina, ni se mueve, sino que vive eternamente sin similitud humana, ya que Él es incorpóreo, incompuesto, inmaterial; de la naturaleza más simple. Él es tan Bueno que solo ama la bondad; Él es tan Justo que cuando castiga o perdona, no puede contradecírsele. Resumiendo; Felipe, te digo que aquí en la tierra no le puedes ver ni conocer perfectamente; pero en Su reino Lo verás –en tu corazón- por siempre; y en ello radica toda nuestra felicidad y gloria “. Felipe contestó: “Maestro, ¿Qué dices? Está escrito ciertamente en Isaías que Dios es nuestro padre; ¿Cómo Él, entonces, no tiene hijos?”. Jesús contestó: “Muchas son las parábolas escritas en los profetas, por lo que uno no debe tomarlas al pie de la letra, sino, atender al significado, ya que todos los profetas, que son 144.000 – a quienes Dios envió al mundo- hablaron oscuramente. Pero después de mí vendrá el Esplendor de todos los profetas y santos y arrojará luz sobre la oscuridad de todo lo que los profetas dijeron, ya que él es el Mensajero de Dios”. Y habiendo dicho esto, Jesús suspiró y dijo: “¡Ten piedad de Israel, oh Señor Dios!, y mira con misericordia a Abraham y a su descendencia, para que ellos puedan servirte con corazón sincero”. Sus discípulos respondieron: “¡Así sea, oh Señor, Dios nuestro!”. Jesús dijo: “En verdad os digo, que los escribas y doctores han vuelto vacía la Ley de Dios con sus falsas profecías, contrarias a las verdaderas profecías de Dios, por lo que Dios está furioso contra la casa de Israel y contra esta generación sin fe”. Sus discípulos lloraron al oír estas palabras, y dijeron: “Ten piedad, oh Dios, ten piedad del templo y de la ciudad santa y no la dejes al desprecio de las naciones. Que ellas no desprecien Tu Santo Convenio”. Jesús contestó: “Así sea, Señor Dios de nuestros padres”.
18.
H abiendo dicho esto, dijo Jesús: “Vosotros no me habéis escogido a mi, sino que he sido yo, el que os ha escogido a vosotros para que seáis mis discípulos. Entonces, cuando el mundo os odie, verdaderamente seréis mis discípulos, ya que el mundo siempre ha sido un enemigo de los siervos de Dios. Recordad (a los) santos profetas que fueron matados por el mundo; como en el tiempo del profeta Elías, que 10.000 profetas fueron matados por Jezabel. Tal fue la matanza, que ni el pobre Elías, -y 7.000 hijos de profetas con él- apenas pudieron escapar a tan horrible crimen –escondidos por el capitán de las huestes de Ahab. ¡Oh mundo impío, que no conoces a Dios! No temáis pues, ya que los cabellos de vuestra cabeza han sido numerados para que no perezcan. Mirad las golondrinas y otras aves, a las cuales no les cae una pluma, sino es con el Permiso de Dios. ¿No tendrá entonces Dios más cuidado por el hombre, que por los pájaros, para quien El, ha creado todo? ¿Hay acaso algún hombre que se preocupe más por su zapato que por su propio hijo? ¡Claro que no! Ahora, ¿Cómo va a ser posible que penséis que Dios os abandonará, siendo que cuida de las aves? ¿Y para que hablar de los pájaros? Incluso una hoja de árbol, no se desprende de su rama si no es por la Voluntad de Dios. Creedme, ya que os estoy diciendo la verdad; el mundo os temerá con grandeza si observáis mis palabras, ya que si él no temiera ver revelada su maldad al descubierto, no os odiaría; pero él teme que sea expuesta y por esa razón os odiará y os perseguirá. Si viereis que el mundo se burla de vuestras palabras, que no os afecte, sino, considerad como Dios, siendo Más Grande que vosotros, es tomado a burla por el mundo el cual considera Su Sabiduría como locura. Si Dios soporta al mundo con paciencia, ¿porqué vosotros habéis de caer en el desánimo, oh polvo y barro de la tierra? En vuestra paciencia poseeréis vuestra alma. Por lo tanto, si alguien os golpea en la mejilla, ofrecerle la otra para que la golpee. No paguéis mal por mal, ya que eso lo hacen los peores animales; mejor pagad bien por mal y rezad a Dios por aquellos que os odian. El fuego no se extingue con fuego, sino más bien con agua; así os digo que no venceréis al mal con el mal, sino más bien con el bien. Considerad a Dios, que hace que el sol salga por igual para los buenos, como para los malos y lo mismo sucede con la lluvia. Así debéis vosotros hacer el bien a todos; ya que así está escrito en la Ley: “Sed santos, porque YO, vuestro Dios Soy Santo; sed puros, ya que Yo Soy Puro; y sed perfectos, ya que Yo Soy Perfecto”. En verdad os digo que el siervo aprende para complacer a su amo, así que el no se cubre con ninguna prenda de ropa que desagrade a su amo. Vuestras ropas son vuestra voluntad y vuestro amor. Tened cuidado entonces, de no desear o amar una cosa que desagrade a Dios, Nuestro Señor. Estad seguros que Dios odia la pompa y el lujo de este mundo; por lo tanto, odiad vosotros al mundo”.
19.
C uando Jesús hubo dicho esto, Pedro contestó: “Oh maestro, ve que nosotros hemos dejado todo para seguirte; ¿qué será de nosotros?”. Jesús respondió: “Verdaderamente vosotros en el Día del juicio os sentaréis a mi lado dando testimonio contra las doce tribus de Israel”. Y habiendo dicho esto, Jesús suspiró diciendo: “Oh Señor, ¿que cosa es esta?, pues yo elegí a doce, pero uno de ellos es un demonio”. Los discípulos se afligieron y entristecieron por estas palabras; por lo que, con lágrimas, el que esto escribe, preguntó en secreto a Jesús diciendo: “Oh maestro, ¿me engañará a mi Satanás?”. Jesús respondió: “No te aflijas, Bernabé; ya que aquellos a quienes Dios ha elegido antes de la creación del mundo, no perecerán. Regocíjate, ya que tu nombre está escrito en el Libro de la Vida”. Jesús consoló a sus discípulos, diciendo: “No temáis, ya que aquel que me odiara, no se sentirá afligido por lo que dije, debido a que en él no se encuentra el sentimiento divino”. A estas palabras suyas, los escogidos fueron consolados. Jesús hizo sus plegarias y sus discípulos dijeron: “Amén, así sea, Señor Todopoderoso y Misericordioso”. Habiendo terminado sus rezos, Jesús bajó de la montaña con sus discípulos y se encontró con diez leprosos, los cuales gritaron desde lejos: “¡Jesús hijo de David, ten piedad de nosotros!”. Jesús les invitó a que se acercaran y les dijo: “¿Qué queréis de mi, oh hermanos?”. Todos ellos gritaron: “¡Danos salud!”. Jesús respondió: “¡Ah, miserables que sois al haber perdido la razón!, ya que decís: “¡Danos salud!”. ¿Es que no os dais cuenta, de que soy un hombre como vosotros? Invocad a Dios, que os ha creado y Él, que es Todo poderoso y Misericordioso os sanará”. Con lágrimas respondieron los leprosos: “Nosotros sabemos que tu eres un hombre como nosotros, pero, sin embargo, un santo de Dios y un profeta del Señor; por lo tanto ruega tu a Dios y Él nos sanará”. Entonces los discípulos rogaron a Jesús, diciendo: “Señor, ten piedad de nosotros”. Y Jesús rogó a Dios diciendo: “Señor Dios Todopoderoso y Misericordioso, y escucha las palabras de Tu siervo; y por el amor de Abraham, nuestro padre y por Tu Pacto sagrado ten piedad de la petición de estos hombres y concédeles la salud”. Entonces Jesús, habiendo dicho esto, se volvió hacia los leprosos y dijo: “Id y presentaos a los sacerdotes según lo que dice la Ley de Dios”. Los leprosos partieron y en el camino fueron limpiados. Entonces uno de ellos, viendo que había sido curado, emprendió el camino de regreso con la intención de encontrarse con Jesús; se trataba de un Ismaelita (un descendiente de Ismael; o sea, un árabe). Y hallando a Jesús, se arrodilló reverenciándolo, diciendo: “En verdad tu eres un santo de Dios”. Y agradeciéndoselo, le rogó que lo recibiera como sirviente. Jesús contestó: “Diez fueron limpiados, ¿donde están los otros nueve?”. Y le dijo al que había sido sanado: “Yo no vengo a ser servido sino a servir; por lo tanto ve a tu casa y recuenta cuanto ha hecho Dios en ti, para que sepan que las promesas hechas a Abraham y a su hijo, respecto al Reino de Dios, se están aproximando”. El leproso sanado partió y habiendo llegado a su barrio, volvió a contar todo lo que Dios había obrado en él a través de Jesús.
20.
J esús viajó hasta el Mar de Galilea y habiéndose embarcado en una lancha, tomó rumbo hacia la ciudad de Nazareth. De repente se desencadenó una gran tempestad; hasta tal extremo, que la embarcación estaba próxima a zozobrar. Jesús dormía placidamente a la proa del barco. Fue entonces, cuando se acercaron a él sus discípulos y lo despertaron diciéndole: “Oh maestro, sálvate, porque perecemos”. Estaban muy atemorizados por causa del fuerte viento que soplaba en contra y por el rugir del mar. Jesús se levanto y elevando la vista hasta el cielo, imploró: “Oh Elohim Sebaoth, ten piedad de Tus siervos”. Después de terminar Jesús con su súplica, repentinamente cesó el viento y el mar se tranquilizó. Al ser testigos de lo que allí había ocurrido, la tripulación estaba temerosa y se preguntaban entre ellos: “Y, ¿Quién es este, a quien los mares y los vientos obedecen?”. Habiendo llegado a la ciudad de Nazareth, los marineros difundieron por toda la ciudad lo que Jesús había realizado, provocando con ello, que la casa de Jesús se viese rodeada por toda la gente de la ciudad. Escribas y doctores se presentaron ante él y le preguntaron: “Hemos escuchado lo que hiciste en el mar y en Judea; danos por lo tanto alguna señal; aquí, en tu propio país”. Jesús respondió: “Esta generación impía pide una señal, pero a ellos no le será dada, porque ningún profeta es recibido en su propia tierra. En el tiempo de Elías, eran muchas las viudas que había en Judea, pero él solamente fue enviado a pedir alimento a una viuda de Sidón. En el tiempo de Eliseo, eran muchos los leprosos residentes en Judea, no obstante, solo Naamán, el sirio, fue sanado”. Llenos de enojo, los ciudadanos lo cogieron y lo llevaron a la cima de un precipicio con la intención de arrojarlo desde allí. Pero Jesús caminando entre ellos, se alejó del lugar.
21.
J esús subió a Cafarnaúm, y al acercarse a la ciudad, salio de entre las tumbas uno que estaba poseído por el demonio, y de tal manera, que no había cadena capaz de contenerlo, y hacía gran daño a las gentes. Los demonios gritaban por su boca diciendo: ‘Oh santo Dios, ¿porqué vienes antes de tiempo a molestarnos?’. Y le rogaban que no los arrojase. Jesús les pregunto cuantos eran. Ellos respondieron: ‘Somos 666’. Cuando los discípulos oyeron esto huyeron despavoridos y le rogaron a Jesús que se fuera. Entonces dijo Jesús: “¿Dónde está vuestra fe? Es necesario que los demonios se vayan, no yo”. Los demonios por lo tanto gritaron: ‘Saldremos, pero permítenos entrar en aquellos cerdos’. Por allí se encontraban pastando cerca del mar, unos 10.000 cerdos pertenecientes a los Cananitas. Entonces Jesús dijo: “Id, y entrar en los cerdos. Con un rugido, los demonios entraron en los cerdos y los hicieron arrojarse de cabeza al mar. Entonces los que alimentaban a los cerdos huyeron hacia la ciudad y contaron todo lo que Jesús había hecho que sucediera. Luego, la gentes de la ciudad se apresuraron para ir al lugar de los hechos, encontrando a Jesús y al hombre que fue sanado. Los allí presentes se llenaron de temor y rogaron a Jesús que se fuera y saliera de sus fronteras. Jesús los dejó y se fue hacia la región de Tiro y Sidón. Y he aquí, que una mujer de Canaán con sus dos hijos y que había salido de su propio país para conocer a Jesús, al verlo llegar junto a sus discípulos, gritó: “¡Jesús, hijo de David, ten piedad de mis hija que es atormentada por el demonio”. Jesús no le contestó ni una palabra, ya que ella pertenecía al pueblo incircunciso. Los discípulos sintiendo lástima por ella, dijeron: “¡Oh maestro ten piedad de ellos! ¡Mira como grita y lloran!”. Jesús respondió: “Yo solo fui enviado al pueblo de Israel”. Entonces la mujer, con sus dos hijos, fue ante Jesús llorando y diciendo: “¡Oh hijo de David, ten piedad de mi”. Jesús le contestó: “No está bien quitar el pan de la mano de los hijos y dárselo a los perros”. Y esto lo dijo Jesús debido a la impureza de ellos, ya que eran de las gentes incircuncisas. La mujer respondió: “Oh señor, los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Entonces se asombró Jesús por las palabras de la mujer y dijo: “¡Oh mujer, tu fe es grande!”. Y habiendo levantado las manos hacia el cielo, rezó a Dios y luego dijo: “Oh mujer, tu hija está libre, vete en paz”. La mujer partió, y al llegar a su casa encontró a su hija la cual estaba alabando a Dios. A tal grado, la mujer dijo. “Verdaderamente no hay más dios, que el Dios de Israel”. En ese mismo instante, ella junto a toda su parentela se convirtió a la Ley (de Dios), según está escrita en el Libro de Moisés. 22.
L os discípulos ese día preguntaron a Jesús diciendo: “Oh maestro, ¿porqué diste esa respuesta a la mujer, diciendo que ellos eran como perros?”. Jesús contestó: “En verdad os digo, que un perro es mejor que un hombre incircunciso”. Entonces se afligieron los discípulos, diciendo: “Duras son estas palabras, ¿Quién será capaz de recibirlas?”. “Si consideráis, oh tontos, lo que hace el perro, que no tiene razón para el servicio de su amo, encontraréis que lo que digo es verdad. Decidme, ¿cuida el perro la casa de su amo y expone su vida contra los ladrones? Si, seguro. ¿Pero que recibe él? Muchos golpes e insultos con poco pan, y él siempre le muestra a su amo una cara alegre. ¿Es eso cierto?”. “Cierto es, oh maestro”, respondieron los discípulos. Entonces dijo Jesús: “Considerad ahora cuanto le ha dado Dios al hombre, y veréis cuán injusto es él, al no observar el Pacto que Dios hizo con Abraham, Su siervo. Recordad lo que dijo David al rey Saúl de Israel, contra Goliat el filisteo: “Mi Señor”, dijo David, “mientras tu siervo estaba vigilando el rebaño de tu siervo, vinieron el lobo, el oso y el león y atraparon las ovejas de tu siervo; entonces tu siervo fue y los mató, rescatando a las ovejas. ¿Y que es este incircunciso sino uno como ellos? Por lo tanto, tu siervo irá en el nombre del Señor Dios de Israel, y matará a ese impuro que blasfema a las gentes santas de Dios”. Entonces dijeron los discípulos: “Dinos, oh maestro, ¿porqué razón debe el hombre ser circuncidado?”. Jesús respondió: “Que sea suficiente para vosotros el que Dios se lo ordenase a Abraham, diciendo: “Abraham, circuncida tu prepucio y el de todos los de tu casa, ya que este es un pacto entre tu y Yo por siempre”.
23.
Y habiendo dicho esto, Jesús se sentó, y sus discípulos acudieron a su lado para escuchar sus palabras. Entonces dijo Jesús: “Adán, el primer hombre habiendo comido por engaño de Satanás, el alimento prohibido por Dios en el Paraíso, se rebelo su carne contra el espíritu; y entonces él juró diciendo: “¡Por Dios, te cortaré!”. Y habiendo roto un pedazo de roca, cogió su carne para cortarla con el agudo filo de la piedra; entonces fue reprendido por el ángel Gabriel. Pero él respondió: “he jurado por Dios que lo cortaré; ¡yo nunca seré un mentiroso!”. Entonces el ángel le mostró la parte superflua, y esa la cortó él. Y de aquí, así como todo hombre toma su carne de la carne de Adán, así está obligado él a observar todo lo que Adán prometió con juramento. Esto cumplió Adán con sus hijos, y de generación en generación fue transmitida la obligación de la circuncisión. Pero en la época de Abraham había solo unos cuantos circuncidados sobre la tierra, ya que la idolatría se había multiplicado en el mundo. Entonces Dios le comunicó a Abraham el hecho de la circuncisión, he hizo este Pacto, diciendo: “Al alma que no tenga circuncidada su carne, le expulsaré y dispersaré de Mi pueblo por siempre”. Los discípulos temblaron de temor por estas palabras de Jesús, ya que él habló con espíritu vehemente. Entonces dijo Jesús: “Dejad que tema el que no haya circuncidado su prepucio, ya que él está privado del Paraíso”. Y habiendo dicho esto, Jesús habló otra vez, diciendo: “EL espíritu en muchos está listo para el servicio de Dios, pero la carne es débil. El hombre que teme a Dios, por lo tanto debería considerar lo que es la carne, y donde tiene su origen, y a que será reducida. Del barro de la tierra creó Dios la carne, y en ella sopló el aliento de vida, infundiéndola allí. Y por lo tanto cuando la carne estorbe al servicio de Dios debe ser aplastada como arcilla y pisoteada, ya que el que odie tanto su carne en este mundo, la guardará para la vida eterna. Lo que la carne es en este momento, sus deseos lo manifiestan; o sea, que es un enemigo acérrimo de todo bien, ya que ella desea el pecado. ¿Desearía entonces el hombre dejar de agradar a Dios, su Creador, para satisfacer a sus enemigos? Considerad esto: Todos los santos y profetas fueron enemigos de su carne para el servicio de Dios; así que ellos, prontamente y de buena gana, fueron a su muerte antes que ofender la Ley de Dios dada por Moisés, Su siervo, e ir a servir a dioses falsos y mentirosos. Recordad a Elías, quien huyó a través de lugares desiertos de las montañas, comiendo solo pasto y vestido con pieles de cabra. ¡Ah, durante cuantos días no comió! ¡Ah, cuanto frío soportó! ¡Ah, cuantos aguaceros lo empaparon!, y (eso) por espacio de siete años, durante los cuales tuvo que soportar la agresiva persecución de la impía Jezabel. Recordad a Eliseo, quien comía pan de cebada, y vestía las ropas más ásperas. En verdad os digo que ellos, al no temer lastimar la carne, fueron temidos con gran terror por el rey y el príncipe. Esto debería ser suficiente para querer castigar la carne, oh, hombres. Pero si contempláis los sepulcros sabréis lo que es la carne”.
24.
H abiendo dicho esto, Jesús lloró, diciendo: “¡Ay de aquellos que son esclavos de su carne, porque es seguro que ellos no tendrán bien alguna en la otra vida, sino solo tormentos por sus pecados. Os digo que hubo un rico glotón que no prestaba atención nada más que a la glotonería, y así todos los días tenía un espléndido festín. Se paraba a su puerta un hombre pobre, de nombre Lázaro, el cual estaba lleno de llagas, y se conformaría con tener las migajas que caían de la mesa del glotón. Pero nadie le daba; más aún, todos se burlaban de él. Solo los perros le tenían lástima, ya que ellos le lamían sus llagas. Sucedió que el hombre pobre murió, y los ángeles lo llevaron a los brazos de nuestro padre Abraham. El hombre rico también murió, y los demonios lo llevaron a los brazos de Satanás; y entonces, sufriendo el mayor tormento, levantó la vista y de lejos vio a Lázaro en los brazos de Abraham. Entonces gritó el rico: ¡Oh padre Abraham, ten piedad de mi, y envía a Lázaro para que con sus dedos pueda traerme una gota de agua para refrescar mi lengua, la cual está atormentada en esta llama”. Abraham respondió: “Hijo, recuerda que tu recibiste tu bien en la otra vida y Lázaro su mal; entonces ahora tu estarás en tormento, y Lázaro en el consuelo”. El rico gritó otra vez diciendo: “Oh padre Abraham, en mi casa hay tres hermanos míos. Por lo tanto envía a Lázaro para que les anuncie cuanto estoy sufriendo, para que ellos se arrepientan y no vengan aquí”. Abraham respondió: “Ellos tienen a Moisés y los profetas, deja que los oigan”. El hombre rico dijo: “No, padre Abraham; pero si un muerto resucita, ellos creerán”. Abraham contestó: “Quien no cree en Moisés y los profetas, tampoco creerá en los muertos, aún cuando se levantaran”.
“Ved entonces si los pobres son benditos”, dijo Jesús, “que tienen paciencia, y solo desean lo necesario, odiando la carne. Oh desgraciados son quienes llevan cargando a otros en el funeral, para darles sus cuerpos como alimento a los gusanos, y no aprenden la verdad. Tan ciegos están de ello, que viven aquí como inmortales, ya que ellos construyen grandes mansiones y obtienen grandes ganancias y viven con soberbia”.
25.
E ntonces dijo el que escribe: “Oh maestro, verdaderas son tus palabras, y por lo tanto hemos abandonado todo para seguirte. Dinos entonces, como debemos odiar nuestra carne; puesto que matarse uno mismo no es lícito, y viviendo nosotros requiere que le demos a nuestra carne su sustento”. Jesús respondió: “Mantén tu carne como a un caballo, y vivirás a salvo. Ya que a un caballo el alimento le es dado con medida, y el trabajo sin medida, y si se le pone la rienda para que camine a voluntad (de uno), es amarrado para que no cause molestia a alguien, se le guarda en un lugar pobre, y se le golpea cuando no es obediente; así haz tú, oh Bernabé, y vivirás siempre con Dios. Y no te ofendan mis palabras, ya que David, el profeta, hizo lo mismo, como lo confiesa él diciendo: “Yo soy como un caballo ante Ti; y estoy siempre contigo”. Ahora dime, ¿Quién es más pobre, el que se contenta con poco, o el que desea mucho? Verdaderamente te digo, que si tan solo tuviera el mundo una alma sana, nadie amasaría nada para sí mismo, sino que todo sería común. Pero en esto se conoce su locura, que entre más amasa más desea. Y tanto como él amasa, ya que el reposo de otros lo hace amasar igual. Por lo tanto, que una sola túnica sea suficiente para vosotros, tirad vuestra bolsa, no portéis monedero, ni calcéis sandalias; y no penséis, diciendo: “¿Qué nos sucederá?”, sino tened en mente la voluntad de Dios, y Él os proveerá para satisfacer vuestras necesidades; tanto, que nada os faltará. En verdad os digo, que amasar mucho en esta vida da testimonio seguro de no tener nada que recibir en la otra. Ya que aquel que es nativo de Jerusalén, no construye casas en Samaria, debido a la enemistad que existe entre ambas ciudades. ¿Entendéis?”. “Sí”, dijeron los discípulos.
26.
E ntonces dijo Jesús: “Hubo un hombre que iba de viaje, y al ir caminando, descubrió un tesoro en un campo que iba a ser vendido por cinco piezas de dinero. Inmediatamente el hombre, cuando supo esto, vendió su túnica para comprar ese campo. ¿Es eso creíble?”. Los discípulos contestaron: “El que no lo creyera está loco”. Entonces Jesús dijo: “Locos estaréis vosotros si no dais vuestros sentidos a Dios para comprar vuestra alma, en donde reside el tesoro del amor; ya que el amor es un tesoro incomparable. Ya que aquel que ame a Dios tiene a Dios para si mismo; y quien tenga a Dios, lo tiene todo.” Pedro dijo: “Oh maestro, ¿Cómo debe uno amar a Dios con verdadero amor? Dinos”. Jesús respondió: “En verdad os digo, que aquel que no odie a su padre y a su madre, y a su propia vida e hijos y esposa, por amor a Dios, ese tal no es digno de ser amado por Dios”. Pedro contestó: “Oh maestro, está escrito en la Ley de Dios en el Libro de Moisés: “Honra a tu padre, para que vivas largo tiempo sobre la tierra”. Y además dijo él: “Maldito sea el hijo que no obedece a su padre ya su madre”. Entonces Dios ordenó que el hijo desobediente ha de ser apedreado por la gente, y con ira, a las puertas de la ciudad. ¿Y ahora nos ordenas odiar al padre y a la madre?”. Jesús respondió: “Cada palabra mía es cierta, ya que no es mía, sino de Dios, Quien me envió a la casa de Israel. Por lo tanto os digo, que todo lo que vosotros poseéis Dios os lo ha concedido; por tanto, ¿Qué es más precioso, el don o el donador? Cuando tu padre y tu madre con toda otra cosa, sean un obstáculo para ti en el servicio de Dios, abandónalos como enemigos. ¿No le dijo Dios a Abraham: “Vete de la casa de tus padre y de tus parientes, y ven a vivir en la tierra que Yo te daré a ti y a tu descendencia”? ¿Y por qué dijo esto Dios? Porque el padre de Abraham era un hacedor de ídolos, que hacía y adoraba dioses falsos. De ahí, que hubiera enemistad entre ellos, tanta, que el padre quiso quemar al hijo”. Pedro contestó: “Verdaderas son tus palabras; por tanto te ruego que nos cuentes como burló Abraham a su padre”. Jesús contestó: “Abraham tenía siete años cuando empezó a buscar a Dios. Así, un día dijo a su padre: “Padre, ¿qué hizo al hombre?”. El padre tontamente respondió: “El hombre; ya que yo te hice a ti, y mi padre me hizo a mí”. Abraham dijo: “Padre, no es así; ya que he oído a un hombre viejo llorar y decir: ‘Oh Dios mío, ¿porqué no me has dado hijos?’”. Su padre contestó: “Es verdad hijo mío, que Dios ayuda al hombre a que haga hombres, pero Él no pone Sus manos en ello; solo es necesario que el hombre venga a rezarle a su dios y le dé sus corderos y ovejas, y su dios le ayudará”. Abraham respondió: “¿Cuántos dioses hay, padre?”. El viejo contestó: “Son infinitos en número, hijo mío”. Entonces dijo Abraham: “Oh padre, ¿Qué haré si sirvo a un dios y otro me desea el mal porque yo no le sirvo a él? De alguna manera habría discordia entre ellos, y así surgiría la guerra entre dioses. Pero, si acaso, el dios que me desea el mal mata a mi propio dios, ¿qué haré?; es seguro que a mi también me matará”. El viejo, riendo, contestó: “Oh hijo, no tengas miedo, ya que ningún dios le hace la guerra a otro dios; no. En el gran templo hay mil dioses junto con el gran dios Baal, y yo tengo ahora setenta años, y sin embargo nunca he visto que se golpearan entre ellos. Y seguramente que todos los hombres no sirven a un solo dios, sino un hombre a uno, y otro hombre a otro dios”. Abraham respondió: “Así que entonces, ¿la paz reina entre ellos?”. Dijo el padre:”Sí”. Entonces dijo Abraham: “Oh padre, ¿Cómo son los dioses?”. El viejo contestó: “Tonto, cada día yo hago un dios, el cual vendo a los demás y así poder yo comprar el pan, ¡y tú no sabes como son los dioses!”. En ese momento él estaba tallando un ídolo. “Este”, dijo él, “es de madera de palma, ese es de olivo, aquel pequeño es de marfil: ¡ve, que bien tallado está! ¿No parece como si estuviera vivo?; ciertamente, solo le falta respirar”. Abraham replicó: “Y entonces padre, ¿los dioses no respiran? Entonces, ¿como dan ellos el aliento? Y estando sin vida, ¿cómo dan ellos la vida? Es cierto padre, que estos no son Dios”. El anciano se enojó por estas palabras diciendo: “Si tuvieras edad para entender, ya te hubiera roto la cabeza con esta hacha; pero ten cuidado, ¡porque tú no tienes entendimiento!”. Abraham contestó: “Padre, si los dioses ayudan para hacer a los hombres, ¿Cómo puede ser que el hombre haga a los dioses? Y si los dioses están hechos de madera, tú sabes que es un gran pecado quemar madera. Pero dime, padre, ¿cómo es que tú habiendo hecho tantos dioses, los dioses no te han ayudado a hacer otros tantos hijos que pudieran hacerte el hombre más poderoso del mundo?”. El padre estaba fuera de sí, oyendo hablar a su hijo de esa manera. El hijo siguió preguntando: “¿Padre, estuvo el mundo alguna vez sin hombres?”. “Sí”, respondió el hombre. “¿Por qué?”. “Porque”, dijo Abraham, “quisiera saber quien hizo al primer Dios”. “¡Ahora vete de mi casa!”, dijo el viejo, “y déjame hacer este dios rápidamente y no me hables; ya que cuando tienes hambre, lo que tu deseas es pan y no palabras”. Dijo Abraham: “Un buen dios, es verdad, al que tú cortas como te venga en gana, y él no se defiende”. Entonces el anciano se enojó, y dijo: “Todo el mundo dice que es un dios, y tu, muchacho loco, dices que no lo es. ¡Por mis dioses, si fueras un hombre te mataría! Y habiendo dicho esto, le dio golpes y puntapiés a Abraham, y lo sacó de la casa correteándolo”.
27.
L os discípulos se rieron de la locura del viejo, y se asombraron por la prudencia de Abraham. Pero Jesús los reprendió diciendo: “Habéis olvidado las palabras del profeta, que dicen: “La risa actual es el heraldo del llanto por venir”, y además, “no debes ir donde hay risa, sino sentarte con los que lloran, ya que esta vida pasa en miserias”. Entonces dijo Jesús: “En el tiempo de Moisés, ¿sabíais que por reírse y burlarse de los demás Dios convirtió a muchos hombres de Egipto en bestias odiosas? Tened cuidado y no os riáis de alguien por cualquier motivo, ya que seguramente lloraréis por ello”. Los discípulos respondieron: “Nos reímos de la locura del viejo”. Entonces dijo Jesús: “En verdad os digo, cada uno ama a su cada cual, y en ello encuentra placer. Por lo tanto, si no estuvieseis locos no os reiríais de la locura”. Ellos contestaron: “Que Dios tenga piedad de nosotros”. Dijo Jesús: “Así sea”. Entonces dijo Felipe: “Oh maestro, ¿cómo fue que el padre de Abraham quiso quemar a su hijo?”. Jesús respondió: “Un día, habiendo llegado Abraham a la edad de 12 años, le dijo su padre: “Mañana es el festival de todos los dioses; por lo tanto iremos al gran templo y le llevaremos un regalo a mi dios, el gran Baal. Y tú, escogerás para ti un dios, ya que estás en edad de tener un dios”. Abraham respondió con sarcasmo: “De buena gana o padre mío”. Y así en la mañana partieron ellos al templo antes que todos los demás. Pero Abraham llevaba escondida bajo su túnica un hacha. Entonces, habiendo entrado al templo, al incrementarse la multitud, Abraham se escondió detrás de un ídolo en una parte oscura del templo. Su padre, cuando partió, creyó que Abraham se había ido a casa antes que él, por lo que no se quedó a buscarlo.
28.
C uando todos se hubieron ido del templo, los sacerdotes lo cerraron y se fueron. Entonces Abraham cogió el hacha y cortó los pies de todos los ídolos, excepto los del gran dios Baal. A los pies de este, colocó el hacha entre los restos de las estatuas, ya que al ser viejas y compuestas de piezas, se cayeron en pedazos. Entonces, en el momento que Abraham estaba saliendo del templo, fue visto por un grupo de hombres los cuales tenían la sospecha que pudiese haber robado algo del templo. Así que lo agarraron y regresaron con él al templo. Cuando vieron a sus dioses rotos en pedazos, gritaron lamentándose: “¡Venid rápidamente, oh hombres, y matemos al que ha matado a nuestros dioses!”. Serían cerca de 10.000 los que allí se juntaron, acompañados por los sacerdotes quienes comenzaron a interrogar a Abraham acerca de la razón por la que había destruido a sus dioses. Abraham les respondió: “¡Sois tontos! ¿Puede un hombre matar a Dios? S el gran dios Baal el que los ha matado. ¿Es que no veis el hacha que tiene junto a sus pies? Ciertamente que él no quiere asociados”. En ese momento llegaba el padre de Abraham, el cual conciente de los muchos argumentos de Abraham hacia sus dioses, y reconociendo el hacha con la que Abraham había roto los ídolos en pedazos, gritó: “¡Ha sido este hijo mío traidor quien ha matado a nuestros dioses!, ya que esta hacha es mía”. Y les recontó todo lo que había pasado entre él y su hijo.
Inmediatamente los hombres comenzaron a reunir y apilar una gran cantidad de madera. Habiendo atado las manos y pies de Abraham, lo colocaron en lo alto de la pila de leña y le prendieron fuego. Entonces, Dios, a través de Su ángel, ordenó al fuego que no quemase a Abraham, Su siervo. El fuego llameó con gran furia, y quemó a cerca de dos mil de los que habían condenado a Abraham a muerte. Abraham verdaderamente se halló libre, y fue llevado por el ángel de Dios cerca de la casa de su padre, sin ver quien lo llevaba; y así Abraham escapó de la muerte”.
29.
E ntonces dijo Felipe: “Grande es la Misericordia de Dios sobre los que Lo aman. Dinos, oh maestro, ¿cómo llegó Abraham al conocimiento de Dios?”. Jesús respondió: “Habiendo llegado cerca de la casa de su padre, Abraham temía entrar a la casa; así que optó por alejarse a una cierta distancia de ella y se acomodó debajo de una palmera donde estando a solas dijo: “Es necesario que haya un Dios, el cual tiene vida y más poder que el hombre, ya que Él hizo al hombre, y el hombre sin Dios no pudo hacer al hombre”. Entonces elevando su vista al cielo hacia las estrellas, la luna, y el sol, pensó que ellos eran Dios. Pero después de reflexionar acerca de la variabilidad en sus movimientos, dijo: “Es necesario que Dios no se mueva, y que las nubes no lo oculten; o de lo contrario los hombres serían reducidos a nada”. Luego, quedando así abstraído, oyó que era llamado por su nombre: “¡Abraham!”. Y así, volteándose extrañado y no viendo a nadie por ninguna parte, dijo él: “Ciertamente oí que me llamaban por mi nombre”. “¡Abraham!”. Respondió él: “¿Quien me llama?”. En ese momento oyó que se le decía: “Yo soy el ángel de Dios, Gabriel”. Entonces Abraham se llenó de temor; pero el ángel lo consoló diciendo: “No temas, Abraham, ya que tu eres amigo de Dios; puesto que cuando tu rompiste en pedazos los dioses de los hombres, fuiste acogido por el Dios de los ángeles y profetas; tanto, que tu estás inscrito en el Libro de la Vida”. Luego, dijo Abraham: “¿Qué debo hacer, para servir al Dios de los ángeles y los santos profetas?”. El ángel respondió: “Ve a esa fuente y lávate, ya que Dios desea hablar contigo”. Abraham dijo: “Ahora, ¿cómo he de lavarme?”. Entonces el ángel se presentó ante él como un apuesto joven, y se lavó en la fuente diciendo: “Haz tú a tu vez lo mismo, oh Abraham”. Cuando Abraham se hubo lavado, el ángel le dijo: “Sube a esa montaña, ya que allí Dios desea hablar contigo”. Y así, como el ángel le dijo, él subió a la montaña; una vez llegado al lugar y sentado sobre sus rodillas, dijo para sí: “¿Cuándo me hablará el Dios de los ángeles?”. El oyó que era llamado con una voz amable: “¡Abraham!”. Abraham contestó: “¿Quién me llama?”. La voz respondió: “Yo Soy tu Dios, oh Abraham”. Abraham, lleno de temor, inclinó su rostro hacia el suelo diciendo: “¿Cómo ha de escucharte Tu siervo, el cual es polvo y ceniza?”. Entonces dijo Dios: “No temas, sino levántate, ya que Yo te he escogido como siervo Mío, y Yo deseo bendecirte y hacer que te multipliques en un gran pueblo. Por lo tanto, vete de la casa de tu padre y de tus parientes, y vete a vivir a la tierra que Yo te daré a ti y a tu descendencia”. Abraham respondió: “Todo lo haré, Señor; pero cuídame que ningún otro dios vaya a lastimarme”. Entonces Dios habló diciendo: “Yo Soy el Dios Único, y no hay otro Dios más que Yo. Yo derribo y sano; Yo doy muerte y doy vida; Yo condeno hacia el Infierno y absuelvo del Infierno; y nadie es capaz de librarse de Mis manos por si mismo”. Entonces Dios le dio el convenio de la circuncisión; y así, nuestro padre Abraham conoció a Dios”. Y habiendo dicho esto, Jesús levantó sus manos diciendo: “A Ti sean dados el honor y la gloria, oh Dios. ¡Así sea!”.
30.
J esús fue a Jerusalém, cerca de la Senofegia (Tabernáculos); una fiesta de nuestra nación. Los escribas y fariseos sabiendo esto, se pusieron de acuerdo para ponerlo a prueba con palabras de él. Entonces, se acercó a él un erudito preguntándole: “Maestro, ¿Qué debo hacer para tener la vida eterna”? Jesús contestó: “¿Como está escrito en la Ley?”. El tentador, contestó diciendo: “Ama al Señor tu Dios, y a tu prójimo. Amarás a Dios sobre todas las cosas, con todo tu corazón y tu mente, y a tu prójimo como a ti mismo”. Jesús respondió: “Has respondido bien; por lo tanto, ve y hazlo así, digo, y tendrás vida eterna”. Él le dijo: “¿Y quien es mi prójimo?”. Jesús respondió: “Un hombre bajaba de Jerusalén para ir a Jericó, una ciudad reconstruida bajo una maldición. Este hombre en el camino fue atrapado por ladrones, herido y desvestido; habiendo después ellos, dejándolo casi sin vida. Sucedió, que un sacerdote que pasaba por ese lugar, viendo al hombre herido, pasó de largo sin saludarlo. De manera similar pasó un levita, sin decir palabra. Sucedió que por allí pasó (también) un samaritano, quien viendo al hombre herido, se apiadó de él; y bajándose de su caballo, y tomó al hombre herido y lavó sus heridas con vino y las untó con bálsamo, y vendándole las heridas y consolándolo, lo colocó a lomos de su caballo. Y así, llegando ya entrada la noche a la posada, lo dejó a cargo del posadero. Y al levantarse por la mañana dijo: “Cuida de este hombre, y te pagaré todo”. Y habiéndole entregado cuatro piezas de oro al enfermo para el posadero, le dijo: “Alégrate, ya que pronto regresaré, y te llevaré a mi propia casa”. “Dime” dijo Jesús, “¿Cuál de ellos fue el prójimo?”. El doctor respondió: “El que mostró misericordia”. Entonces dijo Jesús: “Has respondido correctamente; por lo tanto, ve tú y actúa de igual manera”. El doctor partió confundido.
31.
E ntonces se acercaron a Jesús los sacerdotes, y dijeron: “Maestro, ¿es lícito dar tributo al Cesar?”. Jesús dirigiéndose hacia Judas le dijo a este: “¿Tienes algo de dinero”. Y tomando una moneda es su mano, Jesús se volvió hacia los sacerdotes y les dijo: “Esta moneda tiene una imagen; decidme: ¿de quien es esta imagen?”. Ellos respondieron: “Del Cesar”. “Dad por lo tanto”, dijo Jesús, “al Cesar, lo que es del Cesar, y a Dios lo que es de Dios”. Entonces, todos se alejaron confundidos. Y he aquí, que se acercó un centurión diciendo: “Señor mi hijo está enfermo; ¡ten piedad de mi vejez!”. Jesús respondió: “¡Que el Señor de Israel tenga misericordia de ti!”. El hombre se iba; y Jesús dijo: “Espérame, ya que iré a tu casa para rezar por tu hijo”. El centurión respondió: “Señor, no soy digno de que tú, un profeta de Dios, vengas a mi casa; es suficiente para mi la palabra que has dicho para curar a mi hijo; ya que tu Dios te ha hecho señor sobre toda enfermedad, tal como me lo dijo Su ángel en mi sueño”. Entonces Jesús se maravilló grandemente, y volviéndose hacia la multitud, dijo: “Ved a este extranjero, ya que él tiene más fe que todos los que he encontrado en Israel”. Y dirigiéndose hacia el centurión, dijo: “Ve en paz, ya que Dios, por la gran fe que él te ha dado, ha concedido salud a tu hijo”. El centurión se fue, y en el camino se encontró a sus sirvientes, quienes le anunciaron como había sanado su hijo. El hombre respondió: “¿A que hora lo dejó la fiebre?”. Ellos dijeron: “Ayer a la hora sexta, la calentura lo dejó”. El hombre supo que cuando Jesús dijo: “EL Señor de Israel tenga misericordia de ti”, su hijo había recibido la salud. Entonces el hombre creyó en nuestro Dios, y habiendo entrado en su casa rompió en pedazos todos sus ídolos diciendo: “Solo hay el Dios de Israel, el Dios Verdadero y Vivo”. Por lo tanto, dijo él: “Nadie que no adore al Dios de Israel comerá de mi pan”.
32.
U n erudito de la Ley invitó a Jesús a cenar, para tentarlo. Jesús llegó al lugar con sus discípulos, y también había muchos escribas esperando en la casa para ponerlo a prueba. Una vez allí, los discípulos se sentaron a la mesa sin haberse lavado las manos. Los escribas llamaron a Jesús diciendo: “¿Por qué tus discípulos no observan las tradiciones de nuestros mayores, ya que no se lavan sus manos antes de comer pan?”. Jesús contestó: “Y yo os pregunto, ¿Por qué causa habéis anulado vosotros el precepto de Dios para observar vuestras tradiciones? Vosotros decís a los hijos de padres pobres: “Ofreced y haced votos al templo”. Y ellos hacen ofrendas de lo poco que tienen para mantener a sus padres. Y cuando sus padres desean tomar dinero, los hijos gritan: ¡Este dinero está consagrado a Dios!, por lo cual sufren los padres. Oh falsos escribas, hipócritas, ¿usa Dios este dinero? Seguramente que no, ya que Dios no come, como dijo Él por Su siervo David, el profeta: “¿He de comer entonces carne de toro y beber sangre de oveja? Ofrecerme el sacrificio de la alabanza, y ofrecerme vuestros votos; ya que si Yo estuviese hambriento, Yo no os pediría nada, viendo que todas las cosas están en Mis manos, y la abundancia del Paraíso está conmigo”. ¡Hipócritas!, vosotros hacéis esto para llenar vuestros bolsillos, y por lo tanto vosotros tasáis la ruda y la menta. ¡Oh miserables!, ya que a los demás les mostráis el camino claro, por el cual no iréis. Vosotros, escribas y doctores, imponéis sobre los hombros de los demás cargas de peso insoportable, pero vosotros mismos, mientras tanto, no estáis dispuestos a moverlas con uno de vuestros dedos. En verdad os digo, que todo mal ha entrado al mundo bajo el pretexto de los mayores. Decidme, ¿quién hizo que la idolatría entrara en el mundo, sino por la costumbre de los mayores? Hubo un rey que amaba excesivamente a su padre, cuyo nombre era Baal. Entonces, cuando el padre murió, su hijo para su propio consuelo, mandó hacer una estatua a imagen de su padre, y la colocó en la plaza del mercado de la ciudad. E hizo un decreto de que todo el que se acercara a esa estatua dentro de un radio de 15 codos estaría a salvo, y nadie por ninguna razón, podría herirlo. De aquí, que los malvados, por razón del beneficio que ellos recibían de ello, empezaron a ofrecerle a la estatua rosas y otras flores, y en poco tiempo las ofrendas fueron dinero y alimentos; a tal nivel que ellos la llamaron dios, para honrarla. Por costumbre esa actitud fue transformada en ley, tanto que el ídolo Baal se extendió por todo el mundo; y cuanto lamenta Dios esto, a través del profeta Isaías, diciendo: “Verdaderamente esta gente me adora en vano, ya que ellos han anulado Mi Ley dada a ellos por Mi siervo Moisés, y siguen las tradiciones de sus mayores”. Verdaderamente os digo, que comer el pan con las manos sucias no contamina a un hombre, ya que aquello que entra al hombre no contamina al hombre, sino lo que sale de él, es lo que contamina al hombre”. Entonces dijo una de los escribas: “Si comemos puerco u otras carnes impuras, ¿no contaminarán ellas mi conciencia?”. Jesús respondió: “La desobediencia no entrará en el hombre, sino que saldrá de él, de su corazón; y por lo tanto él será contaminado cuando coma alimentos prohibidos”. Entonces dijo uno de los doctores: “Maestro, has hablado mucho en contra de la idolatría, como si el pueblo de Israel tuviese ídolos; siendo así, injusto con nosotros”. Jesús contestó: “Bien lo sé, que en Israel hoy no hay estatuas de madera; pero las hay de carne”. Entonces dijeron todos los escribas con ira; “¿Y así somos nosotros idólatras?”. Jesús respondió: “Verdaderamente os digo, el precepto no dice: “Adorarás”, sino: “Amarás al Señor tu Dios, con toda tu alma y con todo tu corazón y con toda tu mente”. “¿Es eso cierto?”, dijo Jesús. “Es cierto”, respondieron todos. Entonces dijo Jesús: “Verdaderamente, todo lo que un hombre ama y por lo cual él abandona todo excepto eso, es su dios. Y así el fornicador tiene a la prostituta como ídolo, el glotón y el borracho tienen a su propia carne como ídolo, y el avaro tiene a la plata y al oro como ídolos suyos, y así similarmente todo otro pecador”. Entonces dijo el que lo había invitado: “¿Maestro, cual es el mayor pecado?”. Jesús contestó: “¿Cual es la mayor ruina de una casa?”. Todos quedaron en silencio, cuando Jesús apuntó con su dedo hacia la base, y dijo: “Si los cimientos ceden, inmediatamente la casa cae en ruina, en tal manera, que será necesario construirla de nuevo; pero si toda otra parte cede, la casa puede ser reparada. Así te digo, que la idolatría es el mayor pecado, ya que priva por completo al hombre de fe, y consecuentemente de Dios; así que él no puede tener afecto espiritual. Pero todo otro pecado deja al hombre la esperanza de obtener misericordia; y por lo tanto te digo que la idolatría es el mayor pecado”. Todos se asombraron ante las palabras de Jesús, ya que ellos percibieron que de ninguna manera podían ser refutadas. Entonces Jesús continuó: “Recordad lo que Dios habló y lo que Moisés y Josué escribieron en la Ley, y veréis cuan grave es este pecado. Dijo Dios, hablando a Israel: “No harás para ti imagen alguna de aquellas cosas que están en el cielo, ni de aquellas cosas que están bajo el cielo, ni la haréis de las cosas que están sobre el agua, ni de las que están bajo el agua. Ya que Yo Soy tu Dios, Fuerte y Celoso, El cual tomará venganza de este pecado en los padres y en los hijos, aun hasta la cuarta generación”. Recordad como, cuando nuestro pueblo hubo hecho el Becerro y cuando ellos lo hubieron adorado, por orden de Dios, Josué y la tribu Leví pasaron por la espada y mataron de ellos a 120.000 de quienes no anhelaban la misericordia de Dios. ¡Oh Juicio terrible el de Dios sobre los idólatras!”.
34.
E staba allí parado ante la puerta, uno que tenía una minusvalía en su mano derecha de forma que no podía usarla. Entonces Jesús levantando su corazón hacia Dios, rezó, y luego dijo: “Para que podáis entender que mis palabras son verdaderas, yo digo: ‘En el Nombre de Dios, hombre, ¡estira tu mano enferma!’”. Él la estiró por completo como si nunca hubiera tenido enfermedad alguna en ella. Entonces con temor a Dios empezaron a comer. Y habiendo comido algo, Jesús dijo otra vez: “En verdad os digo que sería mejor quemar una ciudad que dejar en ella una mala costumbre; ya que debido a eso se enoja Dios con los príncipes y reyes de la tierra, a los cuales a otorgado Dios la espada para que destruyeran las iniquidades”. Después dijo Jesús: “Cuando seas invitado, recuerda no sentarte en el sitio mas elevado, pudiera suceder que si llegara un mejor amigo del anfitrión, el anfitrión pudiera decirte: “¡Levántate y siéntate en un lugar mas bajo!”, lo cual sería una vergüenza para ti. Mejor ve y siéntate en el lugar más humilde, para que el que te invitó venga y te diga: ‘¡Levántate amigo; ven, y siéntate aquí arriba!”; ya que entonces tú tendrás gran honor; porque todo el que se exalta a si mismo será humillado, y el que se humilla será exaltado. Verdaderamente os digo, que Satanás no se volvió réprobo por otro pecado, más que por su orgullo. Asimismo lo dijo el profeta Isaías, reprochándole con estas palabras: “¡Como caíste del cielo, oh Lucifer, tú que eras la belleza de los ángeles, y brillabas como la aurora! ¡En verdad a la tierra cayó tu soberbia!”. En verdad os digo, que si un hombre conociese sus miserias, él siempre estaría en llanto aquí en la tierra y se consideraría así mismo más vil que cualquier otra cosa. No fue por otra causa que el primer hombre junto a su esposa lloró 100 años sin cesar, anhelando la Misericordia de Dios; ya que ciertamente ellos se dieron cuenta de que habían caído debido a su orgullo”. Y habiendo dicho esto, Jesús dio gracias; y ese día se hizo público en todo Jerusalén las grandes cosas que había dicho Jesús, y el milagro que obró, tanto, que las gentes dieron gracias a Dios bendiciendo Su santo Nombre. Pero los escribas y fariseos, habiendo entendido que él habló contra las tradiciones de los ancianos, se llenaron de mayor odio. Y como al Faraón, se les endureció el corazón, por lo cual tramaban la ocasión para matarlo, pero no la encontraban.
35.
J esús partió de Jerusalén, dirigiéndose al desierto más allá del Jordán; los discípulos que estaban a su alrededor le dijeron a Jesús: “Oh maestro, dinos como Satanás cayó debido a su soberbia, ya que sabíamos que él pecó en desobediencia , y porqué él siempre tienta al hombre para que haga el mal”. Jesús contestó: “Habiendo Dios creado una masa de tierra, y habiéndola dejado durante 25.000 años sin hacerle nada más; Satanás, que venia a ser como una especie de sacerdote y líder de los ángeles debido al gran conocimiento que el poseía, supo que Dios de aquella masa de tierra iba a hacer 144.000 marcados con el distintivo de la profecía, y el Mensajero de Dios, cuya alma Él ya la había creado 60.000 años antes que a cualquier otra cosa. Por lo tanto, indignándose, él instigó a los ángeles diciendo: ‘Mirad, un día Dios querrá que esta tierra se reverenciada por nosotros. Así que considerad que nosotros somos espíritu, y por lo tanto no está bien que lo hagamos’. Y así, que fueron muchos los que abandonaron a Dios. Entonces, un día cuando estaban congregados todos los ángeles, Dios se dirigió a ellos diciendo: “Que todo aquel que Me tema a como a su Señor, inmediatamente haga reverencia a esta tierra”. Los que amaban a Dios se postraron, pero Satanás, junto a los que eran de su misma manera de pensar, dijo: ‘Oh Señor, nosotros somos espíritu, y por lo tanto no es justo que reverenciemos a este barro’. Habiendo dicho esto, Satanás se volvió horrible y de apariencia terrorífica, y sus seguidores se volvieron espantosos; ya que debido a su rebelión Dios les arrebató la belleza con la que Él los había dotado al crearlos. Pero ellos, los santos ángeles, cuando levantaron sus cabezas y vieron el horrible monstruo en que se había convertido Satanás, y sus seguidores, pusieron sus rostros contra el suelo, con temor. Entonces dijo Satanás: ‘Oh Señor, tu me has hecho horrible injustamente, pero estoy contento por ello, y es que mi deseo ahora, es tirar por tierra todo lo que Tu hagas”. Y los otros diablos dijeron: ‘No lo llames Señor, oh Lucifer, ya que tu eres Señor’. Entonces dijo Dios a los seguidores de Satanás: “Arrepentíos, oh vosotros, y reconocedme como Dios, vuestro Creador”. Ellos respondieron: ‘Nos arrepentimos de haberte hecho reverencias, ya que Tú no eres Justo; sino que Satanás es justo e inocente, y él es nuestro señor”. Entonces dijo Dios: “Partid de ante Mí, oh malditos, ya que Yo no tengo misericordia para vosotros”. Y al partir, Satanás escupió sobre aquella masa de tierra, pero el ángel Gabriel recogió el esputo junto a un poco de tierra, así que por lo tanto ahora el hombre tiene el ombligo en su vientre”.
36.
L os discípulos quedaron asombrados por la rebelión de los ángeles. Entonces dijo Jesús: “En verdad os digo, que el que no hace oración es más malvado que Satanás, y sufrirá mayores tormentos. Porque Satanás no tuvo, antes de su caída, ningún ejemplo de cómo temer a Dios, ni Dios hizo tanto como enviarle algún profeta para invitarlo al arrepentimiento. Pero el hombre, -ahora que todos los profetas han venido, excepto el Mensajero de Dios que vendrá después de mí, porque Dios así lo desea, y cuyo camino yo preparo- y el hombre, repito, a pesar de que tiene ejemplos infinitos de la Justicia de Dios, vive indiferente sin ningún temor, como si Dios no existiese. Así hablo de esos tales, el profeta David: ‘El tonto ha dicho en su corazón: ‘No hay Dios’, por lo tanto son ellos los corruptos y se han vuelto abominables, sin que uno de ellos haga el bien”. Haced la oración incesantemente, oh discípulos míos, para que podáis recibir. Ya que el que busca encuentra, y al que llama se le abre, y el que pide recibe. Y en vuestra oración no busquéis el mucho hablar, ya que Dios mira al corazón; como dijo Él a través de Salomón: “Oh siervo Mío, dame tu corazón”. En verdad os digo, como que Dios vive, que los hipócritas hacen mucha oración en todas partes de la ciudad para ser vistos y ser tenidos como santos por la multitud; pero sus corazones están llenos de maldad, y por lo tanto ellos no quieren decir lo que ellos piden. Es necesario que digáis vuestra oración concientemente si queréis que Dios la reciba. Ahora decidme: “¿Quién iría a hablar con el gobernador romano o con Herodes, sin antes haber dispuesto su mente respecto a quien va a ir a visitar, y lo que hará? Seguramente nadie. Y si el hombre se prepara así para hablar con un hombre, ¿Qué habría de hacer el hombre para hablar con Dios, y pedir de Él misericordia para sus pecados, y al mismo tiempo agradecerle por todo lo que Él le ha dado? Verdaderamente os digo, que muy pocos hacen verdadera oración, y por lo tanto Satanás tiene poder sobre ellos, ya que Dios no ama a quienes lo honran con sus labios; quienes en el templo piden misericordia (con) sus labios, y sus corazones gritan por justicia. Así como el hijo de Isaías, el profeta: ‘Llévate a este pueblo que me hace enojar, ya que con sus labios ellos Me honran, pero su corazón está lejos de Mí’. En verdad os digo, que aquel que va a realizar su oración sin consideración, se burla de Dios. Ahora, ¿Quién iría a hablar con Herodes dándole la espalda, y al mismo tiempo hablando bien de Pilatos el gobernador, el cual odia a muerte?; seguramente nadie. Si embargo, no es menos lo que hace el hombre que va a realizar su oración y no se prepara a si mismo. Él le vuelve la espalda a Dios y le da la cara a Satanás y habla bien de él. Si alguno, habiéndote lastimado, te dijera con sus labios: ‘Perdóname’, y con sus manos te diese un golpe, ¿cómo podrías perdonarle? Aun así, Dios tendrá misericordia de aquellos que con sus labios dicen: ‘Señor, ten piedad de nosotros’ y con su corazón aman la iniquidad y piensan en nuevas faltas”.
37.
L os discípulos lloraron por las palabras de Jesús y le rogaron diciendo: “Señor, enséñanos como hacer la oración”.
Jesús respondió: “Considerad respecto a lo que haríais si el gobernador romano os aprehendiese para daros muerte; haced eso mismo cuando vayáis a hacer la oración, y dejad que vuestras palabras sean estas: “Oh Señor nuestro Dios, santificado sea Tu Nombre, venga a nosotros Tu Reino, hágase siempre Tu voluntad, y así como es hecha en el cielo sea hecha en la tierra; danos hoy el pan de cada día, y perdónanos nuestros pecados, como perdonamos a quienes pecan contra nosotros, y no nos dejes caer en tentación, más libéranos del mal, ya que solo Tú eres Dios, a Quien pertenecen la Gloria y el Honor por siempre”.
38.
E ntonces dijo Juan: “Maestro, déjanos lavarnos como lo ordenó Dios a través de Moisés”. Jesús dijo: “¿Creéis acaso que yo vengo a destruir la Ley y los profetas? En verdad os digo, como que Dios vive, que yo no he venido a destruirla sino más bien a cumplirla. Pues todo profeta ha observado la Ley de Dios y todo lo que Dios habló a través de los otros profetas. Como que Dios vive, y en cuya presencia está sometida mi alma, nadie que rompa el más mínimo precepto puede estar complaciendo a Dios, sino que será el más humillado en el Reino de Dios, ya que allí él no tendrá parte. Más aún os digo, que una sílaba de la Ley de Dios no puede ser rota sin el más grave pecado. Pero os hago que atestigüéis que es necesario observar lo que Dios dijo a través de Isaías, el profeta, con estas palabras: “Lávate y sé limpio, llévate ante Mi presencia tus pensamientos” Verdaderamente os digo, que toda el agua del mar no lavará aquel cuyo corazón ame las iniquidades. Y además os digo, que nadie hará oración complaciendo a Dios si él no está lavado, sino que cargará su alma con pecado similar al de la idolatría. Creedme, ya que si en realidad el hombre hiciera la oración como es debido, él obtendría todo lo que pidiera. Recordad a Moisés el siervo de Dios, quien con su oración castigó a Egipto, abrió el Mar Rojo, y allí ahogó al Faraón y a su ejército. Recordad a Josué, quien hizo que el Sol se detuviera; Samuel, quien derrotó con el temor a las innumerables huestes de los filisteos; Elías, quien hizo descender fuego del cielo; Eliseo, haciendo resucitar a un muerto; y así tantos otros santos profetas, quienes por medio de la oración obtenían todo lo que querían. Pero esos hombres ciertamente no buscaban sus propios intereses, sino solo a Dios y Su Honor”.
39.
E ntonces dijo Juan: “Bien has hablado, oh maestro, pero todavía no sabemos como pecó de soberbia el hombre”. Jesús contesto: “Cuando Gabriel hubo expulsado a Satanás, y el ángel Gabriel hubo purificado esa masa de tierra donde escupió Satanás, Dios creó todo lo que vive, tanto los animales que vuelan como aquellos que caminan y nadan, y Él adornó el mundo con todo lo que este tiene. Un día Satanás se acercó a las puertas del Paraíso, y, viendo a los caballos que comían el pasto, él les anunció que si esa masa de tierra recibiera un alma, habría pesados trabajos para ellos, y que por lo tanto sería bueno para ellos que pisotearan ese pedazo de tierra de tal manera que ya no sirviese para nada. Los caballos se alborotaron e impetuosamente se pusieron a correr sobre esa masa de tierra que yacía entre lirios y rosas. Entonces Dios le dio su alma al hombre, mientras todos los santos ángeles cantaban: “Bendito sea tu Santo Nombre, oh Dios nuestro”. Adán habiéndose incorporado sobre sus pies, vio en el aire una escritura que brillaba como el sol, que decía: “Hay solamente un Dios. Muhammad es el Mensajero de Dios”**. Entonces Adán abrió su boca y dijo: “Te agradezco, oh Señor mi Dios, por haberte dignado a crearme; pero dime, Te lo ruego, que significa el mensaje de estas palabras: “Muhammad es el Mensajero de Dios”. ¿Ha habido otros hombres antes que yo?” Entonces dijo Dios: “Bienvenido seas, oh Mi siervo Adán. Te digo que tú eres el primer hombre a quien Yo he creado. Y al que tú has visto (mencionado) es tu hijo, quien vendrá al mundo después de muchos años, y será Mi Mensajero, para el cual Yo he creado todas las cosas; quien dará luz al mundo cuando él venga; y cuya alma fue puesta en un esplendor celestial 60.000 años antes de que Yo hiciese todo”. Adán rogó a Dios, diciendo: “Señor, concédeme esta escritura sobre las uñas de mis manos”. Entonces Dios le dio al primer hombre sobre sus pulgares ese escrito; sobre la uña del pulgar de la mano derecha decía: “Hay solamente un Dios”; y sobre la uña del pulgar de la izquierda decía: “Muhammad es el Mensajero de Dios”. Entonces, con afecto paternal el primer hombre besó estas palabras, y se frotó los ojos, y dijo: “Bendito sea ese día cuando vengas al mundo”. Viendo solo al hombre, dijo Dios: “No es bueno que él permanezca solo”. Así que Él lo hizo dormir y sacó una costilla cercana a su corazón, llenando con carne el lugar. De esa costilla creó Él a Eva, y la dio como esposa a Adán. Y Él colocó a ambos como señores del Paraíso, y les dijo: “Ved que Yo os soy todo fruto para que comáis, excepto las manzanas y el grano”. Entonces dijo: “Cuidaos y de ninguna manera comáis de estos frutos, pues os volveríais impuros; tanto, que Yo no toleraré que permanezcáis aquí, sino que os expulsaré, y sufriréis grandes miserias”.
**N. del T.: Es fácil de comprender que, debido a esta mención del nombre de Muhammad (s.a.w.), muchas personas duden acerca de la autenticidad del Evangelio de Bernabé y digan que fue escrito por un musulmán. Sin embargo, esto se debe a que ellos niegan cualquier posibilidad de que el nombre del Santo Profeta Muhammad (s.a.w.) pudiera haber sido anunciado en los Evangelios o en el Antiguo Testamento. No obstante, las gentes desconocen que el nombre de nuestro profeta (s.a.w.) fue claramente mencionado en dichos libros; y no una, sino varias veces. EL mismo Jesús (a.s.) lo anunció como “Ahmad”, aunque intencionadamente, o sin intención, al traducir los evangelios al griego y luego al latín y a otros idiomas, el texto fue cambiado. El nombre “Muhammad” lo anunciaron varios profetas, tales como Moisés (a.s.), Salomón (a.s.), etc. Para una mayor información al respecto, el lector puede consultar “La Biblia, el Corán y la Ciencia”, por Maurice Bucaille; como también, “Jesús en la Biblia” y muchos otros libros que tratan sobre el tema. El Evangelio de Bernabé, cuenta toda la verdad acerca de Jesús (a.s.), sus dichos y hechos, y que debido a su claridad, la Iglesia siempre ha intentado destruirlo o esconderlo; sin embargo: “…la Verdad siempre resalta del error por sí sola…” (Sagrado Corán: 2:256).
40.
C uando Satanás tuvo conocimiento de esto, se volvió loco de indignación. Y así se acercó él a la puerta del Paraíso, donde estaba parada haciendo guardia una horrible serpiente, la cual tenía piernas como de camello, y las uñas de sus pies cortaban como navajas afiladas por ambos lados. A ella le dijo el enemigo: “Déjame entrar en el Paraíso”. La serpiente respondió: “¿Y como puedo dejarte entrar, habiéndome ordenado Dios que te saque?”. Satanás contestó: “Ya ves cuanto te ama Dios, ya que Él te ha puesto fuera del Paraíso para que hagas guardia ante un trozo de barro, que es el hombre. Así que si me llevas dentro del Paraíso yo te haré tan terrible que todos huirán de ti, y así cuando te apetezca podrás entrar y quedarte allí”. Entonces dijo la serpiente: “¿Y como te meteré?”. Dijo Satanás: “Tu eres enorme; por lo tanto, abre tu boca y entraré en tu estómago, y así tú, al entrar al Paraíso, me pondrás cerca de esos dos trozos de barro que acaban de empezar a caminar sobre la tierra”. Y de esa manera, así lo hizo la serpiente poniendo a Satanás cerca de Eva, ya que Adán, su esposo, estaba durmiendo. Satanás se presento ante la mujer como un bello ángel, y le dijo: “¿Porqué no coméis de esas manzanas y de ese grano?”. Eva respondió: “Nuestro Dios nos ha dicho que comiendo de ellos seremos impuros, y por lo tanto Él nos expulsaría del Paraíso” Satanás contestó: “Él no dijo la verdad. Tú debes saber que Dios es malvado y envidioso, y por lo tanto Él no tolera tener iguales, sino que quiere mantener a todos como esclavos. Y Él os ha hablado así, para que no os vayáis a volver iguales a Él. Pero si tú y tu compañero actuáis según mi consejo, comeréis de esos frutos igual como todos los demás, y no permaneceréis sometidos a otros, sino que como Dios, conoceréis el bien y el mal, y haréis lo que os plazca, porque vosotros dos seréis iguales a Dios”. Entonces Eva tomó y comió de ellos, y cuando su esposo hubo despertado ella le contó todo lo que Satanás había dicho; y él tomó de ellos al ofrecérselos su esposa, y comió. Entonces mientras el alimento estaba siendo tragado, recordó las palabras de Dios; por lo que, queriendo impedir que pasase, él metió la mano en su garganta, donde todo hombre tiene la marca.
41.
E n ese momento, ambos se dieron cuenta que estaban desnudos; por lo que, sintiendo vergüenza cogieron hojas de higuera cubriendo sus partes íntimas con ellas. Ya pasado el mediodía, he aquí que Dios se les manifestó, y llamó a Adán, diciendo: “Adán, ¿Dónde estás?”. Él respondió: “Señor, me escondí de Tú Presencia porque yo y mi esposa estamos desnudos, y así sentimos vergüenza de presentarnos ante Ti”. Entonces dijo Dios: “¿Y quien os ha robado vuestra inocencia?; a no ser, que hayáis comido del fruto razón por la cual estáis impuros y por ello no podréis permanecer más en el Paraíso. Adán respondió: “Oh Señor, la esposa que Tú me has dado me indujo a comer, y por eso he comido de ello”. Entonces dijo Dios a la mujer: “¿Porqué le has dado de ese alimento a tu esposo?”. Eva respondió: “Satanás me engañó, y de ahí, que haya comido”. “¿Y como entró aquí ese réprobo?”, dijo Dios. Eva respondió: “Una serpiente que estaba parada en la puerta Norte lo trajo cerca de mí”. Entonces dijo Dios a Adán: “Por haber tú escuchado la voz de tu esposa y por haber comido el fruto, maldita sea la tierra en tus obras; ella producirá para ti abrojos y espinas, y comerás el pan con el sudor de tu frente. Y recuerda que eres tierra, y a la tierra regresarás”. Y habló Él a Eva, diciendo: “Y tú que escuchaste a Satanás, y diste el alimento a tu esposo, vivirás bajo el dominio del hombre, quien te tendrá como esclava, y parirás a tus hijos con dificultad”. Y habiendo llamado a la serpiente, Dios llamó al ángel Miguel, el que sostiene la espada de Dios, (y) dijo: “Primero expulsa del Paraíso a esta malvada serpiente, y cuando esté fuera córtale las piernas; pues si ella quisiese caminar, deberá arrastrar su vientre sobre la tierra”. Después Dios llamó a Satanás, quien vino riéndose y le dijo: “Ya que tú, maldito, has engañado a estos e hiciste que se volvieran impuros, Yo decreto que toda impureza de ellos y de todos sus hijos, que sean realmente penitentes y me adoren, que salga de sus cuerpos entrará por tu boca, y así serás saciado con impureza”. Satanás entonces dio un horrible rugido, y dijo: “Ya que Tú deseas hacerme aún peor, yo sin embargo haré lo que sea capaz de hacer”. Entonces dijo Dios: “¡Vete maldito, de Mí presencia!”. Entonces Satanás partió; y en esto dijo Dios a Adán (y) Eva, estando ambos cubiertos de lágrimas: “Salid del Paraíso, y haced penitencia, y que vuestra esperanza no muera, ya que Yo enviaré a vuestro hijo en tal forma que vuestra descendencia quitará el yugo de Satanás de todo el género humano; ya, que él que vendrá, Mi Mensajero, a él le daré todas las cosas”. Dios hizo que el ángel Miguel los expulsase del Paraíso. Entonces Adán, dándose la vuelta, vio escrito sobre la puerta: “No hay dios excepto Dios. Muhammad es el Mensajero de Dios”. Entonces llorando dijo: “Que plazca a Dios, oh hijo mío, que vengas pronto y nos saques de la miseria”. “Y así”, dijo Jesús, “pecaron Satanás y Adán por orgullo; uno al despreciar al hombre, (y) el otro por desear hacerse igual a Dios”.
42.
E ntonces, y después de acabar el relato, sus discípulos lloraron, y así lo hizo también Jesús; en esto, vieron a muchos que venían buscándolo, ya que los jefes de los sacerdotes se pusieron de acuerdo para dar con él en su discurso. De modo, que enviaron a los levitas y alguno de los escribas para interrogarlo, diciéndole: “¿Quien eres tú?”. Jesús confeso, y dijo la verdad: “Yo no soy el Mesías”. Ellos dijeron: “¿Eres tú, Elías o Jeremías, o alguno de los profetas antiguos?”. Jesús contestó: “No”. Entonces dijeron ellos: “¿Quién eres? dínoslo, para que así podamos dar testimonio sobre aquellos que nos enviaron”. Entonces dijo Jesús: “Yo soy una voz que grita por toda Judea, y que proclama: ‘Preparad el camino para el Mensajero del Señor’, tal como está escrito en Isaías”. Ellos dijeron: “Si tu no eres el Mesías ni Elías, ni ningún profeta, ¿por qué predicas nueva doctrina y aparentas tener mayor importancia que el Mesías?”. Jesús respondió: “Los milagros que Dios obra a través de mis manos demuestran que yo hablo lo que Dios desea; y no me hago pasar por aquel de quien habláis, ya que no soy digno de aflojar las cintas de las sandalias del Mensajero de Dios a quien vosotros llamáis Mesías, el cual fue hecho antes que yo, y vendrá después de mí, y traerá las palabras de verdad, tal es así que su religión no tendrá fin jamás”. Los levitas partieron en confusión, y volvieron a contar todo a los jefes de los sacerdotes, quienes dijeron: “Él tiene el demonio sobre su espalda y este le cuenta todo”. Entonces dijo Jesús a sus discípulos: “Verdaderamente os digo, que los jefes y los ancianos de nuestro pueblo buscan la ocasión contra mí”. A esto dijo Pedro: “Si así es, no vayas a Jerusalén”. Y Jesús le respondió: “Tu eres tonto, y no sabes lo que dices, ya que es necesario que yo sufra muchas persecuciones, porque así les ha sucedido a todos los profetas y a los hombres justos de Dios. Pero no temas, pues habrá quienes estén con nosotros y habrá quienes estén en contra de nosotros”. Y habiendo dicho esto, Jesús partió y fue al monte Tabor, y subió allí con Pedro, Santiago y Juan su hermano, junto con el que esto escribe. En ese momento una gran luz brilló sobre él, y sus ropas se volvieron blancas como la nieve y su cara resplandecía como el sol, y he aquí que vinieron Moisés y Elías hablando con Jesús acerca de todo lo que tendrá que sucederle a nuestra raza y a la ciudad santa. Pedro habló diciendo: “Señor, es bueno estar aquí. Y si tu lo deseas, pondremos aquí tres tiendas; una para ti, una para Moisés y la otra para Elías”. Y mientras él hablaba, fueron cubiertos por una nube blanca, y ellos pudieron oír una voz que decía: “Mirad a Mi siervo con quien estoy bien complacido; escuchadlo”. Los discípulos se llenaron de temor postrando sus rostros contra el suelo como muertos. Jesús se inclinó, y levantando a sus discípulos, dijo: “No temáis, ya que Dios os ama, y ha hecho esto para que podáis creer en mis palabras”.
43.
J esús se dirigió hacia los ocho discípulos que estaban esperándolo abajo. Los cuatro, narraron a los ocho, todo lo que habían visto; y así partieron ellos ese día expulsando de su corazón toda duda acerca de Jesús, excepto Judas Iscariote, quien no creía. Jesús se sentó al pie de la montaña y comenzaron a comer frutas silvestres, ya que ellos no tenían pan. Entonces dijo Andrés: “Tu nos has dicho muchas cosas del Mesías, por lo tanto dinos, por tu amabilidad, todo con claridad. Y de igual manera así se lo pidieron el resto de sus discípulos. A esto, Jesús dijo: “Todo el que trabaja, trabaja por un fin en el que encuentra satisfacción. Así que os digo que Dios, porque verdaderamente es Perfecto, no tiene necesidad de satisfacción, viendo que Él la tiene en si Mismo. Y así, deseando trabajar, Él creó antes que todas las cosas el alma de Su Mensajero, para quien Él determinó crear todo, para que la criaturas encontrasen alegría y bendición en Dios, de donde Su Mensajero debería deleitarse en todas sus criaturas, las que Él asignó para que fuesen sus siervos. ¿Y por qué es esto, sino porque Él así lo quiso? Verdaderamente os digo, que todo profeta cuando ha venido, ha traído para una nación solo la marca de la Misericordia de Dios. Y así sus palabras no se propagaron, sino a las gentes a quienes ellos fueron enviados. Pero el Mensajero de Dios, cuando él venga, Dios le dará a él como si fuera el sello de Su Mano, tanto que él traerá salvación y misericordia para todas las naciones del mundo que reciban su doctrina. Él vendrá con poder contra los infieles, y destruirá la idolatría, tanto que él hará que Satanás se confunda; ya que así se lo prometió Dios a Abraham, diciendo: “En verdad, en tu descendencia Yo bendeciré a todas las tribus de la tierra; y como tú has destruido en pedazos los ídolos, oh Abraham, así lo hará tu descendencia”. Santiago respondió: “Oh maestro, dinos en quien fue hecha esta promesa; ya que los judíos dicen: “En Isaac”, y los ismaelitas (los árabes) dicen: “En Ismael”. Jesús respondió: “¿David de quien fue hijo, y de que linaje? Santiago respondió: “De Isaac; ya que Isaac fue el padre de Jacob y Jacob fue padre de Judá, de cuyo linaje es David”. Entonces dijo Jesús: “Y el Mensajero de Dios, cuando él venga, ¿de que linaje será?”. Los discípulos contestaron: “De David”. Entonces dijo Jesús: “Os engañáis; ya que David en espíritu lo llamó “señor”, diciendo así: “Dios dijo a mi señor: “Siéntate tú a Mi diestra hasta que Yo haga a tus enemigos que sean el lugar para que descanses tu pie. Dios hará avanzar tu cayado, el cual tendrá señorío en medio de tus enemigos”. Si el Mensajero de Dios a quien llamáis Mesías, fuera hijo de David, ¿Cómo podría David llamarlo “señor”? Creedme, ya que en verdad os digo, que la promesa fue hecha en Ismael no en Isaac”.
44.
E ntonces dijeron los discípulos: “Oh maestro, en el libro de Moisés, está escrito, que la promesa fue hecha en Isaac”. Jesús contesto con un lamento: “Así está escrito, pero Moisés no lo escribió, ni Josué, sino mas bien nuestros rabinos, los cuales no temen a Dios. Verdaderamente os digo, que si consideráis las palabras del ángel Gabriel, descubriréis la maldad de nuestros escribas y doctores. Ya que el ángel dijo: “Abraham, todo el mundo sabrá como te ama Dios; ¿pero como sabrá el mundo el amor que tu le tienes a Dios? Ciertamente es necesario que tu hagas algo por amor a Dios”. Abraham contestó: “He aquí al siervo de Dios, listo para hacer todo lo que Dios desee”. Entonces habló Dios a Abraham diciendo: “Toma a tu hijo, tu primogénito Ismael, y sube a la montaña para sacrificarlo”. ¿Cómo puede ser Isaac primogénito, si cuando Isaac nació Ismael tenía siete años?”. Entonces dijeron los discípulos: “Claro es el engaño de nuestros doctores; por lo tanto dinos tú la verdad, ya que sabemos que tú eres enviado de Dios”. Entonces respondió Jesús: En verdad os digo, que Satanás siempre busca anular las leyes de Dios; y por lo tanto él con sus seguidores, los hipócritas y los pecadores –los primeros con falsa doctrina, los últimos con mala vida- han contaminado hoy todas las cosas, y de tal manera que difícilmente puede hallarse la verdad. ¡Ay de los hipócritas!, ya que las alabanzas de este mundo se convertirán para ellos en insultos y tormentos en el infierno. Por lo tanto os digo, que el Mensajero de Dios es un esplendor que dará felicidad ha todo lo que Dios ha hecho, ya que él está adornado con el espíritu del entendimiento y del consejo, el espíritu de sabiduría y poder, el espíritu de temor y amor, el espíritu de prudencia y templanza, él está adornado con el espíritu de caridad y misericordia, el espíritu de justicia y piedad, el espíritu de gentileza y paciencia que él ha recibido de Dios tres veces más de lo que Él ha dado a todas Sus criaturas. ¡Oh tiempo bendito, cuando él venga al mundo! Creedme que yo lo he visto y le he rendido homenaje, así como todo profeta que lo ha visto; y entendiendo que de su espíritu Dios les da a ellos el don de la profecía. Y cuando yo lo vi mi alma se llenó de sosiego, diciendo: “Oh Muhammad, Dios está contigo, y que Él me haga digno de desatar la cinta de tu sandalia, ya que obteniendo esto yo seré un gran profeta y santo de Dios”.
45.
E ntonces vino el ángel de Dios a Jesús, y le habló de tal forma que nosotros también oímos su voz, diciéndole: “ ¡Levántate y ve a Jerusalén!”. Por ello Jesús partió y subió a Jerusalén. Y el sábado él entró en el templo, y comenzó a enseñar a las gentes. Por ello, las gentes se apresuraron en grupo hacia el templo, con el sumo pontífice y los sacerdotes, quienes se acercaron a Jesús diciendo: “Oh maestro, se nos ha dicho que tú hablas mal de nosotros; así que cuídate, no vaya a ser que un mal caiga sobre ti”. Jesús respondió: “En verdad os digo, que yo hablo de os hipócritas, por lo tanto si vosotros sois hipócritas yo hablo contra vosotros”. Ellos contestaron: “¿Quién es un hipócrita? Dínoslo claramente”. Dijo Jesús: “Verdaderamente os digo, que el que hace una buena obra para que las gentes lo vean, él es un hipócrita, puesto que en tanto que su obra no penetra el corazón que los hombres no puedan ver, y de esa manera deja allí todo pensamiento sucio y toda lujuria impura. ¿Sabéis quien es un hipócrita? El que con su lengua sirve a Dios, pero su corazón sirve a los hombres. ¡Oh, hombre miserable!, ya que al morir pierde toda su recompensa. Y respecto a esto dijo el profeta David: “No pongáis vuestra confianza en los príncipes, (ni) en los hijos de los hombres, en quienes no hay salvación; ya que al morir sus ideas perecen”. No, antes de la muerte ellos se hallan privados de la recompensa, ya que “el hombre es”, como dijo Job el profeta de Dios, “inestable; así que él nunca permanece en un mismo estado”. Por lo tanto, si hoy él te alaba, él mañana te insultará, y si hoy el desea recompensarte, mañana estará dispuesto a despojarte. Como Dios vive, y ante Cuya Presencia comparezco, el hipócrita es un ladrón y comete sacrilegio, tanto que él hace uso de la Ley para parecer bueno, y roba el honor de Dios, a quien pertenece solamente la alabanza y el honor por siempre. Además os digo, que el hipócrita no tiene fe, ya que si él creyera que Dios todo lo ve y con terrible juicio castigará la maldad, él purificaría su corazón, el cual, como no tiene fe, él lo mantiene lleno de iniquidad. En verdad os digo, que el hipócrita es como un sepulcro, que por fuera es blanco, pero dentro está lleno de putrefacción y gusanos. Así entonces si vosotros, oh sacerdotes, hacéis el servicio de Dios porque Dios os creó y os lo pide, yo no hablo contra vosotros, ya que vosotros sois siervos de Dios; pero si vosotros hacéis todo por ganancia, y así compráis y vendéis en el templo como en un mercado, sin considerar que el templo de Dios es una casa de oración y no de mercadeo, el cual convertís en una cueva de ladrones; si vosotros hacéis todo para complacer a los hombres, y habéis puesto a Dios fuera de vuestra mente; entonces yo grito contra vosotros que sois hijos del Demonio, y no hijos de Abraham, el cual dejó la casa de su padre por amor a Dios, y estuvo dispuesto a sacrificar a su propio hijo. ¡Ay de vosotros, sacerdotes y doctores, si es que lo sois, ya que Dios os arrebatará el sacerdocio”.
46.
O tra vez habló Jesús diciendo: “Os pongo un ejemplo. Había un terrateniente que plantó una viña, he hizo un arriate para ella con el propósito de que no fuese pisoteada por las bestias. Y en medio de ella él construyó una prensa para el vino, y dejando a un empleado para que se hiciese cargo de ella. Entonces, cuando llegó el tiempo para recoger el vino, él envió a sus sirvientes; a quienes cuando los vieron los trabajadores, estos apedrearon a algunos y quemaron a otros, y al resto de ellos los pasaron a cuchillo. Y esto lo hicieron muchas veces. Decidme, ¿Qué hará el dueño de la viña a sus trabajadores?”. Todos contestaron: “De mala manera los hará perecer, y su viña será confiada a otros trabajadores”. Por lo tanto dijo Jesús: “¿No os dais cuenta que la viña es la casa de Israel, y los trabajadores son las gentes de Judea y Jerusalén? ¡Ay de vosotros!, ya que Dios está enojado contra vosotros, que habéis asesinado y ensartado a tantos profetas de Dios; hasta tal extremo, que en el tiempo de Ahab no se encontraba ni uno que pudiese dar sepultura a los santos de Dios”. Y cuando él hubo dicho esto, los sacerdotes principales quisieron atraparlo, pero ellos temieron a las gentes del pueblo, que lo alababan. Entonces Jesús viendo a una mujer que desde su nacimiento había quedado con su cabeza doblada hacia el suelo, dijo: “Levanta tu cabeza, oh mujer, en el nombre de nuestro Dios, para que ellos sepa que estoy hablando con la verdad y Él desea que yo la anuncie”. Entonces la mujer se enderezó completamente, ensalzando a Dios. El jefe de los sacerdotes gritó diciendo: “Este hombre no es un enviado de Dios, ya que vemos que él no guarda el descanso del sábado, pues hoy él ha curado a una persona enferma”. Jesús respondió: “Ahora decidme, ¿no es lícito hablar en el sábado, y hacer la oración para la salvación de otros?, ¿y quien de vosotros que si su asno o su buey cayera en sábado en un hoyo, no lo sacaría de allí aunque fuera sábado? Seguramente ninguno. ¿Habré entonces roto el día del sábado por haber dado la salud a una hija de Israel? ¡Sin lugar a dudas, aquí se reconoce tu hipocresía! ¡Oh, cuantos hay hoy que temen que una paja lastime el ojo ajeno, mientras que una viga está lista para cortar sus propias cabezas! ¡Oh cuantos temen a una hormiga pero no huyen de un elefante”. Y habiendo dicho esto, él abandonó el templo. Pero los sacerdotes furiosos tramaron ente ellos, ya que ellos no eran capaces de atraparlo y hacer lo que querían con él, tal como sus padres habían hecho contra los piadosos de Dios.
47.
J esús bajó, en el segundo año de su misión profética, de Jerusalén, y fue a Naim. Entonces al acercarse a la puerta de la ciudad, los ciudadanos iban cargando para llevar al sepulcro al único hijo de su madre, una viuda, por el cual todos estaban llorando. Entonces, una vez que Jesús hubo llegado, los hombres supieron que Jesús, un profeta de Galilea, había llegado; y así ellos se pusieron a rogarle por el hombre muerto, para que él siendo profeta, le devolviese la vida; y también sus discípulos lo hicieron. Entonces Jesús temió grandemente, y dirigiéndose a Dios dijo: “Llévame del mundo, oh Señor, porque el mundo está loco, y ellos casi me llaman Dios”. Y habiendo dicho esto él lloró. Entonces vino el ángel Gabriel, y dijo: “Oh Jesús, no temas, ya que Dios te hadado poder sobre toda enfermedad, tanto que todo lo que tu concedas en el Nombre de Dios será enteramente cumplido”. En esto, Jesús suspiró, diciendo: “Hágase Tu Voluntad, Señor Dios Todopoderoso y Misericordioso”. Habiendo dicho esto, él se acercó a la madre del muerto, y con piedad le dijo: “Mujer, no llores”. Y habiendo tomado la mano del difunto, él dijo: “Yo te digo, muchacho: ¡En el Nombre de Dios levántate curado!”. Y de esa manera, el muchacho volvió a la vida, y los allí presentes se llenaron de temor, diciendo: “Dios ha hecho surgir un gran profeta entre nosotros, y Él ha visitado a Su pueblo”.
48.
E n aquel tiempo el ejército de los romanos estaba en Judea, estando nuestro país supeditado a ellos por los pecados de nuestros antepasados. Ahora era la costumbre de los romanos, llamar dios y adorar a quien trajera cualquier nuevo beneficio para la gente común. Y así (algunos), de estos soldados que se encontraban en Naim, ellos reprendían ora a uno, ora a otro, diciendo: “Uno de vuestros dioses os ha visitado, y vosotros no os habéis dado cuenta de ello. Seguramente si nuestros dioses nos visitasen, nosotros les daríamos todo lo que tuviéramos. Y ya veis cuanto tememos a nuestros dioses, ya que a sus imágenes les damos lo mejor que tenemos”. Con esta manera de hablar, así instigaba Satanás para que provocara no poca sedición entre las gentes de Naim. Pero Jesús no se quedó en Naim, sino que se volvió dirigiéndose a Cafarnaum. La discordia presente en Naim era tal, que algunos decían: “El es nuestro Dios que nos ha visitado”; otros decían: “Dios es invisible, así que nadie lo ha visto, ni siquiera Moisés, Su siervo; por lo tanto el no es Dios, sino más bien Su hijo”. Otros decían: “Él no es Dios ni hijo de Dios, ya que Dios no tiene un cuerpo para engendrar con él; sino que él es un gran profeta de Dios”. Y así Satanás instigó eso, en el tercer año de la misión profética de Jesús, de lo cual surgiría gran ruina para nuestro pueblo. Jesús entró en Cafarnaúm; entonces los ciudadanos, cuando supieron de él, reunieron a todos los enfermos que tenían, y los colocaron frente al porche de la casa donde Jesús estaba alojado con sus discípulos. Y habiendo llamado a Jesús le rogaron por la salud de los enfermos. Y habiendo colocado su manos sobre cada uno de ellos, imploró: “Dios de Israel, por Tu Santo Nombre, da la salud a esta persona enferma”. Y así, cada uno de ellos fue curado. El día sábado Jesús entró en la sinagoga, y una multitud de gente le siguió apresurada para oírlo hablar.
49.
E l escriba ese día leía el salmo de David, donde dice David: “Cuando yo halle el tiempo, juzgaré correctamente”. Entonces, después de la lectura de los profetas, Jesús se levantó e hizo señal de silencio con las manos, y abriendo su boca habló así: “Hermanos, habéis oído las palabras dichas por David el profeta, nuestro padre, que cuando Él hallase el tiempo, juzgaría correctamente. Yo os digo en verdad que muchos juzgan, y en su propio juicio ellos caen, por la sencilla razón que ellos juzgan lo que no les atañe, y lo que a ellos les toca lo juzgan antes de tiempo. Por ello, el Dios de nuestros padres, nos alertó a través de Su profeta David, diciendo: “Juzgad con equidad, oh hijos de los hombres”. Miserables por lo tanto, son aquellos que se paran en las esquinas de la calle, y no hacen más que juzgar a todos los que por allí pasan, diciendo: “Este es agradable, este es feo, ese es bueno, ese es malo”. Ay de ellos, porque ellos levantan el cetro de su juicio de la Mano de Dios, Quien dijo: “Yo Soy Testigo y Juez, y Mi Honor no lo daré a nadie”. Verdaderamente os digo, que estos testifican acerca de lo que no han visto ni oído en realidad, y juzgan sin haber sido constituidos jueces. Por lo tanto abominables son ellos ante la visión de Dios, Quien pasará tremendo juicio contra ellos en el Último Día. Ay de vosotros, ay de vosotros que habláis bien del mal, y llamáis bueno al malo, ya que vosotros condenáis a Dios como malhechor, siendo el autor del bien, y justificáis como bueno a Satanás, que es el origen de todo mal. Considerad que castigo tendréis, y que es horrible caer en el Juicio de Dios, el cual será entonces sobre aquellos que justifican a los malvados por dinero, y no juzgan la causa de los huérfanos y las viudas. Verdaderamente os digo, que los demonios temblarán por el juicio de esos, de tan terrible que será. Tú, hombre que eres puesto como juez, no consideres otra cosa; ni parientes ni amigos, ni honor ni ganancia, sino que mirar con temor de Dios solamente a la verdad, la cual has de buscar con la mayor diligencia, ya que será protección para ti en el Juicio de Dios. Pero yo te advierto que sin misericordia será juzgado el que sin misericordia juzgue.
50.
Dime, oh hombre, tu que juzgas a otro hombre, ¿no sabes que todos los hombres tuvieron su origen en el mismo barro? ¿No sabes que nadie es bueno sino solamente Dios? Por ello todo hombre es un mentiroso y un pecador. Créeme, hombre, que si tu juzgas a otros por una falta tu propio corazón tiene que ser juzgado por ella. ¡Oh, que peligroso es juzgar! ¡Oh, cuantos han perecido por sus juicios falsos! Satanás juzgó que el hombre era más vil que él; por lo tanto él se rebeló contra Dios, su Creador; y por ello él es impenitente, como yo lo sé por haber hablado con él. Nuestros primeros padres juzgaron que las palabras de Satanás eran buenas, por lo tanto ellos fueron expulsados del Paraíso, y condenaron a toda su progenie. Verdaderamente os digo, como que Dios vive y ante Su Presencia yo comparezco, que el falso juicio es el padre de todos los pecados. Puesto que nadie peca sin voluntad, y nadie desea lo que no conoce. Ay, por lo tanto, del pecador que con el juicio considera al pecado digno y a la bondad indigna, quien debido a eso rechaza la bondad y elige el pecado. Ciertamente él sufrirá un castigo insoportable cuando Dios venga para juzgar al mundo. ¡Oh, cuantos han perecido por el falso juicio, y cuantos han estado cerca de perecer! El Faraón juzgó a Moisés y el pueblo de Israel eran impíos, Saúl Juzgó que David era merecedor de muerte, Ahab juzgó a Elías, Nabucodonosor a los tres jóvenes que no adoraron a sus dioses falsos. Los dos ancianos juzgaron a Susana, y todos los príncipes idólatras juzgaron a los profetas. ¡Oh tremendo juicio de Dios! El juez perece, el reo se salva. ¿Y por qué esto, oh hombre, sino porque (de) prisa ellos juzgaron falsamente a los inocentes? Cuán rápidamente se acerca el bueno a la ruina por juzgar falsamente. Se podría citar entonces a los hermanos de José, quienes lo vendieron juzgando a su hermano. Tres amigos de Job juzgaron a Job, el inocente amigo de Dios. David juzgó a Mefiboseth y a Urías, Ciro juzgó a Daniel como carne para los leones; y cuantos otros estuvieron cerca de la ruina por esto. Por lo tanto yo os digo, no juzguéis y no seréis juzgados”. Y entonces, habiendo terminado Jesús su discurso, muchos fueron convertidos al arrepentimiento, lamentando sus pecados; y ellos lo hubieran abandonado todo para irse con él. Pero Jesús dijo: “Quedaos en vuestros hogares, y abandonad el pecado, y servid a Dios con temor, y así seréis salvados; ya que yo no vengo a ser servido, sinoa servir”. Y habiendo hablado así, salió él de la sinagoga; y dejando la ciudad, se retiro al desierto a orar, ya que él amaba intensamente la soledad.
51.
C uando él hubo rezado al Señor, sus discípulos acudieron a él y dijeron: “Oh maestro, dos cosas quisiéramos saber; una es, como hablaste tú con Satanás, quien, no obstante, tú dices que es impenitente; la otra es, como Dios vendrá a juzgar en el Día del Juicio”. Jesús replicó: “En verdad os digo, que yo tuve compasión de Satanás, sabiendo de su caída; y tuve compasión de la Humanidad a quien él tentó para pecar. Por lo tanto yo recé y ayuné a nuestro Dios, Quien me habló por medio del ángel Gabriel: “¿Qué buscas tú, oh Jesús, y cual es tu petición?”. Yo contesté: “Señor, Tu sabes de qué mal Satanás es la causa, y que debido a sus tentaciones muchos perecen; él es Tu criatura Señor, a quien Tú creaste; por lo tanto, Señor, ten misericordia de él”. Dios respondió: “Jesús, pon atención, Yo lo perdonaré. Solamente intenta que diga: ‘Señor, Dios mío, yo he pecado, ten misericordia de mí’, y Yo lo perdonaré y lo restauraré a su primer estado”.”Yo me alegré grandemente”, dijo Jesús, “cuando oí esto, creyendo que yo había hecho las paces. Por lo tanto llamé a Satanás, quien vino y dijo: ‘¿Qué debo hacer por ti, oh Jesús?’. Yo contesté: “Tu lo harás por ti mismo, oh Satanás, ya que yo no amo tus servicios, sino que por tu bien yo te he llamado”. Satanás replicó: ‘Si tu no deseas mis servicios, ni yo deseo los tuyos –ya que soy más noble que tu- por lo que tu no eres digno de servirme; ya que tu eres barro, mientras que yo soy espíritu’. “Dejemos esto” dije yo, “y dime si no sería bueno que tu regresases a tu primera belleza y a tu primer estado. Debes saber que el ángel Miguel debe, en el Día del Juicio, golpearte con la espada de Dios 100.000 veces, y cada golpe te dará el dolor de diez infiernos”. Satanás respondió: ‘Veremos en ese día quien puede hacer más; ciertamente tendré de mi lado muchos ángeles y los más potentes idólatras que molestarán a Dios, y Él sabrá que gran error cometió Él al condenarme por un vil (pedazo) de barro’. Entonces yo dije: “Oh Satanás, tu estás enfermo de la mente, y no sabes lo que dices”. Entonces Satanás, en una manera desafiante, movió la cabeza, diciendo: ‘Bueno, hagamos las paces entre Dios y yo; y di tú lo que debe hacerse, oh Jesús, ya que tú eres sano de mente”. Yo respondí: “Solamente necesitan decirse dos palabras”. Satanás replicó: ‘¿Qué palabras?’. Yo contesté: “Estas” ‘Yo he pecado; ten misericordia de mi’”. Dijo Satanás entonces: ‘De buena gana ahora yo haré estas paces si Dios me dice esas palabras”. “Vete ahora de mi”, dije yo, “oh maldito, ya que tú eres el malvado autor de toda injusticia y pecado, pero dios es justo y sin ningún pecado”. Satanás se alejó gritando y dijo: ‘No es así, oh Jesús, sino que tú dices una mentira para complacer a Dios”. “Ahora considerad”, dijo Jesús, “¿Cómo podría él encontrar misericordia?”. Ellos contestaron: “Nunca, señor, porque él es impenitente. Háblanos ahora del juicio de Dios”.
52.
“ El Día del Juicio de Dios será tan terrible que, en verdad os digo, los réprobos antes escogerían diez infiernos que ir a oír a Dios hablar mal contra ellos, contra los cuales todas las cosas creadas darán testimonio. Verdaderamente os digo, que no solo los réprobos temerán, sino los santos y los elegidos de Dios; tanto, que Abraham no confiará en su propia rectitud, y Job no tendrá confianza en su inocencia. ¿Qué estoy yo diciendo?, incluso el Mensajero de Dios temerá, puesto que Dios, para dar a conocer Su Majestad, privará a Su Mensajero de la memoria, así que él no tendrá recuerdo de cómo Dios le dio todas las cosas. Verdaderamente os digo, y hablando con todo el corazón, yo tiemblo porque por el mundo seré llamado “Dios”, y por esto yo tendré que rendir cuentas. Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia mi alma comparece, que yo soy un hombre mortal como son los otros hombres, ya que aunque Dios me ha puesto como profeta sobre la casa de Israel para la salud de los débiles y la corrección de los pecadores, yo soy el siervo de Dios, y de esto vosotros sois testigos, de cómo hablo contra esos hombres malvados que después de mi partida del mundo anularán la verdad de mi evangelio por obra de Satanás. Pero yo regresaré cerca del fin, y conmigo vendrá Enoc y Elías, y nosotros testificaremos contra los malvados, cuyo final será maldito”. Y habiendo hablado así, Jesús derramó lágrimas, y entonces sus discípulos lloraron en voz alta, y levantaron sus voces, diciendo: “Perdón, oh Señor Dios, y ten misericordia de tu inocente siervo”. Jesús respondió: “Amén, amén”. 53.
“ Antes de que ese día llegue”, dijo Jesús, “gran destrucción caerá sobre el mundo, pues habrá guerra tan cruel y despiadada, que el padre matará al hijo, y el hijo matará al padre por razón de la separación entre las gentes. Entonces las ciudades serán aniquiladas, y el país quedará desierto. Vendrán tales pestilencias que no se encontrará a nadie para que lleve a enterrar a los muertos, así que ellos serán dejados como alimento para las bestias. A quienes queden sobre la tierra Dios les enviará tal escasez, que el pan se evaluará por encima del oro, y ellos comerán todo tipo de cosas impuras. Oh época miserable, en la cual apenas podrá encontrarse quien diga: “Yo he pecado, ten misericordia de mi, oh Dios”; sino que con horribles voces ellos blasfemarán de Él, Quien es Glorioso y Bendito por siempre. Después de esto, al irse acercando ese Día, durante 15 días, vendrá cada día una horrible señal sobre los habitantes de la tierra. El primer día, el sol seguirá su curso en el cielo sin luz, sino negro como el tinte de las ropas; y dará gemidos, como un padre que se lamenta por un hijo próximo a morir. El segundo día la luna se convertirá en sangre, y la sangre caerá sobre la tierra como rocío. El tercer día las estrellas serán vistas peleándose entre ellas como un ejército de enemigos. El cuarto día las piedras y las rocas se estrellarán unas contra otras como crueles enemigos. El quinto día toda planta y toda hierba llorará sangre. El sexto día el mar se levantará si dejar su lugar hasta una altura de 150 codos, y estará parado todo el día como una muralla. El séptimo día, por el contrario, se hundirá tan profundamente que apenas será visto. El octavo día los pájaros y los animales de la tierra y del agua se reunirán todos juntos, y darán gritos y rugidos. El noveno día habrá una tormenta de granizo tan horrible, matando de tal manera, que escasamente la décima parte de los seres vivientes escaparán a ella. El décimo día, vendrán rayos y truenos tan horribles, que la tercera parte de las montañas se partirán y se quemarán. El undécimo día todo río correrá hacia atrás, acarreando sangre y no agua. El duodécimo día toda cosa creada llorará y se lamentará. El décimo tercer día el cielo será enrollado como un libro, y lloverá fuego de tal manera, que toda cosa viviente morirá. El décimo cuarto día habrá un terremoto tan horrible, que las cimas de las montañas volarán por el aire como pájaros, y toda la tierra se volverá un llano. El decimoquinto día morirán los santos ángeles y solamente Dios quedará Vivo; a Quien pertenece el Honor y toda Gloria”. Y habiendo dicho esto, Jesús se golpeó la cara con ambas manos, y luego golpeó el suelo con su frente, y habiendo levantado la cabeza, dijo él: “Maldito sea todo aquel que inserte en mis dichos que yo soy el hijo de Dios”. A estas palabras los discípulos cayeron como muertos, y entonces Jesús los levantó diciendo: “Temamos a Dios ahora, sino queremos estar atemorizados en ese Día”.
54.
“ Cuando hayan pasado estos signos, habrá oscuridad sobre el mundo durante 40 años, estando vivo solo Dios, a Quien pertenece el honor y la gloria por siempre. Cuando hayan transcurrido los 40 años, Dios dará vida a Su Mensajero, quien se levantará otra vez como el sol resplandeciente como mil soles, Él se sentará y no hablará, ya que él estará como fuera de si mismo. Dios resucitará a los cuatro ángeles favorecidos de Dios, quienes buscarán al Mensajero de Dios; y habiéndolo hallado, se situarán a los cuatro lados del lugar para hacerle guardia. Acto seguido, Dios dará vida a todos sus profetas, quienes, siguiendo a Adán, irán cada uno a besar la mano del Mensajero de Dios, confiándose a su protección. Inmediatamente dará vida Dios a toda cosa creada, y ellos regresarán a su existencia anterior, pero además cada uno poseerá el poder del habla. Después dará vida Dios a todos los réprobos, a cuya resurrección, debido a su fealdad, todas las criaturas de Dios temerán, y gritarán: “Que Tu Misericordia no nos abandone, oh Señor Dios nuestro “. Después de esto, Dios hará que Satanás resucite, y a su aspecto toda criatura estará como muerta, por temor a la horrible forma de su apariencia”. Dijo Jesús: “Quiera Dios que yo no vea a ese monstruo en ese Día. Solamente el Mensajero de Dios no estará atemorizado por esas formas, ya que él solamente tendrá temor a Dios. Entonces el ángel, al sonido de cuya trompeta todos serán resucitados, volverá a sonar su trompeta, diciendo: “Venid al Juicio, oh criaturas, ya que vuestro Creador desea juzgaros”. Entonces aparecerá en medio del cielo sobre el valle de Josafat un trono brillante, sobre el cual vendrá una nube blanca, y entonces los ángeles loarán: “Bendito seas Tú Dios nuestro, que nos has creado, y nos salvaste de la caída de Satanás”. Entonces el Mensajero de Dios temerá, ya que él percibirá que nadie ha amado a Dios como debiera. Puesto que el que quiera cambiar una moneda de oro debe tener 60 moneditas; ya que teniendo solamente una monedita, no podrá cambiarla. Por lo tanto, si el Mensajero de Dios estará sobrecogido de temor, ¿Qué harán los impíos que están llenos de maldad?
55.
E l Mensajero de Dios irá a reunir a todos los profetas, a quienes él hablará, pidiéndoles que vayan con él a rezarle a Dios por los fieles. Y cada uno se excusará por temor; ni yo, como que Dios vive, iría allí, sabiendo lo que yo sé. Entonces Dios, viendo esto le recordará a Su Mensajero como creó Él todas las cosas por amor a él, y así su temor lo dejará, y él se acercará al Trono con amor y reverencia, mientras los ángeles cantarán: “Bendito sea Tu Santo Nombre, oh Dios, nuestro Dios”. Y cuando él se haya acercado al Trono, Dios abrirá (Su Mente) para Su Mensajero, de igual modo que lo hacen dos amigos que no se han visto desde hace mucho tiempo. El primero en hablar será el Mensajero de Dios, quien dirá: “Yo te adoro y te amo, oh Dios mío, y con todo mi corazón y con toda mi alma te doy gracias por haberte dignado a crearme para que sea Tu siervo, y por haber hecho todo por amor a mí, para que yo pudiese amarte por todas las cosas y sobre todas las cosas; por lo tanto, que todas Tus criaturas Te alaben, oh Dios mío”. Entonces todas las cosas creadas por Dios dirán: “Te damos gracias, oh Señor, y bendecimos tu Santo Nombre”. En verdad os digo, los demonios y los réprobos, junto con Satanás llorarán hasta tal extremo, que de sus ojos saldrá más agua de la que hay en el río Jordán. Sin embargo ellos no verán a Dios. Y Dios le hablará a Su Mensajero, diciendo: “Bienvenido seas, oh Mi siervo fiel; por lo tanto pide lo que quieras, ya que tu lo obtendrás todo”. El Mensajero de Dios contestará: “Oh Señor, yo recuerdo que cuando me creaste, Tu dijiste que habías querido hacer por amor a mi el mundo y el Paraíso, los ángeles y los hombres, para que ellos pudiesen glorificarte por mi Tu siervo. Por lo tanto, Señor Dios, Misericordioso y Justo, yo te ruego que recuerdes la promesa hecha a Tu siervo”. Y Dios le responderá tal como lo hace un amigo que bromea con su amigo diciendo: “¿Tienes tu testigos de esto, Mi amigo Muhammad? Y con reverencia él dirá: “Sí, Señor”. Entonces Dios contestará: “Ve y llámalos, oh Gabriel”. El ángel Gabriel vendrá al Mensajero de Dios, y dirá: “Señor, ¿Quiénes son tus testigos?”. El Mensajero de Dios dirá: “Ellos son Adán, Abraham, Ismael, Moisés, David, y Jesús hijo de María”. Entonces partirá el ángel, y él llamará a los testigos mencionados, quienes avanzarán con temor. Y cuando ellos estén presentes Dios les dirá: “¿Recordáis vosotros lo que afirma Mi Mensajero?”. Ellos contestarán: “¿Qué cosa, oh Señor?”. Dios dirá: “Que Yo hice todas las cosas por amor a él, para que así todas las cosas me alabasen a través de él”. Entonces cada uno de ellos responderá: “Hay con nosotros tres testigos mejores que nosotros, oh Señor”. Y Dios replicará: “¿Quiénes son esos tres testigos?”. Entonces Moisés dirá: “El Libro que Tú me diste es el primero”; y David dirá: “El Libro que Tú me diste es el segundo; y el que os habla dirá: “Señor, el mundo entero, engañado por Satanás, dirá que yo fui Tú hijo y Tú compañero, pero el Libro que Tú me diste dijo verdaderamente que yo soy Tú siervo; y ese libro confiesa lo que Tú Mensajero afirma”. En ese momento hablará el Mensajero de Dios, y dirá: “Así lo dice el Libro que Tú me diste, oh Señor”. Y cuando el Mensajero de Dios haya dicho esto, Dios hablará, diciendo: “Todo lo que he hecho ahora, lo he hecho para que todos sepan cuanto te amo”. Y cuando Él haya hablado así, Dios le dará a Su Mensajero un Libro, en el cual están escritos todos los nombres de los elegidos de Dios. Entonces cada criatura hará reverencia a Dios, diciendo: “A Ti solamente, oh Dios, sean dadas la Gloria y el Honor, porque Tú nos diste a Tú Mensajero”.
56.
D ios abrirá el Libro en la mano de Su Mensajero, y Su Mensajero leyendo en él llamará a todos los ángeles y profetas y a todos los elegidos, y sobre la frente de cada uno estará escrita la marca del Mensajero de Dios. Y en el Libro escrita la gloria del Paraíso. Entonces cada uno pasará a la diestra de Dios; junto al Cual se sentará el Mensajero de Dios, y los profetas se sentarán cerca de él, y los santos se sentarán cerca de los profetas, y los bienaventurados cerca de los santos, y el ángel entonces hará sonar la trompeta, y llamará a Satanás al juicio.
57.
E ntonces esa miserable criatura vendrá y con la mayor pasión será acusado por cada criatura. Acto seguido Dios llamará al ángel Miguel, quien lo golpeará 100.000 veces con la espada de Dios. Él golpeará a Satanás, y cada golpe será tan pesado como diez infiernos, y Satanás será el primero en ser arrojado al abismo. El ángel llamará a los seguidores de Satanás, y ellos serán acusados e insultados de igual manera. Ahí, el ángel Miguel por orden de Dios, golpeará a algunos 100 veces, a algunos 50, a algunos 20, a algunos diez, a algunos cinco. Después descenderán todos ellos al abismo, ya que Dios les dirá: “El infierno es vuestra morada, oh malditos”. Entonces serán llamados a juicio todos los infieles pecadores, contra quienes se levantarán todas las criaturas inferiores al hombre, dando testimonio ante Dios contra ellos; acto seguido serán condenados por Dios a las llamas infernales. En verdad os digo, que la vestimenta de pelo brillará como el sol, y cada piojo que un hombre haya portado por amor a Dios, se convertirá en una perla. Oh, tres y cuatro veces benditos sean los pobres, quienes en verdadera pobreza hayan servido a Dios desde el corazón, ya que en este mundo ellos están destituidos de preocupaciones mundanas, y por lo tanto, estarán libres de muchos pecados, y en ese día ellos no tendrán que rendir cuentas de cómo gastaron las riquezas del mundo, sino que ellos serán recompensados por su paciencia y su pobreza. Verdaderamente os digo, que si el mundo supiera esto, escogería las camisas de pelo antes que la púrpura, los piojos antes que el oro, los ayunos en lugar de los banquetes. Cuando todos hayan sido examinados, Dios dirá a Su Mensajero: “Mira, oh amigo Mío, su maldad cuan grande fue, ya que Yo, el Creador de ellos, puse todas las cosas creadas a su servicio, y en todas ellas me deshonraron. Es más justo, por lo tanto, que Yo no tenga piedad de ellos”. El Mensajero de Dios responderá: “Es verdad, Señor, y Glorioso Dios nuestro, ninguno de Tus amigos y siervos podría pedirte que tengas misericordia de ellos; no, yo, Tu siervo, antes que todos pido justicia contra ellos”. Y habiendo dicho él estas palabras, todos los ángeles y profetas, junto a todos los elegidos de Dios –no, ¿por qué digo yo los elegidos?- en verdad os digo, que las arañas y las moscas, las piedras y la arena gritarán contra los impíos, y demandarán justicia. Entonces Dios hará regresar a la tierra a cada ser viviente inferior al hombre, y enviará a los impíos al Infierno, los cuales, yendo allí, verán otra vez esa Tierra, a la cual serán devueltos los perros y caballos y otros animales viles. Entonces ellos dirán: “Oh Señor Dios, haznos también regresar a esa Tierra”. Pero eso que ellos piden no les será concedido”.
58.
M ientras Jesús hablaba, los discípulos lloraban amargamente. Y Jesús lloró con muchas lágrimas. Entonces, después que él hubo enjugado sus lágrimas, habló Juan: “Oh maestro, dos cosas deseamos saber. Una es, como es posible que el Mensajero de Dios, quien está lleno de misericordia y piedad, no vaya a tener piedad de los réprobos ese día, viendo que ellos son del mismo barro que él. La otra es, como debe entenderse que la espada de Miguel sea pesada como diez infiernos; ¿es que, entonces, hay más de un infierno?”. Jesús respondió: “¿No habéis oído lo que dijo David el profeta, de cómo los justos se reirán de la destrucción de los pecadores, y entonces los humillarán con estas palabras diciendo: “Yo vi al hombre que puso sus esperanza en su fuerza y sus riquezas, y olvidó a Dios”? Verdaderamente, por lo tanto, os digo yo, que Abraham se burlará de su padre, y Adán se burlará de todos los pecadores; y esto será porque los elegidos serán resucitados tan perfectos y cercanos a Dios, que ellos no concebirán en su mente el mínimo pensamiento contra Su Justicia; por lo tanto cada uno de ellos demandará justicia, y sobretodo el Mensajero de Dios. Como que Dios vive y ante Cuya Presencia yo comparezco, aunque ahora estoy llorando por lástima a la Humanidad, en ese día yo demandaré justicia sin misericordia contra aquellos que desprecien mis palabras, y aún más, contra quienes contaminen mi evangelio.
59.
E l Infierno es uno, oh mis discípulos, y en él los condenados sufrirán castigos eternamente. Sin embargo en él existen siete cámaras o regiones, a cada cual más profunda que la anterior, y el que vaya a la más profunda, sufrirá el mayor castigo. Entonces son mis palabras ciertas en cuanto a la espada del ángel Miguel, porque aquel que cometa un solo pecado merecerá el Infierno, y el que haya cometido dos pecados merecerá dos infiernos. Por lo tanto en un infierno los pecadores sufrirán castigos como si estuvieran en diez, o en 100, o en 1000; y el Dios Omnipotente, por Su Poder y por razón de Su justicia, hará que Satanás sufra como si estuviera en diez veces 100.000 infiernos, y el resto, cada uno según su maldad”. Entonces respondió Pedro: “Oh maestro, ciertamente la Justicia de Dios es grande, y hoy este discurso te ha puesto triste; por lo tanto, te ruego que descanses, y mañana ya nos dirás como es el Infierno”. Jesús contestó: “Oh Pedro, tu me dices que descanse; oh Pedro no sabes lo que dices, pues de ser así no hablarías de esa manera. En verdad os digo, que el descanso en esta vida es el veneno de la piedad y el fuego que consume toda buena obra. ¿Habéis olvidado como Salomón, el profeta de Dios, con todos los profetas reprobó la pereza? Cierto que él dijo. “El perezoso no trabajará el suelo por temor al frió, ¡así que en verano él mendigará!”. Luego él dijo: “Todo lo que vuestra mano pueda hacer hacedlo sin descanso”. ¿Y que dijo Job, el más inocente amigo de Dios? Dijo: “Como el ave nació para volar el hombre nació para trabajar”. Verdaderamente os digo, que yo odio el descanso por encima de todas las cosas”.
60.
E l Infierno es uno, y es contrario al Paraíso, como el invierno es contrario al verano, y el calor al frío. Por lo tanto, aquel que quiera describir las miserias del Infierno, deberá haber visto las delicias del Paraíso de Dios. Oh lugar maldito por la justicia de Dios para la condena de los infieles y los réprobos, del cual dijo Job, el amigo de Dios: “No hay orden allí, ¡sino temor eterno!”. E Isaías el profeta, en contra los pecadores dijo: “Sus llamas no serán extinguidas ni sus gusanos mueren”. Y David, nuestro padre, llorando dijo: “Entonces lloverán sobre ellos rayos y centellas, y piedras candentes y gran tempestad”. ¡Oh miserables pecadores, que odiosas les parecerán entonces las carnes delicadas, las ropas costosas, los suaves lechos, y la armonía de las dulces canciones!, ¡que enfermos los pondrá el hambre furiosa, las llamas ardientes, las cenizas candentes, y los crueles tormentos con amargo llanto!”. Entonces Jesús emitió un quejido de lamento, diciendo: “En verdad, cuanto mejor hubiera sido que jamás fuésemos formados, antes que sufrir esos crueles tormentos. Ya que imaginaos a un hombre sufriendo tormentos en cada una de las partes de su cuerpo, sin tener a nadie que sienta compasión él; sino que todos se burlan de él; decidme, ¿no sería eso un gran dolor?”. Los discípulos respondieron: “El mayor”. Entonces dijo Jesús: “Ahora, esto es una delicia (en comparación) con el Infierno. Pues en verdad os digo, que si Dios pusiera en uno de los platos de una balanza todo el dolor que todos los hombres hubieren sufrido y sufran hasta el Día del Juicio, y en el otro una sola hora del dolor del Infierno, los pecadores elegirían sin duda las tribulaciones terrenales, en vez de las otras manos de los demonios, quienes son terriblemente despiadados. ¡Oh que fuego tan cruel darán ellos a los miserables pecadores! ¿Oh que amargo frío, que si embargo no templará sus llamas! ¡Que crujir de dientes, de llantos y de sollozos!, ya que el Jordán tiene menos agua que las inagotables lágrimas que en todo momento fluirán de sus ojos. Y allí sus lenguas maldecirán a todas las cosas creadas, con su padre y su madre y a su Creador, Quien es bendito por siempre”.
61.
H abiendo dicho esto, Jesús se lavó, con sus discípulos, de acuerdo a la Ley de Dios escrita en el Libro de Moisés; y luego ellos rezaron. Y los discípulos viéndolo tan triste no le hablaron todo ese día, sino que cada uno quedó impactado por el terror de sus palabras. Entonces Jesús pronunciándose después de la (oración) noche, dijo: “¿Que padre de familia, si supiera que un ladrón quisiera entrar en su casa, se dormiría? Seguro que ninguno, ya que se mantendría alerta para dar muerte al ladrón. ¿No sabéis entonces que Satanás es como un león rugiente que anda al acecho buscando a quien devorar? Así busca él al hombre para hacerle pecar. Verdaderamente os digo, que si el hombre actuase como el mercader él no tendría temor ese día, ya que estaría bien preparado. Hubo un hombre que dio dinero a sus vecinos para que comerciasen con él, y la ganancia sería dividida en justa proporción. Y hubo algunos que comerciaron bien, y por ello doblaron sus ganancias. Pero hubo algunos que usaron el dinero en servicio del enemigo del que les dio el dinero, hablando mal de él. Decidme ahora, cuando el vecino llame a los deudores para rendir cuentas, ¿Cómo serán tratados? Seguramente él recompensará a quienes comerciaron bien, pero contra los otros su ira se desatará en reproches. Y entonces él los castigará según la ley. Como que Dios vive y ante Cuya Presencia mi alma comparece, el vecino es Dios, Quien le dio al hombre todo lo que este posee, junto a la vida misma, para que el hombre viviendo bien en este mundo Dios pudiera ser alabado, y el hombre tuviese la gloria del Paraíso. Para quienes viven bien les dobla su dinero por su ejemplo, ya que los pecadores viendo el ejemplo de ellos, se vuelven hacia el arrepentimiento; por lo que los hombres que viven bien serán recompensados con un gran premio. Pero los malvados pecadores, quienes por sus pecados merman a la mitad lo que Dios les dio, por sus vidas empleadas al servicio de Satanás el enemigo de Dios, blasfemando de Dios y ofendiendo a los demás –decidme- ¿cuál no será su castigo?”. “Será sin medida”, respondieron los discípulos.
62.
E ntonces dijo Jesús: “El que viva bien debería tomar ejemplo del mercader que pone cerradura a su tienda, y la cuida día y noche con gran diligencia . Y vendiendo otra vez la mercancía que él compra es capaz de incrementar sus ganancias; ya que si él percibiese que está perdiendo en su venta, entonces no vendería; no, ni siquiera a su propio hermano. Así, por lo tanto, deberíais hacer; ya que en verdad vuestra alma es un mercader, y el cuerpo es la tienda; en donde lo que se recibe del exterior, a través de los sentidos es comprado y vendido por ella. Y el dinero es el amor. Ved entonces que con vuestro amor no vendáis ni compréis el menor pensamiento con el cual no podáis obtener ganancia. Pero dejad el pensamiento, las palabras y las obras, que sean todos por el amor a Dios; ya que así encontraréis seguridad en ese día. En verdad os digo, que muchos hacen abluciones y van a rezar, muchos ayunan y dan limosna, muchos estudian y predican a otros, y en cambio su final es abominable ante Dios; porque ellos limpian el cuerpo y no el corazón, ellos gritan con la boca pero no con el corazón; ellos se abstienen de carnes, pero se llenan de pecados; le dan a otros cosas que no son buenas para ellos, para ser tenidos por buenos; ellos estudian para saber como hablar, no para trabajar y actuar; ellos le predican a otros contra aquello que ellos mismos hacen, y así se condenan por su propia lengua. Como que Dios vive, esos no conocen a Dios con sus corazones; ya que si lo conocieran ellos lo amarían; y ya que todo lo que un hombre tiene este lo recibió de Dios, así él debería de gastar todo por el amor de Dios”.
63.
D espués de algunos días Jesús pasó cerca de una ciudad de los samaritanos; y ellos no le dejarían entrar ni le venderían pan a sus discípulos. Entonces dijeron Santiago y Juan: “Maestro, ¿te place que roguemos a Dios para que envíe fuego del cielo contra esas gentes?”. Jesús respondió: “Vosotros no sabéis por qué espíritu sois conducidos, que así habláis. Recordad que Dios determinó destruir Nínive porque Él no encontró en esa ciudad a ninguno que Le temiese; la cual era tan malvada, que Dios habiendo llamando a Jonás, el profeta, para enviarlo a esa ciudad, este habría huido a tarso por temor a las gentes, así que Dios hizo que fuese arrojado al mar, y recogido por un pez y arrojado cerca de Nínive. Y él predicó allí de tal manera que las gentes se convirtieron al arrepentimiento, y Dios tuvo misericordia de ellos. Ay de quienes claman por venganza; ya que sobre ellos mismos vendrá, viendo que cada hombre tiene en si mismo causa para la Venganza de Dios. Ahora decidme, ¿creasteis vosotros a esta ciudad con sus gentes? Oh locos que sois, claro que no, ya que todas las criaturas unidas no podrían crear ni una sola mosca de la nada, y esto es crear. Si el Dios Bendito que creó esta ciudad la mantiene, ¿por qué deseáis vosotros destruirla? ¿Por qué no dijisteis: “¿Te place, maestro, que roguemos al Señor nuestro Dios que estas gentes se conviertan a la penitencia?”? Ciertamente éste es un acto propio de un discípulo mío, rogar a Dios por aquellos que hacen mal. Así hizo Abel cuando su hermano Caín, maldito de Dios, lo mató. Así hizo Abraham por el Faraón, quien le quitó a su esposa, y al cual, por lo tanto, no mató el ángel de Dios, sino que solo lo afligió con la enfermedad. Así hizo Zacarías cuando, por decreto del rey impío, fue asesinado en el templo. Así hicieron Jeremías, Isaías, Ezequiel, Daniel y David, con todos los amigos de Dios y los santos profetas. Decidme, si un hermano fuera atacado de locura, ¿lo mataríais porque habló mal y golpeó a los que se le acercaban? Ciertamente vosotros no lo haríais; sino que más bien restauraríais su salud con medicinas adecuadas a su enfermedad.
64.
C omo que Dios vive, y ante Cuya Presencia mi alma comparece, un pecador es de mente enferma cuando él persigue a un hombre. Pues decidme, ¿hay alguno que se rompiese la cabeza por la causa de romper la túnica de su enemigo? ¿Entonces como puede tener mente sana el que se separa de Dios, la cabeza de su alma, para poder herir el cuerpo de su enemigo? Decidme, oh hombre, ¿Quién es tu enemigo? Ciertamente tu cuerpo, y todo lo que te elogie. Así, que si tuvieses mente sana besarías la mano de quienes te insultan, y entregarías regalos a aquellos que te persiguen y te maltratan mucho; por qué, oh hombre, porque cuanto más por tus pecados seas insultado y perseguido en esta vida, menos lo serás en el Día del Juicio. Pero dime, oh hombre, si los santos y los profetas de Dios han sido perseguidos y difamados por el mundo cuando ellos eran inocentes, ¿Qué te harían a ti, oh pecador?; y si ellos soportaron todo con paciencia, rezando por sus perseguidores, ¿Qué deberías hacer tu, oh hombre, que eres digno del Infierno? Decidme, oh discípulos míos, no sabéis que Shimel maldijo al siervo de Dios, el profeta David, y le arrojó piedras. Ahora, ¿que les dijo David a aquellos que querían matar a Shimel? “Que te importa, oh Job, que quieres matar a Shimel? Déjalo que me maldiga, ya que esta es la voluntad de Dios, Quien convertirá esta maldición en una bendición”. Y así fue; ya que Dios vio al paciencia de David y lo liberó de la persecución de su propio hijo Absalón. Ciertamente ni una hoja se agita sin la volunta de Dios. Entonces, cuando estés en tribulación no pienses lo mucho que tú has soportado, ni en el que te aflige; sino considera cuanto, por tus pecados, mereces recibir a manos de los demonios del Infierno. Vosotros estáis enojados con esta ciudad porque no nos recibirá, ni nos vende pan. Decidme, ¿son estas gentes vuestros esclavos? ¿Les habéis dado vosotros esta ciudad? ¿Les habéis dado vosotros acaso su grano? ¿O les habéis ayudado a cosecharlo? Seguramente que no; ya que vosotros sois extranjeros en esta tierra, y hombres pobres. ¿Qué cosa entonces es esta que decís?”. Los discípulos respondieron: “Señor, hemos pecado; que Dios tenga misericordia de nosotros”. Y Jesús respondió: “Así sea”.
65.
L a Pascua se acercó, por lo que Jesús, junto a sus discípulos, subió a Jerusalén. Y él fue al estanque llamado “Probático”. Y el baño se llamaba así, porque el ángel de Dios cada día agitaba el agua, y quien entrase primero en él después de su movimiento era sanado de todo tipo de enfermedad. Por lo tanto un gran número de personas enfermas permanecían junto al estanque, el cual tenía cinco porciones. Y Jesús vio allí a un hombre paralítico, el cual había permanecido allí 38 años, enfermo de una grave enfermedad. Entonces Jesús, sabiendo esto por inspiración divina, tuvo compasión del hombre enfermo, y le dijo: “¿Deseas ser sanado?”. El hombre inválido respondió: “Señor, no tengo a nadie que me meta en el estanque cuando el ángel agita el agua, pero mientras trato de entrar otro se adelanta y se mete antes que yo”. Entonces Jesús levantó la vista al cielo y dijo: “Señor Dios Nuestro, Dios de nuestros padres, ten piedad de este hombre inválido”. Y habiendo dicho esto, Jesús dijo: “En el Nombre de Dios, hermano, sé curado; levántate y toma tu camastro”. Entonces el paralítico se levantó, alabando a Dios, y cargando con su camastro sobre sus hombros se fue a su casa alabando a Dios. Los que lo vieron gritaron: “Es el día del sábado; no es lícito para ti cargar con tu camastro”. El respondió: “El que me curó me dijo: “Levanta tu camilla, y vete a tu casa” ”. Entonces ellos le preguntaron: “¿Quien es él?”. Él contestó: “No se su nombre”. Entonces entre ellos dijeron: “Debe haber sido Jesús el Nazareno”, otros decían: “No, ya que él es un santo de Dios, mientras que el que ha hecho esta cosa es un hombre malvado, ya que él hace que se rompa el sábado”. Y Jesús entró al templo seguido de una gran multitud deseosa de escuchar sus palabras; por lo que los sacerdotes se consumían de envidia.
66.
Uno de ellos se acercó a él, diciendo: “Buen maestro, tú enseñas bien y verazmente; dime por lo tanto, ¿qué recompensa nos dará Dios en el Paraíso?”. Jesús respondió: “Tu me llamas bueno, y no sabes que solo Dios es Bueno, tal como dijo Job, el amigo de Dios: “Un niño de un día de edad no está puro; si, incluso los ángeles no están libres de falta ante la Presencia de Dios”. Y él dijo además: “La carne atrae al pecado, y absorbe la iniquidad lo mismo que una esponja sorbe el agua”. Así que el sacerdote estaba callado, y perplejo. Y Jesús dijo: “En verdad os digo; nada es más peligroso que las palabras. Ya que así dijo Salomón: “La vida y la muerte está en poder de la lengua”. Y volviéndose hacia sus discípulos, dijo: “Tened cuidado de quien os bendiga, ya que ellos os engañan. Con la lengua Satanás bendijo a nuestros primeros padres, pero miserable fue el resultado de sus palabras. Así bendecían al Faraón los sabios de Egipto. Así bendecía Goliat a los filisteos. Así bendijeron a Ahab 400falsos profetas; pero falsas eran sus alabanzas, así que el alabado pereció con los alabadores. Por ello, y no sin causa dijo Dios a Isaías el profeta: “Mi pueblo, aquellos que te bendicen te engañan”. Ay de vosotros escribas y fariseos; ay de vosotros sacerdotes y levitas, porque vosotros habéis corrompido el sacrificio del Señor, así que quienes vienen a sacrificar creen que Dios come carne cocida como lo hace el hombre.
67.
Y a que vosotros les decís: “Traed vuestras ovejas, toros y corderos al templo de vuestro Dios, y no comáis, sino dad una porción a vuestro Dios de lo que Él os ha dado”; y vosotros no les contáis acerca del origen del sacrificio, que es para un testimonio de la vida concedida al hijo de nuestro padre Abraham, para que la fe y la obediencia de nuestro padre Abraham, con las promesas hechas a él por Dios y las bendiciones dadas a él nunca sean olvidadas. Pero a través de Ezequiel, el profeta, Dios dijo: “Llevaos de ante Mi estos sacrificios vuestros, vuestras víctimas son abominables para Mi”. Pues el tiempo se acerca en que será hecho lo que nuestro Dios transmitió a través de Oseas el profeta, diciendo: “Yo llamaré escogido al pueblo no escogido”. Y como dijo Él en Ezequiel el profeta: “Dios hará un nuevo convenio con su pueblo, no de acuerdo al convenio que Él dio a vuestros padres, e cual ellos no observaron y Él les quitará un corazón de piedra, y les dará un nuevo corazón”. Y todo esto será porque vosotros no camináis ahora en Su Ley. Y vosotros tenéis la llave pero no abrís; más bien bloqueáis el camino para aquellos que quieren caminar por él”. El sacerdote decidió partir para narrar todo al sumo sacerdote, el cual estaba de pie cerca del santuario, pero Jesús dijo: “Quédate, ya que yo responderé a tu pregunta.
68.
T u me pides que te diga que nos dará Dios en el Paraíso. En verdad os digo, que quienes piensan en el salario no aman al amo. Un pastor que tiene un rebaño de ovejas, cuando ve venir al lobo, se prepara a defenderlas; por el contrario, el pastor empleado cuando ve al lobo abandona a las ovejas y huye. Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia comparezco, si el Dios de nuestros padres fuera vuestro Dios vosotros no habríais pensado en decir: “¿Qué me dará dios?”, sino que habríais dicho, como dijo David Su profeta: “¿Qué le daría yo a Dios por todo lo que él me ha dado a mi?”. Os hablaré por medio de una parábola para que podáis entender. Había un rey que se encontró junto al camino a un hombre que había sido despojado de sus ropas por unos ladrones, quienes lo abandonaron dejándolo gravemente herido. Y el rey sintiendo compasión del hombre, ordenó a sus sirvientes que lo llevasen a la ciudad y que allí lo atendiesen; y sin pérdida de tiempo, así lo hicieron. Y el rey concibió un gran cariño por el hombre enfermo, tanto es así, que le dio a su propia hija en matrimonio y lo hizo su heredero. Sin lugar a dudas que este rey era muy misericordioso; pero el hombre golpeó a los esclavos, despreció las medicinas, abusó de la esposa del rey, habló mal del rey, e hizo que sus vasallos se rebelaran contra él. Y cuando el rey precisaba de algún servicio, el estaba listo para decir: “¿Qué me dará el rey como recompensa?”. Ahora, cuando su comportamiento llegó a oídos del rey, ¿Qué creéis que pudo haberle hecho él a un hombre así de impío?”. Todos ellos respondieron: “Ay de él, ya que el rey lo privó de todo, y lo castigó cruelmente. Entonces dijo Jesús: “Oh sacerdotes, y escribas, y fariseos, y tú, sumo sacerdote que oyes mi voz, yo os proclamo lo que Dios os dijo a través del profeta Isaías: “Yo he alimentado esclavos y los exalté, pero ellos Me han despreciado”. El rey es nuestro Dios, Quien halló a Israel en este mundo lleno de miserias, y por lo tanto le dio a Sus siervos José, Moisés y Aarón, quienes lo atendieron. Y nuestro Dios concibió tal amor por el pueblo de Israel que Él castigó a Egipto, ahogó al Faraón, y destruyó 120 reyes de los cananitas y madianitas; Él les dio Sus leyes, haciéndolo heredero de toda esa (tierra) donde habita nuestro pueblo. ¿Pero como se comportó Israel? ¡Cuantos profetas mató él!; ¡cuantas profecías contaminó; como violó él la ley de Dios; cuantos por esa causa se alejaron de Dios y se entregaron a la adoración de ídolos, debido a vuestra ofensa, oh sacerdotes! ¡Y como deshonráis a Dios con vuestra manera de vida! Y ahora me preguntáis: “¿Qué nos dará Dios en el Paraíso?”. Vosotros deberíais haber preguntado cual es el castigo que Dios os dará en el Infierno; y entonces preguntar que deberíais hacer como verdadera penitencia para que Dios tenga misericordia de vosotros; pues esto puedo deciros, y con este fin he sido enviado a vosotros.
69.
C omo que Dios vive y ante cuya presencia comparezco, vosotros no recibiréis adulación de parte mía, sino la verdad. Por ello os digo, arrepentíos y volveos hacia Dios tal como nuestros padres lo hicieron después de pecar, y no endurezcáis vuestros corazones”. Los sacerdotes se consumían de furia por este discurso, pero por temor a las gentes comunes se abstuvieron de decir palabra. Y Jesús continuó, diciendo: “Oh doctores, oh escribas, oh fariseos, oh sacerdotes, decidme. Vosotros deseáis honores como caballeros, pero vosotros no deseáis ir a la guerra; vosotros deseáis ropas finas como las mujeres, pero no queréis hilar ni alimentar niños; vosotros deseáis los frutos del campo, pero no deseáis cultivar la tierra; vosotros deseáis los peces del mar pero no deseáis ir a pescar; vosotros deseáis honor como ciudadanos, pero no desaseáis la carga de la república; y vosotros deseáis los diezmos y las primicias de los frutos como sacerdotes, pero no deseáis servir a Dios de verdad. ¿Qué hará entonces Dios con vosotros, viendo que deseáis todo bien aquí sin ningún mal? Verdaderamente os digo que Dios os dará un lugar donde vosotros tendréis todo mal y ningún bien”. Y cuando Jesús hubo dicho esto, fue traído ante él un endemoniado que no podía hablar ni ver, y estaba privado del oído. Entonces Jesús, viendo su fe, levantó la vista al cielo y dijo: “Señor Dios de nuestros padres, ten misericordia de este hombre enfermo y dale salud, para que estas gentes sepan que Tú me has enviado”. Y habiendo dicho esto, Jesús le ordenó al espíritu que partiese, diciendo: “En el Poder del Nombre de Dios Nuestro Señor, vete, malvado, de este hombre”. El espíritu partió y el hombre mudo habló, y vio con sus ojos. Entonces todos se llenaron de temor, pero los escribas dijeron: “En el poder de Belcebú, príncipe de los demonios, él expulsa a los demonios”. Entonces dijo Jesús: “Todo reino dividido contra si mismo se destruye a si mismo, cayendo casa sobre casa. Si en el poder de Satanás, Satanás es arrojado, ¿cómo se mantendrá en pie su reino? Y si vuestros hijos arrojan a Satanás con la escritura que Salomón el profeta les dio, ellos testifican que yo expulso a Satanás en el poder de Dios. Como que Dios vive, la blasfemia contra el Espíritu Santo no tiene perdón; ni en este, ni en el otro mundo; ya que el hombre malvado por si mismo se preaprueba conociendo la reprobación”. Y habiendo dicho esto Jesús salió del templo. Y las gentes del pueblo lo ensalzaban, ya que ellos trajeron a todos los enfermos que pudieron reunir, y Jesús, habiendo dicho oración, les dio la salud a todos; por lo que ese día, los soldados romanos de Jerusalén, por obra de Satanás empezaron a agitar las gentes del pueblo, diciendo que Jesús era el Dios de Israel que vino a visitar a Su pueblo.
70.
J esús partió de Jerusalén después de la Pascua, y entró a las fronteras de Cesarea Filipa. Entonces, habiéndole informado el ángel Gabriel acerca de la sedición que empezaba entre la gente del pueblo, preguntó a él a sus discípulos: “¿Qué dicen de mi los hombres?”. Ellos dijeron: “Algunos dicen que tu eres Elías, otros que Jeremías, y otros que eres uno de los antiguos profetas”. Jesús respondió: “¿Y vosotros, quien decís que soy?” Pedro contestó: “Tu eres Cristo, hijo de Dios”. Entonces Jesús se enojó, y con ira lo reprendió, diciendo: “¡Vete y aléjate de mi, porque tu eres el demonio y buscas ofenderme!”.
Él amenazó a los 11, diciendo: “¡Ay de vosotros si creéis esto, ya que yo he invocado o Dios una gran maldición contra quienes crean esto!”. Y él quería expulsar a Pedro; por lo que los 11 le rogaron a Jesús por él, que no lo expulsase, pero él volvió a reprenderle de nuevo, diciendo: “¡ten cuidado, y nunca jamás vuelvas a decir esas palabras, porque Dios te condenaría!”. Pedro lloró y dijo: “Señor, he hablado tontamente; ruega a Dios para que Él me perdone”. Entonces dijo Jesús: “Si Dios no quiso mostrarse a Moisés Su siervo, ni a Elías a quien Él tanto amó, ni a ningún profeta, ¿pensáis acaso que Dios debería mostrarse a esta generación impía? ¿Qué no sabéis que Dios creó todas las cosas de la nada con una sola palabra, y todos los hombres tuvieron su origen en un pedazo de barro? Ahora, ¿cómo podría Dios tener apariencia de hombre? ¡Ay de aquellos que se dejan engañar por Satanás!”. Y habiendo dicho esto, Jesús rogó a Dios por Pedro, y los 11 y Pedro estaban llorando y decían: “Así sea, así sea. Oh Señor bendito Dios nuestro”. Después Jesús partió y entró a Galilea, para que esta vana opinión que el vulgo empezó a tener respecto a él se extinguiera.
71.
Habiendo llegado Jesús a su propia tierra, se extendió por toda la región de galilea que Jesús, el profeta, había venido a Nazareth. Por ello, y sin pérdida de tiempo fueron en busca de los enfermos y los trajeron ante él, rogándole que los tocase con sus manos. Y tan grande era la multitud, que cierto hombre rico, enfermo de parálisis, no pudiendo ser llevado ante él pasando por la puerta, tuvo que ser cargado y subido al tejado de la casa en la que se encontraba Jesús; y habiendo hecho que el techo fuera descubierto, lo bajaron por medio de sábanas para ser puesto frente a Jesús. Jesús se detuvo un instante, vacilante, y entonces dijo: “No temas, hermano, porque tus pecados te son perdonados”. Todos se ofendieron al escuchar esto, y ellos dijeron: “¿Y quien es este que perdona los pecados?”. Entonces dijo Jesús: “Como que Dios vive, yo no soy capaz de perdonar pecados, ni hombre alguno, sino que solo Dios perdona. Pero como siervo de Dios yo puedo rogarle por los pecados de otros; y así le rogué por este hombre enfermo, y estoy seguro que Dios atendió mi súplica. Por lo tanto, para que podáis conocer la verdad, yo digo a este hombre enfermo: En el Nombre del Dios de nuestros padres, el Dios de Abraham y sus hijos, ¡levántate curado!”. Y cuando Jesús hubo dicho esto, el hombre enfermo se levantó curado y glorificó a Dios. Entonces las gentes del pueblo rogaron a Jesús que implorase a Dios en nombre de los enfermos que estaban parados afuera. Por lo tanto Jesús salió hacia ellos, y, habiendo levantado sus manos, dijo: “Señor Dios de los ejércitos, el Dios vivo, el Dios Santo que nunca morirá: ¡Ten misericordia de ellos!”. Entonces todos respondieron: “Amén”. Y habiendo dicho esto, Jesús fue poniendo sus manos sobre los enfermos, y todos recibieron la salud. Por lo tanto ellos glorificaron a Dios, diciendo: “Dios nos ha visitado por mediación de Su profeta, y un gran profeta nos ha enviado Dios”.
72.
E n la noche Jesús habló en privado con sus discípulos, diciendo: “Verdaderamente os digo que Satanás desea cribaros como trigo; pero yo he rogado a Dios por vosotros, y solo perecerá de vosotros el que me tienda trampas”. Y esto lo dijo por Judas, ya que el ángel Gabriel le informó de los tratos que Judas tenía con los sacerdotes reportándole todo lo que Jesús decía. Con lágrimas se acercó a Jesús el que esto escribe, diciendo: “Oh maestro, dime, ¿Quién es el que te traicionará?”. Jesús respondió: “Oh Bernabé, esta no es la hora para que lo conozcas, pero pronto el malvado se revelará a sí mismo, ya que yo partiré del mundo”. Entonces lloraron los apóstoles diciendo: “Oh maestro, ¿entonces tu nos abandonarás? ¡Sería mejor la muerte para nosotros antes que ser abandonados por ti!”. Jesús contestó: “Que vuestros corazones no se agiten, y no temáis; ya que yo no os he creado, pero Dios nuestro Creador que os creó os protegerá. En cuanto a mi, he venido al mundo a preparar el camino para el Mensajero de Dios, el cual traerá la salvación al mundo. ¡Pero tened cuidado y no os dejéis engañar, ya que muchos falsos profetas vendrán, los cuales tomarán mis palabras (para alterarlas) y contaminarán mi evangelio”. Entonces dijo Andrés: “Maestro, dinos alguna señal, para que podamos conocerlo”. Jesús respondió: “Él no vendrá en vuestro tiempo, sino que vendrá algunos años después de vosotros, cuando mi evangelio sea anulado, tanto que escasamente habrá 30 fieles. En ese tiempo Dios tendrá misericordia del mundo, y así Él enviará a Su Mensajero, sobre cuya cabeza descansará una nube blanca, por la cual él será conocido como un elegido de Dios, y será manifestado por Él al mundo. Él vendrá con gran poder contra los infieles, y destruirá la idolatría sobre la Tierra. Y ello me alegra porque a través de él nuestro Dios será conocido y glorificado, y se sabrá que yo fui veraz; y él ejecutará la venganza contra aquellos que digan que yo soy más que humano. Verdaderamente os digo que la luna le cuidará y velará el sueño en su niñez, y cuando él sea adulto la tomará en sus manos. Que el mundo se cuide y no lo vaya a rechazar ya que él matará a los idólatras, pues muchos más fueron matados por Moisés, el siervo de Dikos, y Josué, quienes no perdonaron las ciudades que fueron quemadas, y mataron a los niños; Ya que a una vieja herida uno le aplica fuego. Él vendrá con verdad más clara que la de todos los profetas, y reprobará a quien use al mundo. Las torres de la ciudad de nuestro padre se saludarán unas a otras de alegría; y así, cuando se vea que la idolatría cae al suelo y me confiesen como hombre igual que a los demás hombres, en verdad os digo que el Mensajero de Dios vendrá.
73.
E n verdad os digo, que si Satanás os probase para ver si sois amigos de Dios –ya que nadie asalta sus propias ciudades- si Satanás tuviese su voluntad sobre vosotros él os dejaría disfrutar a vuestro placer; pero ya que él sabe que vosotros sois enemigos suyos él hará toda violencia para haceros perecer. Pero no temáis, porque él será para vosotros como un perro que está encadenado, ya que Dios ha escuchado mi súplica”. Juan contestó: “Oh maestro, no solo por nosotros, sino por quienes crean en el Evangelio, dinos como el histórico tentador acecha al hombre”. Jesús respondió: “De cuatro maneras tienta ese malvado. La primera es cuando tienta por él mismo, con pensamientos. La segunda es cuando él tienta por medio de palabras y obras a través de sus sirvientes; la tercera es cuando él tienta con falsa doctrina; la cuarta es cuando él tienta con falsas visiones. Ahora bien, que cauteloso debería ser el hombre, y más aún, ya que él tiene a su favor la carne del hombre, la cual ama el pecado lo mismo como el que tiene fiebre ama al agua. Verdaderamente os digo, que si un hombre teme a Dios él tendrá victoria sobre todo, como dijo David Su profeta: “Dios le dará a Sus ángeles la encomienda de cuidarte a ti, y ellos protegerán tus caminos para que el demonio no te haga tropezar. Mil caerán a tu izquierda, y 10.000a tu derecha, así que ellos no podrán acercarse a ti”. Además, nuestro Dios con gran amor nos prometió a través del mismo David cuidarnos diciendo: “Yo te doy entendimiento, el cual te enseñará; y en tus caminos por donde tu camines Yo haré a Mi Vista que descanse sobre ti”. ¿Pero que diré? Él dijo por medio de Isaías: “¿Puede una madre olvidar al hijo que contiene en su vientre? Pero Yo te digo, que cuando ella olvide, Yo no te olvidaré”. Decidme entonces, ¿Quién temerá a Satanás, teniendo como guardianes a los ángeles y como protección al Dios Viviente? No obstante, es necesario, como dijo el profeta Salomón: “Tú, hijo mío, que has llegado a temer al Señor, prepara tu alma contra las tentaciones”. Verdaderamente os digo, que el hombre debería hacer como el banquero que examina el dinero, examinando sus pensamientos, para que él no peque contra Dios su Creador.
74.
H a habido, y hay hombres en el mundo, que no consideran pecado los pensamientos; pero ellos están en el mayor error. Decidme, ¿cómo pecó Satanás? Es cierto que él pecó en el pensamiento de que él era más digno que el hombre. Salomón pecó al pensar invitar a un festín a todas las criaturas de Dios, por lo que un pez lo corrigió comiéndose todo lo que él había preparado. Entonces, no sin causa, dijo David nuestro padre, que “ascender en el propio corazón lo sitúa a uno en el valle de lágrimas”. ¿Y por qué gritó Dios a través de Isaías Su profeta, diciendo: “Llevaos vuestros malos pensamientos de ante Mi vista”? ¿Y con qué propósito dijo Salomón: “Por todo lo que guardas, guarda tu corazón”? Como que Dios vive y ante Cuya Presencia comparece mi alma, todo se dice contra los malos pensamientos donde el pecado se comete, ya que sin pensar no es posible pecar. Ahora decidme, cuando el labrador planta la viña, ¿pone las plantas muy profundas? Seguramente que sí. Lo mismo hace Satanás, quien al plantar el pecado este no se queda en el ojo o en la oreja, sino que pasa al corazón, el cual es la morada de Dios. Como Él dijo a través de Moisés Su siervo: “Yo viviré en ellos, para que ellos puedan caminar en Mi Ley”. Ahora decidme, si el rey Herodes os diese una casa en la cual él desease vivir, ¿permitiríais a Pilatos, su enemigo, que entrase en ella, o que instalase allí sus dioses? Ciertamente no. Entonces, cuanto menos deberíais dejar a Satanás entrar en vuestro corazón, o poner allí sus pensamientos, sabiendo que nuestro Dios os ha dado en depósito de confianza vuestro corazón, el cual es Su morada. Considerad, por lo tanto, que el banquero observa el dinero viendo si la imagen del César es correcta, si la plata es buena o falsa, y si tiene el peso debido; por lo tanto el lo multiplica mucho en su mano. ¡Ah, mundo loco! Que prudente eres en tu negocio; tanto, que en el Último Día reprobarás y juzgarás a los siervos de Dios por negligencia y descuido, ya que sin duda tus siervos son más prudentes que los siervos de Dios. Decidme ahora, ¿Quién es el que examina un pensamiento como el banquero la moneda de plata? Seguramente nadie.
75.
E ntonces dijo Santiago: “Oh maestro, ¿cómo es el examen de un pensamiento; como (el de) una moneda?”. Jesús respondió: “La buena plata en el pensamiento es la piedad, ya que todo pensamiento impío viene del Demonio. La imagen correcta es el ejemplo de los santos y profetas, el cual deberíamos seguir; y el peso del pensamiento es el amor de Dios por cuya causa todo debería hacerse. Por eso el enemigo traerá allí pensamientos impíos contra vuestro prójimo, (pensamientos) conformes al mundo, para corromper la carne; (pensamientos) de amor terrenal para corromper el amor a Dios”. Bartolomé contestó: “Oh maestro, ¿Qué deberíamos hacer para pensar poco, y así no caer en tentación?”. Jesús respondió: “Dos cosas son necesarias para vosotros. La primera es ejercitaros mucho, y la segunda es hablar poco; ya que la ociosidad es un recipiente donde se recoge todo pensamiento impuro, y demasiado hablar es una esponja que absorbe todas las iniquidades. Es por lo tanto necesario, no solo que vuestro trabajo mantenga ocupado al cuerpo, sino también que el alma esté ocupada con la oración, ya que ella necesita rezar sin cesar jamás. Os pongo un ejemplo: Hubo un hombre que pagaba mal, por lo que nadie que lo conociese iría a labrar sus campos. Por lo tanto él como hombre malvado dijo: “Iré al mercado a encontrar ociosos que no hacen nada, y por lo tanto vendrán a labrar mis viñedos”. Este hombre salió de su casa y encontró a muchos extraños que estaban parados ociosamente, y no tenían dinero. A ellos les habló, y los condujo a su viñedo. Pero verdaderamente ninguno que lo conociese, aún teniendo trabajo para sus manos iría con él. Él es Satanás el que paga mal; ya que él da trabajo, y el hombre recibe por él los fuegos eternos en su servicio. Por ello él ha salido del Paraíso, y va en busca de trabajadores. Ciertamente él pone a trabajar a su servicio a quienes se encuentran parados ociosamente, quienes ellos sean, pero mucho más a aquellos que no lo conocen. No es de ninguna manera prudente para nadie conocer el mal para escapar de él, sino que conviene trabajar en el bien para vencerlo.
76.
O s pongo un ejemplo: Hubo un hombre que tenía tres viñas, las cuales encargó a tres trabajadores. Ya que el primero no sabía como cultivar la viña, esta solo produjo hojas. El segundo instruyó al tercero como las viñas deberían ser cultivadas, y este escuchó atentamente sus palabras; y así como fue enseñado, así él cultivó la suya; tanto, que la viña del tercero produjo mucho. Pero el segundo dejó su viña sin cultivar, empleando su tiempo solamente en hablar. Cuando llegó el tiempo para pagar la renta al dueño de la viña, el primero dijo: “Señor, yo no he sabido como debía ser cultivada tu viña; por lo tanto no he recibido ningún fruto este año”. El dueño respondió: “Oh tonto, ¿vives acaso solo en el mundo, que no pudiste pedir consejo a mi segundo trabajador, el cual sabe muy bien como cultivar la tierra? Cierto es que tu me pagarás”. Y habiendo dicho esto él le condenó a trabajar en prisión hasta que le pagara a su amo; el cual, movido a la piedad por su sencillez, lo liberó diciendo: “Vete, ya que es mi deseo el que no trabajes más en mi viña; es suficiente para ti que te perdone la deuda”. El segundo vino, al cual dijo el dueño: “¡Bienvenido, mi experto en viñas! ¿Dónde están los frutos que me debes? Seguramente, ya que tu sabes muy bien como podar las viñas, el viñedo que te encargué debe haber dado mucho fruto”. El segundo respondió: “Oh señor, tu viñedo está atrasado porque no he podado los tallos ni he labrado la tierra; y el viñedo no ha dado su fruto, así que no puedo pagarte. Confundido, el dueño llamó al tercero y le dijo: “Tu me dijiste que este hombre, a quien encargué la segunda viña, te enseñó perfectamente a cultivar el viñedo que te encargué. ¿Cómo puede ser entonces que el viñedo que a él le encargué no haya dado fruto, sabiendo que todo es el mismo suelo?”. El tercero contestó: “Señor, las viñas no se cultivan solamente hablando, sino que necesita que el que las cultiva deba sudar una camisa todos los días si quiere que se produzca su fruto. ¿Y como ha de dar frutos el viñedo de tu trabajador, oh señor, si lo único que hace s perder su tiempo hablando? Seguro es, oh señor, que si él hubiese puesto en práctica sus propias palabras, (mientras que) yo, que no puedo hablar tanto, te he dado la renta de dos años, él te habría dado la renta del viñedo para cinco años”. El dueño se enojó, y le dijo con burla al trabajador: “Y así que tú has hecho una gran obra al no podar los tallos ni tampoco nivelar el terreno del viñedo, por lo tanto, ¡a ti se te debe una gran recompensa!”. Y habiendo llamado a sus sirvientes mandó que lo golpeasen sin misericordia. Y entonces él lo puso en prisión bajo la vigilancia de un cruel siervo quien lo golpeaba todos los días, y nunca quiso dejarlo en libertad a pesar de las peticiones de sus amigos.
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E n verdad os digo que en el Día del Juicio muchos dirán a Dios: “Señor, hemos predicado y enseñado según Tu Ley”. Contra ellos incluso las piedras gritarán, diciendo: “Cuando predicabais a otros, con vuestra propia lengua os condenasteis a vosotros mismos, oh, inicuos”. “Como que Dios vive”, dijo Jesús, “aquel que conoce la verdad y actúa contrariamente a ella será castigado con una pena tan grave que Satanás casi tendrá compasión de él. Decidme ahora, ¿nos dio nuestro Dios la Ley para conocer o para actuar? Verdaderamente os digo, que todo conocimiento tiene como fin la sabiduría de actuar según todo lo que se sabe. Decidme, si uno estuviera sentado ante una mesa y con sus ojos viese carnes deliciosas pero con sus manos escogiese cosas impuras y las comiese, ¿ese, no estaría loco?”. “Seguro que lo estaría”, dijeron los discípulos. Entonces dijo Jesús: “Oh loco, más allá de toda locura eres tú, oh hombre, que con tu entendimiento conoces el cielo, pero con tus manos escoges la tierra; con tu entendimiento conoces a Dios, pero con tu afecto deseas el mundo; con tu entendimiento conoces las delicias del Paraíso, pero con tus obras escoges las miserias del Infierno. ¡Valiente soldado, que deja la espada y lleva el puñal para luchar! Ahora, ¿no sabéis que quien camina de noche ansía la luz, no solo para ver la luz, sino más bien para ver el buen camino que conduce hasta la posada? ¡Oh mundo miserable, mil veces despreciado y aborrecido!, ya que nuestro Dios por Sus santos profetas siempre ha querido concederle que conozca el camino para ir a Su Morada y su descanso; pero tú, malvado, no solo deseas ir, sino que, lo que es peor, has despreciado la luz. Verdadero es el proverbio del camello, que no le gusta el agua clara para beber, ya que no desea ver el reflejo de su propia cara fea. Así hace el infiel que obra mal; ya que él odia la luz por la cual sus malas obras pueden ser conocidas. Pero el que recibe sabiduría, y no solo actúa bien, sino que, lo que es peor, la emplea mal, es como el que usa los dones como instrumentos para matar al donante.
78.
V erdaderamente os digo, que Dios no tuvo compasión de la caída de Satanás, sino que Él tuvo compasión de la caída de Adán. Y qué sea suficiente para vosotros conocer la infeliz condición del que conoce el bien y hace el mal”. Entonces dijo Andrés: “Oh maestro, es una cosa buena dejar el aprendizaje a un lado, para no caer en esa condición”. Jesús contestó: “Si el mundo es bueno sin el sol, el hombre sin ojos, y el alma sin entendimiento, entonces es bueno no saber. Verdaderamente os digo, que el pan no es tan bueno para la vida temporal como lo es el conocimiento para la vida eterna. ¿No sabéis que aprender es un precepto de Dios?, ya que así dijo Dios: “Pregunta a tus mayores, y ellos te enseñarán”. Y de la Ley dijo Dios: “Mira que Mi precepto esté ante tus ojos, y cuando estés sentado, y cuando camines, y en todo tiempo medita acerca de ello”. Si entonces, es bueno aprender, ahora lo sabéis. ¡Oh infeliz aquel que desprecia la sabiduría!, ya que él puede estar bien seguro que perderá la vida eterna”. Santiago contestó: “Oh maestro, nosotros sabemos que Job no aprendió de ningún maestro, ni Abraham; no obstante ellos llegaron a ser santos y profetas”. Jesús respondió: “Verdaderamente os digo, que el que pertenece a la casa del novio no necesita ser invitado a la boda, ya que él vive en la casa donde se lleva a cabo la boda, sino más bien los que están lejos de la casa. Ahora, ¿no sabéis que los profetas de Dios están en la Casa y Misericordia de Dios?, así que ellos tienen la Ley de Dios manifiesta en ellos; como dijo David nuestro padre sobre este tema: “La Ley de su Dios está en su corazón; por lo tanto su camino no será cavado”. Verdaderamente os digo que nuestro Dios al crear al hombre no solamente lo creó bueno y justo, sino que le insertó en el corazón una luz que debería mostrarle lo que es adecuado para servir a Dios, aunque ellos hayan perdido a Dios de vista y adoren a dioses falsos y mentirosos. Por lo tanto es necesario que el hombre sea enseñado por los profetas de Dios, para tener clara la luz que muestra el camino para ir al Paraíso, nuestro hogar, sirviendo bien a Dios; tal como es necesario que el que tiene sus ojos enfermos sea guiado y ayudado”.
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S antiago respondió: “¿Y como van a enseñarnos los profetas si están muertos, y como va a ser enseñado el que no tiene conocimiento de los profetas?”. Jesús contestó: “La doctrina de ellos está escrita, así que debería ser estudiada, (la escritura) ya que el que desprecia a la profecía, no solo desprecia al profeta, sino que también desprecia a Dios que ha enviado al profeta. Pero en cuanto a los que no conocen al profeta, como son las naciones, yo os digo que si viviere en esas regiones algún hombre como su corazón le enseñe, sin hacer a los demás lo que él no quisiera recibir de los demás, y dando s su vecino lo que él quisiese recibir de otros, ese hombre no será abandonado por la Misericordia de Dios. Entonces, a su muerte, sino antes, Dios le mostrará Su Ley con misericordia. ¿Acaso pensáis que Dios dio la Ley por amor a la Ley? Seguramente esto no es cierto, sino más bien es que Dios dio Su Ley para que el hombre pudiese obrar al bien por amor a Dios. Y así si Dios encontrase a un hombre que por amor a Él obrase el bien, ¿acaso lo despreciaría? Seguramente no, sino que más bien Él lo amará más que aquellos a quienes El dio la Ley. Os pongo un ejemplo: Hubo un hombre que tenía grandes posesiones; y en su territorio él tenía tierra desierta que solo producía cosas infructuosas. Sucedió un día, cuando caminaba por ese árido lugar, pudo observar que entre esas plantas estériles, había una planta que tenía frutas deliciosas. Entonces este hombre dijo: “¿Cómo en este lugar esta planta produce frutas tan deliciosas? En verdad, no deseo que esta planta sea cortada para ser quemada con las demás”. Y habiendo llamado a sus sirvientes les pidió que cavasen para sacarla y plantarla en su jardín. Así será, os digo, como nuestro Dios salvará de las llamas del Infierno a aquellos que actúen con rectitud donde quiera que estén.
80.
Decidme, ¿dónde vivió Job sino en Uz, entre los idólatras? Y respecto al tiempo del Diluvio, ¿Qué escribió Moisés? Decidme. Él dijo: “Noé verdaderamente halló gracia ante Dios”. Nuestro padre Abraham tenía un padre sin fe, ya que este hacia y adoraba falsos ídolos. Lot vivió entre los hombres más malvados de la Tierra. Daniel, siendo niño, junto con Ananías, Azarías y Misael, fue llevado cautivo por Nabucodonosor en un tiempo cuando ellos apenas contaban cinco años de edad y siendo criados entre la multitud de siervos idólatras. Como que Dios vive, lo mismo que el fuego quema las cosas secas y las convierte en fuego sin hacer diferencias entre el olivo, el ciprés o la palma, así nuestro Dios tendrá misericordia con todo el que actúe con rectitud, sin hacer diferencias entre judíos, escitas, griegos o Ismaelitas. Pero que vuestro corazón no se detenga ahí, oh Santiago, ya que donde Dios envió al profeta es necesario negar enteramente tu propio juicio y seguir al profeta, y no decir: “¿Por qué dice él así?, ¿por qué prohíbe y ordena así?”. Sino decid: “Así lo quiere Dios. Así lo ordena Dios”. Ahora, ¿Qué dijo Dios a Moisés cuando los israelitas despreciaron a Moisés? (Él dijo): “Ellos no te han despreciado, sino que Me han despreciado a Mi”. Verdaderamente os digo, que el hombre debería pasar todo el tiempo de su vida no en como aprender a hablar o a leer, sino en aprender a como obrar bien. Ahora decidme, ¿Quién es aquel sirviente de Herodes que no estudiaría como complacerlo sirviéndole con toda diligencia? ¡Ay del mundo que estudia solo para complacer a un cuerpo que es barro y estiércol, y no estudia, sino que olvida, el servicio de Dios Creador de todas las cosas, El cual es Bendito eternamente!.
81.
D ecidme, ¿hubiera sido un gran pecado de los sacerdotes, si cuando ellos cargaban el Arca del Testimonio de Dios la hubieran dejado caer al suelo?”. Los discípulos temblaron al oír esto, ya que ellos sabían que Dios mató a Uzzah por haber tocado el Arca de Dios sin derecho. Y ellos dijeron: “Gravísimo hubiera sido ese pecado”. Entonces dijo Jesús: “Como que Dios vive, es un pecado aún mayor olvidar la Palabra de Dios, con la cual Él creó todas las cosas y que por medio de la Misma Él te ofrece vida eterna”. Y habiendo dicho esto Jesús hizo oración; y después de su oración él dijo: “Mañana tendremos que pasar a Samaria, pues así me lo ha dicho el santo ángel de Dios”. Temprano en la mañana de un cierto día, Jesús llegó cerca del pozo que Jacob había hecho y que dio a su hijo. Entonces Jesús, cansado del viaje envió a sus discípulos a la ciudad para que compraran comida. Y entonces él se sentó sobre una piedra junto al pozo. Y he aquí que una mujer de Samaria se acercó al pozo para sacar agua. Jesús le dijo a la mujer: “Dame de beber”. La mujer contestó: “¿Cómo?, ¿no te da vergüenza que tu siendo hebreo, me pidas que te de beber, siendo yo una samaritana?”. Jesús respondió: “Oh mujer, si tu supieses quien es el que te pide bebida, tal vez tu le habrías pedido a él que te diera de beber”. La mujer respondió: “¿Pero como tu podrías darme de beber, si no tienes recipiente para sacar el agua, ni cuerda, y el pozo es profundo?”. Jesús contestó: “Oh mujer, el que bebe del agua de este pozo, la sed regresa a él, pero quien beba del agua que yo doy, no tendrá sed jamás, sino que a quienes tienen sed y se la dan a que beban, ellos vendrán a la vida eterna”. Entonces dijo la mujer: “Oh señor, dame de esa agua tuya”. Jesús respondió: “Ve y llama a tu esposo, y a vosotros dos os daré de beber”. Dijo la mujer: “No tengo esposo”. Jesús respondió: “Bien has dicho tu la verdad, ya que tu has tenido cinco esposos, y el que ahora tienes no es tu esposo”. La mujer se quedó perpleja al escuchar esto, y dijo: “Señor, por esto me doy cuenta de que tu eres un profeta; por lo tanto dime, te lo ruego: Los hebreos hacen oración sobre el monte Sión en el templo construido por Salomón en Jerusalén, y dicen que allí y en ninguna otra parte los (hombres) hallan la Gracia y la Misericordia de Dios. Y nuestras gentes adoran en estas montañas y dicen que solo sobre las montañas de Samaria debe hacerse la oración. ¿Quiénes son entonces los verdaderos adoradores?”.
82.
E ntonces Jesús suspiró y lloró diciendo: “¡Ay de ti Judea!, porque te glorificas diciendo: “EL Templo del Señor, el Templo del Señor”, pero vives como sino hubiera Dios; entregada por completo a los placeres y ganancias del mundo; ya que esta mujer busca conocer como hallar Gracia y Misericordia anta Dios”. Y volviéndose hacia la mujer él dijo: “Oh mujer, vosotros los samaritanos adoráis a lo que no conocéis, pero nosotros los hebreos adoramos a lo que conocemos. Verdaderamente te digo, que Dios es Espíritu y Verdad, y así en espíritu y verdad debe Él ser adorado: ya que la promesa de Dios fue hecha en Jerusalén, en el templo de Salomón, y no en otra parte. Pero créeme, vendrá un tiempo en que Dios dará Su Misericordia a otra ciudad, y en todo lugar será posible adorarlo en verdad. Y Dios en todo lugar aceptará con misericordia la oración verdadera”. La mujer respondió: “Nosotros esperamos al Mesías; cuando él venga él nos enseñará”. Jesús contestó: “¿Sabes tu mujer, que el Mesías debe venir? Ella respondió: “Sí, señor” Entonces Jesús se alegró y dijo: “Por lo que he visto hasta ahora, oh mujer, tu eres fiel; debes saber, por lo tanto, que en la fe del Mesías será salvado todo aquel que sea elegido de Dios; por lo tanto es necesario que tu conozcas la llegada del Mesías”. Dijo la mujer: “Oh señor, quizás tú eres el Mesías”. Jesús respondió: “Yo fui enviado, ciertamente, a la casa de Israel como un profeta de salvación; pero después de mí vendrá el Mesías enviado de Dios a todo el mundo; para quien Dios creó el mundo. Y entonces en todo el mundo Dios será adorado, y se recibirá la Misericordia, tanto que el año del Jubileo, que ahora llega cada 100años, será reducido por el Mesías a cada año en todo lugar”. Entonces la mujer dejó el pozo y corrió a la ciudad para anunciar todo lo que ella había oído hablar a Jesús.
83.
M ientras la mujer estaba hablando con Jesús vinieron los discípulos, y se asombraron de que Jesús estuviera hablando así con una mujer. Sin embargo uno le dijo: “¿Por qué hablas así con una mujer samaritana?”. Entonces cuando la mujer partió, ellos dijeron: “Maestro, ven y come”. Jesús contestó: “Debo comer otro alimento”. Entonces dijeron los discípulos unos a otros: “Quizás alguien que pasaba ha hablado con Jesús y fue a encontrarle algo para que comiese”. Y ellos le preguntaron al que escribe esto, diciendo. “¿Es que ha estado alguien aquí, oh Bernabé que pudo haberle traído comida al maestro?”. Entonces respondió el que esto escribe: “Nadie ha estado aquí excepto la mujer a quien visteis, la cual trajo esta vasija vacía para llenarla de agua”. Entonces los discípulos se quedaron atónitos, esperando las palabras de Jesús. Y Jesús dijo: “Vosotros no sabéis que el verdadero alimento es hacer la Voluntad de Dios; porque no es el pan lo que sostiene al hombre y le da vida, sino más bien la Palabra de Dios, por Su Voluntad. Y así, por esta razón los santos ángeles no comen, sino que solamente se nutren por la voluntad de Dios. Y así nosotros, Moisés y Elías y otro todavía, han estado cuarenta días y cuarenta noches sin alimento alguno”. Y levantando la vista, Jesús dijo: “¿Cuanto falta para la cosecha?”. Los discípulos respondieron: “Tres meses”. Jesús dijo: “Mirad ahora, como la montaña está blanca de grano; en verdad os digo, que hoy habrá una gran cosecha para ser recogida”. Y entonces el apuntó hacia la multitud que había venido a verlo; ya que la mujer removió a toda la ciudad una vez que hubo entrado en ella diciendo: “Oh hombres, venid a ver a un nuevo profeta enviado por Dios a la casa de Israel”; y ella les informó de todo lo que había escuchado decir a Jesús. Cuando ellos llegaron al lugar, le rogaron a Jesús que se quedara con ellos; y él entró a la ciudad y permaneció en ella dos días, curando a todos los enfermos, y enseñando acerca del reino de Dios. Entonces dijeron los ciudadanos a la mujer: “Creemos más en sus palabras y milagros, que en lo que tu nos has contado; ya que él es ciertamente un santo de Dios, un profeta enviado para la salvación de quienes crean en él. Después de la oración del mediodía los discípulos se acercaron a Jesús, y él les dijo: “Esta noche será el tiempo del Mesías, Mensajero de Dios, y el Jubileo cada año, -el cual viene ahora cada 100 años-. Por lo tanto yo no deseo que durmamos, sino que oremos, inclinando la cabeza 100 veces, haciendo reverencia a nuestro Dios, Poderoso y Misericordioso, el Cual es Bendito por siempre, y entonces, cada vez digamos: “Confieso que Tú, Dios nuestro, eres Único, que Tú no tuviste principio, ni tendrás fin jamás; ya que por Tu Misericordia Tú diste a todas las cosas su principio, y por Tú Justicia Tú darás a todo un fin. Confieso que tú no tienes semejante entre los hombres, porque en Tú infinita Bondad Tú no estás sujeto al movimiento ni a cambio alguno. Ten misericordia de nosotros, ya que Tú nos creaste, y nosotros somos las obras de Tus Manos”. 84.
H abiendo hecho la oración, Jesús dijo: “Demos gracias a Dios porque Él nos ha dado gran Misericordia esta noche; ya que Él en esta misma noche ha hecho regresar el tiempo y nosotros hemos realizado la oración en compañía del Mensajero de Dios. Y yo escuché su voz”.
Los discípulos se alegraron mucho al escuchar esto y dijeron: “Maestro, enséñanos algunos preceptos esta noche”. Entonces dijo Jesús: “¿Alguna vez habéis visto estiércol mezclado con perfume?”. Ellos respondieron: “No señor, ya que nadie está tan loco como para hacer tal cosa”. “Ahora os digo, que hay en el mundo mayor locura”, dijo Jesús, “porque con el servicio de Dios ellos mezclan el servicio del mundo. Tanto, que muchos de vida intachable han sido engañados por Satanás, y mientras rezan han mezclado con sus oraciones asuntos mundanos, por lo que ellos se han vuelto en ese instante, abominables ante la visión de Dios. Decidme; cuando os laváis para la oración, ¿tenéis cuidado de que ninguna cosa impura os toque? Seguro que sí. ¿Pero que hacéis cuando estáis rezando? Os laváis el alma de los pecados a través de la Misericordia de Dios. ¿Desearíais entonces, mientras estáis haciendo la oración, hablar de cosas mundanas? Tened cuidado de no hacer eso, ya que cada palabra mundana se vuelve estiércol del Demonio sobre el alma del que habla”. Entonces temblaron los discípulos, ya que él habló con vehemencia de espíritu; y ellos dijeron: “Oh maestro, ¿Qué haremos si estando haciendo la oración se acerca un amigo que desea hablar con nosotros?”. Jesús respondió: “Dejadlo que espere, y terminad de cumplir con la oración”. Dijo Bartolomé: “¿Pero que pasará si él se ofende y se marcha al darse cuenta de que no hablamos con él”. Jesús respondió: “Si él se ofende, creedme que él no será un amigo vuestro ni un creyente, sino más bien un infiel y un compañero de Satanás. Decidme, si fuerais a hablar con un paje de Herodes, y lo hallaseis hablándole a Herodes en el oído, ¿os ofenderías si él os hiciera esperar? Seguramente que no; todo lo contrario, os sentiríais alagados al ver a vuestro amigo a favor con el rey. ¿Es cierto esto?”. Los discípulos respondieron: “Ciertamente que lo es”. Entonces dijo Jesús: “Verdaderamente os digo, que todo el que reza habla con Dios. ¿Sería entonces justo que dejar de hablar con Dios para hablar con el hombre? ¿Es correcto que vuestro amigo se ofenda por esta causa, porque tenéis más reverencia a Dios que a él? Creedme que si él se ofende cuando lo hagáis esperar, él es un buen siervo del Demonio. Ya que esto es lo que el Demonio desea, que Dios sea olvidado y abandonado por el hombre. Como que Dios vive, en toda buena obra el que tema a Dios debe separarse de las obras del mundo, para no corromper y contaminar la buena obra”.
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“C uando un hombre obra mal o habla mal, si uno intenta corregirlo y evitar esa obra, ¿qué hace ese?”, dijo Jesús. Los discípulos respondieron: “Él hace bien, ya que él sirve a Dios, el Cual siempre procura evitar el mal, así como el sol que siempre busca ahuyentar las tinieblas”. Dijo Jesús: “Y yo os digo al contrario, que cuando uno habla bien, quien quiera que busque obstaculizarlo, bajo el pretexto de algo que no sea mejor, él sirve al Demonio. ¡Que va!, él se vuelve su compañero, ya que el Demonio no atiende sino a impedir toda cosa buena. Pero, ¿qué os diré ahora? Os diré lo mismo que dijo Salomón el profeta, santo y amigo de Dios: “De mil que conozcas, uno es tu amigo”. Entonces dijo Mateo: “Según esto, no seremos capaces de amar a nadie”. Jesús respondió: “En verdad os digo que no es lícito para vosotros odiar a cualquier cosa excepto el pecado; tanto, que ni siquiera podéis odiar a Satanás como criatura de Dios, sino más bien como enemigo de Dios. ¿Sabéis porqué? Os lo diré: porque él es una criatura de Dios, y todo lo que Dios creó es bueno y perfecto. Por lo tanto, el que odie a la criatura también odia al Creador. Pero el amigo es algo muy especial, que no se encuentra fácilmente pero que se pierde con facilidad. Igual que el amigo que no soportaría la contradicción contra aquel a quien él ama conmensuradamente; cuidaos, sed cautelosos, y no escojáis como amigo a uno que no ama a quien vosotros amáis. ¿Sabéis vosotros lo que significa amigo? Amigo no significa otra cosa sino un médico del alma. Y así tal como uno raramente encuentra un buen médico que conozca las enfermedades y sea conocedor de cómo aplicar la correcta medicación, así también son escasos los amigos que conocen las faltas y saben como guiar hacia el bien. Pero aquí existe un mal; que hay muchos que tienen amigos que no se dignan a ver las faltas de su amigo; otros los excusan; otros los defienden bajo pretextos terrenales; y lo que es peor, hay amigos que invitan y ayudan a su amigo a errar, cuyo fin será como su villanía. Cuidaos de no recibir a esos hombres como amigos, ya que en verdad ellos son enemigos y asesinos del alma.
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Q ue tu amigo sea tal que así como desea corregirte, así pueda él recibir corrección; y tal como él desea que dejes todas las cosas por el amor a Dios, así le satisfaga también que lo abandones por el servicio de Dios. Pero decidme, si un hombre no sabe como amar a Dios, ¿Cómo va él a saber como amarse a sí mismo? Seguramente esto es imposible. Por lo tanto cuando quieras escoger a alguien como amigo (ya que en verdad es supremamente pobre el que no tiene ningún amigo), fíjate en considerar primero, no su buen linaje, ni su buena familia, ni su rica hacienda, ni su fina vestimenta, ni su agradable apariencia, ni sus hermosas palabras, ya que tú serás fácilmente engañado; sino que observa como teme él a Dios, como desprecia las cosas mundanas, como ama las buenas obras, y sobretodo, como él odia a su propia carne, y así tu podrás fácilmente encontrar al verdadero amigo; si sobre todas él teme a Dios, y desprecia las vanidades del mundo, si él siempre está ocupado en buenas obras, y odia a su propio cuerpo como a un cruel enemigo. Ni tampoco deberás amar a ese amigo de tal manera que tu amor quede en él, pues (así) serías un idólatra. Pero ámalo como un regalo que Dios te ha dado, ya que así Dios, (lo) adornará con mayor favor. En verdad os digo, que quien haya encontrado un verdadero amigo, ha encontrado una de las delicias del Paraíso”. Tadeo contestó: “Pero maestro, y si sucediera que un hombre tenga un amigo que no sea tal como tu dijiste, ¿qué debe hacer él?, ¿debe él abandonarlo?”. Jesús respondió: “Él debe hacer como hace el marinero con el barco, él lo dirige mientras se da cuenta de que es provechoso, pero cuando ve que es una pérdida lo abandona. Así deberás hacer tú con el amigo que es peor que tú; en aquellas cosas que él pueda tener o hacer y sean una ofensa para ti, déjalo sino quieres que la Misericordia de Dios te deje a ti.
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¡A y del mundo debido a las ofensas! Debe ser que la ofensa venga, porque todo el mundo nace en maldad. Pero aún así Pero aún así, ¡hay del hombre a través del cual viene una ofensa! Sería mejor para el hombre que él tuviese una piedra de molino alrededor de su cuello y que fuera sumido en las profundidades del mar antes de que él ofenda a su prójimo. Si tu ojo es una causa de pecado para ti sácatelo; ya que es mejor que entres al Paraíso con un solo ojo, a que entres con los dos en el Infierno. Si tu mano o tu pié te ofenden, procede de igual manera; ya que es mejor que entres en el Reino de los Cielos con un pié o una mano, que ir con dos manos y dos pies al Infierno”. Dijo Simón, llamado Pedro: “Señor, ¿cómo he de hacer esto? Cierto es que en poco tiempo estaría yo desmembrado”. Jesús respondió: “Oh Pedro, aleja la prudencia material e inmediatamente hallarás la verdad. Ya que el que te enseña es tu ojo, y el que te ayuda a trabajar es tu pié, y el que te suministra todo es tu mano. Por lo tanto, cuando esos sean para ti una ocasión de pecado déjalos; ya que es mejor para ti entrar al Paraíso ignorante, con pocas obras y pobre, que entrar al Infierno sabio con grandes obras y rico. Todo aquello que pueda suponer un obstáculo que te impida poder servir a Dios, aléjalo de ti como un hombre se deshace de todo lo que le estorba en su vista”. Y habiendo dicho esto, Jesús llamó a Pedro para que se acercara a él, y le dijo: “Si tu hermano peca contra ti, ve y corrígelo. Si él se enmienda, alégrate porque tú has ganado a tu hermano; pero si él no se corrige ve y convoca a dos testigos y repréndelo de nuevo; y si él no se enmienda, ve y díselo a la congregación; y si él entonces no se corrige, considéralo un infiel, por lo tanto tú no debes vivir bajo el mismo techo que él, no comerás ante la misma mesa a la que él se siente, ni deberás hablar con él; tanto es así, que si conoces donde el dejó su huella al caminar, tú no deberás poner allí tu pié.
88.
P ero cuídate de no considerarte superior; sino más bien deberás decir así: “¡Pedro, Pedro!, si Dios no te ayudase con Su Gracia tú serías peor que él”. Pedro contestó: “¿Cómo debo corregirlo?”. Jesús respondió: “De la manera que a ti mismo te gustaría ser corregido. Y como quisieras ser tratado, trata así a los demás. Créeme, Pedro, ya que en verdad yo te digo que cada vez que tu corrijas a tu hermano con misericordia tú recibirás misericordia de Dios, y tus palabras darán su fruto; pero si tú lo haces con rigor, tú serás rigurosamente castigado por la Justicia de Dios, y ello no fructificará. Dime, Pedro; esas ollas de barro donde los pobres cocinan sus alimentos, ¿acaso ellos utilizan piedras y martillos de hierro para lavarlas? Seguro que no; sino más bien lo hacen con agua caliente. De hacerlo con el hierro, los recipientes se romperían en pedazos, las cosas de madera se queman con el fuego; pero el hombre se corrige con misericordia. Entonces, cuando corrijas a tú hermano dite a ti mismo: “Si Dios no me ayuda, yo haré peor de todo lo que él ha hecho hoy”. Pedro preguntó: “¿Cuantas veces debo perdonar a mi hermano, oh maestro?” Jesús contestó: “Tantas como tu quisieras ser perdonado por él”. Dijo Pedro: “¿Siete veces al día?”. Jesús respondió: “No solo siete, sino setenta veces siete tú le perdonarás cada día; porque el que perdona será perdonado, y el que condena será condenado”. Entonces dijo el que escribe esto: “¡Ay de los príncipes, porque ellos irán al Infierno!”. Jesús lo reprobó diciendo: “Tú te has vuelto loco, oh Bernabé al haber hablado así. En verdad te digo, que el baño no es tan necesario para el cuerpo, ni la rienda para el caballo, ni el timón para la embarcación, como el príncipe es necesario para el estado. ¿Y porque causa otorgó Dios (autoridad) a Moisés, Josué, Samuel, David, y Salomón, así como a tantos otros que juzgaron? A esos les facilitó Dios la palabra para extinguir la iniquidad”. Entonces dijo el que escribe esto: “Pero, ¿como ha de juzgarse, condenando y perdonando?”. Jesús respondió: “No todos son jueces; puesto que solo al juez le corresponde condenar a otros, oh Bernabé”. Y el juez debe condenar al culpable, así como un padre ordena que le sea amputado a su hijo un miembro gangrenado, para que el resto del cuerpo no se vuelva podrido”.
89.
D ijo Pedro: “¿Cuánto debo esperar a mi hermano para que se arrepienta?”. Jesús contestó: “Tanto como tú quisieras que se te esperara”. Pedro respondió: “Nadie comprenderá esto; por lo tanto háblanos de una manera más sencilla”.
Jesús contestó: “Espera a tu hermano tanto como Dios lo espera”. “Tampoco ellos entenderán esto”, dijo Pedro. Jesús respondió: “Espéralo de tal manera que tenga tiempo de arrepentirse”. Entonces Pedro se entristeció, y los demás también, porque no entendían el significado. Entonces Jesús contestó: “Si vosotros tuvieseis razonamiento sano, y supierais que vosotros mismos sois pecadores, nunca pensaríais en cortar la misericordia de vuestro corazón para el pecador. Y así, llanamente os lo digo, que el pecador debe ser esperado para que se pueda arrepentir, tanto como en tanto que él tenga una alma que alentar atrás de sus dientes; ya que así lo espera nuestro Dios, el Poderoso y Misericordioso. Dios no dijo: “En ese momento en el que el pecador, ayune, dé limosnas, haga oración, y vaya de peregrinación, Yo lo perdonaré”. Por lo tanto muchos han cumplido esto pero están eternamente condenados. Pero Él dijo: “En el momento en que el pecador lamente sus pecados, Yo por Mi parte no recordaré más sus iniquidades”. ¿Entendéis?”, dijo Jesús. Los discípulos respondieron: “Parte entendemos, y parte no”. Dijo Jesús: “¿Cuál es la parte que no entendéis?”. Ellos contestaron: “Que muchos que han hecho oración y ayuno estén condenados”. Entonces dijo Jesús: “Verdaderamente os digo, que los hipócritas y los gentiles hacen más oraciones, más caridades, y más ayunos que los amigos de Dios. Pero como ellos no tienen fe, ellos no son capaces de arrepentirse por amor a Dios, y así ellos están condenados”. Entonces dijo Juan: “Enséñanos por amor a Dios acerca de la fe”. Jesús contestó: “Es hora de que hagamos la oración de la aurora”. Así que ellos se levantaron, y habiéndose lavado hicieron oración a nuestro Dios, Quien es Bendito por siempre.
90.
U na vez finalizada la oración, sus discípulos se acercaron otra vez a Jesús, y nuevamente Jesús comenzó a hablar, y dijo: “Acércate Juan, porque hoy te hablaré sobre lo que me has preguntado. La fe es un sello con el cual Dios sella a Sus elegidos; sello que Él dio a Su Mensajero, de cuyas manos todo el que es elegido ha recibido la fe. Porque así como Dios es Uno, así la fe es una. Por lo tanto Dios habiendo creado a Su Mensajero antes que a todas las cosas, le dio antes que todo lo demás la fe, lo cual es como si fuera a semejanza de Dios y de todo lo que Dios ha hecho y dicho. Y así el fiel ve todas las cosas con la fe, mejor que uno ve con los ojos; ya que los ojos pueden equivocarse; ¡que va!, ellos casi siempre se equivocan; pero la fe nunca se equivoca, ya que ella tiene como fundamento a Dios y Su Palabra. Créeme que por la fe son salvados todos los elegidos de Dios. Y es cierto que sin fe es imposible para nadie complacer a Dios. Por ello Satanás no busca reducir a nada los ayunos y la oración, las caridades y peregrinaciones, ¡no!, más bien él incita a los incrédulos a ellos, ya que a él le gratifica ver que el hombre trabaje sin paga. Pero él se esfuerza con toda diligencia en reducir la fe a la nada. Por lo tanto, la fe debe ser especialmente cuidada con diligencia, y el curso más seguro será abandonar el “por qué”, viendo que el “por qué” sacó al hombre del Paraíso y cambió a Satanás de ser el ángel más hermoso al demonio más horrible”. Entonces dijo Juan: “Pero, ¿cómo hemos de abandonar el “por qué”, siendo que es la puerta del conocimiento?”. Jesús respondió: “No, más bien el “por qué” es la puerta del Infierno”. Entonces Juan se quedó callado, cuando Jesús añadió: “Cuando tú sabes que Dios ha dicho una cosa, ¿quién eres tú, oh hombre, para decir: “¿Por qué has dicho eso, oh Dios?; ¿por qué has hecho así?”. ¿Le dice acaso la vasija al alfarero que la modeló: “¿Por qué me has hecho para contener agua y no perfume?”. En verdad os digo: es necesario fortaleceros a vosotros mismos con esta palabra contra toda tentación, que digáis: “Así lo ha dicho Dios; así lo ha hecho Dios; así lo quiere Dios; ya que si así hacéis, viviréis a salvo”.
91.
E n ese tiempo hubo un gran disturbio en toda Judea por causa de Jesús, ya que los soldados, por intervención de Satanás, alborotaron a los hebreos diciendo que Jesús era Dios que venía a visitarlos. Por lo tanto se provocó tanta sedición, que casi a los 40 días toda Judea estaba armada; y de tal manera, que el hijo estaba contra el padre, y el hermano contra el hermano, ya que algunos decían que Jesús era Dios venido al mundo, otros decían : “No, él es un hijo de Dios”; y otros decían: “No, porque Dios no tiene semejanza humana, y por lo tanto no engendra hijos; sino que Jesús de Nazaret es un profeta de Dios”. Y esto sucedía debido a los grandes milagros que Jesús realizaba. Por lo tanto, para calmar a la gente, fue necesario que el sumo sacerdote pasease en procesión, vestido con sus túnicas rituales, con el Santo Nombre de Dios, el tetragrámaton (sin) sobre su frente. Y de tal manera desfilaron el gobernador Pilatos, y Herodes. Entonces, en Mlzpeh se reunieron tres ejércitos, cada uno formado por 20.000 hombres y armados con espadas. Herodes les habló, pero ellos no se calmaron. Entonces hablaron el gobernador y el sumo pontífice, diciendo: “Hermanos, esta guerra es suscitada por obra de Satanás, ya que Jesús está vivo, y a él solo tenemos que recurrir, y pedirle que dé testimonio de sí mismo, y por lo tanto creer en él, de acuerdo a su palabra”. Entonces, al escuchar esto, todos se calmaron; y habiendo depuesto las armas se abrazaron unos a otros, diciéndose: “¡Perdóname, hermano!”. Ese día, por lo tanto, todos acordaron en su corazón creer en lo que Jesús dijera. Y el gobernador y el sumo sacerdote ofrecieron grandes recompensas al que viniera a anunciarles en donde podrían encontrar a Jesús.
92.
E n ese tiempo nosotros con Jesús, por orden del santo ángel, habíamos ido al Monte Sinaí. Y allí Jesús con sus discípulos pasó los Cuarenta días. Una vez cumplidos, Jesús se acercó al Jordán, para ir a Jerusalén. Allí él fue visto por uno de los que creían que Jesús era Dios. Entonces, con gran alegría anunciaba a los cuatro vientos el encuentro, gritando: “¡Nuestro Dios viene!”. Una vez ya en la ciudad el hombre la recorrió a lo largo y a lo ancho proclamando: “Nuestro Dios viene; oh Jerusalén, prepárate a recibirlo!”, y él testificó que había visto a Jesús cerca del Jordán. Enterada toda la ciudad de la noticia, tanto pequeños como grandes, salieron de ella para ir a ver a Jesús, hasta quedar la ciudad completamente vacía, ya que las mujeres cogían a los niños hasta en los brazos, y olvidándose por ello, de llevar alimento para el camino. Al enterarse de lo que estaba sucediendo en la ciudad, el gobernador y el sumo sacerdote prepararon los arreos de sus monturas con la intención de ir al encuentro de Jesús; no sin antes, haber enviado un mensajero a Herodes quien de igual manera cabalgó para encontrarse con Jesús e intentar que la sedición de las gentes se aplacase. Entonces estuvieron buscándolo durante dos días por el desierto cerca del Jordán, hasta que en el tercer día fue cuando lo encontraron sobre la hora del mediodía, cuando él con sus discípulos se purificaban para la oración, conforme al Libro de Moisés. Jesús quedó asombrada de la gran muchedumbre que poco a poco iba cubriendo el terreno, y dijo a sus discípulos: “Tal vez Satanás haya provocado sedición en Judea. Que Dios quiera quitarle a Satanás el dominio que Satanás tiene sobre los pecadores”. Y cuando él hubo dicho esto, la multitud se fue acercando y al reconocerlo, todos exclamaron: “¡Bienvenido seas oh Dios nuestro!”, y empezaron a hacerle reverencias como a Dios. En ese momento Jesús dio un gran lamento y dijo: “¡Iros de ante mí, oh locos!, ya que temo que la tierra se abra y me trague con todos vosotros por vuestras abominables palabras”. Entonces las gentes se llenaron de temor y comenzaron a llorar.
93.
E ntonces Jesús, levantando la mano en señal de silencio dijo: “En verdad que habéis errado enormemente, oh israelitas, al llamarme a mí –un hombre- vuestro Dios. Y yo temo que Dios inflija por esto una grave plaga sobre la ciudad santa, entregándola en esclavitud a extranjeros. ¡Oh, mil veces maldito sea Satanás que os ha movido a esto!”. Y habiendo dicho esto, Jesús se golpeó la cara con ambas manos; hecho que provocó tal semejante ruido de llantos, que era imposible poder escuchar lo que Jesús estaba diciendo. Así, que una vez más, repitió el gesto levantando su mano en señal de silencio. Una vez ya calmado el gentío, Jesús volvió a hablar una vez más: “Yo confieso ante el Cielo, y pongo como testigo a todo lo que habita sobre la Tierra, que soy ajeno a todo lo que habéis dicho; viendo que yo soy un hombre, nacido de mujer mortal, sujeto al Juicio de Dios, padeciendo las miserias de comer y dormir, del frío y el calor, como otros hombres. Por lo tanto, cuando Dios venga a juzgar, mis palabras serán como una espada que atravesarán a cada uno de (quienes) crean que yo soy algo más que un hombre”. Y habiendo dicho esto, Jesús pudo ver a lo lejos un gran número de jinetes, por lo que se dio cuenta que venía el gobernador con Herodes y el sumo sacerdote. Entonces dijo Jesús: “Quizás también ellos se han vuelto locos”. Cuando el gobernador llegó al lugar con Herodes y el sumo sacerdote, todos descabalgaron de sus monturas formando un círculo en torno a Jesús, de tal manera, que los soldados no pudieron contener a las gentes que estaban deseosas de escuchar a Jesús hablando con el sumo sacerdote. Respetuosamente Jesús se acercó al sacerdote, pero este estaba deseoso de postrarse y adorar a Jesús, inmediatamente Jesús exclamó: “¡Ten mucho cuidado con lo que haces, sacerdote del Dios Vivo! ¡No peques contra nuestro Dios!”. El sacerdote respondió: “Ahora Judea se encuentra tan conmovida por tus señales y enseñanzas, que ellos proclaman que tú eres Dios; por lo tanto, y obligado por el pueblo, vengo aquí con el gobernador romano y el rey Herodes. Por lo cual, te rogamos de todo corazón que tengas a bien eliminar la sedición que se ha levantado por causa tuya, ya que algunos mantienen que tú eres Dios, algunos dicen que eres hijo de Dios, y otros que eres un profeta”. Jesús respondió: “Y tú, oh sumo sacerdote de Dios, ¿por qué no has aplacado esta sedición? ¿Es que tú acaso, también has perdido el juicio? ¿Han pasado al olvido las profecías con la Ley de Dios, oh miserable Judea engañada de Satanás?”.
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Y Habiendo dicho esto, Jesús dijo una vez más: “Yo confieso ante el Cielo, y cito como testigos a todo lo que vive sobre la Tierra, que yo soy ajeno a todo lo que los hombres han dicho de mí, o sea, que soy más que un hombre; ya que solo soy un hombre, nacido de una mujer, sujeto al Juicio de Dios y que vive aquí como otros hombres sujeto a las miserias comunes. Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia mi alma comparece, has pecado grandemente, oh sacerdote, al decir lo que has dicho. Que Dios no quiera traer sobre la ciudad santa gran venganza por este pecado”. Entonces dijo el sacerdote: “Que Dios nos perdone y ruega así tú por nosotros”. Entonces dijeron el gobernador y Herodes: “Señor, es imposible que el hombre haga lo que tú haces; así que no entendemos lo que tú dices”. Jesús respondió: “Eso que decís es verdad, ya que Dios obra el bien en el hombre, tal como Satanás obra el mal. Ya que el hombre es como una tienda, donde quien entra con su consentimiento trabaja y vende allí. Pero dime, oh gobernador, y tú, oh rey, vosotros decís esto porque sois extraños a nuestra Ley; ya que si leyeseis el testamento y convenio de nuestro Dios, veríais que Moisés con una vara hizo que el agua se convirtiera en sangre, el polvo en pulgas, el rocío en tempestad, y la luz en oscuridad. ÉL hizo que las ranas y los ratones entrasen a Egipto, cubriendo el suelo, él mató a los primogénitos y abrió el mar donde ahogó al Faraón. De estas cosas yo no he obrado ninguna. Y de Moisés, todos confiesan que él es actualmente un hombre muerto hasta ahora. Josué hizo que el sol se detuviera, y abrió el Jordán lo cual yo no he hecho. Elías hizo que el fuego bajara visiblemente del cielo, y lloviera fuego, lo cual yo no he hecho. Y de Elías todos confiesan que es un hombre. Y (de igual manera) muchos otros profetas, santos, amigos de Dios , que por el poder de Dios, obraron cosas que no pueden ser comprendidas por las mentes de aquellos que no conocen a nuestro Dios, Todopoderoso y Misericordioso, El Cual es bendito por siempre”.
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E ntonces el gobernador y el sacerdote y el rey rogaron a Jesús que para que las gentes se calmaran, se subiese a un lugar elevado y desde allí hablase al pueblo. Entonces subió Jesús a una de las doce piedras que Josué hizo que las doce tribus tomaran de en medio del Jordán, cuando todo Israel pasó por el lecho seco del río; y con voz fuerte dijo: “Que nuestro sacerdote suba a un lugar elevado donde pueda confirmar mis palabras”. Y así lo hizo el sacerdote; a quien Jesús le dijo con claridad para que todos pudieran oír: “Está escrito en el testamento y convenio del Dios Vivo que nuestro Dios no tuvo principio, ni que tampoco jamás Él tendrá un fin”. El sacerdote contestó: “Así está escrito allí”. Jesús dijo: “Está escrito allí que nuestro Dios con solo Su Palabra creó todas las cosas”. “Así es”, dijo el sacerdote. Jesús dijo: “Está escrito allí que Dios es Invisible y Oculto a la mente del hombre, ya que él es incorpóreo e indivisible sin variabilidad”. “Verdaderamente, así es”. Dijo el sacerdote. Jesús dijo: “Está allí escrito como el cielo de los cielos no puede contenerlo, ya que nuestro Dios es Infinito”. “Así dijo Salomón el profeta”, dijo el sacerdote, “oh Jesús”. Dijo Jesús: “Allí está escrito que nuestro Dios está en todas partes, y que no hay otro Dios excepto Él, El Cual destruye y compone, y hace todo lo que le place”. “Así está escrito”, dijo el sacerdote. Entonces Jesús, habiendo levantado sus manos dijo: “Señor Dios nuestro, esta es mi fe con la que vendré ante Tú Juicio; en testimonio contra todo el que crea lo contrario”. Y volviéndose hacia las gentes, dijo: “Arrepentíos, ya que todo lo que el sacerdote ha dicho está en el libro de Moisés, el convenio de Dios por siempre, vosotros podéis daros cuenta de vuestro pecado; porque yo soy un hombre visible y un pedazo de barro que camina sobre la tierra, un mortal como lo son el resto de los demás hombres. Y yo tuve un principio y tendré un fin, y (soy) tal, que no puedo crear de la nada ni a un mosquito”. Entonces las gentes levantaron sus voces llorando, y decían: “Señor Dios nuestro, hemos pecado contra Ti; ten piedad de nosotros”. Y todos ellos rogaron a Jesús que orase por la seguridad de la ciudad santa, para que nuestro Dios, en Su Ira, no la entregase para que fuese pisoteada por las naciones. Entonces Jesús, habiendo levantado sus manos, oró por la ciudad santa y por el pueblo de Dios, y todos gritaron: “Amén. Así sea”.
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U na vez terminada la oración, el sacerdote dijo en voz alta: “Quédate, Jesús, ya que necesitamos saber quien eres para tranquilizar a nuestra nación”. Jesús respondió: “Yo soy Jesús, hijo de María, de la estirpe de David, un hombre que es mortal y teme a Dios, y lo que pretendo es que a Dios le sean dados honor y gloria”. El sacerdote contesto: “En el libro de Moisés está escrito que nuestro Dios debe enviarnos al Mesías, quien vendrá para anunciarnos lo que Dios desea, y traerá al mundo la Misericordia de Dios. Por lo tanto, te ruego que nos digas la verdad, ¿eres tú el Mesías de Dios a quien esperamos?”. Jesús respondió: “Es cierto que Dios así lo ha prometido, pero en verdad os lo digo, yo no soy él, ya que él fue hecho antes que yo, y vendrá después de mí”. El sacerdote contestó: “Por tus palabras y señales creemos con certeza que tú eres un profeta y un santo de Dios, así que te pido en el nombre de toda Judea e Israel, que por amor de Dios nos digas de que manera vendrá el Mesías”. Jesús respondió: “Como oque Dios vive y ante Cuya Presencia comparece mi alma, yo no soy el Mesías a quien todas las tribus de la Tierra esperan, tal como Dios lo prometió a nuestro padre Abraham, diciendo: “En tu descendencia Yo bendeciré a todas las tribus de la Tierra”. Pero cuando Dios me lleve del mundo Satanás hará surgir de nuevo esta maldita sedición, haciendo que los impíos crean que yo soy Dios o hijo de Dios, con lo cual mis palabras y mi doctrina serán contaminadas; tanto, que escasamente quedarán allí 30 fieles; y entonces Dios tendrá piedad del mundo, y enviará a Su Mensajero para quien Él hizo todas las cosas; quien vendrá desde el Sur con poder, y destruirá a los ídolos junto con los idólatras; quien le quitará a Satanás el dominio que tiene sobre los hombres. Él traerá consigo la Misericordia de Dios para salvación de quienes crean en É, y bendito sea quien crea en sus palabras.
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A unque soy indigno de desatar sus correas, he recibido de Dios la gracia y merced de ver al Mensajero”. Entonces contestó el sacerdote, con el gobernador y el rey diciendo: “No te aflijas, oh Jesús, santo de Dios, ya que en nuestro tiempo esta sedición ya no será; tanto, que nosotros escribiremos al sacro senado romano de manera que por decreto imperial nadie te vuelva a llamar Dios o hijo de Dios”. Entonces dijo Jesús: “Con vuestras palabras no me consuelo, ya que donde esperáis luz vendrán tinieblas; sino que mi consuelo está en el advenimiento del Mensajero, el cual destruirá toda falsa opinión acerca de mí, y su fe se extenderá y se apoderará del mundo entero, ya que así lo prometió Dios a Abraham nuestro padre. Y lo que me consuela es que su fe no tendrá fin, sino que será mantenida inviolada por Dios”. El sacerdote contestó: “Después de la llegada del Mensajero de Dios, ¿vendrán otros profetas?”. Jesús respondió: “Después de él ya no vendrán verdaderos profetas enviados por Dios, sino que surgirá un gran número de falsos profetas; lo cual me aflige, ya que Satanás los hará aparecer por el juicio justo de Dios, y ellos se escudarán bajo el pretexto de mi evangelio”. Herodes contestó: “¿Cómo es un juicio justo de Dios que esos hombres impíos deban venir?”. Jesús respondió: “Es justo que quien no crea en la verdad para su salvación deba creer en una mentira para su condenación. Por lo tanto os digo, que el mundo siempre ha despreciado a los verdaderos profetas y ha amado a los falsos, como ha sucedido en el tiempo de Miqueas y Jeremías. Ya que cada cual ama a su semejante”. Entonces dijo el sacerdote: “¿Cómo será llamado el Mesías, y que señal revelará su advenimiento?”. Jesús respondió: “El nombre del Mesías es admirable, ya que Dios mismo le dio el nombre cuando Él creó su alma y la colocó en un esplendor celestial. Dios dijo: “Espera Mohammad; ya que por amor a ti Yo crearé el Paraíso, el mundo, y una gran multitud de criaturas, lo cual te doy como regalo, tanto que quien te bendiga será bendito, y quien te maldiga será maldito. Cuando Yo te envíe al mundo Yo te enviaré como Mi Mensajero de salvación, y tu palabra será veraz, tanto que el cielo y la tierra fallarán, pero tú fe jamás fallará”. Mohammad es su bendito nombre”. Entonces la multitud levantó la voz diciendo: “¡Oh Dios!, envíanos a Tu Mensajero. ¡Oh Mohammad, ven pronto para la salvación del mundo” .
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Y habiendo dicho esto, la multitud partió con el sacerdote y el gobernador con Herodes, ateniendo grandes disputas acerca de Jesús y su doctrina. Por lo tanto el sacerdote rogó al gobernador que escribiera a Roma exponiendo todo el asunto al senado; lo cual hizo el gobernador; ahí, el senado entonces tuvo compasión de Israel, y estableció un decreto, en donde nadie debería llamar a Jesús el Nazareno y bajo pena de muerte, profeta de los judíos, no Dios ni hijo de Dios. Decreto que fue grabado sobre cobre y fijado en el Templo. Cuando la mayor parte de la multitud se hubo alejado del lugar, quedaron unos 5.000 hombres, sin contar a las mujeres y los niños, quienes debido al cansancio del viaje, y haber estado dos días sin pan –ya que por anhelar ver a Jesús habían olvidado traerlo- y teniendo que alimentarse de yerbas crudas, ellos no fueron capaces de irse con los demás. Entonces Jesús, cuando se dio cuenta de esto, sintió piedad por todos ellos, y le dijo a Felipe: “¿Donde se podría encontrar pan para que no perezcan de hambre?”. Felipe contestó: “Señor, 200 monedas de oro no podrían comprar todo el pan necesario para que a cada uno de ellos le tocara un trozo”. Entonces dijo Andrés: “Aquí hay un niño que tiene cinco hogazas de pan y dos pescados, ¿pero de que servirían entre tantos?”. Jesús contestó: “Haced que todos los presentes se sienten”. Y en grupos de 50 y 40, todos así lo hicieron. Entonces dijo Jesús: “¡En el Nombre de Dios!”. Y tomando el pan, oró a Dios y a continuación lo partió entregándolo a sus discípulos y ellos lo repartieron entre la multitud; del mismo modo lo hicieron con los pescados. Todos comieron y todos quedaron satisfechos. Entonces dijo Jesús: “Reunid las sobras”. Y obedeciendo a Jesús, los discípulos recogieron cada trozo que había sobrado y se llenaron doce canastos. Entonces todos se ponían las manos sobre los ojos, diciendo: “¿Estoy despierto o soñando?”. Y todos permanecieron por el periodo de una hora como fuera de si mismos debido al gran milagro del que fueron testigos. Después Jesús, cuando hubo dado gracias a Dios, los despidió; pero, un grupo de 72 hombres no quisieron dejarlo, por lo que Jesús dándose cuenta de su fe, los aceptó como discípulos.
99.
Jesús, habiéndose retirado a una hondonada del desierto en Tiro, muy cerca del Jordán, llamó a los 72 junto a con los doce. Acto seguido y acomodándose sobre una roca, les invitó a sentarse en torno a él. Y exhalando un suspiro dijo: “Este día hemos visto una gran maldad en Judea y en Israel, y tan grande que mi corazón todavía tiembla dentro de mi pecho por temor a Dios. Verdaderamente os digo, que Dios es Celoso de Su Honor, y ama a Israel como un amante. Vosotros sabéis que cuando un joven ama a una dama, y ella no lo ama a él, sino a otro, él se mueve a la indignación y mata a su rival. Así, os digo, hace Dios; ya que cuando Israel ama cualquier otra cosa por razón de la cual olvida a Dios, Dios ha reducido esa cosa a la nada. Ahora, ¿qué cosa es más querida a Dios aquí sobre la Tierra que el sacerdocio y el templo sagrado? No obstante, en el tiempo de Jeremías el profeta, cuando las gentes habían olvidado a Dios, y solo presumían del templo, ya que no había ninguno como él sobre la Tierra, Dios mostró Su Ira por medio de Nabucodonosor, rey de Babilonia, y con un ejército lo hizo tomar la ciudad santa y quemarla con todo incluyendo el templo sagrado, tanto que las cosas sagradas que los profetas de Dios temblaban al tocar, fueron pisoteadas bajo los pies de los infieles llenos de maldad. Abraham amaba a su hijo Ismael un poco más de lo que era justo, así que Dios ordenó para matar ese mal amor del corazón de Abraham, que este matara a su hijo; acto que él cumpliría si el cuchillo hubiese cortado. David quería vehementemente a Absalón, y por lo tanto Dios hizo que sucediera que el hijo se rebelara contra su padre y fuera suspendido del cabello y matado por Joab. ¡Oh terrible Juicio de Dios, que Absalón amase su cabello por encima de todas las cosas, y este se convirtió en una soga para colgarlo! El inocente Job estuvo a punto de amar (demasiado) a sus siete hijos y tres hijas, cuando Dios lo dejó en manos de Satanás, el cual no solo lo privó de sus hijos y de sus riquezas sino que también lo afligió con una penosa enfermedad, tanto que durante siete años seguidos los gusanos salían de su carne. Nuestro padre Jacob amaba a José más que a sus otros hijos, por lo que Dios hizo que este fuera vendido por esos mismos hijos, de tal manera que él llegó a creer que las bestias habían devorado a su hijo, y así vivió durante diez años llorando su muerte.
100.
C omo que Dios vive, hermanos, temo que Dios se enoje contra mí. Por lo tanto es necesario que vaya a través de Judea e Israel, predicando a las doce tribus de Israel, para que no sean engañadas”. Los discípulos respondieron con temor llorando: “Nosotros haremos cualquier cosa que nos ordenes. Entonces dijo Jesús: “Hagamos oración y ayunemos durante tres días, y de aquí en adelante cada anochecer cuando la primera estrella haya aparecido, cuando se hace la oración a Dios, hagamos oración tres veces, pidiéndole tres veces misericordia; ya que el pecado de Israel es tres veces más grave que otros pecados”. “Así sea”, respondieron los discípulos. Cuando terminó el tercer día, en la mañana del cuarto día, Jesús llamó a todos sus discípulos y apóstoles y les dijo: “Es suficiente que se queden conmigo Bernabé y Juan; vosotros y los demás id a través de toda la región de Samaria y Judea e Israel, predicando penitencia; ya que el hacha está lista cerca del árbol, presta a cortarlo. Y haced oración sobre los enfermos, ya que Dios me ha dado autoridad sobre toda enfermedad”. Entonces dijo el que escribe: “Oh maestro, si les preguntan a tus discípulos de que manera deben de hacer para mostrar penitencia, ¿qué deberán responder?”. Jesús respondió: “Cuando un hombre pierde una bolsa con dinero, ¿voltea él solo su ojo para verlo?, ¿o solo su mano para tomarla?, ¿o su lengua, para preguntar? No, ciertamente no, sino que él voltea todo su cuerpo y emplea toda fuerza la de su alma para hallarla. ¿Es eso cierto?”. Entonces respondió el que escribe: “Es certísimo”.
101.
Entonces dijo Jesús: “La penitencia es darle la espalda a la vida malvada, puesto que debe dársele la vuelta a cada sentido en dirección contraria a la que tenía mientras pecaba. Ya que en vez de placer debe haber lamento; en vez de risa, llanto; en vez de banquetes, ayunos; en vez de dormir, vigilias; en vez de descanso, actividad; en vez de lujuria, castidad; que el relato de historias (divertidas) sea cambiado en oración, y la avaricia en caridad”. Entonces contestó el que escribe: “Pero si les preguntan como debemos lamentar, como debemos llorar, como debemos ayunar, como debemos mostrar actividad, como debemos de permanecer castos, como debemos hacer oración y dar limosnas; ¿qué respuesta darán ellos? ¿Y como harán penitencia correctamente si ellos no saben como arrepentirse?”. Jesús respondió: “Has preguntado bien, oh Bernabé, y deseo contestar a todo completamente si Dios quiere. Por lo tanto, hoy te hablaré acerca de la penitencia en general; y lo que digo a uno, lo digo para todos: Sabed entonces que la penitencia más que cualquier otra cosa debe ser realizada por puro amor a Dios, de lo contrario será vano arrepentirse. Así que os hablaré por medio de una parábola. Todo edificio, si se quitan sus cimientos, este quedará reducido a escombros; ¿es eso cierto?”. “Es cierto” respondieron sus discípulos. Entonces dijo Jesús; “El cimiento de nuestra salvación es Dios, sin el Cual no hay salvación. Cuando el hombre ha pecado, él ha perdido el cimiento de su salvación; así que es necesario que empiece desde los cimientos. Decidme, si vuestros esclavos os han ofendido, y vosotros sabéis que ellos no se apenan por haberos ofendido, sino que se apenan por haber perdido su recompensa, ¿los perdonaríais? ciertamente no. Os digo que así hará Dios a quienes se arrepienten por haber perdido el Paraíso. Satanás, el enemigo de todo bien, tiene gran remordimiento por haber perdido el Paraíso y ganado el Infierno, pero sin embargo él jamás encontrará misericordia, ¿y sabéis porque? Porque el no tiene amor a Dios. ¡No!, el odia a su Creador.
102.
V erdaderamente os digo, que todo animal por su propia naturaleza, si pierde lo que desea, lamenta el bien perdido. Entonces el pecador que sea verdadero penitente debe tener gran deseo de castigarse por lo que ha obrado en oposición a su Creador; en tal manera que cuando él rece no se atreva siquiera a anhelar el Paraíso de Dios, ni que Él lo libre del Infierno, sino que en confusión de mente se postre ante Dios y diga en su oración: “Mira al culpable, oh Señor, que Te ha ofendido sin ninguna causa al mismo tiempo cuando debería haber estado sirviéndote. Por lo tanto aquí él busca que lo que él ha hecho sea castigado por Tu Mano, y no por la mano de Satanás, Tu enemigo; para que el enemigo no se regocije de Tus criaturas. Castiga, corrige como Te plazca, oh Señor, ya que Tú nunca me darás tanto tormento como el que este malvado merece”. Entonces el pecador, asiéndose a esta manera (de penitencia), encontrará mayor misericordia de Dios en proporción a su anhelo de Justicia. Ciertamente un sacrilegio abominable es la risa del pecador; tanto que este mundo fue llamado “Valle de Lágrimas” por nuestro padre David. Hubo un rey que adoptó como hijo a uno de sus esclavos, al cual él hizo dueño de todo lo que poseía. Pero sucedió, que por engaño de un hombre malvado, el miserable cayó de la gracia del rey, así que tuvo que sufrir grandes miserias, no solo en lo que poseía, sino que fue despreciado, y era privado de todo lo que ganaba cada día trabajando. ¿Pensáis que un hombre así reiría alguna vez?”. “Seguramente, que no”, contestaron los discípulos, ya que si el rey lo hubiese sabido, habría ordenado que lo mataran, viéndolo reírse de la indignación del rey, sino que es probable que él llorase día y noche”. Entonces Jesús lloró diciendo: “¡Ay del mundo!, pues está seguro de un tormento eterno. ¡Oh humanidad miserable!, ya que Dios te ha escogido como a un hijo concediéndote el Paraíso, pero tú, oh desgraciada, por intervención de Satanás caíste de la Gracia de Dios siendo arrojada fuera del Paraíso y condenada al mundo sucio, en donde consigues todas las cosas con esfuerzo, y toda buena obra te es quitada por el continuo pecar. Y el mundo tontamente ríe; y, lo que es peor, el que es mayor pecador se ríe más que el resto. Será por lo tanto, como habéis dicho; que Dios dará la sentencia eterna de muerte para el pecador que se ríe de sus pecados y no llora por ellos. El llanto del pecador debe ser como el de un padre que llora por su hijo que está a punto de morir. ¡Oh locura del hombre, que llora encima del cuerpo del cual ha partido el alma, pero no llora por el alma de la que, por el pecado, ha partido la misericordia de Dios!. Decidme, si el marinero, cuando su barco ha sido hundido por una tormenta, pudiese, con llorar, recuperar todo lo que él perdió, ¿qué haría? Es cierto que él lloraría amargamente. Pero en verdad yo os digo, que en cada cosa por la que un hombre llora él peca, excepto solamente cuando él llora por su pecado. Puesto que cada miseria que llega al hombre viene a él de parte de Dios para su salvación, así que él debería alegrarse por ellas. Pero el pecado viene del Demonio para la condenación del hombre, pero de eso el hombre no se entristece. Ciertamente aquí os podéis dar cuenta de que el hombre busca la pérdida y no la ganancia”. Dijo Bartolomé: “Señor, ¿que hará el que no puede llorar debido a que su corazón es extraño al llanto?”. Jesús contestó: “No todos los que derraman lágrimas lloran, oh Bartolomé. Como que Dios vive, existen hombres de cuyos ojos no ha caído ni una lágrima, pero ellos han llorado más que mil de los que las derraman. El llanto de un pecador es un consumirse de aflicción por la vehemencia de la pena. Tanto, que justo como la luz del sol conserva contra la putrefacción lo que es expuesto a ella, así este consumirse conserva el alma contra el pecado. Si Dios concediese al verdadero penitente tantas lágrimas como agua tiene el mar, él desearía muchas más; y así este deseo consume esa pequeña gota que él quisiera derramar, como un horno ardiente consume una gota de agua. Pero aquellos que rompen a llorar fácilmente son como el caballo; cuanto más ligera es su carga más rápido corre.
104.
Verdaderamente hay hombres que tienen tanto el sentimiento interno como las lágrimas externas. Pero quien así sea será un Jeremías. Al llorar, Dios considera más el sufrimiento que las lágrimas. Entonces dijo Juan: “Oh maestro, ¿como pierde un hombre todas las otras cosas por las que llora, aparte del pecado, al llorar por ellas?”. Jesús contestó: “Si herodes te diera un manto para que se lo guardases, y después te lo pidiese, ¿tendrías razón para llorar?”. “No”, dijo Juan. Entonces, dijo Jesús: “¿Tiene el hombre menos razón para llorar cuando pierde algo, o no tiene lo que él quisiera; pues todo viene de la Mano de Dios? ¿Acaso no tiene poder Dios de disponer a Su deseo de todas las cosas, oh hombre tonto? Ya que tú solo tienes como tuyo propio al pecado; y por eso deberías llorar y no por otra cosa”. Dijo Mateo: “Oh maestro, tú has confesado ante toda Judea que Dios no tiene similitud humana, y ahora tú has dicho que el hombre recibe de la Mano de Dios; entonces, si Dios tiene manos Él refleja una similitud con el hombre”. Jesús respondió: “Estás en un error, oh Mateo, y son muchos los que así han caído en el error, al no saber interpretar el sentido de las palabras. Puesto que el hombre no debería considerar la (forma) exterior de las palabras, sino el sentido; viendo que el lenguaje humano es como si fuera un intérprete nosotros y Dios. Ahora, ¿no sabéis que cuando Dios quiso hablar a nuestros padres sobre el Monte Sinaí, nuestros padres gritaron: “Háblanos, oh moisés y no dejes que Dios nos hable, o moriremos?”. ¿Y que dijo Dios a través de Isaías el profeta, sino que, tan lejos como está el cielo de la Tierra, así están los caminos de Dios distantes de los caminos de los hombres, y los pensamientos de Dios de los pensamientos de los hombres?
105.
D ios es tan inconmensurable que tiemblo al describirlo. Pero es necesario que os haga una proposición. Os digo, entonces, que los cielos son nueve y que ellos están distantes uno de otro tanto como el primer cielo está distante de la Tierra, que es una distancia de 500 años de viaje desde la Tierra. Por lo tanto, la Tierra estaría distante del cielo más elevado a 4.500 años de viaje. Yo os digo entonces, que la(Tierra) es en proporción al primer cielo como la punta de una aguja, y el primer cielo es en proporción al segundo como un punto, y así todos los cielos son proporcionalmente inferiores cada uno con el siguiente. Pero todo el tamaño de la Tierra con el de todos los cielos es en proporción como un punto, ¡no! Como un grano de arena. ¿no es esta grandeza inconmensurable? Los discípulos respondieron: “Sí, seguro”. Entonces dijo Jesús: “Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia comparece mi alma, el Universo ante Dios es tan pequeño como un grano de arena, y Dios es tantas veces mayor (que él) como granos de arena se necesitarían para llenar todos los cielos y el Paraíso, y mucho más. Ahora poneos a considerar si Dios puede ser equiparable con el hombre, el cual es un pequeño trozo de barro colocado sobre la Tierra. Cuidaos entonces, y reflexionar sobre el sentido y no consideréis las simples palabras, si es que deseáis tener vida eterna”. Los discípulos contestaron: “Dios solo puede conocerse a Sí Mismo, y verdaderamente es como dijo Isaías el profeta: “Él está Oculto a los sentidos humanos”. Jesús respondió: “Así es de cierto; cuando estemos en el Paraíso conoceremos a Dios, tal como aquí uno conoce al mar por una gota salada. Volviendo a mi discurso, os digo que solamente por el pecado debería uno llorar, ya que al pecar el hombre traiciona a su Creador. ¿Pero como va a derramar lágrimas el que asiste a banquetes y fiestas? ¡él llorará tanto como el hielo da fuego! Es necesario que convirtáis los banquetes en ayunos si deseáis tener dominio de vuestros sentidos, ya que aún así tiene el dominio nuestro Dios”. Dijo Tadeo: “Así entonces, ¿tiene Dios sentidos sobre los cuales tener dominio?”. Respondió Jesús: “Volvéis a decir: “¿Dios tiene esto?”, “Dios es así?”. Decidme, ¿tiene sentidos el hombre?”. “Sí”, contestaron los discípulos. Dijo Jesús: “¿Puede ser hallado un hombre que teniendo vida en él, su sentido no funcione?”. “No”, dijeron los discípulos. “Os engañáis”, dijo Jesús, “porque el que es ciego, sordo, mudo, y mutilado, ¿en donde se encuentra su sentido? ¿Y cuando un hombre está desmayado?”. Entonces los discípulos se quedaron perplejos; cuando Jesús dijo: “Tres cosas hay que forman un hombre; y son: el alma, el sentido y la carne, y cada una por separado. Nuestro Dios creó el cuerpo y el alma como habéis oído, pero vosotros no habéis oído como creó el sentido. Por lo tanto mañana, si place a Dios, yo os lo contaré todo”. Y habiendo dicho esto Jesús dio gracias a Dios, y oró por la salvación de nuestro pueblo, diciendo cada uno de nosotros: “Amén”.
106.
C uando él hubo terminado la oración de la aurora, Jesús tomó asiento bajo una palmera, y allí sus discípulos se acercaron a él. Entonces dijo Jesús: “Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia comparece mi alma, muchos están engañados acerca de nuestra vida. Puesto que tan cercanamente están unidos el alma y el sentido, que la mayor parte de los hombres afirman que el alma y el sentido son la misma cosa dividiéndolo por deducción y no por esencia, llamándole el alma sensitiva, vegetativa e intelectual. Pero verdaderamente os digo, que el alma es una, la cual piensa y vive. Oh tontos, ¿Dónde van a encontrar al alma intelectual sin vida? Seguramente nunca. Pero la vida sin sentidos puede ser hallada fácilmente, como puede verse en el inconsciente cuando es abandonado por el sentido”. Tadeo contestó: “Oh maestro, cuando el sentido deja al hombre, un hombre no tiene vida”. Jesús respondió: “Eso no es cierto, ya que el hombre es privado de la vida cuando el alma parte; ya que el alma no regresa más al cuerpo, excepto por milagro. Pero el sentido parte por razón del temor que recibe, o por razón de la gran pena que el alma tiene. Para el sentido creó Dios el placer, y por eso solo vive él, tal como el cuerpo vive por el alimento y el alma vive por el conocimiento y el amor. Este sentido es por lo tanto rebelde contra el alma, a través de la indignación que tiene al ser privado del placer del Paraíso debido al pecado. Por lo tanto es prioritario nutrirlo con placer espiritual para el que no desee que viva de placer carnal. ¿Entendéis? En verdad os digo que Dios aviniéndolo creado lo condenó al Infierno y a nieve y hielo intolerables; porque el dijo que era Dios; pero cuando Él lo privó de sustento, quitándole su alimento, él confesó que era un esclavo de Dios y la obra de Sus Manos. Y ahora decidme, ¿Cómo obra el sentido impío? Ciertamente, es como Dios en ellos; viendo que ellos siguen al sentido, abandonando la razón y la ley de Dios. Por lo tanto ellos se vuelven abominables y no obran nada bueno.
107.
Y así, la primera cosa que sigue a penar por el pecado es ayunar. Ya que el que ve que un cierto alimento lo pone enfermo, como él teme a la muerte, después de lamentar haberlo comido lo abandona para que no vuelva a ponerlo enfermo. Así debería hacer el pecador. Al darse cuenta de que el placer lo hizo pecar contra Dios su Creador al seguir al sentido en estas cosas buenas del mundo, aquí se recomienda el ayuno. Así que proceda a mortificar al sentido y a reconocer a Dios como su Señor. Y cuando él vea que el sentido aborrece los ayunos, que le ponga enfrente la condición del Infierno, donde no hay placer en absoluto y lo único que se recibe de él, es, infinito sufrimiento; que ponga ante él las delicias del Paraíso, y son tan grandes, que solamente un grano de una de ellas, sería mayor que todas las del mundo. Y entonces así se calmará más fácilmente; porque es mejor contentarse con poco para recibir mucho, que estar desbocado en lo poco y estar privado de todo y vivir en tormento. Deberíais recordar al rico glotón para ayunar bien. Ya que él, deseando aquí en la Tierra agasajarse deliciosamente cada día, fue privado eternamente de incluso una simple gota de agua; mientras que Lázaro, estando contento con las migajas aquí en la Tierra, vivirá eternamente en plena abundancia de las delicias del Paraíso. Pero que el penitente sea cauteloso; porque Satanás busca anular toda buena obra, y más en el penitente que en los demás, porque el penitente se ha rebelado contra él, y de ser su fiel esclavo se ha convertido en un rebelde enemigo. Por lo tanto Satanás tratará de provocar que él no ayune recurriendo al bajo pretexto de enfermedad, y cuando esto no le valga él le invitará a un ayuno extremoso, para que él caiga enfermo y después viva deliciosamente. Y si él no triunfa en esto, intentará hacer que su ayuno sea simplemente abstención de alimento físico, para que sea como él mismo, que nunca come pero siempre peca. Como que Dios vive, es abominable privar al cuerpo de alimento y llenar el alma con orgullo, despreciando a los que no ayunan, y considerándose uno mejor que ellos. Decidme, ¿presumirá el enfermo de la dieta que le fue impuesta por el médico, y llamará locos a los que no se ponen a dieta? Seguramente no, sino que él se sentirá apenado por la enfermedad por cuya razón tuvo que ser puesto a régimen. Así os digo, que el penitente no debería jactarse de su ayuno, y despreciar a los que no ayunan; sino que él debería penar por el pecado por razón del cual él ayuna. Tampoco debe el penitente que ayuna (cuando rompe el ayuno), procurarse deliciosos alimentos, sino que debe contentarse con alimentos austeros. ¿Acaso un hombre le da gratificantes alimentos al perro que muerde y al caballo que cocea? No, ciertamente, sino más bien al contrario. Y que esto sea suficiente para vosotros respecto al ayuno.
108.
E scuchad entonces, a lo que os diré acerca de la vigilia. Justo como hay dos clases de dueño, es decir, el del cuerpo y el del alma, también así debéis ser cuidadosos de vigilar que mientras el cuerpo está en vigilia el alma no duerma, ya que esto sería un gravísimo error. Decidme, en parábola: Hay un hombre que mientras camina tropieza contra una roca, y para evitar golpearla otra vez con el pié él la golpea con su cabeza. ¿Cuál es el estado de este hombre?”. “Miserable”, contestaron los discípulos, “ya que ese hombre está loco”. Entonces dijo Jesús: “Bien habéis contestado, ya que en verdad os digo que el que está en vigilia con el cuerpo pero duerme con el alma está loco. Como la enfermedad espiritual es más grave que la corporal, por ello es más difícil de curar. Por lo tanto, ¿debe presumir ese miserable de no dormir con el cuerpo, el cual es el pié de la vida, mientras que no se da cuenta de su miseria de dormir con el alma, la cual es la cabeza de la vida? El sueño del alma es olvidar a Dios y Su terrible Juicio. El alma entonces, que está en vigilia es aquella que en todo y en todo lugar percibe a Dios, y en todo y a través de todo da gracias a su Majestad, sabiendo que siempre y en todo momento ella recibe gracia y misericordia de Dios. Por lo tanto y por temor a su Majestad siempre resuena en su interior estas palabras divinas: “Criaturas, venid al Juicio, ya que vuestro Creador quiere juzgaros”. Por ello vive habitualmente en el servicio de Dios. Decidme, ¿Qué deseáis más, ver por la luz de una estrella o por la luz del sol?”. Andrés respondió: “Por la luz del sol, ya que por la luz de la estrella no podemos ver las montañas vecinas, pero por la luz del sol podemos apreciar hasta el más minúsculo grano de arena. Por lo tanto, a la luz de la estrella caminamos con temor, pero a la luz del sol vamos con seguridad”.
109.
Jesús contestó: “Así os digo que deberíais de mantener la vigilia con el alma a la Luz de la Justicia (la cual) es nuestro Dios, y no jactaros de la vigilia del cuerpo. Es certísimo, por lo tanto, que el sueño corporal debe ser evitado tanto como sea posible, pero (evitarlo) completamente es imposible, estando pesados la carne y el sentido con alimento y la mente con negocios. Por lo tanto, el que quiera dormir poco, que evite mucho negocio y mucha comida. Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia mi alma comparece, es lícito dormir algo cada noche, pero nunca es lícito olvidar a Dios y a Su terrible Juicio; y el sueño del alma es ese olvido”. Entonces contestó el que escribe: “Oh maestro, ¿Cómo podemos tener siempre a Dios en la memoria? Ciertamente, ello nos parece imposible”. Dijo Jesús con un suspiro: “Esta es la mayor miseria que el hombre puede sufrir, oh Bernabé, ya que el hombre no puede aquí en la Tierra tener a su Creador siempre en la memoria; excepto los que son santos, ya que ellos siempre tienen a Dios en mente, porque en ellos brilla la Luz de la Gracia de Dios, así que ellos no pueden olvidar a Dios. Pero decidme, ¿habéis visto a aquellos que tallan piedras como debido a su constancia han aprendido a golpearlas de manera que unos están hablando con los otros mientras que al mismo tiempo su herramienta de hierro golpea sobre la piedra que está tallando sin mirar al hierro, y sin embargo, no se golpean las manos? Hacedlo vosotros de igual manera. Desead ser santos si queréis vencer completamente esta miseria de olvido. Cierto es que el agua, gota a gota horada las rocas más duras golpeándolas insistentemente a través del tiempo. ¿Sabéis porque vosotros no habéis vencido esta miseria? Porque no os habéis dado cuenta de que es pecado. Yo os digo entonces que es un error, cuando un príncipe te da un regalo, oh hombre, que cierres los ojos y le vuelvas la espalda. Así se equivocan quienes olvidan a Dios, puesto que en todo tiempo el hombre recibe de Dios dones y misericordia.
110.
A hora decidme, ¿os concede Dios en todo tiempo (Sus favores)? Seguramente que sí; ya que incesantemente Él os proporciona el aliento por medio del cual vivís. En verdad, en verdad os digo, cada vez que vuestro cuerpo recibe aliento, vuestro corazón debería decir: ‘Gracias a Dios’”. Entonces dijo Juan: “Es muy cierto lo que dices, oh maestro; enséñanos por lo tanto, la manera de cómo poder llegar a esa bendita condición”. Jesús respondió: “Verdaderamente os digo, uno no puede alcanzar esa condición por poderes humanos, sino más bien por la Misericordia de Dios nuestro Señor. Ciertamente que es verdad, que el hombre debería desear el bien para que Dios se lo dé. Decidme, cuando estáis a la mesa, ¿tomaríais esas carnes que ni siquiera desearíais mirar? Seguramente, no. Así os digo, que vosotros deseáis la santidad y haceros santos, en menos tiempo que el guiñar de un ojo, pero para que el hombre pueda ser sensible del don y del donante, nuestro Dios quiere que esperemos y pidamos. ¿Habéis visto a quienes practican el tiro al blanco? Seguramente que muchas veces sus tiros son en vano. Sin embargo, ellos no desean errar en su disparo, sino que siempre tienen la esperanza de dar en el blanco. Ahora haced esto, vosotros los que deseéis tener a nuestro Dios en mente, y cuando olvidéis, lamentadlo; porque Dios os dará gracia para lograr todo lo que he dicho. El ayuno y la vigilia espiritual van tan unidos entre sí, que cuando uno rompe la vigilia, inmediatamente se rompe el ayuno. Puesto que al pecar el hombre rompe el ayuno del alma y olvida a Dios. Así es que la vigilia y el ayuno en cuanto al alma, son siempre necesarios para nosotros y para todos los hombres, ya que para nadie es lícito pecar. Pero el ayuno del cuerpo y sus vigilias, creedme, no son posibles en todo tiempo, ni para todas las personas. Porque hay gentes enfermas y ancianas, mujeres embarazadas, hombres que son puestos a dieta, niños y otros que son de complexión débil. Puesto que ciertamente todos, así como se visten de acuerdo a su propia medida, deberían escoger su (manera de ayuno. Porque justo como las ropas de un niño no son adecuadas para un hombre de 30 años, tampoco los ayunos y vigilias de uno son adecuados para otro.
111.
P ero tened cuidado, ya que Satanás usará toda su fuerza (para hacer que suceda) que vosotros estéis despiertos durante la noche, y después os encontréis durmiendo cuando por orden de Dios deberíais estar rezando y escuchando la palabra de Dios. Decidme, ¿le gustaría a alguno de vosotros que un amigo suyo se comiera la carne y le diera los huesos?”. Pedro contestó: “No, maestro, pues ese tal no debería ser llamado amigo, sino uno que se burla”. Jesús contestó con un suspiro: “Has dicho bien la verdad, oh Pedro, ya que verdaderamente todo el que guarda vigilia con el cuerpo más de lo que es necesario, durmiéndose o teniendo su cabeza pesada de trabajo cuando debería estar rezando o escuchando a las Palabras de Dios, ese miserable se burla de Dios su Creador, y así es culpable de ese pecado. Más aún, él es un ladrón, viendo que él está robando el tiempo que debería ser dado a Dios, y lo gasta cuando y tanto como le place. En un recipiente del mejor vino un hombre dio a sus enemigos a beber cuando el vino estaba en lo mejor, pero cuando el vino bajó a las heces él lo dio a su amo para que bebiera. ¿Qué creéis que hará el amo a su sirviente cuando se entere de todo, y el sirviente esté ante él? Seguramente, él lo azotará y lo matará en justa indignación según las leyes del mundo. Y ahora, ¿que hará Dios al hombre que pasa lo mejor de su tiempo en negocios, y lo peor en oración y en el estudio de la Ley? ¡Ay del mundo, porque con esto y con mayor pecado está pesado su corazón! Entonces cuando yo os digo que la risa debería convertirse en llanto, los banquetes en ayunos, y el sueño en vigilias, yo resumo en tres palabras todo lo que habéis oído: que aquí en la Tierra uno siempre debería llorar, y que el llanto debería ser del corazón, porque Dios nuestro Creador fue ofendido; que deberíais ayunar para tener dominio sobre el sentido, y vigilar para no pecar; y que el llanto físico y el ayuno y la vigilia físicos deben ser tomados de acuerdo a la constitución de cada uno.”
112.
H abiendo dicho esto, Jesús dijo: “Es necesario que busquéis de las frutas del campo la sustancia para sostener nuestra vida, ya que hace ocho días que no hemos comido pan. Por lo tanto rezaré a nuestro Dios, y os esperaré con Bernabé”. Así todos os discípulos partieron de cuatro en cuatro y de seis en seis según dijo Jesús. Se quedó allí con Jesús el que escribe; y entonces Jesús, suspirando, dijo: “Oh Bernabé, es necesario que yo te revele grandes secretos, los cuales después de que yo parta del mundo, tú deberás revelárselos a este”. Entonces llorando, contestó el que escribe, y dijo: “Déjame llorar maestro, y otros hombres también, porque somos pecadores. Y tú, que eres un santo y profeta de Dios, no es bueno para ti llorar tanto”. Jesús contestó: “Créeme, Bernabé, que no puedo llorar tanto como debería. Porque si los hombres no me hubiesen llamado Dios, yo habría visto a Dios aquí como Él será visto en el Paraíso, y habría estado a salvo para no temer el Día del Juicio. Pero Dios sabe que soy inocente, ya que nunca he tenido el pensamiento de ser tenido por más que un pobre esclavo. No, yo te digo, que si yo no hubiese sido llamado Dios habría sido llevado al Paraíso cuando parta del mundo, mientras que ahora ya no iré allí sino hasta el Día del Juicio. Debes saber, oh Bernabé, que por esto voy a ser constantemente perseguido, y seré vendido por uno de mis discípulos por 30 monedas. Por lo tanto estoy seguro de que el que me venderá será matado en mi lugar, ya que Dios me llevará de la Tierra, y cambiará la apariencia del traidor de tal manera que todos creerán que él soy yo, no obstante, cuando él muera una muerte mala, yo viviré ese deshonor por un largo tiempo en el mundo. Pero cuando Muhammad venga, el sagrado Mensajero de Dios, esa infamia será eliminada. Y esto lo hará Dios porque yo he confesado la verdad del Mesías; y Él me dará esta recompensa, de que se conozca que yo estoy vivo y que soy ajeno a esa muerte de infamia”. Entonces contestó el que escribe: “Oh maestro, dime quien es ese miserable, ya que quisiera ahorcarlo para que muera”. “Tómalo con calma”, respondió Jesús, porque Dios así lo quiere, y él no puede hacer de otra manera; pero cuida que cuando mi madre esté afligida por este evento tú le digas al verdad, para que ella sea consolada”. Entonces contestó el que esto escribe: “Todo esto haré, oh maestro, si Dios lo quiere”.
113.
C uando los discípulos regresaron traían piñones, y por la Voluntad de Dios ellos hallaron una buena cantidad de dátiles. Así, y después de la oración del mediodía ellos comieron con Jesús. Entonces los apóstoles y discípulos, viendo triste al que escribe, temieron que fuese necesario que Jesús partiese pronto del mundo. Pero entonces Jesús los consoló diciendo: “No temáis, porque todavía no ha llegado mi hora de partir de vosotros. Yo viviré con vosotros todavía un poco más. Por lo tanto debo de enseñaros ahora, para que vayáis, como he dicho, a través de todo Israel predicando penitencia; para que Dios tenga misericordia del pecado de Israel. Que todos por lo tanto se cuiden del lujo, y hagan mucha más penitencia; porque todo árbol que no de buen fruto será arrojado al fuego. Hubo un ciudadano que tenía un viñedo, y en el medio de él tenía un jardín, el cual tenía una hermosa higuera; pasados tres años el propietario se dio cuenta de que esta no daba fruto, y viendo que los demás árboles sí lo daban, él dijo a su labrador: “Corta este mal árbol, ya que desperdicia el suelo”. El trabajador contestó: “No es así, mi señor, ya que es un árbol hermoso”. “Ten cuidado” dijo el dueño, “porque a mi no me interesan las bellezas inútiles. Deberías saber que la palma y el bálsamo son más nobles que el higo. Pero yo había plantado en el patio de mi casa una planta de palma y una de bálsamo, las cuales hice rodear con costosas vallas, pero cuando estos no dieron fruto, sino hojas que se amontonaban y pudrían en el suelo enfrente de la casa, hice que ambos fueran quitados. ¿Y como perdonaré a una higuera lejos de la casa, que estorba en mi jardín y mi viñedo y en donde todos los demás árboles dan su fruto? Ciertamente ya no la toleraré”. Entonces dijo el trabajador: “Señor, el suelo es fértil. Espera, por lo tanto, un año más, ya que yo podaré las ramas de la higuera, y le quitaré la tierra rica, poniéndola en tierra pobre con piedras, y así dará fruto”. El dueño respondió: “Ahora ve y hazlo; ya que yo esperaré, y la higuera dará fruto”. ¿Entendéis esta parábola?”. Los discípulos contestaron: “No, señor; por lo tanto explícanosla”.
114.
J esús respondió: “En verdad os digo, que el dueño es Dios, y el trabajador es Su Ley. Dios, entonces, tenía en el Paraíso la palma y el bálsamo; ya que Satanás es la palma y el primer hombre el bálsamo. A ellos Él los arrojó fuera porque ambos no dieron fruto en buenas obras, sino que se dijeron palabras impías que fueron la condenación de muchos ángeles y muchos hombres. Ahora que Dios tiene al hombre en el mundo en medio de Sus criaturas, y que estas adoran a Dios de acuerdo a Su precepto y el hombre, digo, al no dar fruto, Dios lo cortará y lo entregará al Infierno, pudiendo observar que Él no disculpó al ángel ni al primer hombre; castigando al ángel eternamente y al hombre por un tiempo. Pero la Ley de Dios dice que el hombre tiene demasiadas cosas buenas en esta vida, y por lo tanto es necesario que él sufra tribulaciones y sea privado de bienes terrenales, para que él pueda hacer buenas obras. Así que nuestro Dios espera del hombre a que este sea penitente. Verdaderamente os digo que nuestro Dios ha condenado al hombre a trabaja, para que, como dijo Job, el amigo y profeta de Dios: “Como el pájaro nació para volar y el pez para nadar, así el hombre nació para trabajar”. Así también, nuestro padre David, un profeta de Dios, dijo: “Al comer el trabajo de nuestras manos seremos bendecidos y será bueno para nosotros”. Por lo tanto que cada uno trabaje de acuerdo a su cualidad. Ahora, decidme, si David nuestro padre y Salomón su hijo trabajaron con sus manos, ¿qué deben hacer los pecadores?”. Dijo Juan: “Maestro, trabajar es una cosa buena, pero esto deben de hacerlo los pobres”. Jesús respondió: “Sí, porque ellos no pueden hacerlo de otra manera. ¿Pero no sabes que el bueno, para ser bueno, debe estar libre de necesidad? Así el sol y los demás planetas están fortalecidos por los preceptos de Dios de manera que ellos no pueden hacerlo de otra forma, así que ellos no tienen mérito. Decidme, ¿acaso dijo Dios cuando dio el precepto del trabajo: “el hombre pobre vivirá del sudor de su frente?”. ¿Y dijo Job que “como el pájaro nació para volar, así el hombre pobre nació para trabajar?”. Pero Dios dijo al hombre: “Comerás el pan con el sudor de tu frente”; y Job que, “el hombre nació para trabajar”. Por lo tanto (solamente) el que no sea hombre está libre de este precepto. Seguramente por ninguna otra razón las cosas son tan costosas, pero hay una gran multitud de ociosos; si estos trabajasen, algunos atendiendo la tierra y otros pescando en el agua, habría mayor abundancia en el mundo. Y de la falta de ello, será necesario rendir cuentas en el terrible Día del Juicio.
115.
Q ue el hombre me diga otra cosa. ¿Qué ha traído él al mundo, por razón de lo cual pueda él vivir en el ocio? Cierto es que él nació desnudo, e incapaz de cualquier cosa. Entonces, de todo lo que él ha hallado, él no es el dueño, sino el usuario. Y por lo tanto él tendrá que rendir cuentas de ello en ese terrible día. La lujuria abominable que el hombre hace como las bestias brutas, debería ser temida enormemente; ya que el enemigo es de la propia casa de uno, así que no es posible entraren ningún lugar sin que tu enemigo entre contigo. ¡Ah, cuantos han sido los que han perecido por la lujuria! Por la lujuria vino el Diluvio, tanto que el mundo pereció ante la misericordia de Dios y solo fueron salvados Noé y 83 personas humanas. Debido a la lujuria castigó Dios a las tres malvadas ciudades de donde escaparon solo Lot y sus dos hijos. Por la lujuria la tribu de Benjamín fue casi aniquilada. Y yo os digo en verdad, que si yo os narrase cuantos han perecido debido a la lujuria, el espacio de cinco días no sería suficiente”. Santiago dijo: “Oh maestro, ¿que significa lujuria?”. Jesús contestó: “La lujuria es un deseo desbocado de amor, el cual no estando dirigido por la razón, rompe los límites del intelecto y afecto humanos; así que el hombre, no conociéndose a si mismo, ama lo que el debería odiar. Creedme, cuando un hombre ama una cosa, no porque Dios le haya dado esa cosa, sino como su dueño, el es un adúltero; porque el alma, que debería vivir en unión con su Creador, él la ha unido a la criatura. Y así Dios lamenta a través de Isaías, el profeta, diciendo: “Tu has cometido fornicación con muchos amantes; entonces, regresa a Mi y Yo te recibiré”. Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia comparece mi alma, si no hubiera lujuria interna dentro del corazón del hombre, él no caería en la externa; ya que si se quita la raíz, el árbol muere rápidamente. Que el hombre se contente por lo tanto con la esposa que el Creador le dio, y que olvide a toda otra mujer”. Andrés contestó: “¿Cómo puede un hombre olvidar a las mujeres si vive en la ciudad donde hay tantas de ellas?”. Jesús replicó: “Oh Andrés, cierto es que el que vive en la ciudad, ella le hará daño; ya que la ciudad es una esponja que absorbe toda iniquidad.
116.
E l hombre debe vivir en la ciudad tal como el soldado vive cuando tiene enemigos alrededor de la fortaleza, defendiéndose contra todo asalto y siempre temiendo la traición por parte de los ciudadanos. Aun así, mantengo que rechace toda tentación externa de pecado y tema al sentido, ya que este tiene un deseo supremo de cosas impuras. ¿Pero como se va a defender si él no controla al ojo, el cual es el origen de todo pecado carnal? Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia comparece mi alma, el que no tenga ojos corporales está seguro de no recibir castigo excepto en tercer grado, mientras que el que tiene ojos lo recibe hasta en séptimo grado. En el tiempo del profeta Elías sucedió que Elías vio a un hombre ciego que lloraba; un hombre de buena vida, y le preguntó diciéndole: “¿Por qué lloras, oh hermano? El ciego contestó: “Lloro porque no puedo ver a Elías el profeta, el santo de Dios”. Entonces Elías lo reprendió, diciendo: “Cesa de llorar, oh hombre, porque al llorar tú pecas”. EL ciego contestó: “Ahora dime, ¿es pecado ver a un santo profeta de Dios, que resucita al muerto y hace que descienda fuego del cielo?”. Elías respondió: “Tú no dices la verdad, ya que Elías no es capaz de hacer nada de lo que dices, ya que él es un hombre como tú; incluso si se juntaran todos los hombres del mundo, no serían capaces de hacer revivir ni a una mosca”. Dijo el ciego: “Tú dices esto, oh hombre, porque Elías debe haberte reprendido por algún pecado tuyo, así que lo odias”. Elías contestó: “Quiera Dios que estés diciendo la verdad; ya que, oh hermano, si yo odiase a Elías yo amaría a Dios, y entre más odie yo a Elías, más amo a Dios”. Entonces el hombre ciego se enojó grandemente, y dijo: “¡Vive Dios que tú eres un hombre impío! ¿Puede entonces ser amado Dios mientras que uno odia a los profetas de Dios? ¡Lárgate porque yo ya no te escucharé!”. Elías contestó: “Hermano, ahora puedes ver tú con tú intelecto cuán mala es la vista física. Porque tú deseas la vista para ver a Elías, y odias a Elías con tu corazón”. El ciego respondió: “¡Ahora vete!, porque tú eres el Diablo, que me haría pecar contra el santo de Dios”. Entonces Elías dio un suspiro y dijo con lágrimas: “Tú has hablado la verdad, oh hermano, ya que mi carne que tú deseas ver te separa de Dios”. Dijo el ciego: “Yo no deseo verte; no, si tuviera ojos los cerraría para no verte”. Entonces dijo Elías: “¡Te hago saber, hermano, que yo soy Elías!”. El ciego contestó: “Tú no dices la verdad”. Entonces dijeron los discípulos de Elías: “Hermano, él es en verdad el profeta de Dios, Elías”. “Que me diga”, dijo el ciego, “si él es el profeta, ¿de que linaje soy, y como me volví ciego?”.
117.
Elías respondió: “Tú, eres de la tribu de Leví; y porque tú, al entrar al templo de Dios, miraste lujuriosamente a una mujer, estando tú cerca del santuario, nuestro Dios te quitó la vista”. Entonces el ciego dijo llorando: “Perdóname, oh santo profeta de Dios, porque he pecado al hablar contigo; puesto que si yo te hubiera visto no hubiera pecado”. Elías contestó: “Que Dios te perdone, oh hermano, porque en cuanto a mí yo sé que tú me dijiste la verdad, viendo que entre más me odio más amo a Dios, y si tu me vieses, tú tendrías tú deseo, que es no complacer a Dios. Porque Elías no es tu Creador, sino Dios; por lo tanto, en lo que a ti respecta yo soy el Diablo”, dijo Elías llorando, “porque yo te hago alejarte de tu Creador. Llora entonces, oh hermano, porque tú no tienes la luz que podría hacerte distinguir lo verdadero de lo falso, y que si tú hubieras tenido eso, tú no habrías despreciado mi doctrina. Por lo tanto te digo, que muchos desean verme y vienen de lejos para conocerme, pero desprecian mis palabras. Por lo tanto sería mejor para ellos, para su salvación, que no tuviesen ojos, viendo que todo el que encuentra placer en la criatura, sea él quien sea, y no busca encontrar placer en Dios, ha hecho un ídolo en su corazón, y ha abandonado a Dios”. Entonces dijo Jesús, suspirando: “¿Habéis entendido todo lo que dijo Elías?”. Los discípulos contestaron: “En general, hemos entendido, y estamos asombrados por el conocimiento de que aquí en la Tierra hay muy pocos que no son idólatras”.
118.
Entonces dijo Jesús: “Decís la verdad, porque ahora estaba deseoso Israel de establecer la idolatría que ellos tienen en sus corazones, al considerarme Dios; muchos de los cuales han despreciado ahora mi enseñanza, al decir que yo podría hacerme señor de toda Judea, si yo me confesase Dios, y que estoy loco por querer vivir en pobreza entre lugares desiertos, y no vivir continuamente entre príncipes en una vida gratificante. ¡Oh hombre infeliz, que aprecias la luz que es común a las moscas y hormigas y desprecias la luz que es común solo a los ángeles y profetas y amigos santos de Dios! Por lo tanto, si uno no cuida al ojo, oh Andrés, yo te digo que es imposible no caer de cabeza en la lujuria. Por eso Jeremías, el profeta, llorando vehementemente, dijo en verdad: “Mi ojo es un ladrón que se roba mi alma”. Por eso David, nuestro padre, rezaba con el mayor anhelo a Dios nuestro Señor que dirigiese su vista hacia otra parte para que no viera la vanidad, ya que en verdad todo lo que tiene un fin es vano. Decidme, entonces, si uno tuviese dos monedas para comprar pan, ¿las gastaría para comprar humo? Seguramente que no, al darse cuenta de que el humo daña a los ojos y no da sustento al cuerpo. Que así haga entonces el hombre, y que con la visión externa de sus ojos y la visión interna de su mente él trate de conocer a Dios su Creador y complacer Su Voluntad, y no haga de las criaturas su fin, lo cual le hace perder al Creador.
119.
P orque verdaderamente cada vez que un hombre mira una cosa y olvida a Dios, el Cual la hizo para el hombre, él ha pecado; ya que si un amigo tuyo te diese algo para guardarlo en memoria suya, y tú lo vendieses y olvidases a tu amigo, tu has pecado contra tú amigo. Así hace el hombre; ya que cuando él mira a la criatura y no tiene en la memoria al Creador, Quien la creó por amor al hombre, él peca contra Dios su Creador, por ingratitud. Por lo tanto, el que mire a las mujeres y olvide a Dios, Quien creó a la mujer por el bien del hombre, él la amará y deseará. Y hasta tal grado irrumpirá esa lujuria suya, que él amará todo como a la cosa amada; así que entonces viene ese pecado del cual es una vergüenza acordarse y de esta manera el hombre coloca una venda ante sus ojos, él será el amo del sentido el cual no puede desear lo que no le es mostrado. Ya que así estará la carne sujeta al espíritu, porque así como el barco no puede moverse sin el viento, así la carne sin el sentido no puede pecar. Entonces que sea necesario para el penitente convertir el relato de historias divertidas en oración, la razón misma lo muestra, incluso aún, sin ser un precepto de Dios. Porque en cada palabra vana el hombre peca, y nuestro Dios borra el pecado gracias a la oración. Porque la oración es el abogado del alma; la oración es la medicina del alma; la oración es la defensa del corazón; la oración es la rienda del sentido; la oración es la sal de la carne que no la deja corromperse por el pecado. Yo os digo que la oración es la mano de nuestra vida, con la cual el hombre que reza se defenderá en el Día del Juicio; ya que él cuidará su alma del pecado aquí en la Tierra, y preservará su corazón para que no sea tocado por los malos deseos; ofendiendo a Satanás ya que él mantendrá a su sentido dentro de la Ley de Dios y la carne caminará en rectitud, recibiendo de Dios todo lo que pida. Como que Dios vive, y ante cuya Presencia estamos, un hombre sin oración no puede ser un hombre de buenas obras, tal como un hombre mudo no puede apelar por su causa ante un hombre ciego; tal como una llaga no puede ser curada sin ungüento; como un hombre no puede defenderse sin movimiento, ni atacar a otro sin armas, navegar sin timón, o preservar la carne muerta sin sal. Porque verdaderamente el que no tiene mano no puede recibir. Si el hombre pudiera convertir el estiércol en oro y el barro en miel, ¿qué haría?”. Entonces, quedándose Jesús callado, los discípulos contestaron: “Nadie haría otra cosa más que hacer oro y miel”. Y a esto dijo Jesús: “¿Entonces por qué no cambia el hombre las pláticas vanas por la oración? ¿Acaso le ha sido dado tiempo por Dios para ofender a Dios? Ya que, ¿que príncipe le daría a su súbdito una ciudad para que este pudiera hacerle la guerra? Como que Dios vive, si el hombre supiese de que manera es transformada el alma por las pláticas vanas, él se mordería la lengua con sus dientes para cortársela antes que hablar. ¡Oh mundo miserable!, ya que hoy los hombres no se congregan a rezar, pero en los porches del templo y en el mismo templo, tiene allí Satanás el sacrificio de la plática vana, y lo que es peor, de cosas de las que no puedo hablar por vergüenza.
120.
E l fruto de las palabras vanas es este: Que debilitan el intelecto de tal manera que no está preparado para recibir la verdad; así como un caballo acostumbrado a cargar solo con una onza de lana no puede cargar sacos de piedras. Pero lo que es peor, es el hombre malgastando su tiempo en bromas y chistes. Cuando él está dispuesto para rezar, Satanás pondrá en su memoria esos mismos chistes, tanto que cuando él debería llorar por sus pecados para hacer que así Dios tenga misericordia y ganar el perdón por sus pecados, al reírse él hace que Dios se enoje: Él Cual lo castigará y lo expulsará. Entonces, ¡ay De los que bromean y hablan vanamente! Pero si nuestro Dios odia a los que bromean y se entretienen en vaniloquios, ¿cómo considerará a los que murmuran y calumnian a sus prójimos, y en que condición estarán los que tratan con el pecado como negocio sumamente importante y necesario? ¡Oh mundo impuro, no puedo concebir cuan gravemente serás castigado por Dios! Por lo tanto, aquel que quiera hacer penitencia, repito, debe dar sus palabras a precio de oro”. Sus discípulos contestaron: “¿Pero quien va a comprar las palabras de un hombre a precio de oro? Seguramente nadie, ¿Y como hará él penitencia? ¡Es cierto que él se volvería codicioso!. Jesús respondió: “Vosotros tenéis vuestros corazones tan pesados que yo no soy capaz de levantarlos. Por ello es necesario que de cada palabra yo os explique su significado. Pero dar gracias a Dios, Quien os ha dado la gracia de conocer los misterios de Dios. Yo no digo que el penitente deba vender sus palabras, sino que yo digo que cuando él hable debe pensar que él está arrojando oro. Ya que ciertamente, haciéndolo así, tal como el oro es gastado en cosas necesarias, así él hablará (solamente) cuando sea necesario hablar. Y justo como nadie gasta oro en una cosa que le hará daño a su cuerpo, así que no hable de algo que pueda hacerle daño a su alma.
121.
C uando el gobernador ha arrestado a un prisionero al cual él examina mientras el notario escribe (el caso), decidme, ¿como habla ese hombre?”. Los discípulos contestaron: “Él habla con temor y va directo al tema a tratar, para no hacerse sospechoso, y él tiene cuidado de no decir cualquier cosa que pudiera desagradar al gobernador, sino que intenta decir aquello que pudiera favorecerle para quedar libre”. Entonces contestó Jesús: “Esto debe hacer el penitente, entonces, para no perder su alma. Porque Dios le ha dado a cada hombre dos ángeles como notarios; uno escribiendo lo bueno, y el otro lo malo que el hombre hace. Si entonces un hombre quiere recibir misericordia que administre bien sus palabras más que como se administra el oro.
122.
E n cuanto a la avaricia, debe ser convertida en limosnas. En verdad os digo, que así como la plomada tiene el centro como su fin, así el avaro tiene el Infierno como su fin, ya que es imposible para los avaros que posean cualquier bien en el Paraíso. ¿Sabéis por qué?, yo os lo diré. Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia mi alma comparece, el avaro, aunque esté silencioso con su lengua, con sus obras dice: “No hay otro dios más que yo”. Tanto como todo lo que él tiene está dispuesto a gastarlo para su propio placer, sin considerar su principio ni su fin: que él nació desnudo y que al morir lo abandona todo. Ahora decidme; si Herodes os diese un jardín que cuidar, y quisieseis consideraros como dueños, sin enviarle fruto alguno a Herodes, y cuando Herodes enviase por frutas vosotros corrieseis a sus mensajeros, decidme, ¿estaríais haciéndoos reyes de ese jardín? Claro que sí. Ahora os digo que de igual modo el hombre avaro se proclama dios sobre los bienes que Dios le ha dado. La avaricia es una sed del sentido, el cual habiendo perdido a Dios a través del pecado ya que el vive por el placer, y siendo incapaz de deleitarse en Dios Quien está oculto para él, se rodea de cosas temporales a las cuales considera sus dioses; y entre más se fortalece más se ve privado de Dios. Y así la conversión del pecador viene de Dios, Quien le da la gracia de comunicar Su Voluntad por mi palabra”. Entonces él levantó sus manos y rezó, diciendo: “Señor Dios Todopoderoso y Misericordioso, Quien en misericordia nos creó, dándonos el rango de los hombres, Tus siervos, con la fe de Tu verdadero Mensajero, Te agradecemos por todos Tus beneficios y quisiéramos solamente adorarte todos los días de nuestra vida, lamentando nuestros pecados, rezando y dando limosnas, ayunado y estudiando Tu Palabra, instruyendo a quienes son ignorantes de Tu Voluntad, soportando al mundo por amor a Ti, y dando nuestra vida para servirte hasta morir. Mi Señor, sálvanos de Satanás, de la carne y del mundo, así como Tú salvaste a Tus elegidos por amor a Ti y por amor a Tu Mensajero para quien Tu nos creaste, y por amor a todos los santos y profetas”. Los discípulos contestaban siempre: “Así sea. Así sea Señor. Así sea, oh nuestro Dios Misericordiosísimo”.
123.
Justo en el amanecer del día del viernes y después de la oración, Jesús reunió a sus discípulos y les dijo: “Sentémonos; ya que en un día como hoy Dios creó al hombre del barro de la tierra; por lo tanto os diré que cosa es el hombre si Dios quiere”. Cuando todos estuvimos sentados, Jesús dijo otra vez: “Nuestro Dios para mostrar a sus criaturas su Bondad y Misericordia y Su Omnipotencia, con Su Generosidad y Justicia, hizo una composición de cuatro cosas contrarias la una a la otra, y las unió en un objeto final, el cual es el hombre –y esas cosas son la tierra, el aire, el agua y el fuego- para que cada una pudiera templar a la opuesta. Y Él hizo con estas cuatro cosas un recipiente, el cual es el cuerpo del hombre; carne, huesos, sangre, médula y piel, con nervios y venas, y con todas sus partes internas; y allí dispuso Dios el alma y el sentido, como las dos manos de esta vida; dando como alojamiento al sentido, cada parte del cuerpo, ya que allí él se difunde como aceite. Y al alma, Él le dio como residencia el corazón, donde unida con el sentido, debe gobernar durante toda la vida. Dios, habiendo creado así al hombre, puso en él una luz que se llama razón, la cual debía unir la carne, el sentido y el alma con una sola finalidad; trabajar para el servicio de Dios. Entonces, poniendo Él esta obra en el Paraíso, y siendo seducida la razón por el sentido por intervención de Satanás, la carne perdió su reposo, el sentido perdió su melosidad por la cual vivía, y el alma perdió su belleza. Habiendo llegado el hombre a tal situación, el sentido, que no encuentra reposo en el trabajo, sino que busca el deleite, al no ser controlado por la razón, siguió la luz que los ojos le mostraban, pero, no siendo los ojos capaces de ver sino vanidades, él se engañó así mismo, y de esa manera al elegir cosas terrenales, pecó. Por lo tanto es necesario que por la misericordia de Dios la razón sea nuevamente iluminada, para distinguir el bien del mal y (para distinguir) el verdadero deleite. Teniendo conocimiento de esto, el pecador se convierte a la penitencia. Por lo tanto os digo, y en verdad, que si Dios nuestro Señor no ilumina el corazón del hombre, los razonamientos de los hombres no sirven de nada”. Juan contestó: “¿Entonces para que fin sirve el habla del hombre?”. Jesús replicó: “El hombre como hombre no vale nada para convertir al hombre a la penitencia; sino que el hombre como un medio que Dios usa convierte al hombre; así que viendo que Dios obró de una manera secreta en el hombre para la salvación del hombre, uno debería escuchar a todo hombre, para que entre todos pueda ser recibido aquel en quien Dios habla”. Santiago contestó: “Oh maestro, si acaso viniere un falso profeta y un maestro embustero pretendiendo instruirnos, ¿qué debemos hacer?
124.
J esús respondió en parábola: “Un hombre va a pescar con una red, y en el lugar él atrapa muchos peces, pero aquellos que son malos el los arroja a lo lejos. Un hombre salió a sembrar, pero solo el grano que cayó en buena tierra dio semilla. Así debéis hacer vosotros, escuchando a todos y recibiendo solo la verdad, viendo que soplo la verdad da fruto para la vida eterna”. Entonces dijo Andrés: “¿Pero como puede distinguirse la verdad?”. Jesús respondió: “Todo lo que esté de acuerdo con el libro de Moisés, eso recibidlo como cierto; sabiendo que Dios es Uno, la Verdad es una; por lo tanto se deduce que la doctrina es una y el significado de la doctrina es uno; y consecuentemente la fe es una. En verdad os digo que si la verdad no hubiese sido borrada del libro de Moisés, Dios no hubiera dado a nuestro padre David, el segundo. Y si el libro de David no hubiese sido contaminado, Dios no me habría encomendado el Evangelio; ya que el Señor nuestro Dios es incambiable, y solo ha transmitido un solo mensaje para todos los hombres. Por lo tanto, cuando el Mensajero de Dios venga, él vendrá a limpiar todo con lo que los impíos hayan contaminado mi libro”. Entonces contestó el que escribe: “Oh maestro, ¿Qué ha de hacer un hombre cuando la Ley sea hallada contaminada y hable un falso profeta?”. Jesús respondió: “Grande es tú pregunta, oh Bernabé; por lo tanto te digo que en un tiempo así pocos se salvan, viendo que los hombres no consideran su fin, el cual es Dios. Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia mi alma comparece, toda doctrina que haga al hombre desviarse de su fin, el cual es Dios, nada de bueno hay en ella. Por lo tanto, hay tres cosas que debes considerar en una doctrina –a saber: amor hacia Dios, piedad hacia el prójimo, y odio hacia uno mismo, el cual ha ofendido a Dios, y lo ofende cada día. Por lo tanto toda doctrina que sea contraria a estas tres cosas principales, evítala porque es dañina.
125.
Y ahora hablaré acerca de la avaricia; y os digo, que cuando el sentido quiera adquirir una cosa o guardarla codiciosamente, la razón debe decir: “Esa cosa tendrá fin”. Es cierto que si ella tendrá fin es una locura quererla. Por lo tanto, es más adecuado para uno querer y conservar aquello que no tendrá fin. Que la avaricia sea cambiada a limosnas, distribuyendo con equidad lo que (un hombre) haya adquirido injustamente. Y que él lo haga de tal manera, que lo que su mano derecha dé, su izquierda no lo sepa. Porque los hipócritas cuando dan limosnas desean ser vistos y elogiados por el mundo. Pero verdaderamente ellos son vanos, sabiendo que para quien un hombre trabaja, de él recibe su salario. Si entonces un hombre desea recibir algo de Dios, él deberá (solamente) servir a Dios. Y observad que cuando hagáis caridad, consideréis que estáis dándole a Dios todo lo que (dais) por amor de Dios. Decidme, ¿deseáis vosotros recibir algo que sea malo? Seguro que no. ¡Oh polvo y cenizas!, entonces ¿Cómo tenéis fe en vosotros si dais algo malo por amor a Dios? Sería mejor no dar nada que dar una cosa mala; porque al no dar tendréis alguna excusa según el mundo; pero al dar una cosa sin valor, dejando lo mejor para vosotros mismos, ¿Cuál será la excusa?. Y esto es todo lo que tengo que deciros acerca de la penitencia”. Bernabé contestó: “¿Cuánto debe durar la penitencia? Jesús respondió: “En tanto que un hombre esté en estado de pecado él siempre deberá arrepentirse y hacer penitencia por ello. Por lo tanto, como la vida humana siempre peca, así siempre se debe hacer penitencia; a menos que toméis más en cuenta a vuestro calzado que ha vuestra alma, ya que cada vez que vuestro calzado se rompe vosotros los remendáis”.
126.
H abiendo reunido Jesús a sus discípulos, los envió de dos en dos por la región de Israel, diciendo: “Id y predicad como lo habéis oído”. Entonces ellos se inclinaron y el puso sus manos sobre las cabezas diciendo: “EN el Nombre de Dios, dad salud a los enfermos, expulsad a los demonios y desengañad a Israel respecto a mí diciéndoles lo que yo dije ante el sumo sacerdote”. Y así ellos partieron, a excepción del que esto escribe, junto con Santiago y Juan y repartiéndose por toda Judea, predicando penitencia tal como Jesús les había dicho, curando todo tipo de enfermedades, tanto que en Israel fueron confirmadas las palabras de Jesús de que Dios es Uno y Jesús es un profeta de Dios. Cuando ellos vieron a tal multitud, hacían lo que Jesús hacia en cuanto a la curación de los enfermos. Pero los hijos del demonio encontraron otra manera de perseguir a Jesús, y estos fueron los sacerdotes y los escribas. Así que ellos empezaron a decir que Jesús aspiraba a la monarquía sobre Israel. Pero ellos temían a la gente común, así que conspiraban contra Jesús secretamente. Habiendo pasado por Judea los discípulos regresaron a Jesús, el cual los recibió como un padre recibe a sus hijos, diciendo: “Contadme, ¿cómo ha obrado el Señor nuestro Dios? ¡Ciertamente he visto a Satanás caer bajo vuestros pies y a vosotros pisoteándolo igual que lo hace el vendimiador pisoteando las uvas!”. Los discípulos respondieron: “Oh maestro, hemos sanado a innumerables personas enfermas, y expulsamos a muchos demonios que atormentaban a los hombres”. Dijo Jesús: “Dios os perdone, oh hermanos, porque habéis pecado al decir, “hemos sanado”, viendo que Dios es Quien ha hecho todo”. Entonces dijeron ellos: “Hemos hablado tontamente; por lo tanto, enséñanos como hablar”. Jesús contestó: “En toda buena obra decid, “Dios ha hecho” y en toda mala obra decid, “yo he pecado”. “Así lo haremos”, afirmaron los discípulos. Entonces dijo Jesús: “¿Qué dijo entonces Israel, habiendo visto lo que Dios hace por manos de tantos hombres lo que Dios hizo por mis manos?”. Los discípulos contestaron: “Ellos dicen que solamente hay un Dios y que tu eres el profetas de Dios”. Jesús respondió con rostro alegre: “¡Bendito sea el Santo Nombre de Dios, el Cual no ha despreciado el deseo de mí, Su siervo!”. Y cuando él hubo dicho esto, ellos se retiraron a descansar.
127.
J esús partió del desierto y entró en Jerusalén; así que todas las gentes se dirigieron al templo para verlo. Entonces después de la lectura de los Salmos Jesús subió al pináculo donde los escribas solían subir; y habiendo hecho indicación de silencio con la mano, dijo: “Bendito sea el Santo Nombre de Dios –oh hermanos- Quien nos creó del barro de la tierra, y no de espíritu llameante. Porque cuando nosotros pecamos encontramos misericordia ante Dios, la cual Satanás nunca encontrará, ya que por su soberbia él es incorregible, diciendo que él es siempre noble, ya que él es espíritu llameante. ¿Habéis oído hermanos, lo que dijo nuestro padre David acerca de nuestro Dios, que Él nos recuerda que nosotros somos polvo y que nuestro espíritu se va y no regresa de nuevo, por lo tanto Él tiene misericordia de nosotros? Benditos sean los que conozcan estas palabras, ya que ellos no pecarán contra su Señor eternamente, ya que después de que pecan ellos se arrepienten, así que su pecado no permanece. Ay de los que se ensalzan, porque ellos serán humillados a las ascuas ardientes del Infierno. Decidme hermanos, ¿cual es la causa de la auto-exaltación? ¿Hay acaso bien alguno aquí en la Tierra? No, por seguro, ya que como dijo Salomón, el profeta de Dios: “Todo lo que existe bajo el sol es vanidad”. Pero si las cosas del mundo no nos dan razón para ensalzarnos en nuestro corazón, mucho menos nos da razón nuestra vida; ya que está cargada de muchas miserias, ya que todas las criaturas inferiores al hombre pelean contra nosotros. ¡Oh, cuantos han sido matados por el calor ardiente del verano; cuantos han sido matados por la escarcha y el frío del invierno; cuantos han sido matados por el relámpago y el granizo; cuantos se han ahogado en la mar por la furia de los vientos; cuantos han muerto de peste, de hambre, o porque han sido devorados por las bestias salvajes, mordidos por las serpientes, ahogados por el alimento! ¡Oh hombre infeliz que se exalta a si mismo habiendo tanto que le aqueja, estando todas las criaturas acechándolo en todo lugar!¿Pero que diré de la carne y el sentido, que desean solo iniquidad; del mundo, que no ofrece más que pecado; de los malvados, que, sirviendo a Satanás, persiguen a quien vive de acuerdo con la Ley de Dios? Cierto es, hermanos , que si el hombre, como dijo nuestro padre David, considerase con sus ojos la eternidad él no pecaría. Ensalzarse en el corazón no es sino poner un candado a la piedad y la misericordia de Dios, para que Él no perdone. Porque nuestro padre David dijo que nuestro Dios recuerda que no somos más que polvo y que nuestro espíritu se va y o regresa otra vez. El que se ensalza a si mismo, entonces, niega que él es polvo, y por lo tanto no conociendo su origen, él no pide ayuda, y así él hace que Dios se enoje siendo Él Quien puede ayudarlo. Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia comparece mi alma, Dios perdonaría a Satanás si Satanás conociese su propia miseria y pidiese misericordia a su Creador, Quien es Bendito eternamente.
128.
E ntonces, hermanos, yo, un hombre, polvo y barro, que camina sobre la Tierra, os digo: “Haced penitencia y conoced vuestros pecados. Yo digo, hermanos, que Satanás, por medio de los soldados romanos os engañó cuando dijisteis que yo era Dios. Por lo tanto, tened cuidado y no les creáis, viendo que ellos han caído bajo la maldición de Dios, adorando a dioses falsos y mentirosos; así como nuestro padre David invocó una maldición sobre ellos diciendo: “Los dioses de las naciones son plata y oro, la obra de sus manos; que tienen ojos y no ven, tienen orejas y no oyen, tienen nariz y no huelen, tienen boca y no comen, tienen lengua y no hablan, tienen manos y no tocan tienen pies y no caminan”. Por lo tanto dijo David nuestro padre, rezando a nuestro Dios Vivo: “Que como ellos sean los que los hacen y los que en ellos confían”. ¡Oh soberbia sin precedente, este orgullo del hombre, que siendo creado por Dios de la tierra olvida su condición y quisiera hacer a Dios a su propio deseo! Así él silenciosamente se burla de Dios, lo mismo que si dijera: “No existe beneficio alguno en servir a Dios”. Porque así lo muestran sus obras. A esto desea Satanás reduciros, oh hermanos, al hacer que creáis que yo soy Dios; ya que, no siendo capaz de crear una mosca, y siendo temporal y mortal, no os puedo dar nada de utilidad, viendo que yo mismo tengo necesidad de todo. ¿Cómo, entonces, podría yo ayudaros en todas las cosas, como es propio de Dios? ¿Podremos nosotros entonces, que tenemos como Dios al Gran Dios que creó al Universo con Su Palabra, burlarnos de los gentiles y sus dioses? Hubo dos hombres que vinieron aquí al templo a rezar; uno era un fariseo y el otro un publicano. El fariseo se acercó al santuario, y rezando a rostro alzado decía: “Te doy las gracias, oh Señor Dios mío, porque no soy como otros hombres, pecadores, que hacen toda maldad, y especialmente este publicano; ya que yo ayuno dos veces a la semana y doy el diezmo de lo que poseo”. El publicano permanecía alejado, postrado en el suelo y dándose golpes de pecho, al mismo tiempo que decía: “¡Señor, yo no soy digno de mirar al cielo ni a Tú santuario, porque he pecado mucho; Ten misericordia de mi!”. Verdaderamente os digo que el publicano salió del templo en mejor estado que el fariseo, ya que nuestro Dios lo justificó perdonándole todos sus pecados. Pero el fariseo salió en peor condición que el publicano, porque nuestro Dios lo rechazó, viendo sus obras como una abominación.
129.
¿ Acaso el hacha se jacta de haber cortado el bosque donde un hombre ha puesto un jardín? No, seguramente, ya que el hombre hizo todo, si, incluso (hizo), el hacha con sus manos. Y tú, oh hombre, ¿te jactarías de haber hecho algo que es bueno, viendo que nuestro Dios te creó de barro y obró en ti todo el bien que es hecho? ¿Y por qué desprecias a tú prójimo? ¿Es que no te das cuenta que si Dios no te hubiese protegido de Satanás, tú serías peor que Satanás? ¿No sabes acaso que un solo pecado cambió al ángel más bello en el demonio más repulsivo; y que al hombre más perfecto que ha existido en el mundo –el cual fue Adán- el pecado lo cambió en un ser miserable, sometiéndolo a lo que nosotros sufrimos, junto con toda su descendencia? ¿Qué decreto, entonces, tienes tú, en virtud del cual puedes vivir a tú placer sin ningún temor? ¡Ay de ti, oh barro!, porque ya que tú te has exaltado a ti mismo por encima de Dios, Quien te creó, tu serás humillado bajo los pies de Satanás, el cual está acechándote”. Y habiendo dicho esto, Jesús rezó, levantando sus manos al Señor, y las gentes dijeron: “¡Así sea, así sea!”. Cuando él hubo terminado su oración descendió del pináculo. Entonces fueron traídos ante él muchos enfermos a los cuales él curó, y partió del Templo. Entonces Simón, un leproso a quien Jesús había sanado lo invitó a comer pan. Los sacerdotes y escribas, quienes odiaban a Jesús, reportaron a los soldados romanos lo que Jesús había dicho contra sus dioses. Porque ciertamente ellos estaban buscando la ocasión para matarlo, pero no encontraban como, ya que ellos temían a la gente. Jesús, habiendo entrado a la casa de Simón, se sentó a la mesa. Y mientras él estaba comiendo, he aquí que una mujer llamada María, una pecadora pública, entró a la casa, y se dejó caer al suelo atrás de los pies de Jesús, y los lavó con sus lágrimas, los untó con un precioso ungüento, y los secó con sus propios cabellos. Simón se escandalizó, así como el resto de los comensales, y ellos se dijeron: “Si este hombre fuera un profeta él sabría quien y de que clase es esta mujer, y no permitiría que lo tocase”. Entonces dijo Jesús: “Simón, tengo algo que decirte”. Simón respondió: “Habla, oh maestro, ya que yo deseo tú palabra”.
130.
Jesús dijo: “Hubo un hombre que tenía dos deudores. Uno le debía a su acreedor 50 monedas, el otro 500. Entonces, cuando ningunote los dos tenía con qué pagar, el acreedor movido a compasión, le perdonó la deuda a cada uno. ¿Cuál de ellos amará más a su acreedor?”. Simón contestó: “Aquel que le fue perdonada la deuda mayor”. Dijo Jesús: “Has dicho bien; yo te digo, por lo tanto, mira a esta mujer y a ti mismo; porque los dos erais deudores de Dios, uno por lepra en el cuerpo, la otra por lepra del alma, que es el pecado. Dios Nuestro Señor movido a compasión a través de mis oraciones, quiso sanar tu cuerpo y su alma. Tú, por lo tanto, me amas poco, porque tú has recibido poco como regalo. Y así, cuando yo entré a tú casa tú no me besaste ni ungiste mi cabeza. Pero esta mujer, inmediatamente al entrar yo a tú casa se puso a mis pies, los cuales ella lavó con sus lágrimas y los ungió con ungüento precioso. Por lo tanto te digo, que a ella le fueron perdonados muchos pecados, porque ella amó mucho”. Y volviéndose a la mujer le dijo: “Vete en paz, porque el Señor nuestro Dios ha perdonado tus pecados; ahora ve y no peques más. Tú fe te ha salvado”.
131.
S us discípulos se acercaron a Jesús después de la oración de la noche, y dijeron: “Oh maestro, ¿Cómo debemos escapar de la soberbia?”. Jesús contestó: “¿Habéis visto comer a un hombre pobre invitado a comer en la casa de un príncipe?”. Juan contestó: “Yo he comido pan en la casa de Herodes. Porque antes de conocerte yo iba a pescar, y solía vender el pescado a la familia de Herodes. Entonces, un día cuando él estaba en un banquete, habiéndole llevado un buen pescado, él me invitó a quedarme y que allí comiese”. Entonces dijo Jesús: “Ahora, ¿Cómo pudiste comer pan con infieles? ¡Que Dios te perdone, Juan! Pero dime, ¿cómo te comportaste a la mesa? ¿Trataste de tener el lugar más honorable? ¿Pediste la comida más delicada? ¿Hablaste ante la mesa cuando no te preguntaban? ¿Te consideraste más digno de sentarte a la mesa que los demás?”. Juan contestó: “Como que Dios vive, yo no me atreví a levantar los ojos, viendo en mi a un pobre pescador, mal vestido, y sentado entre los altos dignatarios del rey. Entonces cuando el rey me ofreció un pequeño pedazo de carne, me pareció que el mundo caía sobre mi cabeza, por la grandeza del favor que el rey me hacia. Y verdaderamente digo que, si el rey hubiera sido de nuestra Ley, yo hubiera estado dispuesto a servirlo todos los días de mi vida”. Jesús gritó: “¡Detente Juan, porque temo que Dios te arroje al abismo, como a Abirám, por tu soberbia!”. Los discípulos temblaron de temor por las palabras de Jesús, cuando él dijo otra vez: “Temamos a Dios, que Él no nos arroje al abismo por nuestra soberbia. Oh hermanos, ¿habéis oído de Juan que es lo que se hace en la casa de un príncipe? ¡Ay de los hombres que entran al mundo, ya que como ellos viven en soberbia ellos mueren en desprecio y entrarán a la confusión! Porque este mundo es una casa donde Dios agasaja a los hombres, donde han comido todos los santos y profetas de Dios. Y verdaderamente os digo, todo lo que un hombre recibe él lo recibe de Dios. Por lo tanto el hombre debería comportarse con la más profunda humildad; conociendo su propia vileza y la grandeza de Dios, y la gran generosidad con la que Él nos sustenta. Por lo tanto no es licito para el hombre decir: “Ah, ¿por qué se hace y se dice esto en el mundo?”, sino más bien considerarse a si mismo como él es en verdad; indigno de pararse en el mundo ante la mesa de Dios. Como que Dios vive y ante Cuya Presencia mi alma comparece, que no hay nada pequeño aquí en el mundo recibido de (la Mano) de Dios, sino que en pago el hombre debería pasar su vida en amor hacia Él”. Como que Dios vive, tú no pecaste, oh Juan, al comer con Herodes, ya que fue la disposición de Dios que así lo hicieras, para que tú pudieses ser nuestro maestro y el (maestro) de todo el que tema a Dios. Haced así”, dijo Jesús, “para que podáis vivir en el mundo como Juan vivió en la casa de Herodes comiendo el pan junto a él, ya que así estaréis en verdad libres de toda soberbia”.
132.
C aminando Jesús a lo largo de la costa del mar de Galilea, fue rodeado por una gran multitud de gente, por lo que él necesito subirse a una pequeña embarcación que se encontraba a corta distancia de la playa; y para que su voz pudiera ser escuchada, ancló la barca cerca de la orilla. Entonces, todos se acercaron y sentándose, esperaron para oír sus palabras. Y abriendo su boca, dijo: “He aquí que un sembrador fue a sembrar, entonces cuando él sembraba algunas de las semillas cayeron en el camino, y estas fueron pisoteadas bajo los pies de las gentes y comidas por los pájaros; algunas cayeron sobre las rocas, y entonces cuando germinaron, como no tenían humedad, fueron quemadas por el sol; algunas cayeron en el seto, y entonces cuando germinaron las espinas ahogaron la semilla; y otras cayeron en buena tierra, y entonces dieron fruto, hasta 30, 60 y 100 veces”. Otra vez habló Jesús: “He aquí que el padre de una familia sembró buena semilla en su campo; entonces, cuando los sirvientes del buen hombre dormían, vino el enemigo del hombre su amo y sembró malas hierbas sobre la buena semilla. Entonces cuando el grano germinó se vio brotar entre el grano una gran cantidad de malas hierbas. Los sirvientes vinieron al amo y dijeron “Oh señor, ¿no sembraste tú buena semilla en tu campo? ¿Por qué entonces ha brotado allí una gran cantidad de cizaña?”. El amo respondió: “Buena semilla yo sembré, pero mientras los hombres dormían el enemigo del hombre vino y sembró malas hierbas sobre el grano”. Dijeron los sirvientes: ¿Quieres que vayamos y arranquemos la cizaña de entre el grano? El amo respondió: “No lo hagáis, porque podríais arrancar el grano con ellas; pero esperad hasta que llegue el tiempo de la cosecha. En ese tiempo entonces iréis, y arrancaréis la cizaña de entre el grano y arrojareis las hierbas al fuego para que se quemen, pero el grano lo pondréis en mi granero”. Y una vez más, Jesús habló diciendo: “Salieron muchos hombres a vender higos. Pero cuando llegaron al mercado, he aquí que las gentes no buscaban buenos higos sino hojas bonitas. Por lo tanto los hombres no fueron capaces de vender sus higos. Y viendo esto, un malvado ciudadano dijo: “Verdaderamente podría volverme rico”. Entonces llamó a sus dos hijos (y les dijo): “Id, y colectad una gran cantidad de hojas con higos malos”. Y estas ellos vendieron por su peso en oro, porque los hombres estaban muy complacidos con las hojas. Entonces las gentes, comiendo los higos (malos), se enfermaron de una grave enfermedad”. Otra vez dijo Jesús: “He aquí que un ciudadano tenía una fuente, de la cual todos los vecinos tomaban agua de ella para lavar sus impurezas; pero este hombre dejaba que sus propias ropas se pudrieran”. De nuevo dijo Jesús: “Salieron dos hombres a vender manzanas. Uno escogió vender la piel de las manzanas por su peso en oro, sin importarle la pulpa de la fruta en cuestión. El otro quiso dar las manzanas, recibiendo solo un poco de pan para su viaje. Pero las gentes compraban las mondas de las manzanas por su peso en oro, sin considerar al que estaba dispuesto a dárselas enteras; que digo, incluso lo despreciaban”. Y así ese día habló Jesús a la multitud en parábolas. Entonces habiéndolos despedido, él y sus discípulos emprendieron camino hacia Naim, donde él había resucitado al hijo de la viuda; el cual, con su madre, lo recibió en su casa y lo atendió”.
133.
A cercándose, sus discípulos le preguntaron: “Oh maestro, explícanos el significado de las parábolas que tú hablaste a las gentes”. Jesús respondió: “La hora de la oración se acerca; por lo tanto cuando haya terminad la oración de la noche, pasaré a explicaros el significado de las parábolas”. Cuando hubo terminado de realizar la oración, sus discípulos se acercaron a Jesús y él les dijo: “El hombre que sembró semilla sobre el camino, sobre las rocas, sobre las espinas, sobre la buena tierra, es el que enseña la Palabra de Dios, la cual cae sobre un gran número de hombres. Cae sobre el camino, cuando llega a los oídos de los marineros y los mercaderes, los cuales por razón de los largos viajes que hacen, y la variedad de naciones con las que tienen trato, tienen la Palabra de Dios borrada de su memoria por Satanás. Cae sobre las piedras, cuando llega a los oídos de los cortesanos, ya que por razón de la gran ansiedad con la que ellos sirven al cuerpo de un príncipe, la Palabra de Dios no penetra en ellos. Puesto que, aunque quizás ellos tengan algo de recuerdo de ella, tan pronto como tienen alguna tribulación, la Palabra de Dios se desvanece de sus memorias; ya que, como ellos no sirven a Dios, ellos no pueden esperar ayuda de Dios. Cae entre espinas cuando llega a los oídos de los que aman su propia vida, porque, aunque la Palabra de Dios crezca en ellos, cuando crecen los deseos carnales ellos ahogan la buena semilla de la Palabra de Dios, ya que los placeres carnales hacen que (los hombres) olviden la Palabra de Dios. La que cae en buena tierra es cuando la Palabra de Dios llega a los oídos del que teme a Dios, y entonces da el fruto de la vida eterna. Verdaderamente os digo, que en toda condición cuando el hombre teme a Dios la Palabra de Dios fructificará en él. (La parábola) del padre de una familia, en verdad os digo que él (representa) a Dios nuestro Señor; padre de todas las cosas, ya que Él creó todas las cosas. Pero Él no es un padre a la manera de la Naturaleza, porque Él es incapaz de movimiento, sin el cual la generación es imposible. Es entonces, nuestro Dios, a Quien pertenece este mundo; y el campo donde Él siembra es la Humanidad, y la semilla es la palabra de Dios. Así, cuando los maestros son negligentes al predicar la Palabra de Dios, al estar ocupados en los negocios del mundo, Satanás siembra el error en el corazón de los hombres, de donde surgen un sin fin de sectas de doctrina impía. Los santos y profetas gritan: “Oh Señor, ¿no les diste Tú, entonces, buena doctrina a los hombres? ¿Por qué entonces, hay tantos errores?”. Dios contesta: “Yo he dado buena doctrina a los hombres, pero mientras que los hombres han desistido de la vanidad, Satanás has sembrado errores para anular Mi Ley”. Los santos dicen: “Oh Señor, nosotros dispersaremos estos errores destruyendo a los hombres”. Dios responde: “No lo hagáis, porque los fieles están tan íntimamente unidos a los infieles por parentesco, que los justos serán perdidos con los infieles. Pero esperad hasta el Juicio, porque en ese tiempo los infieles serán reunidos por Mis ángeles y serán arrojados al fuego con Satanás, mientras que los buenos fieles vendrán a Mi Reino”. Cierto es, muchos padres infieles engendrarán hijos fieles, por bien de los cuales Dios espera al mundo a que se arrepienta.
134.
L os que llevan buenos higos son los verdaderos maestros que predican buena doctrina, pero el mundo, que se complace en las mentiras, busca de los maestros hojas de palabras bellas y adulación. Viendo lo cual, Satanás se une con la carne y el sentido, y trae una gran cantidad de hojas; o sea, gran cantidad de cosas mundanas, con lo cual él cubre el pecado; y recibiendo esto, el hombre se pone enfermo y listo para la muerte eterna. El ciudadano que tiene el agua y da su agua a los demás para que laven sus impurezas, pero deja que sus propias ropas se pudran, es el maestro que a los demás predica la penitencia pero él mismo vive todavía en pecado. ¡Oh hombre miserable, porque no son los ángeles sino su propia lengua la que escribe en el aire el castigo que es adecuado para él! Si uno tuviera la lengua de un elefante, y el resto de su cuerpo fuera tan pequeño como una hormiga, ¿no sería esto algo monstruoso? Sí, por seguro. Ahora yo os digo, que verdaderamente es mucho más monstruoso el que predica penitencia a los demás, pero él mismo no se arrepiente de sus pecados. Los dos hombres que venden manzanas son: uno, el que predica por amor a Dios, por lo que él no adula a nadie, sino que solo predica la verdad, buscando solamente los medios de vida como un hombre pobre. Como que Dios vive y ante Cuya Presencia mi alma comparece, dicho hombre no es recibido por el mundo, sino más bien despreciado. Pero el que vende la cáscara por su peso en oro y tira la manzana, es el que predica para complacer a los hombres; y así, adulándola mundo él arruina el alma que sigue su adulación. ¡Ah, cuantos han perecido por esta causa!”. Entonces contestó el que escribe y dijo: “¿Cómo debería uno escuchar la Palabra de Dios; y como puede uno conocer al que predica por amor a Dios?”. Jesús contestó: “El que predica, debería ser escuchado como si fuera Dios quien hablase, siempre y cuando sea buena su doctrina; porque Dios está hablando a través de su boca. Pero el que no reprueba los pecados, por respeto a las personas, adulando a los hombres en particular, debe ser evitado como una horrible serpiente, ya que en verdad él envenena el oído humano. ¿Comprendéis esto? Verdaderamente os digo, que así como un hombre herido no tiene necesidad de hermosas vendas para cubrir sus heridas, sino más bien de buen ungüento, así tampoco el pecador tiene necesidad de palabras bellas, sino más bien de buenos reproches, para que él pueda dejar de pecar”.
135.
E ntonces dijo Pedro: “Oh maestro, dinos como los perdidos serán atormentados, y cuanto tiempo estarán en el Infierno, para que el hombre pueda huir del pecado”. Jesús respondió: “Oh Pedro, es una gran cosa lo que has preguntado, no obstante, si place a Dios, yo te contestaré. Sabed, por lo tanto, que el Infierno es uno, sin embargo tiene siete centros, ya que siete son las puertas del Infierno que Satanás ha generado: siendo así, que siete son allí los castigos. Porque el soberbio, que es el más alto en corazón, será hundido en el centro más bajo, pasando por todos los centros encima de él, y padeciendo en cada uno de ellos todos los dolores que allí existen. Y como aquí él buscaba ser más grande que Dios, al desear actuar según su propia manera, contrario a lo que Dios ordena, y no deseando reconocer a nadie por encima de él allí así será puesto bajo los pies de Satanás y sus demonios, los cuales lo pisotearán de la misma manera que es pisada la uva para hacer el vino; y siempre será burlado y despreciado por los diablos. El envidioso, que aquí se disgusta por el bienestar de su prójimo y se regocija por su desgracia, bajará al sexto centro, y allí será mordido por las fauces de un gran número de serpientes infernales. Y le parecerá que todas las cosas en el Infierno se regocijan con su tormento y se lamentan de que él no haya ido a parar hasta el séptimo centro. Porque aunque los condenados sean incapaces de alegría alguna, así la Justicia de Dios hará que así le parezca al miserable hombre envidioso, como cuando le parece a uno en un sueño que es espoleado por alguien y siente tormento por ello. Así será el objeto presentado ante el miserable hombre envidioso. Ya que cuando no hay alegría en absoluto, a él le parecerá que todos se regocijan por su desgracia, y lamentan que no le haya ido peor. El codicioso descenderá al quinto centro, donde él sufrirá suma pobreza, como sufrió el rico festejador. Y los demonios, para mayor tormento, le ofrecerán lo que él desee, y cuando él lo tenga en sus manos otros demonios con violencia se lo arrebatarán de las manos con estas palabras: “Recuerda que tú no dabas por amor a Dios, así Dios no quiere que tú ahora recibas”. ¡Oh, hombre infeliz!, ahora él se encontrará en esa condición en donde recordará su pasada abundancia, y al mismo tiempo podrá ver su penuria presente;¡y que con los bienes que entonces no tuviera, él podría haber adquirido delicias eternas! Al cuarto centro irá el lujurioso, lugar en donde los que transformaron el camino que les fue dado por Dios, estarán como el grano que se cuece en el estiércol ardiente del Demonio. Lugar donde serán abrazados por horribles e infernales serpientes. Y los que hubieran pecado con rameras, todos sus actos de impureza serán transformados para ellos en unión carnal con las furias de los infiernos; las cuales son demonios como mujeres, cuyo cabello son serpientes, cuyos ojos son azufre llameante, cuya boca es venenosa, cuya lengua es cortante, cuyo cuerpo está todo rodeado con garfios de púas como los que se usan para atrapar a los peces atontados, cuyas garras son como la de los grifos, cuyas uñas son navajas, y cuyos órganos genitales tienen fuego en su interior. Entonces, con estas, todos los lujuriosos gozarán las brasas infernales que serán su lecho. Al cuarto centro bajará el perezoso que ahora no trabaja. Aquí hay ciudades construidas e inmensos palacios, que tan pronto como son terminados de inmediato son demolidos ya que ni una sola piedra está correctamente colocada. Además, estas piedras de enorme tamaño, son colocadas sobre los hombros del perezoso, el cual no tiene libre las manos para refrescar su cuerpo al caminar y aliviar la carga, ya que la pereza le habrá quitado la fuerza a sus brazos, y sus piernas están encadenadas con serpientes infernales. Y lo que es peor, detrás de él están los demonios, quienes lo empujan, y lo hacen caer repetidas veces al suelo bajo su peso; y sin nadie para que le ayude a levantarse; no, siendo demasiado peso para levantar, una doble cantidad es añadida sobre él. Al segundo centro descenderá el glotón. Ahora hay allí escasez de alimento, en tal grado que no habrá nada para comer salvo escorpiones vivos y serpientes, los cuales afligen semejante tormento que hubiera sido mejor no haber nacido antes que probar tan horripilante alimento. En verdad le son ofrecidas por los demonios, carnes delicadas en apariencia; pero ya que ellos tienen sus manos y sus pies atados con grilletes de fuego, no pueden extender sus manos cada vez que la carne les es presentada. Pero lo que es peor, esos mismos escorpiones que él come devorarán su estómago, y no siendo capaces de salir rápidamente, abrirán las partes internas del glotón. Y cuando ellos salen sucios e impuros, como ellos son, nuevamente ellos volverán a ser devorados desde sus entrañas. El colérico desciende al primer centro, donde él se insultado por todos los demonios y por todos los condenados que se encuentran más bajo que él. Ellos lo golpean y pinchan haciéndolo yacer por el camino por donde ellos pasan, plantándole sus pies en la garganta. Sin embargo él no es capaz de defenderse ya que sus manos y sus pies se encuentran atados. Y lo que es peor, él no puede dar salida a su ira insultando a otros, ya que su lengua está enganchada por un garfio, parecido al que utiliza el vendedor de pescado. En este maldito lugar habrá un castigo general, común a todos los centros, similar a la mezcla de varios tipos de grano para hacer una hogaza. Ya que el fuego, el hielo, las tormentas de truenos, relámpagos, azufre, frío, viento, frenesí, terror, serán todos unidos por la Justicia de Dios, y en tal manera que l frió no templará al calor ni el fuego al hielo, sino que cada uno dará su propio tormento al pecador.
136.
En este maldito lugar vivirán los infieles eternamente; tanto que si el mundo estuviera lleno con granos de mijo, y una vez cada 100 años viniese un pájaro y se llevase un solo grano para vaciar el mundo, y una vez que estuviese vació (fuera posible que) los infieles entraran al Paraíso, ellos descansarían felices. Pero esta esperanza no existe, ya que su tormento no puede tener fin, ya que ellos no estuvieron dispuestos por amor a Dios a poner fin a su pecado. Pero los fieles tendrán consuelo, porque su tormento tendrá fin”. Los discípulos se atemorizaron al oír esto, y dijeron: “Señor, ¿entonces los fieles deben entrar al Infierno?”. Jesús respondió: “Todos, sean quienes sean, deben entrar al Infierno. Es cierto sin embargo, que los santos y profetas de Dios irán allí para mirar, sin sufrir castigo alguno; y los justos, solo sufriendo temor. ¿Pero, que digo yo? Os digo que allí irá incluso el Mensajero de Dios, para contemplar la Justicia de Dios. Entonces el Infierno temblará ante su presencia. Y ya que él tiene carne humana, todos los que tengan carne humana y estén siendo castigados, mientras que el Mensajero de Dios permanezca allí para contemplar el Infierno, durante ese tiempo cesará el castigo para ellos. Pero él (solamente) permanecerá en ese lugar un abrir y cerrar de ojos. Y esto Dios lo hará, para que toda criatura sepa que ella ha recibido beneficio del Mensajero de Dios. Cuan do él se presente allí todos los demonios gritarán, y tratarán de esconderse debajo de las brasas ardientes, diciéndose unos a otros: “¡Volad, volad, que aquí llega Muhammad nuestro enemigo!”. Y al escuchar esto, Satanás se golpeará el rostro con ambas manos, y gritando dirá: “¡Tú eres más noble que yo, y a mi pesar, esto es injusto!”. En cuanto a los fieles, los cuales se clasifican en 72 grados, aquellos de los últimos dos grados, los cuales hayan tenido la fe sin obras –uno entristeciéndose por las buenas obras, y el otro deleitándose en el mal – ellos vivirán en el Infierno 70.000 años. Pasados esos años, vendrá al Infierno el ángel Gabriel, y los oirá diciendo: “Oh Muhammad, ¿dónde están tus promesas hechas a nosotros, diciendo que quienes tengan tu fe no vivirán en el Infierno eternamente”. Entonces el ángel de Dios regresará al Paraíso, y habiéndose acercado con reverencia al Mensajero de Dios le informará de lo que oyó. Entonces Su Mensajero le hablará a Dios y dirá: “Señor, Dios Mío, recuerda la promesa hecha a mí, Tú siervo, acerca de los que recibieron mi fe, de que ellos no vivirán eternamente en el Infierno”. Dios responderá: “Pide lo que quieras, oh Mi amigo, ya que Yo te daré todo lo que pidas”.
137.
Entonces el Mensajero de Dios dirá: “Oh señor, hay entre los fieles quienes han estado en el Infierno 70.000 años. ¿Dónde está Señor, Tu Misericordia? Te ruego, Señor, que los liberes de esos amargos castigos”. Entonces Dios ordenara a Sus cuatro ángeles favoritos que vayan al Infierno y saquen de allí a todo el que tenga la fe de Su Mensajero, y los conduzcan al Paraíso. Y esto ellos harán. Y será tal la ventaja de la religión del Mensajero de Dios, que quienes hayan creído en él, aun cuando no hayan hecho ninguna buena obra, ya que ellos murieron en esa fe, regresarán al Paraíso después de cumplir con el castigo del que ya os he hablado”.
138.
C on el amanecer del nuevo día, todos los hombres de la ciudad, con las mujeres y los niños, acudieron a la casa donde se encontraba Jesús con sus discípulos, y le rogaron diciendo: “Señor, ten piedad de nosotros, porque este año los gusano se han comido el grano, y no recibiremos pan alguno en nuestra tierra”. Jesús contestó: “¡Oh, que miedo el vuestro! ¿No sabéis que Elías, el siervo de Dios, mientras continuó la persecución de Ahab durante tres años no vio pan, alimentándose solamente de hierbas silvestres, andando perseguido por Saul, tanto que solo dos veces pudo él comer pan”. Los hombres respondieron: “Señor ellos eran profetas de Dios alimentados de placer espiritual, y por lo tanto ellos aguantaron bien; pero ¿como vivirán estos pequeños?”, y ellos le mostraron la multitud de sus hijos. Entonces Jesús sintió compasión de su miseria, y dijo: “¿Cuánto falta para la cosecha?”. Ellos respondieron: “Veinte días”. Entonces dijo Jesús: “Ved que durante estos veinte días nos dediquemos al ayuno y la oración; ya que Dios tendrá misericordia de vosotros. En verdad os digo, Dios ha provocado esta escasez, porque aquí empezó la locura de los hombres y el pecado de Israel cuando ellos dijeron que yo era Dios, o hijo de Dios”. Cuando ellos hubieron ayunado por 19 días, en la mañana del vigésimo día todos pudieron ver los cerros y los campos cubiertos de grano maduro. Entonces corriendo, todos ellos fueron a ver a Jesús para contarle todo lo que había sucedido. Y cuando lo hubo oído, Jesús dio gracias a Dios y dijo: “Id, hermanos, y recoged el pan que Dios os ha dado”. Los hombres recogieron tanto grano que no sabían donde almacenarlo; y esto fue causa de plenitud en Israel. Los ciudadanos acordaron poner a Jesús como su rey; al saberlo, él huyó de ellos. Ocurrido esto, sus discípulos anduvieron buscándolo durante quince días.
139.
J esús fue hallado por el que escribe, y por Santiago con Juan. Y ellos, llorando, dijeron: “Oh maestro, ¿por qué te has escapado de nosotros? Te hemos estado buscando penando; si, todos los discípulos te buscan llorando”. Jesús contestó: “Huí, porque una hueste de demonios está preparando para mi lo que en corto tiempo veréis. Ya que se levantarán contra mi los jefes de los sacerdotes con los ancianos del pueblo, y obtendrán autoridad del gobernador romano para matarme, ya que ellos temerán que yo pudiese usurpar el reino de Israel. Más aún, yo seré vendido por uno de mis discípulos, como José fue vendido en Egipto. Pero el Justo Dios hará que él hierre, como dijo el profeta David: “Él hará caer en el hoyo a quien tendió una trampa para su vecino”. Ya que Dios me salvará de sus manos, y me sacará del mundo”. Los tres discípulos tuvieron miedo; pero Jesús los consoló diciendo: “No temáis, porque ninguno de vosotros me traicionará”. Con lo cual, ellos recibieron algo de consuelo. Al día siguiente vinieron, de dos en dos, 36 de los discípulos de Jesús; y él permaneció en Damasco esperando a los demás. Y todos ellos se lamentaban, porque supieron que Jesús debería partir del mundo. Entonces él abrió la boca y dijo: “Infeliz en verdad, es el que camina sin saber a donde va; pero más infeliz es el que siendo capaz y sabe como llegar a una buena hostería, sin embargo desea y quiere permanecer en el camino inhóspito, en la lluvia, y en peligro de asaltantes. Decidme hermanos, ¿es este mundo nuestro país de origen? Seguramente que no, ya que el primer hombre fue arrojado al mundo como en exilio; y allí sufre el castigo a su error. ¿Puede acaso algún exiliado, no aspirar a regresar a su propio rico país cuando él se encuentra bajo la pobreza? Seguramente la razón lo niega, pero la experiencia lo prueba, porque los amantes del mundo no pensarán en la muerte; sobretodo, cuando alguien les habla de ella; ellos no pondrán atención a sus palabras.
140.
C reed, oh hombres, que yo vine l mundo con un privilegio que ningún hombre ha tenido, ni siquiera el Mensajero de Dios lo tiene; ya que Dios no creó al hombre para ponerlo en el mundo, sino más bien para colocarlo en el Paraíso. Tened por seguro, que aquel que no tiene esperanza de recibir nada de los romanos, ya que ellos son de una ley que es extraña a el, no está dispuesto a dejar su propio país con todo lo que él tiene, para nunca regresar, e ir a vivir a Roma. Y mucho menos, a sabiendas que ha ofendido al Cesar. De igual manera, en verdad os digo, y Salomón el profeta de Dios, proclama conmigo: “¡Oh muerte, que amargo es tú recuerdo para los que tienen descanso en sus riquezas!”. Y esto no lo estoy diciendo porque yo tenga que morir ahora; ya que en mi está la certeza de que viviré hasta cercano el fin del mundo. Pero yo os hablaré de esto para que podáis aprender a morir. Como que Dios vive, todo lo que es hecho, aunque solo sea una vez, es necesario para hacerlo bien, ejercitarse uno en ello. ¿Habéis visto a los soldados como en tiempo de paz ellos se ejercitan los unos con los otros como si estuvieran en guerra? ¿Pero como el hombre va a morir en una buena muerte, sino ha aprendido a morir bien? “Hermosa es la muerte del santo a la vista del Señor”, dijo el profeta David. ¿Sabéis por qué? Yo os lo diré: porque así como todas las cosas raras son preciosas, así mismo la muerte de los que bien mueren, como son escasos, es preciosa a la vista de Dios nuestro Creador. Con seguridad, que cuando un hombre empieza algo, no solo está dispuesto a terminarlo, sino que él se esfuerza para que su plan pueda tener una buena conclusión. Oh hombre miserable que aprecia su vestimenta más que a si mismo; ya que cuando él corta la tela este la mide cuidadosamente antes de cortarla; y una vez cortada él la cose con mimo. Pero su vida –la cual nació para morir, y que solo el que no nace no muere- ¿Por qué no miden los hombres su vida con la muerte? ¿Habéis visto a los que construyen, como para cada piedra que colocan tienen siempre presente los cimientos, midiéndolos para que estén derechos, evitando así que la pared no se derrumbe? ¡Oh hombre miserable!, porque con mayor ruina caerá el edificio de su vida, ya que él no mira al cimiento de la muerte.
141.
D ecidme; cuando un hombre nace, ¿como nace? Ciertamente, él nace desnudo. Y cuando él es colocado muerto bajo tierra, ¿qué lucro tiene él? Un humilde trapo de tela, con el cual él es vendado; y esta es la recompensa que el mundo le da. Ahora, si los medios en toda obra deben ser proporcionales a su comienzo y a su final para que dicha obra pueda ser llevada a buen fin, ¿qué fin tendrá el hombre que desea riquezas terrenales? Él morirá, como dijo David, el profeta de Dios: “El pecador morirá una muerte pésima”. Si un hombre cosiendo tela enhebrase en la aguja vigas en vez de hilo, ¿Cómo culminaría la obra (su fin)? De seguro que él habría trabajado en vano, y sería despreciado por sus vecinos. Ahora bien, el hombre no se da cuenta que esto lo está haciendo constantemente cuando él acumula bienes mundanos. Porque la muerte es la aguja, donde las vigas de los bienes terrenales no pueden ser enhebradas. No obstante en su locura él se esfuerza diligentemente para que el trabajo tenga éxito, pero en vano. Y el que no crea en mis palabras, que observe las tumbas, porque allí encontrará la verdad. Aquel que desee volverse más sabio que todos los demás en el temor de Dios, que estudie el libro de la tumba, ya que allí encontrará él la verdadera doctrina para su salvación. Ya que él sabrá cuidarse del mundo, la carne, y el sentido, cuando él vea que la carne está reservada para ser alimento de los gusanos. Decidme, si hubiera tal camino que caminando por el medio de él un hombre fuese seguro, pero si lo hace caminando por las orillas se rompiese él la cabeza; ¿qué diríais si vieseis a los hombres compitiendo unos con otros, y esforzándose en emulación para quedar más cerca de los bordes y matarse? ¡Estaríais más que asombrados! Seguramente diríais: “Estos están locos y frenéticos, y si no lo están, su desesperación es grande”. “Así es”, respondieron los discípulos. Entonces Jesús lloró y dijo: “Así, verdaderamente son los amantes del mundo. Ya que si ellos vivieran de acuerdo a la razón, que mantiene el término medio en el hombre, ellos seguirían la Ley de Dios, y serían salvados de la muerte eterna. Pero ya que ellos siguen a la carne y al mundo ellos están locos, y (son) crueles enemigos de si mismos, esforzándose para vivir más arrogantemente y más lascivamente unos que otros”.
142.
J udas, el traidor, cuando vio que Jesús había escapado (de las gentes), perdió la esperanza de volverse poderoso en el mundo, debido a que él era custodio de la bolsa de Jesús en donde se guardaba todo lo que era dado por amor de Dios. Él tenía la esperanza de que Jesús se volviese rey de Israel, y así él mismo llegase a ser un hombre poderoso. Por lo tanto, habiendo perdido esta esperanza, él se dijo en su corazón: “Si este hombre fuera un profeta, él sabría que yo robo su dinero; así que él perdería su paciencia y me despediría de su servicio, sabiendo que yo no creo en él. Y si él fuera un hombre sabio no huiría del honor que Dios quiere concederle. Por lo tanto sería mejor que yo haga arreglos con los jefes de los sacerdotes y con los escribas y los fariseos, y encuentre la manera de cómo entregárselo en sus manos, ya que así yo podré obtener algo bueno”. Entonces, habiendo tomado una resolución, él informó a los escribas y fariseos de los acontecimientos ocurridos en Naím. Y ellos tomaron consejo del sumo sacerdote diciendo: “¿Qué haremos si este hombre se vuelve rey? Ciertamente que nos irá mal; ya que él está dispuesto a reformar la adoración a Dios según la antigua costumbre, ya que él no puede prescindir de nuestras tradiciones. Ahora, ¿Cómo nos irá bajo la soberanía de ese hombre? Seguramente que todos nosotros pereceríamos junto a nuestros hijos; ya que al ser expulsados de nuestro puesto tendríamos que mendigar nuestro pan. Nosotros ahora, alabado sea Dios, tenemos un rey y un gobernador que son ajenos a nuestra Ley, así como a nosotros no nos importa la de ellos. Y de esta manera nosotros podemos hacer lo que nos plazca; ya que, incluso aunque pequemos, , nuestro Dios es tan Misericordioso que Él es aplacado con sacrificio y ayuno. Pero si este hombre se vuelve rey él no será aplacado a no ser que él vea la adoración de Dios conforme a los dictados de Moisés ; y lo que es peor, él dijo que el Mesías no vendrá del linaje de David (como nos lo ha revelado uno de sus principales discípulos), sino que dijo que él vendrá del linaje de Ismael, y que la promesa fue hecha en Ismael y no en Isaac. ¿Cual será entonces el resultado si se deja que este hombre viva? Seguramente los ismaelitas (los árabes) se aliarán con los romanos, y estos les darán nuestra tierra en posesión; y así, una vez más, Israel estará sujeto a la esclavitud como ya le sucedió antes”. Por lo tanto, habiendo oído la propuesta, el sumo sacerdote dio como repuesta que primero tendría que tratar con Herodes y el gobernador, “porque las gentes están demasiado inclinadas hacia él , y sin los soldados no seremos capaces de hacer nada; y quiera Dios que con los soldados podamos completar este asunto”. Entonces, habiéndose aconsejado entre ellos, planearon atraparlo de noche, una vez que Herodes y el gobernador se hubieran puesto de acuerdo.
143.
E ntonces por la Voluntad de Dios, todos los discípulos vinieron a Damasco. Y ese día Judas el traidor, más que ningún otro, manifestó haber sufrido mucha pena por la ausencia de Jesús. Por lo tanto Jesús le dijo: “Que todo hombre se cuide de quien, sin motivo, se esfuerza para darte señales de amor”. Y Dios nos quitó el entendimiento, para que no pudiésemos saber con que propósito dijo él esto. Después de la llegada de todos los discípulos, Jesús dijo: “Regresamos a Galilea, porque así me lo ha comunicado el ángel de Dios, ya que es necesario que allí yo vaya”. Así que, un sábado en la mañana, Jesús llegó a Nazaret. Cuando los ciudadanos reconocieron a Jesús, todos quisieron verlo. Entonces un publicano de nombre Zaqueo, que era de corta estatura, no siendo capaz de ver a Jesús debido a la gran aglomeración de gente, trepó a un sicomoro, y allí esperó a que pasara Jesús de camino hacia la sinagoga. Jesús entonces, habiendo llegado a ese lugar, levanto la vista y dijo: “Baja, Zaqueo, porque hoy permanecerá en tú casa”. El hombre bajó y lo recibió con agrado, haciendo un espléndido banquete. Los fariseos murmuraron, diciendo a los discípulos de Jesús: “¿Por qué ha ido vuestro maestro a comer con publicanos y pecadores?”. Jesús respondió: “¿Por qué causa (entra) el médico a una casa? Decidme, y yo os diré por qué he venido aquí”. Ellos contestaron: “A curar al enfermo”. “Decís la verdad”, respondió Jesús, “ya que los sanos no tienen necesidad de medicina, solo los enfermos”.
144.
C omo que Dios vive, y ante Cuya Presencia mi alma comparece, Dios envió a Sus profetas y siervos al mundo para que los pecadores se arrepintiesen; y Él no los envió para el bien de los justos, ya que ellos no tienen necesidad de arrepentimiento, así como el que está limpio no tiene necesidad del baño. Pero verdaderamente os digo, si vosotros fueseis verdaderos fariseos vosotros estaríais complacidos de que yo acuda a los pecadores para salvarlos. Decidme, ¿conocéis vosotros vuestro origen, y por qué el mundo comenzó a recibir fariseos? Tendré que decíroslo, viendo que no lo sabéis. Por lo tanto escuchad mis palabras. Enoc, un amigo de Dios, que caminó con Dios en la Verdad, no dándole importancia al mundo, fue trasladado al Paraíso; y allí vive él hasta el Día del Juicio (ya que cuando el fin del mundo esté cerca él regresará al mundo con Elías y otro). Y así los hombres, teniendo conocimiento de esto, deseando el Paraíso, comenzaron a buscar a Dios su Creador. Porque “Fariseo” estrictamente significa “busca a Dios” en la lengua de Canaán, ya que allí se inició este nombre para designar a los hombres buenos, ya que los cananitas eran dados a la idolatría, la cual es la adoración de manos humanas. Entonces los cananitas viendo a esos de nuestras gentes que se apartaban del mundo para servir a Dios, burlándose cuando miraban a uno de ellos, decían: “¡Fariseo!”, o sea, “él busca a Dios”; como diciendo: ‘Oh hombre loco, tú no tienes estatua de ídolos y adoras al viento; por lo tanto mira tú destino y ven a servir a nuestros dioses’. “En verdad os digo”, dijo Jesús, “que todos los santos y profetas de Dios fueron fariseos; no de nombre como vosotros, sino en toda obra. Ya que en todos sus actos ellos buscaban a Dios su Creador, y por amor a Dios abandonaban las ciudades y sus propios bienes, vendiendo estos y dándolos a los pobres por amor a Dios.
145.
C omo que dios vive, en el tiempo de Elías, amigo y profeta de Dios, había doce montañas habitadas por 17.000 fariseos; siendo así, que en tan gran número no se encontraba ni un solo impío, sino que todos eran elegidos de Dios. Pero ahora, cuando Israel tiene más de 100.000, ¡ojalá que de cada mil hubiera un elegido!”. Los fariseos respondieron indignados: “Así, entonces todos nosotros somos réprobos, ¡y tú consideras nuestra religión como reprobación!”. Jesús contestó: “Yo no considero reprobación sino aprobación la religión de los verdaderos fariseos, y por ella estoy dispuesto a morir. Pero venid, veamos si vosotros sois fariseos. Elías, el amigo de Dios, a petición de su discípulo Eliseo, escribió un pequeño libro en el que él incluyó toda la sabiduría humana con la Ley de Dios nuestro Señor”. Los fariseos se confundieron cuando escucharon nombrar al libro de Elías, ya que ellos sabían, que a través de sus tradiciones, nadie observaba esa doctrina. Entonces ellos quisieron irse con el pretexto de que tenían algo que hacer. Entonces dijo Jesús: “Si fueseis fariseos abandonaríais todo otro quehacer para atender a este; ya que el fariseo busca solo a Dios”. Entonces en confusión se quedaron a escuchar a Jesús, quien dijo otra vez: “Elías, siervo de Dios” –ya que así comienza el pequeño libro- “a todos los que deseen caminar con Dios su Creador, escribe esto. Quienes deseen aprender mucho (sic) aman a Dios poco, porque el que teme a Dios está satisfecho con saber solo lo que Dios quiere. Los que buscan bellas palabras no buscan a Dios, quien no hace sino reprobar nuestros pecados. Los que deseen buscar a Dios que cierren las puertas y ventanas de sus casas, ya que el amo no se deja encontrar fuera de su casa (en un lugar) donde él no es querido. Guardad por lo tanto vuestros sentidos y guardad vuestro corazón, ya que Dios no es hallado fuera de nosotros, en este mundo donde Él es odiado. Los que quieran hacer buenas obras, que se atiendan a si mismos, ya que no vale la pena ganar todo el mundo y perder su propia alma. Los que quieran enseñar a otros, que su manera de vivir sea mejor (en ejemplo) que la de los otros; ya que nada se puede aprender del que sabe menos que nosotros mismos. ¿Cómo entonces enmendará el pecador su vida cuando el que le enseña es peor que él? Los que buscan a Dios, que él (sic) huya de la conversación de los hombres; porque Moisés estando solo en el Monte Sinaí encontró a Dios y hablo con él, tal como un amigo que habla con el otro. Los que buscan a Dios, solo una vez en 30 días han de venir a donde los hombres del mundo; ya que en un día pueden ser hechas obras para dos años con respecto al negocio del que busca a Dios. Cuando él camine, que no vea sino a sus propios pies. Cuando él hable, que no diga sino lo que sea necesario. Cuando ellos coman, que se levanten de la mesa todavía con hambre; pensando cada día que no llegarán al siguiente; pasando el tiempo como uno respira. Que un vestido, de piel de animales, sea suficiente. Que el trozo de tierra duerma sobre la tierra desnuda; para cada noche que dos horas de sueño sean suficientes. Que no odie a nadie sino a sí mismo; que no condene a nadie sino a sí mismo. En la oración, que se pare con tanto temor como si estuviera por venir el Día del Juicio. Ahora haced esto en el servicio de Dios, con la Ley que Dios os dio a través de Moisés, ya que así encontraréis a Dios en todo tiempo y lugar y de tal manera que sentiréis que vosotros estáis con Dios y Dios está con vosotros”. Este es el pequeño libro de Elías, oh fariseos, así que otra vez os digo que si fuerais fariseos os deberíais de haber alegrado de que yo entre aquí, ya que Dios tiene misericordia de los pecadores”.
146.
E ntonces dijo Zaqueo: “Señor, mira que te daré, por amor a Dios, el cuádruple de todo lo que he recibido de la usura”. Entonces dijo Jesús: “Este día la salvación ha venido a esta casa. En verdad, en verdad, muchos publicanos, rameras y pecadores entrarán al Reino de Dios, y los que se consideren a sí mismos justos entrarán a las llamas eternas”. Al oír esto, los fariseos partieron indignados. Entonces dijo Jesús a los que se convirtieron al arrepentimiento, y a sus discípulos: “hubo un padre que tenía dos hijos, y el menor dijo: ‘Padre, dame mi porción de bienes’; y su padre se los dio. Y él, habiendo recibido su parte, emprendió camino y se fue a un país lejano, donde él gastó toda su riqueza con rameras, viviendo lujosamente. Después de esto hubo una gran hambruna en ese país, tanto que el hombre miserable fue a servir a un ciudadano el cual lo puso a cuidar cerdos en su hacienda. Y cuando los alimentaba él calmaba su hambre en compañía de los cerdos, comiendo bellotas. Pero cuando se ponía a pensar decía: ‘¡Oh, cuantos en la casa de mi padre tienen abundancia y banquetes, y yo, mísero de mí, aquí padeciendo de hambre! No aguanto más, por lo tanto regresaré a casa de mi padre, y le diré:’Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; trátame como a uno de tus siervos’. El pobre hombre fue, y entonces sucedió que su padre lo vio venir a lo lejos, y se movió en compasión por él. Así que salió a su encuentro, y habiendo llegado a él lo abrazó y lo besó. EL hijo se arrodilló, diciendo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, trátame como a uno de tus siervos, porque yo no soy digno de ser llamado hijo tuyo’. El padre respondió: ‘Hijo, no digas eso, porque tú eres mi hijo, y yo no te dejaré en la condición de un esclavo mío’. Y llamando a sus siervos dijo: ‘Traedme túnicas nuevas y vestid a este hijo mío, y dadle calzado nuevo; ponedle el anillo en su dedo, e inmediatamente matad el becerro cebado y haremos una gran fiesta. Porque este hijo mío estaba muerto y ahora ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado’.
147.
M ientras estaban celebrándolo, e aquí, que se presenta el hijo mayor en la casa, y él, al oír como festejaban, se quedó muy sorprendido, y habiendo llamado a uno de los sirvientes, le preguntó cual era la causa de tanta fiesta. El sirviente le respondió: ‘Tú hermano ha vuelto y tú padre ha sacrificado el becerro gordo, y eso es lo que están celebrando’. El hijo mayor al escuchar esto, se enojó mucho y no quería entrar a la casa. Por lo tanto salió su padre y le dijo: ‘Hijo mío, tu hermano ha venido, ven tú por lo tanto y alégrate con él’. El hijo contestó con indignación: ‘Yo siempre te he servido de buena manera, y sin embargo tú jamás me diste un cordero para comer con mis amigos. Pero para este hombre indigno que te dejó, derrochando toda su parte con las rameras, ahora que él ha vuelto tú has sacrificado el mejor becerro’. El padre respondió: ‘Hijo, tú siempre estás conmigo y todo es tuyo; pero este estaba muerto y ha revivido, estaba perdido y ahora ha sido hallado, por lo tanto tenemos que alegrarnos’. El hijo mayor se enojó aún más, y dijo: ‘Ve tú y alégrate, ya que yo no comeré a la mesa con promiscuos’. Y así, él partió y dejó a su padre, sin recibir siquiera una moneda’. “Como que Dios vive”, dijo Jesús, “asimismo hay regocijo entre los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”. Y cuando hubieron comido él partió, ya que deseaba ir a Judea. Entonces los discípulos dijeron: “Maestro, no vayas a Judea, ya que sabemos que los fariseos se han aconsejado con el sumo sacerdote contra ti”. Jesús respondió: “Yo lo he sabido antes que ellos, pero no les temo, ya que ellos no pueden hacer nada contrario a la voluntad de Dios. Por lo tanto que hagan lo que deseen; ya que yo no les temo, sino que temo solo a Dios.
148.
D ecidme ahora: los fariseos de hoy, ¿son ellos fariseos?, ¿son ellos siervos de Dios? Seguramente no, y yo os digo en verdad, que no hay peor cosa sobre la Tierra que esto, que un hombre se cubra con la profesión y el atuendo de la religión para cubrir su maldad. Yo os contaré un solo ejemplo de los fariseos de antaño, para que podáis conocer a los actuales. Después de la partida de Elías, debido a la persecución de los idólatras, la santa congregación de los fariseos se dispersó. Porque en ese mismo tiempo de Elías fueron asesinados en un año más de 10.000 profetas que eran verdaderos fariseos. Dos fariseos fueron a las montañas para vivir allí; y uno vivió durante 15 años sin saber nada de su vecino, a pesar de estar separados por apenas una hora de viaje. ¡Ved, entonces, si ellos eran inquisitivos! Sucedió que hubo una sequía en esas montañas, y entonces ambos salieron en búsqueda de agua, y así ellos se encontraron. Entonces el de más edad (porque era su costumbre que los mayores hablasen antes que todos los demás, y ellos consideraban un gran pecado que un hombre joven hablase antes que un hombre mayor), el mayor, por lo tanto: ‘¿Dónde vives tú, hermano?’. Él contestó, apuntando con el dedo hacia su morada: ‘Aquí vivo’; ya que ambos se encontraron cerca de la vivienda del más joven. Dijo el mayor: ‘¡Cuánto hace, hermano, que vives aquí?’. El más joven respondió: ‘Quince años’. Dijo el mayor: ‘¿Acaso viniste cuando Ahab mató a los siervos de Dios?’. “Así es”, contestó el joven. Dijo el mayor: ‘Oh hermano, ¿Sabes tú quien es ahora rey de Israel?’. El más joven contestó: ‘Es Dios que es Rey de Israel, ya que los idólatras no son reyes sino perseguidores de Israel’. ‘Es cierto’, dijo el mayor, ‘pero yo quiero decir, ¿quién es el que ahora persigue a Israel?’. El más joven respondió: ‘Los pecados de Israel persiguen a Israel, ya que, si ellos no hubiesen pecado, (Dios) no habría hecho surgir contra Israel a los príncipes idólatras’. Entonces dijo el mayor: ‘¿Quien es ese príncipe infiel a quien Dios ha enviado para castigo de Israel?’. El más joven contestó: ‘Ahora, ¿cómo voy a saberlo, si estos 15 años yo no he visto hombre alguno más que a ti, y no se leer, por lo que no me son enviadas cartas?’. Dijo el mayor: ‘¡Pero que nuevas son tus pieles de oveja! ¿Quién te las ha dado, si tú no has visto a ningún hombre?’.
149.
E l más joven respondió: ‘El que mantuvo buenas las ropas del pueblo de Israel durante 40 años en el desierto, ha mantenido mis pieles tales como tú las viste’. Entonces el mayor se dio cuenta de que el más joven era más perfecto que él, ya que él había tenido cada año contacto con las gentes. Por lo tanto, para poder tener (el beneficio de) su conversación, él le dijo: ‘Hermano, tú no sabes leer, y yo se leer, y tengo en mi casa los Salmos de David. Ven entonces, para que cada día yo pueda darte una lectura y explicarte lo que dijo David’. EL más joven respondió: ‘Vayamos ahora’. Dijo el mayor: ‘Oh hermano, hace ahora dos meses desde que bebí agua. Vayamos, por lo tanto, y veamos lo que Dios dijo a través de Su profeta David: “El Señor es capaz de darnos agua”. Por lo tanto ellos regresaron a la vivienda del mayor, ante cuya puerta se encontraron con un manantial de agua fresca. Dijo el mayor: ‘Oh hermano, tú eres un santo de Dios; ya que por tu bien ha dado Dios este manantial’. El más joven contestó: ‘Oh hermano, humildemente dijiste esto; pero cierto es que si Dios hubiera hecho esto para mi Él habría puesto un manantial cerca de mi morada, par que yo no tuviera que salir (en busca de ella). Porque yo te confieso que he pecado contra ti. Cuando tú dijiste que no habías bebido agua desde hace dos días, tú pensaste en buscarla; y que yo había estado durante dos meses sin beber, entonces yo sentí una exaltación dentro de mi, como si yo fuera mejor que tú’. Entonces dijo el mayor: ‘Oh hermano, tú dijiste la verdad, por lo tanto tú no pecaste’. Dijo el más joven: ‘Oh hermano, tú has olvidado lo que dijo nuestro padre Elías, el que busca a Dios debe condenarse solo a si mismo. Seguramente él no lo escribió para que lo supiésemos, sino más bien para que lo observásemos’. Dijo el de más edad dándose cuenta de la veracidad y rectitud de su compañero: ‘Es cierto; y nuestro Dios te ha perdonado’. Y habiendo dicho esto él tomó los Salmos, y comenzó a leer lo que dijo nuestro padre David: ‘Yo pondré un guardián sobre mi boca para que mi lengua no se incline a palabras de iniquidad, excusando mi pecado con pretextos’. Y aquí el hombre mayor dio un discurso acerca de la lengua, y el más joven partió. Entonces pasaron otros 15 años hasta que una vez más volvieron a encontrarse, ya que el más joven había cambiado de morada. Entonces, cuando él lo encontró otra vez, el mayor dijo: ‘Oh hermano, ¿por qué no regresaste a mi vivienda?’. El más joven respondió: ‘porque todavía no he aprendido bien lo que tú me dijiste’. Entonces dijo el mayor: ‘¿Como puede ser esto si han pasado 15 años?’. El más joven replicó: ‘En cuanto a las palabras yo las he aprendido en una sola hora y nunca las he olvidado; pero todavía no las he observado. ¿Qué propósito tiene, entonces, aprender mucho y no observarlo? Nuestro Dios no pretende que nuestro intelecto sea bueno, sino más bien nuestro corazón. Así, en el Día del Juicio, él no nos preguntará lo que aprendimos, sino lo que hicimos’.
150.
E l mayor contestó: ‘Oh hermano, no digas eso, porque tú desprecias el conocimiento, el cual nuestro Dios quiere que sea apreciado’. El más joven replicó: ‘Ahora, como voy a hablar sin caer en pecado; ya que tú palabra es cierta, y la mía también. Yo digo, entonces, que aquellos que conocen los mandamientos de Dios escritos en la Ley, deberían observar aquellos (primero) si ellos después quisieran aprender más. Y todo lo que un hombre aprenda, que lo observe, y no (meramente) lo conozca’. Dijo el mayor: ‘Oh hermano, dime, ¿con quien has hablado, que dices que no has aprendido todo lo que yo dije?’.El más joven respondió: ‘Oh hermano, yo hablo conmigo mismo. Todos los días me pongo a mi mismo ante el Juicio de Dios, para rendir cuentas de mi mismo. Y siempre encuentro dentro de mi a uno que excusa mis faltas’. Dijo el mayor: ‘Oh hermano, ¿qué faltas tienes tú, que eres perfecto?’. El más joven respondió: ‘Oh hermano, no digas eso porque yo estoy entre dos grandes faltas: una es que yo no me reconozco a mi mismo como el mayor de los pecadores; la otra, es que mi penitencia impuesta por ello no es mayor que la de los demás hombres’. El mayor contestó: ‘¿Pero como vas a reconocerte como el mayor de los pecadores, si tú eres el más perfecto (de los hombres)?’. El más joven replicó: ‘La primera palabra que mi maestro me dijo cuando tomé el hábito de fariseo fue esta: que yo debía considerar la bondad de los demás y mi propia iniquidad, ya que si así yo lo hiciere de esa manera me percibiría a mi mismo como el mayor de los pecadores’. Dijo el mayor: “Oh hermano, ¿de quien es la bondad o de quien son las faltas que tú consideras en estas montañas, viendo que no hay hombres aquí?’. El más joven respondió: ‘Yo debo considerar la obediencia del sol y los planetas, ya que ellos sirven a su Creador mejor que yo. Pero a ellos yo condeno, ya sea porque no dan luz como yo deseo, o porque su calor es demasiado grande, o hay demasiada o muy poca lluvia sobre el suelo’. Jesús contestó: “Oh Bernabé, recita brevemente todo lo que se trató, para que podamos ver la verdad claramente”.
151.
E ntonces dijo el que escribe: ‘Daniel el profeta, describiendo la historia de los reyes de Israel y sus tiranos, escribió así: ‘El rey de Israel se unió con el rey de Judá para pelear contra los hijos de Belial (o sea, los impíos), que eran los amonitas. Entonces Josafat, rey de Judá, y Ahab, rey de Israel, estando ambos sentados en un trono en Samaria, se presentaron allí ante ellos 400 falsos profetas, quienes dijeron al rey de Israel: ‘Levántate contra los amonitas, ya que Dios te los entregará en las manos, y tú dispersarás a Amón’. Entonces dijo Josafat: ‘¿Hay aquí algún profeta del Dios de nuestros padres?’. Ahab respondió: ‘Hay uno solamente, y él es malo, ya que siempre está predicando el mal acerca de mí; y a él lo tengo en prisión’. Y esto él dijo, ‘hay uno solamente’, porque todos los que había eran tantos como los allí presentes y aquellos fueron muertos por decreto de Ahab, así que los profetas, tal como tú lo has dicho, oh maestro, habían huido a las cimas de las montañas donde no habitaban hombres. ‘Entonces dijo Josafat: ‘Mándalo traer, y veamos que dice’. Ahab por lo tanto ordenó que Miqueas fuera traído, y este vino con grilletes en sus pies, y su cara azorada como un hombre que vive entre la vida y la muerte. Ahab le preguntó diciendo: ‘Habla, Miqueas, en el nombre de Dios. ¿Debemos ir contra los amonitas? ¿Entregará Dios sus ciudades en nuestras manos?’. Miqueas respondió: ‘¡Levantáos, levantáos, ya que prósperamente te levantarás, y aún más prósperamente bajarás!’. Entonces los falsos profetas alabaron a Miqueas como verdadero profeta de Dios, y rompieron los grilletes de sus pies. Josafat, que temía a nuestro Dios, y nunca había doblado sus rodillas ante los ídolos, le preguntó a Miqueas, diciendo: ‘Por amor del Dios de nuestros padres, di la verdad, ¿cómo tú has visto el resultado de esta guerra?’. Miqueas contestó: ‘Oh Josafat, yo temo tú cara, así que te diré que he visto al pueblo de Israel como ovejas sin pastor’. Entonces Ahab, sonriendo, dijo a Josafat: ‘Yo te dije que este hombre solo predica el mal, pero tú no lo creíste’. Entonces dijeron ellos dos: ‘¿Pero como sabes esto, oh Miqueas?’. Miqueas respondió: ‘Me pareció que había un concilio de ángeles ante la Presencia de Dios, y oí a Dios decir así: “¿Quién engañará a Ahab para que vaya contra Amón y sea matado?”. Entonces uno dijo una cosa y otro dijo otra. Entonces vino un ángel y dijo: ‘Señor, yo pelearé contra Ahab, e iré a sus falsos profetas y pondré la mentira en sus bocas, y así él se levantará y será matado’. Y al oír esto Dios dijo: “¡Id entonces y hacedlo, ya que tú prevalecerás”. Entonces se enfurecieron los falsos profetas, y su jefe golpeó la mejilla de Miqueas, diciendo: ‘Oh rechazado de Dios, ¿cuándo partió de nosotros el ángel de la verdad y vino a ti? Dinos, ¿cuándo vino a nosotros el ángel que trajo la mentira?’. Miqueas respondió: ‘Tú lo sabrás cuando huyas de casa en casa por temor a ser matado por haber engañado a tú rey’. Entonces Ahab se enfureció, y dijo: ‘Tomad a Miqueas, y los grilletes que él tenía puestos en los pies y ponédselos en el cuello, y tenedlo a pan, cebada y agua hasta mi regreso, porque de momento aún no sé que muerte le infligiré’. Ellos se levantaron entonces, y según la palabra de Miqueas sucedió el asunto. Ya que el rey de los amonitas dijo a sus siervos: ‘Mirad que no vayáis a pelear contra el rey de Judá, ni contra los príncipes de Israel, sino matad al rey de Israel, Ahab, mi enemigo’. Entonces dijo Jesús: “Hasta aquí, Bernabé, porque es suficiente para nuestro propósito”.
152.
“ ¿Habéis escuchado todo?”, dijo Jesús. Los discípulos respondieron: “Sí, señor”. Entonces dijo Jesús: “Mentir es ciertamente un pecado, pero el asesinato es aún mayor, porque la mentira es un pecado que afecta al que la dice, pero el asesinato, mientras que afecta al que lo comete, es tal, que al mismo tiempo destruye también la cosa más querida que Dios tiene aquí en la Tierra, o sea, el hombre. Y mentir puede ser remediado diciendo lo contrario de lo que se había dicho; mientras que el asesinato no tiene remedio, ya que no es posible dar vida otra vez a los muertos. Decidme entonces, ¿pecó Moisés, el siervo de Dios, al matar a todos los que él mató?”. Los discípulos respondieron: “Dios no lo quiera; ¡Dios no quiera que Moisés que Moisés hubiera pecado al haber obedecido a Dios que se lo ordenó!”. Entonces dijo Jesús: “Y yo os digo, Dios no quiera que hubiera pecado aquel ángel que engañó a los falsos profetas de Ahab con la mentira; ya que así como Dios recibió la matanza de hombres como sacrificio, así Él recibió la mentira como alabanza. En verdad, en verdad os digo, que así como se equivoca el niño que hace que su calzado sea hecho a la medida de un gigante, así mismo se equivoca el que quiere someter a Dios a la ley. Por lo tanto, cuando creáis que solo es pecado aquello que Dios no quiere, vosotros hallaréis la verdad, tal como yo os he dicho. Entonces, como Dios no es compuesto ni mutable, así tampoco Él necesita desear y no desear una misma cosa; ya que entonces Él sería incoherente en Sí Mismo, y consecuentemente apto para el dolor y por lo tanto no sería Infinitamente Bendito”. Felipe contestó: “¿Pero entonces como ha de entenderse el dicho del profeta Amos, de que ‘no hay mal en la ciudad que Dios no lo haya hecho’?”. Jesús respondió: “Observa ahora aquí, Felipe, que grande es el peligro de confiar en la letra, como hacen los fariseos, quienes han inventado para sí mismos la “predestinación de Dios en los elegidos”, del tal manera que ellos dicen que Dios es injusto, un engañador y un mentiroso y que odia el Juicio (que caerá sobre ellos). Por lo tanto yo digo que aquí Amos el profeta de Dios habla del mal que el mundo llama mal; ya que si él hubiera usado el lenguaje de los justos él no habría sido entendido por el mundo. Porque todas las tribulaciones son un bien, ya sea porque ellas purgan el mal que hemos hecho, o son un bien porque hacen que el hombre conozca la condición de esta vida, para que podamos amar y anhelar la vida eterna. Por ello, si el profeta Amos hubiera dicho: ‘No hay bien en la ciudad sino el que Dios ha obrado’, él habría dado ocasión de desesperación al afligido, ya que ellos se considerarían en tribulación y a los pecadores como prósperos. Y, lo que es peor, muchos, creyendo que Satanás tiene tal soberanía sobre el hombre, habrían temido a Satanás y le habrían adorado, para así no sufrir tribulaciones. Amos por lo tanto hizo como hace el intérprete romano, quien no considera sus palabras (como uno) hablando en presencia del sumo sacerdote, sino que considera la voluntad y el negocio del judío que no sabe hablar el idioma romano.
153.
S i Amos hubiera dicho: “No hay bien en la ciudad sino el que Dios ha hecho” Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia comparece mi alma, él habría cometido un gravísimo error, ya que el mundo no considera bueno sino las iniquidades y los pecados que son hechos en el camino de la vanidad. Por lo tanto los hombres habrían actuado más perversamente, creyendo que no hay ningún pecado ni maldad “que Dios no haya hecho”, al oír lo cual la Tierra tiembla”. Y cuando Jesús hubo dicho esto, inmediatamente se produjo un gran terremoto, de tal magnitud que todos cayeron como muertos. Jesús los levantó diciendo: “Ved ahora si os he dicho la verdad. Que esto, entonces, sea suficiente para vosotros; que Amos, cuando él dijo que “Dios ha hecho mal en la ciudad”, hablando con el mundo, habló de las tribulaciones, las cuales solo los pecadores llaman mal. Entonces, al oír esto, el mayor dijo: ‘Hermano, ¿dónde has aprendido tú esta doctrina, ya que yo tengo ahora 90 años, y de ellos, 75 los he vivido como fariseo?”. El más joven contestó: ‘Oh hermano, tú dices esto en humildad, ya que tú eres un santo de Dios. Sin embargo te respondo que Dios nuestro Creador no mira el tiempo sino que mira al corazón; por lo tanto David, siendo 15 años más joven que sus otros seis hermanos, fue elegido rey de Israel, y se volvió un profeta de Dios nuestro Señor’.
154.
“ Este hombre era un verdadero fariseo”, dijo Jesús a sus discípulos, “y quiera Dios que en el Día del Juicio podamos tenerlo como amigo nuestro”. Jesús entonces tomó una embarcación, y sus discípulos lamentaron haber olvidado traer pan. Jesús los reprendió, diciendo: “tened cuidado con la levadura de los fariseos de hoy, porque un poco de levadura hecha a perder una masa de harina”. Entonces los discípulos se dijeron unos a otros: “¿Pero que levadura tenemos sino hay ningún pan?”. Y Jesús respondió: “Oh, hombres de poca fe, ¿habéis entonces olvidado lo que Dios hizo en Naim, donde no había señal de grano? ¿y cuantos no fueron los que comieron quedando plenamente satisfechos con cinco panes y dos peces? La levadura del fariseo, es la falta de fe en Dios, y cuidado del ego, lo cual ha corrompido no solo a los fariseos de hoy en día, sino que ha corrompido a Israel. Porque la gente sencilla, no sabiendo leer, hacen lo que ellos ven hacer a los fariseos ya que ellos los consideran santos. “¿Sabéis vosotros lo que es un verdadero fariseo? Él es el aceite de la naturaleza humana. Porque así como el aceite flota encima de todo líquido, así la bondad del verdadero fariseo flota encima de toda bondad humana. Él es un libro con forma de hombre, que Dios ofrece al mundo; ya que todo lo que él dice y hace, está de acuerdo con la Ley de Dios. Por lo tanto, aquel que haga como él está observando la Ley de Dios. El verdadero fariseo es la sal que no deja que la carne humana se pudra; ya que todo el que lo ve se mueve al arrepentimiento. Él es una luz que ilumina el camino de los peregrinos, ya que todo el que considera su pobreza con su penitencia se da cuenta de que en este mundo nosotros no deberíamos cerrar nuestro corazón. Porque el que enrancia el aceite, corrompe el libro, hecha a perder la sal, extingue la luz; ese hombre es un falso fariseo. Si por lo tanto, no queréis perecer, tened cuidado y no hagáis como hacen los fariseos de hoy en día”.
155.
H abiendo llegado Jesús a Jerusalén, y habiendo entrado en día se sábado al Templo, los soldados se acercaron a tentarlo y atraparlo, y ellos dijeron: ‘Maestro, ¿es lícito hacer la guerra?. Jesús contestó: “Nuestra fe nos dice que nuestra vida es una guerra continua sobre la Tierra”. Dijeron los soldados: ‘Entonces querrías tú convertirnos a tu fe, para que así abandonásemos la multitud de dioses (ya que Roma sola tiene 28.000 dioses que se ven) y siguiésemos a tú Dios que solamente es uno y por eso él no puede ser visto, no se sabe donde está y tal vez él sea solo vanidad?’. Jesús contestó: “Si yo te hubiese creado, como nuestro Dios te creó, yo trataría de convertirte”. Ellos respondieron: ‘¿Pero como nos ha creado tu Dios, si no se sabe donde está?; muéstranos a tu Dios, y nosotros nos volveremos judíos. Entonces Jesús respondió: “Si tuvieseis ojos para verlo yo os lo mostraría, pero ya que sois ciegos, yo no os lo puedo mostrar”. Los soldados contestaron: ‘De seguro, el honor que esta gente te rinde te debe haber quitado el entendimiento. Porque todos tenemos dos ojos en la cara, y tú dices que somos ciegos’. Dijo Jesús: “Los ojos carnales solo pueden ver cosas burdas y externas; por lo cual solo podéis ver a vuestros dioses de madera, plata y oro que no pueden hacer cosa alguna. Pero nosotros los de Judea tenemos ojos espirituales, que son el temor y la fe en Dios; y gracias a ello nosotros podemos ver a nuestro Dios en todo lugar”. Los soldados contestaron: ‘Ten cuidado con tus palabras, porque si tratas con desprecio a nuestros dioses nosotros te pondremos en manos de Herodes, quien tomará venganza por ellos, los cuales son omnipotentes’. Jesús contestó: “Si ellos son omnipotentes como decís, perdonadme, ya que yo los adoraré”. Los soldados se alegraron al oír esto y empezaron a ensalzar a sus ídolos. Entonces dijo Jesús: “Aquí no hay necesidad de palabras sino de obras; haced entonces que vuestros omnipotentes dioses creen una mosca, y yo los adoraré”. Al oír esto, los soldados se desanimaron y no supieron que decir, así que Jesús dijo: “Seguramente, viendo que ellos no hacen una simple mosca de la nada, yo por ellos no abandonaré al Dios que creó todo con una sola palabra; cuyo nombre solo atemoriza ejércitos”. Los soldados contestaron: ‘Ahora veamos esto; porque estamos dispuestos a llevarte’. E intentaron extender sus manos contra Jesús. Entonces Jesús exclamó: “¡Adonai Sabaoth!”. En ese mismo instante, los soldados rodaron hasta fuera del templo como si fuesen barriles de madera cuando se lavan para llenarlos más adelante con vino; y de tal manera, que sus cabezas y sus pies iban golpeando contra el suelo, y eso sin que nadie los tocara. Y ellos se asustaron tanto y huyeron de tal manera, que nunca mas volvieron a ser vistos en Judea.
156.
L os sacerdotes y fariseos murmuraban entre sí y dijeron: ‘Él tiene la sabiduría de Baal y Astaroth, y así por el poder de Satanás él ha hecho esto’. Jesús abrió la boca y dijo: “Nuestro Dios ordenó que no robemos los bienes de nuestro prójimo. Pero este sencillo precepto ha sido tan quebrantado y ultrajado que ha llenado el mundo de pecado, y tal (pecado) nunca será perdonado como otros pecados son perdonados; ya que para otro pecado, si un hombre lo lamenta y no vuelve a cometerlo, ayunando con oración y limosnas, nuestro Dios, Poderoso y Misericordioso lo perdona. Pero este pecado es de tal magnitud que nunca será perdonado; excepto, si lo que fue tomado injustamente es restituido”. Entonces dijo un escriba: ‘Oh maestro, ¿cómo ha llenado al mundo de pecado el robo? Seguramente ahora, por la gracia de Dios hay solo unos pocos ladrones, y ellos no pueden dejarse ver ya que serían inmediatamente colgados por los soldados’. Jesús respondió: “El que no conoce los bienes, ellos no pueden conocer a los ladrones. No, en verdad os digo, que muchos son los que roban y no saben lo que hacen, y por lo tanto el pecado de ellos es mayor que el de los demás, porque la enfermedad que no es conocida no puede ser curada”. Entonces los fariseos se acercaron a Jesús y dijeron: ‘Oh maestro, ya que tú solo en Israel conoces la verdad, enséñanos’. Jesús respondió: “Yo no digo que en Israel solo yo conozca la verdad, porque esta palabra de “solo”, solamente le corresponde a Dios y no a otros. Porque Él es la Verdad, el Cual solo conoce la Verdad. Por lo tanto, si yo dijera eso yo sería el mayor ladrón ya que estaría robando el honor de Dios. Y al decir que solo yo conozco a Dios, estaría cayendo en una ignorancia mayor que la de los demás. Vosotros, por lo tanto, habéis cometido un grave pecado al decir, que solo yo soy conocedor de la verdad. Y yo os digo que, si vosotros dijisteis esto para tentarme, vuestro pecado es aún mayor”. Entonces, Jesús, viendo que ellos se contenían, dijo otra vez: “Aunque no sea yo el único en Israel que conoce la verdad, solo yo hablaré; así que escuchadme, ya que vosotros me habéis preguntado. Todas las cosas creadas pertenecen al Creador, de tal manera que nadie puede reclamar nada. Así el alma, el sentido, la carne, el tiempo, los bienes, y el honor, todas son posesiones de Dios; así que si un hombre no las recibe como Dios quiere él se vuelve un ladrón. Y de manera similar, si él los gasta contrario alo que Dios quiere, él también es un ladrón. Yo os digo, por lo tanto, como que Dios vive, ante Cuya Presencia mi alma comparece, cuando toméis el tiempo, diciendo: “Mañana haré así, yo diré tal cosa, yo iré a tal lugar”, sin decir: “Si Dios lo quiere”, vosotros sois ladrones; y vosotros seréis todavía aun más ladrones si gastáis la mejor parte de vuestro tiempo dándoos placer y no complaciendo a Dios, y gastáis la peor parte en el servicio de Dios; entonces vosotros ciertamente seréis ladrones. Quien cometa pecado, sea de la forma que sea, él es un ladrón; ya que él roba el tiempo el alma y su propia vida, la cual debería servir a Dios, y la da a Satanás, el enemigo de Dios.
157.
El hombre, por lo tanto, que tiene honor, y vida y bienes, cuando sus posesiones le son robadas, el ladrón será colgado) en la cruz); cuando su vida es tomada, el asesino será decapitado. Y esto es justo, porque así Dios lo ha ordenado. Pero cuando el honor de un prójimo es arrebatado, ¿por qué al ladrón no se le crucifica? ¿Son los bienes, acaso, mejores que el honor? ¿Ha ordenado Dios acaso, que el que toma bienes sea castigado y el que toma vida con bienes sea castigado, pero el que toma el honor se vaya libre? Seguramente que no; ya que por razón de sus murmuraciones nuestros padres no entraron a la tierra prometida, sino solo sus hijos. Y por este pecado las serpientes mataron a casi 70.000 de nuestras gentes. Como que Dios vive y ante Cuya Presencia mi alma comparece, el que roba el honor es merecedor de mayor castigo que el que roba a un hombre sus bienes y su vida. Y el que escucha al murmurador es asimismo culpable, ya que uno recibe a Satanás sobre su lengua y el otro en sus oídos”. Los fariseos se consumían (de furia) al oír esto, ya que ellos no podían condenar sus palabras. Entonces se acercó a Jesús un doctor y le dijo: ‘Buen maestro, dime, ¿por qué Dios no le dio grano y frutas a nuestros padres? Sabiendo que ellos debían caer, seguramente Él debió haberles permitido grano, o no haber tolerado que los hombres lo vieran”. Jesús contestó: “Hombre, tú me llamaste bueno, pero tú erraste, porque solo Dios es Bueno. Y mucho más tú te equivocas al preguntar por qué Dios no hizo de acuerdo con tú pensamiento. Sin embargo te contestaré a todo. Yo te digo, entonces, que Dios nuestro Creador al hacer Su Obra no se conformó Él Mismo a nosotros, por lo tanto no es lícito para la criatura buscar su propio camino y conveniencia, sino más bien el honor de Dios su Creador, para que la criatura pueda depender del Creador y no el Creador de la criatura. Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia mi alma comparece, si Dios hubiera concedido todo al hombre, el hombre no se hubiera reconocido a sí mismo como siervo de Dios; y de haber sido así, él se hubiera considerado a sí mismo señor del Paraíso. Por lo tanto el Creador, Quien es Bendito por siempre, le prohibió el alimento, para que el hombree permaneciese sujeto a Él. Y en verdad os digo, que quien tiene cara la luz de sus ojos ve todo claro, y saca luz de la mismísima oscuridad; pero no el ciego. Así que yo digo, que si el hombre no hubiese pecado, ni yo ni tú, habríamos podido conocer la Misericordia de Dios y Su Equidad. Y si Dios hubiese hecho al hombre incapaz de pecar, en eso, el habría sido igual a Dios; así que el Dios Bendito creó al hombre bueno y recto, pero libre para hacer lo que quisiese en cuanto a su propia vida, salvación o condenación.” El doctor se asombró al oír esto y partió confundido.
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E ntonces el sumo sacerdote llamó en secreto a dos sacerdotes ancianos y los envió a Jesús, que había salido del Templo y estaba sentado en el porche de Salomón, esperando para rezar la oración del mediodía. Y cerca de él tenía a sus discípulos con una gran multitud de gente. Los sacerdotes se acercaron a Jesús y dijeron: ‘Maestro, ¿por qué el hombre comió grano y fruta? ¿Quería Dios que él lo comiera, o no?’. Y esto lo dijeron para tentarlo; ya que si él dijera: “Dios así lo quiso”, ellos contestarían: ‘¿Y por qué Él lo prohibió?’, y si él decía: “Dios no lo quiso”, ellos dirían: ‘Entonces el hombre tiene más poder que Dios, ya que él actúa contrario a la Voluntad de Dios’. Jesús respondió: “Vuestra pregunta es como un camino en la montaña, que tiene un precipicio a la derecha y otro a la izquierda; pero yo caminaré por en medio”. Cuando escucharon esto los sacerdotes se quedaron perplejos, al darse cuenta del conocimiento que él tenía sobre sus corazones. Entonces dijo Jesús: “Todo hombre, ya que él tiene necesidad, hace todo para su propio uso. Pero Dios, Quien no tiene necesidad de cosa alguna, obra según Su Complacencia. Por lo tanto al crear al hombre Él lo creó libre para que se diese cuenta que Dios no tenía necesidad de él; por ejemplo, como hace un rey, quien para mostrar sus riquezas, y para que sus esclavos lo amen más, les da la libertad a sus esclavos. Dios, entonces, creó al hombre libre para que pudiese amar a su Creador mucho más y pudiese conocer Su Generosidad. Ya que aunque Dios es Omnipotente, al no tener necesidad del hombre, habiéndolo creado por Su Omnipotencia, Él lo dejó libre por Su Generosidad, de tal manera que él pudiese resistir el mal y hacer el bien. Porque aunque Dios tiene poder para evitar el pecado, él no contradiría Su propia Generosidad (ya que Dios no posee contradicción) para que, habiendo obrado Su Omnipotencia y Generosidad en el hombre, Él no impediría el pecado en el hombre, yo digo, para que en el hombre pudiese obrar la Misericordia de Dios y Su Equidad. Y en señal de que digo la verdad, yo os digo que el sumo sacerdote os ha enviado para que me tentéis, y este es el fruto del sacerdocio”. Los ancianos partieron y relataron todo al sacerdote, quien dijo: ‘Este hombre tiene el Demonio a su espalda, y el le cuenta todo; ya que él aspira a reinar sobre Israel; pero ya lo verá Dios’.
159.
C uando hubo hecho la oración del mediodía, Jesús, al salir del Templo, encontró a un hombre (que era) ciego desde el vientre de su madre. Sus discípulos le preguntaron, diciendo: “Maestro, ¿quién pecó en este hombre, su padre o su madre, por lo que nació ciego?”. Jesús respondió: “Ni su padre ni su madre pecaron en él, sino que Dios lo creó así para testimonio del Evangelio”. Y habiendo llamado al ciego para que se levantara, él escupió en el suelo e hizo lodo y se lo puso sobre los ojos al ciego, y le dijo: “¡Ve a la piscina de Siloam y lávate!”. El ciego así lo hizo, y habiéndose lavado recibió luz; y entonces al regresar a su casa, muchos que lo encontraban decían: ‘Si este hombre fuera ciego yo juraría por cierto que él es que acostumbraba a sentarse a la hermosa puerta del templo”. Otros decían: ‘Es él, ¿pero como ha recibido la luz?’. Y ellos lo acosaban diciendo: ‘¿Eres tu el ciego que solía sentarse a la hermosa puerta del Templo?”. El contestaba: ‘Yo soy él, ¿y qué?”. Ellos decían: ‘¿Pero como recibiste la luz?’. El respondía: ‘Un hombre hizo lodo, escupiendo en el suelo y puso este lodo sobre mis ojos, y me dijo: “Ve y lávate en la piscina de Siloam”. Yo fui y me lavé, y ahora veo: ¡Bendito sea el Dios de Israel!’. Cuando el ciego de nacimiento volvió de nuevo a la hermosa puerta del Templo, todo Jerusalén estaba al tanto del acontecimiento. Entonces él fue llevado ante el jefe de los sacerdotes, el cual estaba conspirando con los sacerdotes y los fariseos contra Jesús. El sumo sacerdote le preguntó, diciendo: ‘Hombre, ¿naciste ciego?”. ‘Sí’, contestó él. ‘Ahora glorifica a Dios’, dijo el sumo sacerdote, ‘y cuéntanos que profeta se te apareció en un sueño y te dio la luz. ¿Fue nuestro padre Abraham, o Moisés el siervo de Dios, o algún otro profeta? Ya que otros no podrían hacer eso’. El ciego de nacimiento replicó: ‘Ni Abraham ni Moisés, ni ningún profeta vi yo en un sueño y me curó, sino que cuando estaba yo sentado a la puerta del Templo un hombre me hizo acercarme a él, y habiendo hecho lodo de la tierra escupiendo en ella, me puso algo de ese lodo sobre mis ojos y me envió a la piscina de Siloam a lavarme; así que fui, y me lavé, y regresé con luz en mis ojos’. El sumo sacerdote le preguntó por el nombre de ese hombre. El ciego de nacimiento contestó: ‘Él no me dijo su nombre, pero un hombre que lo vio me llamó y me dijo: ‘Vé y lávate como dijo ese hombre, ya que él es Jesús el Nazareno, un profeta y santo del Dios de Israel’. Entonces dijo el sumo sacerdote: ‘¿Te curó él acaso hoy, o sea, sábado?’. El ciego respondió: ‘Hoy, él me curó’. Dijo el sumo sacerdote: ‘¡Mira pues, como ese hombre es un pecador, ya que él no guarda el sábado!’.
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E l ciego respondió: ‘Si él es un pecador yo no lo sé; pero esto es lo que os puedo decir; que yo era ciego y él me dio luz’. Los fariseos no creyeron esto; así lo dijeron ellos al sumo sacerdote: ‘Envia a buscar a su padre y a su madre, ya que ellos nos dirán la verdad’. Ellos enviaron, por lo tanto, a por el padre y la madre del ciego, y cuando ellos llegaron ante el sumo sacerdote, este, los interrogó diciendo: ¿Es este hombre vuestro hijo?’. Ellos respondieron: ‘Ciertamente él es nuestro hijo’. Entonces dijo el sumo sacerdote: ‘Él ha dicho que es ciego de nacimiento, y ahora él ve, ¿cómo puede esto suceder?”. El padre y la madre del ciego de nacimiento replicaron: ‘Verdaderamente él ha nacido ciego, pero de que manera él pudo haber recibido la luz, esto nosotros no lo sabemos: él tiene edad, preguntadle y él os dirá la verdad’. Entonces se le pidió que se fueran, y el sumo sacerdote dijo otra vez al ciego de nacimiento: ‘Da Gloria a Dios, y di la verdad’. (Naturalmente el padre y la madre del ciego temían hablar, debido a que un decreto había sido emitido por el senado romano de que ningún hombre debía hablar a favor de Jesús, el profeta de los judíos, bajo pena de muerte; este decreto era conocido por el emperador, y por ello los padres del ciego dijeron: ‘Él tiene ya edad, preguntadle’). El sumo sacerdote, dijo entonces al ciego de nacimiento: ‘Da gloria a Dios y di la verdad, porque nosotros conocemos a ese hombre, el que tú dices que te curó, y él es un pecador’. El ciego de nacimiento respondió: ‘Si él es un pecador, yo no lo sé; pero sí sé que antes yo no veía y él me iluminó. De seguro, que desde el principio del mundo hasta ahora, nunca ha sido iluminado un ciego de nacimiento; y Dios no escucharía a los pecadores’. Dijeron los fariseos: ‘¿Qué fue lo que él hizo cuando te dio la luz?’. Entonces el ciego de nacimiento se asombró por la incredulidad de ellos, y dijo: ‘Ya os lo he dicho; así que, ¿por qué me lo estáis preguntando otra vez? ¿Os volveríais vosotros también sus discípulos?’. El sumo sacerdote entonces lo insultó diciendo: ‘Tú has nacido por completo en pecado, ¿y vas a enseñarnos? ¡Vete, y hazte tú discípulo de ese hombre!, ya que nosotros somos discípulos de Moisés, y sabemos que Dios habló a Moisés, pero en lo que a este hombre respecta, no sabemos ni quien es’. Y ellos lo arrojaron fuera de la sinagoga y templo, prohibiéndole hacer oración con los puros entre Israel.
161.
E l ciego de nacimiento fue a ver a Jesús, quien lo consoló diciendo: “Nunca has sido tú tan bendito como lo eres ahora, ya que tú estas bendito por nuestro Dios, Quien habló a través de David, nuestro padre y Su profeta, contra los amigos del mundo, diciendo: “Yo maldigo vuestra bendición”. Porque la tierra no es tan contraria al aire, ni el agua al fuego, ni la luz a la oscuridad, ni el frío al calor, ni el amor al odio, como la Voluntad de Dios es contraria a la voluntad del mundo”. Los discípulos entonces le preguntaron, diciendo: ‘Señor, grandes son tus palabras; dinos por lo tanto, el significado, ya que todavía no entendemos’. Jesús contestó: “Cuando conozcáis al mundo, veréis que yo he dicho la verdad, y así conoceréis la verdad en cada profeta. Sabed, entonces, que existen tres clases de mundos comprendidos en un solo nombre: uno, es el de los cielos y la Tierra, con el agua, el aire, y el fuego, y todas las cosas que son inferiores al hombre. Ahora bien, este mundo en todas las cosas sigue la Voluntad de Dios, ya que, como dijo David, el profeta de Dios: “Dios les dio un precepto que ellos no quebrantan”. El segundo, es el de todos los hombres, tal como la ‘casa de Fulano’ no se refiere a las paredes, sino a la familia. Ahora bien, este mundo, una vez más ama a Dios; porque por naturaleza todos anhelan a Dios, ya que en tanto y según la naturaleza todos anhelan a Dios, aún así, sin embargo, se equivocan al buscar a Dios. ¿Y sabéis porqué todos anhelan a Dios? Por que ellos anhelan un bien infinito sin ningún mal, y esto es solamente Dios. Por lo tanto el Dios Misericordioso envió a Sus profetas al mundo, para su salvación. El tercer mundo es la condición caída del hombre como pecador, que se ha transformado a si mismo en una ley contraria a Dios, el Creador del mundo. Esto hace que el hombre se torne como los demonios, los enemigos de Dios. Y a este mundo Dios lo odia tan severamente, que si los profetas hubieran amado a este mundo -¿qué creéis?- seguramente Dios les hubiera quitado su don de profecía. ¿Qué digo? Como que Dios vive, y ante Cuya presencia mi alma comparece, cuando el Mensajero de Dios venga al mundo, si el concibiese amor al mal mundo, seguramente Dios le quitaría todo lo que Él le dio cuando lo creó, y lo condenaría; tan grandemente contrario al mundo es Dios”.
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L os discípulos contestaron: ‘Oh maestro, sumamente grandes son tus palabras, así que ten misericordia de nosotros, ya que no las entendemos”. Dijo Jesús: “¿Creéis acaso que Dios creó a Su Mensajero para que fuera un rival, que quisiera hacerse así mismo igual a Dios? Seguramente no, sino más bien como un buen esclavo, que no querría lo que su Señor no quisiese. Vosotros no sois capaces de entender esto porque no sabéis que cosa es el pecado. Por lo tanto, escuchad a mis palabras. En verdad, en verdad os digo, que el pecado no puede surgir en el hombre sino como una contradicción a Dios, ya que solamente es pecado lo que Dios no desea; tanto que todo lo que Dios quiere es lo más ajeno al pecado. Por lo tanto, si nuestros sacerdotes y el sumo sacerdote, junto con los fariseos, me persiguieran porque las gentes de Israel me llamaron Dios, ellos estarían haciendo una cosa que agrada a Dios, y Dios los recompensaría; pero como ellos me persiguen por una razón contraria, ya que ellos no querrán que yo diga la verdad acerca de cómo ellos han contaminado el libro de Moisés y el de David, profetas y amigos de Dios, con sus contradicciones, y por lo tanto me odian y desean mi muerte, así que Dios los aborrece. Decidme, Moisés mató hombres y Ahab mató hombres, ¿es esto en cada caso asesinato? Ciertamente no; porque Moisés mató a los hombres para destruir la idolatría y conservar el culto al verdadero Dios, pero Ahab mató a los hombres para destruir el culto al verdadero Dios y para conservar la idolatría. Por lo tanto a Moisés el haber dado muerte a hombres le fue convertido en un sacrificio, mientas que Ahab le fue convertido en sacrilegio; tanto que una y la misma acción produjo estos dos efectos contrarios. Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia mi alma comparece, si Satanás hubiera hablado a los ángeles para ver como amaban ellos a Dios, Dios no la habría rechazado, pero como él buscó alejarlos de Dios, por lo tanto él es un réprobo”. Entonces contestó el que escribe: ‘¿Cómo entonces, ha de entenderse lo que fue dicho por Miqueas, el profeta, acerca de la mentira que Dios ordenó que fuese dicha por boca de los falsos profetas, como está escrito en el libro de los reyes de Israel?”. Hablemos ahora de la predestinación, de la cual deseáis saber, y de lo cual os hablaré cerca del Jordán, al otro lado, si Dios quiere”.
163.
J esús fue al desierto más allá del Jordán con sus discípulos, y cuando hicieron la oración del mediodía él se sentó cerca de una palmera, y a la sombra de esa misma palmera también se sentaron sus discípulos. Entonces dijo Jesús: “Tan secreta es la predestinación, oh hermanos, que con la verdad yo os digo, que solo será claramente conocida por un hombre. Él es a quien la nación busca, para quien los secretos de Dios son tan claros, que cuando él venga al mundo, benditos serán quienes escuchen sus palabras, ya que Dios los cubrirá con Su Misericordia tal como esta palmera nos cubre con su sombra. De igual manera que este árbol nos está protegiendo del ardiente calor del sol, asimismo la Misericordia de Dios protegerá de Satanás a quienes crean en este hombre”. Los discípulos contestaron: ‘Oh maestro, ¿quién será ese hombre del que hablas y que tiene que venir al mundo?”. Jesús con el corazón lleno de alegría respondió “Él es Muhammad, el Mensajero de Dios, y cuando él venga al mundo, así como la lluvia hace que la tierra dé fruto después de no haber llovido por largo tiempo, asimismo será él ocasión de buenas obras ante los hombres, a través de la abundante Misericordia que él traerá. Porque él es como nube blanca llena de la Misericordia de Dios, que como lluvia, Dios permitirá que se derrame sobre los fieles.
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Y o entonces os diré ahora lo poco que Dios me ha concedido conocer de esta misma predestinación. Los fariseos dicen que todo ha sido así predestinado, que el que es electo no puede volverse réprobo, y el que es réprobo por ningún medio puede volverse elegido; y que así como Dios ha predestinado las buenas obras y de la misma manera el camino por el que caminarán los elegidos hacia la salvación, y de igual modo, Él ha predestinado el pecado como el camino por donde los réprobos caminarán hacia la condenación. Maldita sea la lengua que ha dicho esto, y la mano que lo escribió, porque esta es la fe de Satanás. Por ello puede uno conocer de qué manera son los fariseos de la época actual, ya que ellos son fieles devotos de Satanás. ¿Qué otra cosa puede significar la predestinación sino una voluntad absoluta para poner fin a una cosa de la que uno tiene los medios al alcance de la mano?, porque sin los medios uno no puede destinar un fin. ¿Cómo entonces, destinará la casa el que no solo carece de piedra y dinero para gastar, y además ni siquiera tiene tierra en donde poner el pie? Seguramente nadie (podría hacer eso). Por lo tanto, entonces os digo, es la predestinación, que quita el libre albedrío que Dios le dio al hombre por Su pura Generosidad; la Ley de Dios. De hecho no sería predestinación lo que estaríamos estableciendo, sino abominación. Que el hombre es libre lo muestra el libro de Moisés donde nuestro Dios dio la Ley sobre el Monte Sinaí; Él habló así: “Mi Mandamiento no es en el cielo que tú debas excusar a ti mismo, diciendo: ‘Pero, ¿quién nos traerá el Mandamiento de Dios?, y ¿Quién, acaso, nos dará la fuerza para observarlo?’. Ni está más allá del mar, que de igual manera tú te debas excusar a ti mismo. Pero Mi Mandamiento está cerca de tú corazón, para que cuando tú lo desees puedas observarlo”. Decidme si el rey Herodes ordenase a un anciano que se vuelva joven y a un enfermo que se ponga sano, y cuando ellos no lo hicieran entonces él los mandara matar, ¿sería esto justo?”. Los discípulos respondieron: ‘Si Herodes diera esta orden, él sería sumamente injusto e innoble’. Entonces Jesús suspirando dijo: “Estos son los frutos de las tradiciones humanas, oh hermanos; porque al decir que Dios ha predestinado al réprobo de tal manera que él no puede verse elegido, ellos blasfeman contra Dios diciendo que es impío e injusto. Ya que Él ordena al pecador que no peque, y cuando este peca, que se arrepienta; mientras que dicha predestinación le arrebata al pecador el poder para no pecar, privándolo por completo del arrepentimiento.
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P ero oíd lo que dijo Dios a través de Joel el profeta: “Como que Yo vivo – (dijo) vuestro Dios- Yo no deseo la muerte del pecador, sino que busco que él se convierta al arrepentimiento”. ¿Predestinara entonces Dios lo que Él no desea? Considerad lo que Dios dijo, y lo que dicen los fariseos de esta época actual. Además, Dios dijo por el profeta Isaías: “Yo he llamado, y vosotros no me escuchasteis”. Y cuanto no habrá llamado Dios; oíd lo que Él dice por el mismo profeta: “Todo el día he extendido Mi mano hacia un pueblo que no cree en Mi, sino que Me contradice”. Y nuestros fariseos, cuando dicen que nuestros réprobos no pueden volverse elegidos, ¿qué dicen ellos, entonces sino que Dios se burla de los hombres tal como se burlaría de un ciego al que le mostrase algo blanco, y como se burlaría de un sordo al que le hablase al oído? Y que los electos pueden ser reprobados, considerad lo que dijo Dios por el profeta Ezequiel: “Como que Yo vivo –dijo Dios – si el justo abandona su rectitud y hace abominaciones, él perecerá, y Yo ya no recordaré ninguna de sus obras piadosas; porque confiar en ellas lo abandonará ante Mi y no lo salvará”. Y de llamar a los réprobos, ¿que dijo Dios por el profeta Oseas, sino esto: “Yo invitaré a un pueblo no elegido, yo los llamaré elegidos?” Dios es Veraz y no puede decir una mentira ya que siendo Dios la Verdad, Él dice la verdad. Pero los fariseos de este tiempo actual contradicen a Dios por completo”.
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A ndrés replicó: ‘¿Pero como ha de entenderse lo que Dios dijo a Moisés, de que Él tendrá Misericordia de quien Él se quiera apiadar y se endurecerá contra quien Él desee endurecerse?”. Jesús respondió: “Dios dijo esto para que el hombre no crea que él se salvará por su propia virtud, sino que se dé cuenta que la vida y la Misericordia de Dios le fueron otorgados por Dios de Su Generosidad. Y Él lo dijo para que los hombres rechacen la opinión de que hay otros dioses aparte de Él. Si por lo tanto, Él endureció al Faraón, Él lo hizo porque este había afligido a nuestro pueblo y trató de reducirlo a la nada destruyendo a todos los hijos varones de Israel; y debido a ello, también Moisés estuvo a punto de perder la vida. Según esto, en verdad os digo, que la predestinación tiene como sus cimientos a la Ley de Dios y el libre albedrío humano. Sí, e incluso si Dios desease salvar al mundo entero para que ninguno pereciese, Él no querría que así sucediese ya que entonces privaría al hombre de la libertad, la cual El preservó para que así él pudiera despreciar a Satanás, y para que este (fardo de) barro burlado del espíritu, aún cuando pecara como el espíritu hizo, pueda tener poder para arrepentirse e ir a vivir a ese lugar de donde el espíritu fue expulsado. Nuestro Dios desea, digo, procurar con Su Misericordia el libre albedrío del hombre, y no quiere abandonar a la criatura con Su Omnipotencia. Y así en el Día del Juicio nadie estará capacitado para presentar excusa alguna por sus faltas, ya que en ese entonces Dios les pondrá en manifiesto todo cuanto Él hizo para su conversión, y la insistencia con la que Él los ha invitado al arrepentimiento.
167.
E ntonces, si vuestra mente no se conforma con esto, e insistís una vez más diciendo: ‘¿Por qué es así?’, yo os revelaré un “porque”. Decidme, ¿Por qué no puede una (sola) piedra mantenerse a flote sobre el agua, y sin embargo toda la Tierra se mantiene sobre ella? Decidme, ¿por qué si el agua puede extinguir al fuego, y la tierra huir del aire, nadie es capaz de unir en armonía, agua, fuego, tierra y aire; y en cambio todos ellos se albergan unidos armoniosamente en el hombre?”. Y si entonces, vosotros no sabéis comprender esto –ni tampoco todos los hombres como hombres podrían saberlo- ¿Cómo entonces ellos llegarían a entender que Dios, con una sola palabra, creó de la nada al Universo? ¿Cómo ellos podrán entender la Eternidad de Dios? Seguramente que de ninguna manera serían capaces de entender esto, ya que en el hombre por ser finito y por la composición de su cuerpo, el cual, como dijo el profeta Salomón, siendo corruptible, oprime el alma, y siendo las obras de Dios proporcionales a Él Mismo, ¿de que manera serían ellos capaces de llegar a comprenderlas? Isaías, el profeta de Dios, viendo (que ello era así), exclamó diciendo: “¡Verdaderamente Tú eres un Dios oculto!”.Y del Mensajero de Dios y de cómo Dios lo creó, él dijo: ‘Su generación, ¿quién la narrará?’. Y de las obras de Dios él dijo: ‘¿Quién fue Su consejero?’. Por lo tanto dijo Dios a la naturaleza humana: “Así como el Cielo es exaltado sobre la Tierra, así son Mis Caminos exaltados sobre vuestros Caminos y Mis Pensamientos sobre vuestros pensamientos”. Por lo tanto os digo, la manera de la predestinación no está manifiesta a los hombres, y esto es un hecho verdadero, como os lo he dicho. ¿Debe el hombre, entonces, negar los hechos porque él no pueda descubrir la manera de cómo se producen? Ciertamente, que todavía no he conocido a nadie que no desee la salud aun a sabiendas de no comprender como sucede. Y os digo, que hoy por hoy, desconozco la manera de cómo Dios por mi tacto, sana a los enfermos”.
168.
E ntonces dijeron los discípulos: ‘Verderamente Dios habla en ti, ya que nunca hemos oído a hombre alguno hablar como tú hablas’. Jesús respondió: “Creedme; cuando Dios me eligió para ser enviado a la casa de Israel, Él me dio un libro reluciente y claro como un espejo el cual descendió a mi corazón de tal manera que todo lo que yo hablo sale de ese libro. Y cuando ese libro haya terminado de salir de mi boca, yo seré llevado fuera del mundo”. Pedro contestó: ‘Oh maestro, ¿está lo que ahora dices escrito en ese libro?’. Jesús replicó: “Todo lo que yo digo para el conocimiento de Dios y el servicio de Dios, para el conocimiento del hombre y para la salvación de la humanidad, todo ello sale de ese libro, el cual es mi Evangelio”. Dijo pedro: ‘¿Está allí escrita la gloria del Paraíso?’.
169.
J esús respondió: “Escuchad, y yo os diré de que manera es el Paraíso y como santos y fieles habitarán en él eternamente, porque esto es una de las mayores bendiciones del Paraíso, ya que todo por muy grande que sea, le espera un final, que poco a poco lo va reduciendo; tanto, que se vuelve nada. El Paraíso es el hogar donde Dios almacena Sus Delicias, las cuales son tan grandes que el suelo que es pisado por los pies de los santos y bienaventurados es tan precioso, que un gramo de él sería más maravilloso que cien mundos. Esas delicias fueron vistas por nuestro padre David, profeta de Dios, ya que Dios se las mostró e hizo que viera las glorias del Paraíso; entonces cuando él volvió en sí, se tapó los ojos con ambas manos, y llorando dijo: ‘¡No miréis más a este mundo, oh ojos míos, porque todo es vano y no hay nada bueno!’. A cerca de estas delicias dijo Isaías el profeta: “Los ojos de los hombres no han visto, sus oídos no han oído, ni el corazón humano ha concebido, lo que Dios ha preparado para los que lo aman”. ¿Sabéis vosotros porque ellos no han visto, oído ni concebido dichas delicias? Se debe a que durante el tiempo que ellos estén viviendo aquí abajo, ellos no son dignos de contemplar tales maravillas. Y yo os digo que cuando nuestro padre David las vio, verdaderamente yo os digo, que él no lo hizo a través de sus ojos carnales, ya que Dios sacó de él su alma, y de esta manera unida a Dios él pudo verlas a través de la Luz Divina. Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia mi alma comparece, debido a que las delicias del Paraíso son infinitas y el hombre finito, este no puede contenerlas; lo mismo que una jarra de barro no puede contener al mar. ¡Observad entonces, lo hermoso que es el verano del mundo cuando todas las cosas dan fruto! El mismo campesino, intoxicado de alegría a causa de la cosecha por llegar, hace que las montañas y los valles resuenen con su canto, ya que él ama su labor supremamente. Levantad ahora vuestros corazones al Paraíso, donde todas las cosas son fructíferas con frutos proporcionales al que los cultivó. Como que Dios vive, esto es suficiente en cuanto al conocimiento del Paraíso, que sepáis que Dios creó al Paraíso como el hogar de Sus Delicias. Ahora, ¿no creéis que la bondad inconmensurable debe tener cosas inconmensurablemente buenas?, ¿o que la belleza inconmensurable ha de tener cosas inconmensurablemente bellas? Tened cuidado, ya que erraréis cuantiosamente si no creéis esto.
170.
D ios le dice así al hombre que le sirve fielmente: “Yo conozco las obras que tú haces para Mí. Porque tú me sirves como Dios Tú Creador, sabiendo que tú mismo eres Mi obra, y no me pides nada excepto Gracia y Misericordia para SERVIRME fielmente; porque tú no pones fin a tú servicio para Mí, ya que tú deseas SERVIRME eternamente, de igual manera haré Yo, ya que Yo te recompensaré como si tú fueras Dios, igual a Mí. Porque Yo no solo pondré en tus manos la abundancia del Paraíso sino que Yo me daré a Mí Mismo como un regalo; de modo qué, así como tú quieres ser Mi siervo por siempre, asimismo te daré tú premio por siempre”.
171.
“ ¿Qué pensáis del Paraíso?”, dijo Jesús a sus discípulos, “¿existe una mente que pueda comprender tales riquezas y delicias? Sería necesario para el hombre poseer un conocimiento tan grande como el de Dios, si quisiera conocer lo que Dios dará a Sus siervos. ¿Habéis observado cuando Herodes hace un regalo a uno de sus líderes favoritos, de que manera se lo da?”. Juan respondió: ‘Yo lo he visto dos veces; y de verdad, la décima parte de lo que él da sería suficiente para un hombre pobre”. Dijo Jesús: “Pero si un hombre pobre le diera un regalo a Herodes, ¿qué le daría?”. Juan contestó: ‘Una o dos moneditas’. “Ahora, que este sea vuestro libro en el que estudiéis el conocimiento del Paraíso”, dijo Jesús, “porque todo lo que Dios le ha dado en este mundo actual para su cuerpo es como si Herodes le diese una monedita a un pobre; pero lo que Dios le dará al cuerpo y al alma en el Paraíso es como si Herodes diese todo lo que él tiene e incluso su propia vida, a uno de sus sirvientes.
172.
Dios dice así al que Lo ama y lo sirve fielmente: “Observa y medita acerca de las arenas del mar, oh siervo Mío, y dime cuantas son. De manera que, si el mar te diese solamente uno de sus incontables granos de arena, ¿te parecería pequeño? Naturalmente que sí. Como que Yo, tu Creador, vivo, todo lo que Yo he dado en este mundo a todos los príncipes y reyes de la Tierra seria mucho menos que ese grano de arena que el mar te diese, en comparación con lo que Yo te daré en Mi Paraíso”.
173.
“C onsiderad entonces”, dijo Jesús, “la abundancia del Paraíso. Ya que si Dios ha dado al hombre en este mundo una onza de bienestar, en el Paraíso él le dará diez veces 100.000 cargas. Considerad la cantidad de frutos que hay en este mundo, la cantidad de alimento, la cantidad de flores, y la cantidad de cosa que son útiles para el hombre. Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia mi alma comparece, así como el mar tiene todavía arena arriba y abajo después de haber tomado un grano de él, asimismo la calidad y cantidad de higos [en el Paraíso] es superior a la mejor clase de higos que podamos comer aquí. Y del mismo modo cualquier otra cosa tiene existencia en el Paraíso. Pero aún más, y en verdad os lo digo; así como una montaña de oro y perlas es más preciosa que la sombra de una hormiga, asimismo son las delicias del Paraíso; más preciosas que todas las delicias de los príncipes del mundo que ellos poseen y tendrán hasta el Día del Juicio de Dios, cuando el mundo toque a su fin”. Pedro contestó: ‘¿Entrará, entonces, al Paraíso el cuerpo que ahora tenemos?’. Jesús contestó: “Ten cuidado Pedro, o de lo contrario te volverás un Saduceo; ya que los saduceos dicen que la carne no resucitará, y que o hay ángeles. Por lo tanto sus cuerpos y almas tienen negada la entrada al Paraíso, y ellos están privados del servicio de los ángeles en este mundo. ¿Acaso has olvidado lo que dijo Job, profeta y amigo de Dios: “Yo sé que mi Dios vive; y en el Último Día yo seré resucitado en mi carne, y con mis ojos yo veré a Dios mi Salvador?”. Pero creedme, esta carne nuestra será purificada hasta tal extremo que no poseerá ni una sola propiedad de las que ahora tiene; ya que será purgada de todo mal deseo, y Dios la reducirá a una condición igual a la de Adán antes de que él Le desobedeciese. Dos hombres sirven a un amo en una y misma obra. Uno solamente se encarga de revisar el trabajo, y de dar órdenes al segundo, quien a su vez obedece a todo lo que él le ordene. ¿Os parece justo, digo, que el amo recompense solo al que revisa y ordena, y que arroje de su casa al que se cansó trabajando? Seguro que no. ¿Cómo entonces tolerará esto la Justicia de Dios? El alma y el cuerpo con el sentido del hambre sirven a Dios; el alma solo ve y ordena el servicio, ya que el alma al no comer pan, no ayuna, (el alma) no camina, no siente frío ni calor, no cae enferma, y no es matada, porque el alma es inmortal; tampoco está expuesta a los sufrimientos que el cuerpo padece a merced de los elementos. ¿Es, entonces, justo, digo yo, que solo el alma entre en el Paraíso, y no el cuerpo que tanto se ha cansado de servir a Dios?”. Pedro contestó: ‘Oh maestro, el cuerpo, habiendo hecho que el alma peque no debería ser colocado en el Paraíso’. Jesús respondió: “¿Pero como ha de pecar el cuerpo sin el alma? Ciertamente eso es imposible. Por lo tanto al quitar la Misericordia de Dios al cuerpo, tú condenas el alma al Infierno.
174.
C omo que Dios vive y ante Cuya Presencia mi alma comparece, nuestro Dios prometió Su Misericordia al pecador diciendo: “En la hora que el pecador lamente su pecado, Yo Mismo jamás recordaré sus iniquidades”. Ahora, ¿quien va a comer los frutos del Paraíso si el cuerpo no va allí? ¿El alma? Seguramente no, ya que ella es espíritu”. Pedro contestó: “Así entonces, los benditos comerán en el Paraíso; ¿Pero como será la carne eliminada de impurezas?”. Jesús respondió: “¿Pero que bendiciones tendrá el cuerpo si él no come ni bebe? Seguramente lo más adecuado sería conceder gloria en proporción a lo que es glorificado. Pero tú te equivocas, Pedro, al pensar que esa carne estará envuelta en impureza, porque este cuerpo en el momento presente come carnes corruptibles y debido a ello surge la putrefacción. Pero en el Paraíso el cuerpo será incorruptible, impasible, inmortal, y libre de toda miseria; y las carnes que son sin defecto alguno, no generarán ninguna putrefacción.
175.
D ios dijo así en Isaías el profeta, despreciando a los réprobos: “Mis siervos se sientan juntos en Mi Morada y comerán festivamente, con alegría y con el sonido de arpas y órganos, y Yo no dejaré que tengan necesidad de cosa alguna. Pero vosotros que sois Mis enemigos, seréis expulsados lejos de Mí, y moriréis en la miseria, mientras todo siervo Mío os despreciará”.
176.
“¿De que sirve decir: “Ellos comerán festejando?”, dijo Jesús a sus discípulos; sin lugar a dudas que Dios siempre habló claro. ¿Pero para qué propósito son los cuatro ríos de precioso licor en el Paraíso y con tantas frutas? Ciertamente Dios no come, los ángeles no comen, el alma no come, el sentido no come, sino más bien la carne, la cual es nuestro cuerpo. Por lo tanto la gloria del Paraíso será, para el cuerpo las carnes; y para el alma y el sentido Dios, junto la conversación de los ángeles y espíritus benditos. Esta gloria será mejor revelada por el Mensajero de Dios, quien (ya que Dios creó todas las cosas por amor a él) conoce todas las cosas mejor que ninguna otra criatura”. Estarán al alcance de la mano. Allí habrá doncellas que restringen sus miradas y que nunca han sido tocadas, ni por hombre ni por espíritu, como rubíes y corales…Y además de ellos habrá otros dos jardines de color verde oscuro…Allí habrán dos fuentes fluyendo continua y abundantemente. En ellos habrá frutos, y palmeras y granados…En ellos habrán hermosas y exquisitas doncellas de bellos ojos negros, a buen recaudo en pabellones. No han sido tocado antes ni por hombres ni por espíritus…” (Corán 55: 46-58, 62-74). Dijo Bartolomé: “Oh maestro, ¿será la gloria del Paraíso igual para todos los hombres? Si es igual, no sería justo, y si no es igual, los menores envidiarán a los mayores”. Jesús respondió: “No será igual porque Dios es justo; pero todos estarán contentos, porque allí no existe la envidia. Dime, Bartolomé: Hay un amo que tiene muchos sirvientes, y a todos los viste con la misma tela. ¿Se quejan entonces los niños, que están vestidos con ropas de niño, porque no tienen la vestimenta de los hombres adultos? ¿Y que sucedería si los mayores quisieran vestir a los niños con ropa de adulto? Indudablemente que se disgustarían, ya que al no ser estas de su talla, se sentirían engañados. Ahora, Bartolomé, levanta tú corazón a Dios en el Paraíso, y verás que toda gloria, aunque sea más para unos y menos para otros, no producirá envidia alguna”.
177.
E ntonces dijo el que escribe: “Oh maestro, ¿tiene el Paraíso luz del sol como la que tiene este mundo? Jesús contestó: “Así me lo ha dicho Dios, oh Bernabé: “El mundo en que vivís vosotros los hombres que sois pecadores, tiene el sol y la luna y las estrellas que lo adornan, para vuestro beneficio y agrado; con ese propósito Yo los he creado. ¿Crees, entonces, que la casa donde vivan Mis fieles no será mejor? Ciertamente, que si piensas así te equivocas, porque Yo, tu Dios, Soy el Sol del Paraíso y Mi Mensajero es la Luna que recibe todo de Mí; y las estrellas son Mis profetas que os han predicado Mi Voluntad. Por lo tanto Mis fieles, así como ellos reciben Mi Palabra a través de Mis profetas, (aquí), de igual manera obtendrán melosidad y alegría de ellos en el Paraíso de Mis Delicias”.
178.
“Y que esto sea suficiente para vosotros”, dijo Jesús, “en cuanto al conocimiento del Paraíso”. Entonces Bartolomé dijo otra vez: “Oh maestro, tenme paciencia si te pregunto algo más”. Jesús respondió: “Di lo que quieras”. Dijo Bartolomé: ‘El paraíso es seguramente grande; ya que habiendo allí tantas cosas buenas, tiene que ser grande’. Jesús respondió: “El Paraíso es tan grande, que ningún hombre puede medirlo. En verdad os digo que los cielos son nueve, entre los cuales están colocados los planetas, distando entre sí 500 años de viaje para un hombre; y de manera similar la Tierra se encuentra a una distancia del primer cielo de 500 años de viaje. Pero despreocúpate de intentar medir el primer cielo, el cual es por sí mucho mayor que el mundo entero tal como la Tierra entera es ligeramente mayor que un grano de arena. Así también el segundo cielo es mayor que el primero, y el tercero mayor que el segundo, y así hasta el último cielo siendo cada uno similarmente mayor que el siguiente. Y en verdad os digo que el Paraíso es mayor que toda la Tierra y todos los cielos (juntos), tal como la Tierra lo es en relación a un grano de arena”. Entonces dijo Pedro: ‘Oh maestro, el Paraíso necesita ser mayor que Dios, ya que Dios será visto dentro de él’. Jesús respondió: “Detente Pedro, porque has blasfemado sin saberlo”.
179.
E ntonces vino el ángel Gabriel a Jesús y le mostró un espejo brillante como el sol, en donde él vio escritas estas palabras: “Como que Yo Soy Sempiterno, así como el Paraíso es mayor que todos los cielos y la Tierra, y como comparación, la Tierra entera no es mucho más grande que un solo grano de arena, Yo Mismo Soy más Grande que el Paraíso; y tantas veces más como granos de arena hay en el fondo del mar y como gotas contienen los océanos, y como (hierba de) pasto hay sobre el suelo y como hojas hay en los árboles, y como piel hay en los animales; y muchas veces más que los granos de arena que pudieran llenar los cielos y el Paraíso, y más”. Entonces dijo Jesús: “Hagamos reverencia a nuestro Dios el Cual es Bendito eternamente. Entonces ellos inclinaron sus cabezas 100 veces y se postraron en oración con sus rostros tocando el suelo. Cuando la oración hubo terminado, Jesús llamó a Pedro y le dijo a él y a todos los discípulos lo que él había visto. Y a Pedro le dijo: “Tú alma que es mayor que toda la Tierra, por un ojo ve el sol, el cual es mil veces mayor que toda la Tierra”. ‘Es verdad’, dijo Pedro. Entonces dijo Jesús: “Así mismo, a través de (los ojos) del Paraíso, verás tú a Dios nuestro Creador”. Y habiendo dicho esto, Jesús dio gracias a Dios nuestro, Señor rezando por la Casa de Israel y por la ciudad santa. Y todos contestaron: ‘Así sea, Señor’.
180.
U n día estando Jesús en el soportal de Salomón, se acercó a él un escriba, uno de los que daba sermones a la gente, y le dijo: ‘Oh maestro, son muchas las veces que he dado discursos a esta gente, y tengo en mi mente un pasaje de las Escrituras que no logro comprender’. Jesús contestó: “¿Y cual es?”. El escriba dijo: ‘El que le dijo Dios a Abraham nuestro padre: “Yo seré tú gran recompensa”. Ahora, ¿cómo puede el hombre merecer (tal recompensa)?”. Entonces Jesús se alegró en espíritu y dijo: “¡Seguramente tú no estás lejos del Reino de Dios. Presta mucha atención, ya que te diré el significado de esa enseñanza. Dios, siendo Infinito, y el hombre finito, el hombre no puede merecer a Dios; y ¿es esta tú duda, hermano?”. Entre llantos el escriba respondió: ‘Señor, tú conoces mi corazón; habla, por lo tanto, ya que mi alma desea oír tú voz’. Entonces dijo Jesús: “Como que Dios vive, el hombre no puede merecer ni la pequeña cantidad de aliento que él recibe cada momento”. El escriba se quedó perplejo al oír esto, y los discípulos se maravillaron, ya que ellos recordaron lo que Jesús en su momento había dicho; que cualquier cosa que ellos diesen por amor a Dios, lo recibirían multiplicado cien veces. Entonces dijo él: “Si alguien te prestara cien monedas de oro, y tú te las gastaras, ¿podrías decirle a ese hombre: ‘Toma esta hoja seca de vid, y dame por lo tanto tú casa, ya que la merezco?’. El escriba respondió: ‘No, señor, porque el primero tendría que pagar primero lo que adeudaba, y entonces si él desease algo, le correspondería ofrecer cosas buenas, ¿pero de que sirve una hoja seca?”.
181.
Jesús contestó: “Bien has respondido, oh hermano; así que dime, ¿quién creó de la nada al hombre? Ciertamente Dios, Quien a su vez le dio el mundo entero para su beneficio. Pero el hombre al pecar lo gastó todo, por razón de cuyos pecados todo el mundo se volvió contra el hombre, y el hombre en su miseria, no tiene nada que dar a Dios excepto obras corrompidas por el pecado. Y que, al pecar cada día, el corrompe sus propias obras, así que Isaías el profeta dice: “Nuestras obras piadosas son como un atrapo menstrual”. ¿Cómo, entonces, tendrá mérito el hombre, viendo que él es incapaz de dar satisfacción? ¿Es, acaso, que el hombre no peca? Cierto es que nuestro Dios dijo por su profeta David: “Siete veces al día cae el virtuoso”; ¿Cuántas, entonces, caerá el impío? Y si nuestras obras virtuosas son corruptas, ¡cuan, abominables no serán nuestras impiedades! Como que Dios vive, no hay nada que el hombre deba evitar más, que decir: ‘Yo merezco’. Que el hombre conozca, hermano, las obras de sus manos e inmediatamente él verá su mérito. Toda cosa buena que sale de un hombre, ciertamente el hombre no lo hace, sino que Dios lo obra en él; ya que su ser es de Dios Quien lo creó. Lo que el hombre hace es contradecir a Dios su Creador y cometer pecado, por lo que él no merece recompensa sino tormento. 182.
N o solo creó Dios al hombre, digo, sino que Él lo creó perfecto. Él le dio el mundo entero; después de la partida del Paraíso ÉL le dio dos ángeles custodios, Él le envió los profetas, Él le otorgó la Ley, así como la fe; a cada momento Él lo está librando de Satanás, Él está siempre dispuesto a darle el Paraíso; no, aún más, Dios quiere darse a Sí Mismo al hombre. Considerad, entonces, la deuda; ¡es una gran deuda!, (una deuda) la cual para pagarla, vosotros mismos habríais tenido que crear al hombre de la nada, haber creado tantos profetas como los que Dios envió con un mundo y un Paraíso; no, aún más; con un Dios grande y bueno como lo es nuestro Dios, y dárselo todo a Dios. Así sería cancelada la deuda y solamente quedaría para vosotros la obligación de dar gracias a Dios. Pero ya que vosotros no sois capaces de crear ni una sola mosca, y viendo que hay un solo Dios creador que es Señor de todas las cosas, ¿como seréis capaces de cancelar vuestra deuda? Ciertamente, si alguien os prestase cien monedas de oro, vosotros estaríais obligados a devolverle cien monedas de oro. Por lo tanto, el sentido de esto, oh hermano, es que Dios, siendo Señor del Paraíso y de todo lo que existe, puede decir lo que le apetezca y dar a quienquiera lo que a Él le plazca. Así que, cuando ÉL le dijo a Abraham: “Yo seré tú gran recompensa”, Abraham no podía decir: ‘Dios es mi recompensa’, sino ‘Dios es mi regalo y mi deuda’. Entonces cuando des discursos a las gentes, oh hermano, tú deberías explicar así este pasaje: que Dios le dará al hombre tales y cuales cosas si el hombre obra bien. Cuando Dios te hable, oh hombre, y diga: “Oh siervo Mío, tú has actuado bien por amor a Mí, ¿Qué recompensa pides tú de Mí, tú Dios?”, responde: ‘Señor, viendo que soy la obra de Tú Deseo, no es adecuado que haya pecado en mi, lo cual ama Satanás. Por lo tanto, Señor, por propia Gloria Tuya, ten misericordia de la obra de Tus manos”. Y si Dios dice: “Yo te he perdonado, y ahora quiero recompensarte”,responde: ‘Señor, yo merezco el castigo por lo que he hecho, y por lo que Tú has hecho Tú mereces ser glorificado. Castiga, Señor en mí lo que he hecho, y salva a lo que Tú has obrado’. Y si Dios dice: “¿Qué castigo te parecería adecuado por tu pecado?”, contesta: “Tanto, oh Señor, como sufrirían los condenados”. Y si Dios dice: “¿Por qué solicitas tú tan gran castigo, oh Mi siervo fiel?”, responde:’porque si cada uno de ellos, hubiera recibido de Ti tanto como yo recibí, Te habrían servido más fielmente de lo que yo (he hecho)’. Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia mi alma comparece, ese hombre agradará más a Dios que todos Sus santos ángeles. Ya que Dios ama la verdadera humildad, y odia la soberbia”. Entonces el escriba dio gracias a Jesús, y le dijo: ‘Señor, vayamos a la casa de tu siervo, ya que tú siervo te dará carne a ti y a tus discípulos’. Jesús respondió: “Yo iré allí cuando me prometas llamarme ‘hermano’ y no ‘Señor’, y que tú seas mi hermano y no mi siervo”. El hombre lo prometió, y Jesús fue a su casa.
183.
M ientras ellos estaban sentados a la mesa, el escriba dijo: ‘Oh maestro, tú dijiste que Dios ama la verdadera humildad. Dinos por lo tanto que es humildad, y como puede ser verdadera o falsa’. (Jesús contestó): “En verdad os digo, que el que no se vuelva como un niño pequeño este no entrará en el Reino de los Cielos”. Todos se asombraron al oír esto, y entre ellos se dijeron unos a otros: ‘¿Pero como va a volverse niño el que tiene 30 o 40 años de edad? Ciertamente esto es algo difícil de entender’. Jesús respondió: “Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia mi alma comparece, mis palabras so ciertas. Yo os digo que (un hombre) tiene necesidad de volverse como un niño pequeño; ya que esta es la verdadera humildad. Pues si le preguntáis a un niño pequeño: “¿Quién hizo sus ropas?”, él contestará: ‘Mi padre’. Si le preguntáis de quien es la casa donde él vive, él dirá, ‘de mi padre’. Si decís: “¿Quién te da de comer?”, él responderá: “Mi padre”. Si decís: “¿Quién te enseñó a caminar y a hablar?”, él contestará: “Mi padre”. Pero si le decís: “¿Quién te ha herido, ya que tienes la frente vendada?”, él contestará: “Me caí y me lastimé”. Si decís: “Pero, ¿por qué te caíste?”, él contestará: “¿No os dais cuenta de que soy un niño, por lo que no tengo la fortaleza para caminar y correr como un adulto?, así necesito que mi padre me lleve de la mano para caminar (seguro y) con firmeza. Pero para que yo pueda aprender a caminar solo, mi padre me soltó por un momento, y yo, queriendo correr me caí”. Si decís: ‘¿Y que dijo tú padre?’, él respondió: “¿Por qué no caminaste despacio? Presta atención y no te separes de mi en el futuro”.
184.
“ Decidme, ¿es eso cierto?”, dijo Jesús. Los discípulos y el escriba contestaron: ‘Es certísimo’. Entonces dijo Jesús: “El que en verdad reconoce a Dios como autor de todo bien, y a uno mismo como autor del pecado, será verdaderamente humilde. Pero el que hable con lengua como habla el niño, pero él contradice (lo mismo) con sus actos, ciertamente tiene falsa humildad y verdadera soberbia. Porque la soberbia está entonces en su cumbre cuando hace uso de cosas humildes, para no ser reprendido y reprobado por los hombres. La verdadera humildad es una pequeñez del alma por la cual el hombre se conoce en verdad a si mismo; pero la falsa humildad es una niebla del Infierno que oscurece así el entendimiento del alma; por lo tanto, lo que el hombre debería adjudicarse para sí mismo, se lo adscribe a Dios, y lo que debería adscribir a Dios se lo asigna para sí mismo. De esta manera, el hombre de falsa humildad dirá que es un malvado pecador, pero cuando uno le dice que él es un pecador, se enfurecerá en contra (el que se lo dijo), y lo perseguirá. El hombre de falsa humildad dirá que Dios le dio todo lo que él tiene, pero él por su parte, no ha dormido, sino hecho buenas obras. Y estos fariseos de la época actual, hermanos, decidme como caminan”. El escriba respondió llorando: ‘Oh maestro, los escribas de la época actual tienen las ropas y el nombre de fariseos, pero en sus corazones y sus obras ellos son cananitas. ¡Y ojalá que no usurpasen ese nombre, porque entonces no engañarían a las gentes sencillas! ¡Oh tiempo pasado, que cruelmente nos has tratado, que nos has arrebatado a los verdaderos fariseos y nos has dejado los falsos!” 185.
J esús respondió: “Hermano, no es el tiempo el que ha hecho eso, sino más bien el mundo malvado. Porque en todo tiempo es posible servir a Dios sinceramente, pero al acompañarlo con el mundo, o sea, con las malas costumbres de cada época, el hombre se vuelve malo. ¿No sabes acaso que Gehazi, sirviente de Eliseo, el profeta, mintiendo, y avergonzando a su maestro, tomó el dinero y las ropas de Naamán el sirio? Y sin embargo Eliseo tuvo a un gran número de fariseos que hoy en día evitan toda buena obra y todo ejemplo santo; y el ejemplo de Gehazi es suficiente para los que son reprobados por Dios”. El escriba contestó: ‘Es ciertísimo’. Entonces Jesús dijo: “Quisiera que tú me narrases el ejemplo de Ageo y Oseas, ambos profetas de Dios, para que podamos ver al verdadero fariseo”. El escriba contestó: ‘Oh maestro, ¿que podría yo decir? De seguro muchos no lo creen, aunque está escrito por Daniel el profeta; pero en obediencia a ti narraré la verdad. Ageo tenía 15 años cuando habiendo vendido su patrimonio y habiéndolo dado a los pobres, salió de Anathoth para servir al profeta Obadías. Ahora, el anciano Obadías que conocía la humildad de Ageo, lo usaba como un libro con el cual enseñaba a sus discípulos. Por lo tanto, y con cierta frecuencia, él solía enviarle como regalo, ropas y delicados manjares, pero Ageo siempre enviaba al mensajero de vuelta, diciendo: ‘Ve, regresa a la casa, porque has cometido un error. ¿Cómo Obadías me enviaría tales cosas? Seguro que no; ya que él sabe que yo no hago nada bueno, y solamente cometo pecados’. Y Obadías , cuando tenía algo malo, solía dárselo al día siguiente a Ageo, para que él lo viera. Entonces Ageo, cuando lo veía, se decía a sí mismo: ‘Ahora mira esto; ciertamente que Obadías te ha olvidado ya que esta cosa es solamente adecuada para mí, ya que yo soy peor que todos. Y no existe nada tan vil, que recibiéndolo de Obadías por cuyas manos Dios me lo concede, no fuese un tesoro’.
186.
Cuando Obadías deseaba enseñar a alguien como rezar, él llamaba a Ageo y decía: ‘Recita aquí tú oración para que todos puedan oír tus palabras’. Entonces Ageo decía: ‘Señor Dios de Israel, mira con misericordia a Tú siervo, el cual te invoca, ya que Tú lo creaste. Justo Señor Dios, recuerda Tú Justicia y castiga los pecados de Tú siervo, para que yo no contamine Tú obra. Señor Dios mío, yo no puedo pedirte las delicias que Tú concediste a Tus siervos fieles, porque yo no hago sino pecados. Por lo tanto, Señor, cuando Tú vayas a darle una enfermedad a uno de Tus siervos, recuérdame a mí Tú siervo, para Tu propia Gloria’. ‘Y cuando Ageo obraba así’, dijo el escriba, ‘Dios lo amaba tanto, que a todos los que en ese tiempo estaban con él Dios les concedió el don (de) la profecía. Y no había nada que Ageo pidiese en oración que Dios se lo negase’.
187.
E l buen escriba lloraba al decir esto, como llora el marinero cuando ve su barca rota. Y él dijo: ‘Oseas, cuando fue a servir a Dios, era príncipe de la tribu de Neptalí, y tenía 40 años. Y así, habiendo vendido su patrimonio y dándoselo a los pobres, fue a ser discípulo de Ageo. Oseas estaba tan desbordado de caridad que para todo lo que le pedían el decía: ‘Esto me dio Dios para ti, oh hermano, ¡por lo tanto, acéptalo!’. Este comportamiento por lo pronto, lo condujo a quedarse con solo dos prendas de ropa, o sea, una túnica de saco y un manto de pieles. Él vendió, repito, su patrimonio y lo dio a los pobres, porque de otra manera nadie podía ser llamado fariseo. Oseas tenía el libro de Moisés el cual leía con gran entusiasmo. Un día Ageo le dijo: ‘Oseas, ¿quién te quitó todo lo que tenías?”. Él respondió: ‘El libro de Moisés’. Sucedió que un discípulo de un profeta vecino iba a ir a Jerusalén, pero no tenía manto. Así que, habiendo oído de la caridad de Oseas, fue a verlo, y le dijo: ‘Hermano, quisiera ir a Jerusalén para ofrecer un sacrificio a nuestro Dios, pero no tengo un manto, así que no se que hacer’. Al oír esto, Oseas dijo: ‘Perdóname, hermano, porque yo he cometido un gran pecado contra ti; ya que Dios me dio un manto para que te lo diera a ti, y yo lo había olvidado. Ahora, por lo tanto, acéptalo y ruega a Dios por mí’. El hombre, creyendo esto, aceptó el manto de Oseas y partió. Y cuando Oseas fue a casa de Ageo, Ageo dijo: ‘¿Quién te quitó tú manto?’. Oseas respondió: ‘El libro de Moisés’. Ageo se sintió muy complacido al escuchar esto, ya que él se dio cuenta de la bondad de Oseas. Ocurrió, que un hombre pobre fue asaltado por unos ladrones dejándolo abandonado y desnudo. Entonces Oseas al verlo, se quitó su propia túnica y se la dio al desnudo, quedándose con un pequeño recorte de piel de cabra con la que él cubría sus partes privadas. Entonces como él no iba a visitar a Ageo, el buen Ageo pensó que Oseas podría haber enfermado. Así que él, junto con dos discípulos, fue a verlo. Al llegar al lugar, lo encontraron envuelto en hojas de palma. Entonces dijo Ageo: ‘Dime ahora, ¿por qué no has ido a visitarme?’. Oseas respondió: ‘El libro de Moisés se llevó mi túnica, y temí ir sin ella a visitarte’. Así que Ageo le dio otra túnica. Sucedió que un hombre joven, viendo que Oseas leía el libro de Moisés, lloró, y dijo: ‘Yo también aprendería a leer si tuviera un libro’. Al oírle decir esto, Oseas le entregó el libro diciendo: ‘Hermano, este libro es tuyo; ya que Dios me lo dio para que a su vez yo se lo diera a uno que, llorando, desease un libro’. El hombre lo creyó, y aceptó el libro.
188.
H abía un discípulo de Ageo cerca de Oseas; y él, queriendo verificar si su propio libro estaba bien escrito, fue a visitar a Oseas, y le dijo: ‘Hermano coge tu libro y cerciorémonos si es igual al mío’. Oseas contestó: ‘Me ha sido quitado’. ‘¿Quién te lo quitó?’, dijo el discípulo. Oseas respondió: ‘El libro de Moisés’. Oyendo esto, el otro fue a ver a Ageo y le dijo: ‘Oseas se ha vuelto loco, ya que él dice que el libro de Moisés le quitó el libro de Moisés’. Ageo contestó: ‘Quisiera Dios, oh hermano, que yo pudiese estar así de loco, ¡y que todos los locos fueran como Oseas!’. Ahora los ladrones sirios, habiendo arrasado la tierra de Judea, raptaron al hijo de una viuda, que vivía cerca del Monte Carmelo, lugar en donde vivían los profetas y fariseos. Sucedió causalmente, que habiendo ido Oseas a cortar leña, se encontró a la mujer que estaba llorando, y entonces de inmediato él comenzó a llorar; ya que siempre que veía que alguien reía él reía y si él veía llorar a alguien él también lloraba. Oseas le preguntó a la mujer por la causa de su llanto y ella le contó todo lo sucedido. Entonces dijo Oseas: ‘Ven, hermana, ya que Dios desea darte tú hijo’. Y ambos se dirigieron a Hebrón, donde Oseas se vendió a sí mismo, y dio el dinero a la viuda, la cual, no sabiendo como lo había conseguido, lo aceptó, y con él pago el precio de rescate de su hijo. El que había comprado a Oseas lo llevó a Jerusalén, en donde él tenía una morada, no conociendo a Oseas. Ageo, al ver que Oseas no pudo ser encontrado, quedó afligido. Entonces el ángel de Dios le contó como había sido llevado como esclavo a Jerusalén. El buen Ageo, cuando oyó esto, lloró por la ausencia de Oseas, como una madre llora por la ausencia de su hijo. Y habiendo llamado a dos discípulos él fue a Jerusalén. Y por la Voluntad de Dios, a la entrada de Jerusalén se encontró con Oseas, quien iba cargado de pan para llevarlo a los trabajadores en la viña de su amo. Habiéndolo reconocido, Ageo dijo: ‘Hijo, ¿como es que has abandonado a tú anciano padre, el cual te busca entre lamentos?’. Oseas contestó: ‘Padre, fui vendido’. Entonces dijo Ageo enojado: ‘¿Quién es ese malvado que te vendió?’. Oseas respondió: ‘Que Dios te perdone, oh padre mío, porque el que me vendió es tan bueno que si él no estuviera en el mundo nadie podría llegar a ser santo’. ‘¿Quién, entonces, es él?’, dijo Ageo. Oseas respondió: ‘Oh padre mío, fue el libro de Moisés’. Entonces el buen Ageo quedó como fuera de sí mismo, y dijo: ‘¡Quiera Dios, hijo mío, que el libro de Moisés me vendiera a mí también con todos mis hijos, tal como te vendió a ti!’. Y Ageo fue con Oseas a la casa de su amo, el cual, cuando vio a Ageo, dijo: ‘Bendito sea nuestro Dios Quien envió Su profeta a mi casa’; y él corrió a besarle la mano. Entonces dijo Ageo: ‘Hermano, besa la mano de tú esclavo al que compraste, porque él es mejor que yo’. Y él le narró todo lo que había pasado; así que el amo le dio la libertad a Oseas. Y esto es todo lo que tú has deseado (que te contara), oh maestro’, dijo el escriba.
189.
E ntonces dijo Jesús: “Esto es cierto, ya que me lo asegura Dios. Por lo tanto, para que cada uno sepa que esta es la verdad, ¡en el Nombre de Dios que el sol se detenga, y no se mueva durante 12 horas!”. Y así sucedió, para gran terror de todo Jerusalén y Judea. Y Jesús dijo al escriba: “Oh hermano, ¿Qué quieres aprender de mí, si tienes tanto conocimiento? Como que Dios vive, esto es suficiente para la salvación del hombre, ya que la humildad de Ageo, con la caridad de Oseas, cumplen toda la Ley y (las enseñanzas de) todos los profetas. Dime hermano, cuando viniste a preguntarme al Templo, ¿pensaste, acaso, que Dios me había enviado a destruir la Ley y los profetas? Cierto es que Dios no haría esto, ya que Él es Inmutable, y por lo tanto lo que Dios ordenó como camino de salvación para el hombre, eso hizo que los profetas dijeran. Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia comparece mi alma, si el libro de Moisés con el libro de nuestro padre David no hubiesen sido corrompidos por las tradiciones humanas de los falsos fariseos y doctores, Dios no me habría dado Su Palabra. ¿Y para qué hablar del libro de Moisés y el libro de David? Toda profecía la han corrompido ellos, y hasta tal extremo, que hoy en día nada es practicado porque Dios lo hubiese ordenado, sino que los hombres se fijan en si los doctores la dijeron, y si los fariseos la observan; como si Dios estuviese equivocado, y los hombres fuesen infalibles. ¡Hay, entonces, de esta generación infiel, porque sobre ellos caerá la sangre de cada profeta y hombre justo, con la sangre de Zacarías hijo de Baraquías, a quien ellos mataron entre el templo y el altar! ¿A que profeta no han perseguido ellos? ¿A que hombre justo han dejado ellos que muera de muerte natural? ¡Casi ninguno! Y ahora ellos intentan matarme. Ellos se jactan de ser hijos de Abraham, y de poseer el hermoso Templo. Como que Dios vive, ellos son hijos de Satanás, y por lo tanto ellos hacen su voluntad; por lo tanto el Templo con la ciudad santa, será destruido, tanto que no quedará piedra sobre piedra.
190.
D ime, hermano, tú que eres un doctor experto en la Ley, ¿en quien fue hecha la promesa del Mesías a nuestro padre Abraham? ¿En Isaac o en Ismael?”. El escriba respondió: ‘Oh maestro, temo decirte esto, debido a la pena de muerte’. Entonces dijo Jesús: “Hermano, me aflijo de haber venido a comer pan a tú casa, ya que amas a esta vida más que a Dios tú Creador; y por esta causa temes perder la vida, pero no temes perder la fe y la vida eterna, las cuales se pierden cuando la lengua habla contraria a lo que el corazón conoce de la Ley de Dios”. Entonces el buen escriba lloró, y dijo: ‘Oh maestro, si yo hubiera sabido como dar fruto, habría predicado muchas cosas que he dejado de decir por miedo a causar sedición entre la gente’. Jesús respondió: “Tú no deberías respetar ni a las gentes, ni a todo el mundo, ni a todos los santos, ni a todos los ángeles, cuando causase ofensa a Dios. Así que deja que todo (el mundo) perezca antes que ofender a Dios tú Creador, y no lo conserves con el pecado. Porque el pecado destruye y no conserva, pero Dios es Todopoderoso para crear tantos mundos como (granos de) arena hay en el mar, y más”.
191.
E l escriba entonces dijo: ‘Perdóname, oh maestro, porque he pecado’. Dijo Jesús: “Que Dios te perdone, porque contra Él pecaste”. Entonces dijo el escriba: ‘Yo he visto un libro antiguo escrito por la mano de Moisés y de Josué (el que hizo detenerse el sol como tú lo has hecho), siervos y profetas de Dios, y dicho libro es el verdadero libro de Moisés. Allí está escrito que Ismael es el padre del Mesías. Y así decía el libro, que dijo Moisés: “Señor Dios de Israel, Poderoso y Misericordioso, manifiesta a Tú siervo el esplendor de Tú Gloria”. Así que entonces Dios le mostró a Su Mensajero en brazos de Ismael, y a Ismael en brazos de Abraham. Cerca de él estaba Isaac, en cuyos brazos había un niño, quien con su dedo apuntaba al Mensajero de Dios, diciendo: “Ese es para el cual Dios creó todas las cosas”. Entonces Moisés gritó con alegría: “¡Oh Ismael, tú tienes en tus brazos a todo el mundo, y el Paraíso! Acuérdate de mí, siervo de Dios, para que yo halle gracia a la vista de Dios por medio de tú hijo, para el cual El hizo todo”.
192.
E n ese libro no se encuentra que Dios coma la carne de reses u ovejas; en ese libro no se encuentra que Dios halla limitado Su Misericordia solamente a Isaac, sino más bien que Dios es la misericordia de todo hombre que busque a Dios su Creador sinceramente. Todo ese libro yo no pude leer, debido al sumo sacerdote, en cuya biblioteca estaba yo, el me lo prohibió, diciendo que un ismaelita lo había escrito’. Entonces dijo Jesús: “Ten cuidado de no volver a retener la verdad, porque en la fe del Mesías Dios dará la salvación a los hombres, y sin ella nadie será salvado”. Y entonces terminó Jesús su discurso. Entonces, cuando ellos estaban sentados a la mesa, sucedió que María, la que lloró a los pies de Jesús, entró a la casa de Nicodemo (ya que ese era el nombre del escriba), y llorando se puso a los pies de Jesús, diciendo: ‘Señor, tu sierva, que a través de ti encontró misericordia con Dios, tiene una hermana, y un hermano que ahora yace en peligro de muerte’. Jesús contestó: “¿Dónde está tú casa? Dime, ya que yo iré a rezar a Dios por la salud de él”. María respondió: ‘Betania es el hogar) de mi hermano y mi hermana, ya que mi propia casa está en Magdala; mi hermano por lo tanto, está en Betania’. Dijo Jesús a la mujer: “Ve tú inmediatamente a la casa de tú hermano, y espérame allí, porque yo acudiré a curarlo. Y no temas, ya que él no morirá”. La mujer partió, y habiendo llegado a Betania encontró que su hermano había muerto ese mismo día, así que lo dispusieron en el sepulcro de sus padres.
193.
J esús permaneció dos días en casas de Nicodemo, y al tercer día partió hacia Betania; y cuando él estaba cerca del pueblo envió a dos de sus discípulos por delante, para anunciar a María de su llegada. Ella salió corriendo del pueblo, y cuando pudo encontrar a Jesús dijo entre sollozos: ‘Señor, tú dijiste que mi hermano no moriría; pero ahora él ha estado sepultado cuatro días. ¡Ojalá que hubieses venido antes de que yo te llamara, ya que entonces él no habría muerto!’. Jesús contestó: “Tú hermano no está muerto, sino que duerme, así que yo vengo a despertarlo”. María respondió, llorando: ‘Señor, de ese sueño, él será despertado el Día del Juicio por el ángel de Dios sonando su trompeta’. Jesús contestó: “María, créeme que él se levantará antes (de ese día), ya que Dios me ha dado poder sobre su sueño; y en verdad te digo que él no está muerto, ya que solo está muerto el que muere sin encontrar misericordia con Dios”. María regresó rápidamente para anunciar su hermana Martha la llegada de Jesús. Sucedió entonces que estaban allí reunidos a la muerte de Lázaro un gran número de judíos de Jerusalén, y muchos escribas y fariseos. Martha, habiendo oído de su hermana María de la llegada de Jesús, se levantó de prisa y salió corriendo y entonces la multitud de judíos, escribas y fariseos, la siguieron para consolarla, ya que ellos supusieron que ella iba al sepulcro a llorar sobre su hermano. Entonces, cuando ella llegó al lugar donde Jesús le había hablado a María, Martha dijo llorando: ‘Señor, ojalá hubieses estado aquí, porque entonces mi hermano no habría muerto’. María entonces llegó llorando, así que Jesús derramó lágrimas, y dijo suspirando: “¿Dónde lo habéis colocado?”. Ellas respondieron: ‘Ven y mira’. Los fariseos se dijeron entre ellos: ‘Ahora bien, este hombre, que resucitó al hijo de la viuda en Naim, ¿por qué dejó que este hombre muriera, habiendo dicho que él no moriría?’. Habiendo llegado Jesús al sepulcro donde todos se encontraban llorando, dijo: “No lloréis, porque Lázaro duerme, y yo vengo a despertarlo”. Los fariseos se decían unos a otros: ‘¡Ojalá que tú durmieras así!’. Entonces dijo Jesús: “Mi hora aún no ha llegado, pero cuando llegue yo dormiré de manera similar, y seré despertado rápidamente”. Entonces dijo Jesús: “Retirad la piedra del sepulcro”. Dijo Martha: ‘Señor, él ya hiede, pues ha estado muerto cuatro días’. Dijo Jesús: “¿Para que entonces he venido aquí, Martha?¿ No crees tú en mí que yo lo despertaré?”. Martha contestó: ‘Yo se que tú eres el santo de Dios, Quien te envió a este mundo’. Entonces Jesús levantó sus manos al cielo y dijo: “Señor Dios de Abraham, Dios de Ismael e Isaac, Dios de nuestros padres, ten misericordia de la aflicción de estas mujeres, y da gloria a Tú Santo Nombre”. Y cuando todos hubieron contestado “Amén”, Jesús dijo con voz fuerte: “¡Lázaro, sal de allí”. Entonces el que estaba muerto se levantó, y Jesús dijo a sus discípulos: “¡Desatadlo!”, ya que él estaba envuelto en el sudario con la tela sobre su cara, tal como nuestros padres solían enterrar (a sus muertos). Una gran multitud de los judíos y algunos de los fariseos creyeron en Jesús, ya que él milagro fue grande. Los que permanecían es su incredulidad partieron y fueron a Jerusalén y anunciaron al jefe de los sacerdotes la resurrección de Lázaro, y como muchos se habían vuelto nazarenos; ya que así llamaban ellos a los que eran movidos al arrepentimiento a través de la Palabra de Dios que Jesús predicaba.
194.
L os escribas y los fariseos se aconsejaron con el sumo sacerdote para matar a Lázaro; ya que muchos de ellos renunciaron a sus tradiciones y creyeron en la palabra de Jesús, debido a que el milagro de (la resurrección de) Lázaro fue grande, viendo que Lázaro tenía conversación con los hombres y comía y bebía. Pero como él era poderoso, teniendo seguidores en Jerusalén, y siendo junto con su hermana de Magdala y Betania, ellos no sabían lo que hacer. Jesús entró a Betania, a la casa de Lázaro, y Martha, con María, le sirvieron. Un día, estando María sentada a los pies de Jesús escuchando sus palabras, y entonces Martha le dijo a Jesús: ‘Señor, ¿no ves que mi hermana no te cuida, ni te proporciona lo que debes comer (tú) y tus discípulos?’. Jesús contestó: “Martha, Martha, no te fijes en lo que tú deberías hacer; ya que María ha obtenido una parte que no le será quitada nunca”. Jesús sentado a la mesa con una gran multitud que creía en él, habló, diciendo: “Hermanos, solo tengo un poco de tiempo para permanecer con vosotros, ya que está cerca la hora que yo parta del mundo. Por lo tanto os traigo a la memoria las palabras de Dios dadas a Daniel el profeta, diciendo: “Como que Yo, vuestro Dios, vivo eternamente, el alma que peca, morirá, pero si el pecador se arrepiente él no morirá sino que vivirá”. Así que la muerte actual no es muerte, sino más bien el final de una larga muerte; así como el cuerpo se separa del sentido durante un desmayo, aunque tenga el alma dentro de sí, no tiene otra aventaja sobre los muertos excepto esta, que el (cuerpo) enterrado espera a que Dios lo resucite, mientras que el inconsciente espera que el sentido regrese. Mirad, entonces, la vida presente que es muerte, al no tener percepción de Dios.
195.
L os que crean en mí no morirán eternamente, ya que a través de mi palabra ellos recibirán a Dios dentro de ellos, y por lo tanto lograrán su salvación. ¿Qué es la muerte sino un acto que la naturaleza ejecuta por la orden de Dios? Tal como sería si yo tuviera un pájaro amarrado, y detuviera la cuerda con la mano; cuando la cabeza desea dejarlo en libertad para que se escape volando, ¿qué hace? Ciertamente que tendrá que ordenar a la mano que se abra; de esa manera el ave emprendería el vuelo. ‘Nuestra alma’, como dijo el profeta David, “es como una golondrina liberada de la trampa del cazador”, cuando el hombre vive bajo la protección de Dios. Y nuestra vida es como una cuerda con la que la naturaleza detiene al alma atada al cuerpo y el sentido del hombre. Por lo tanto cuando Dios desea, y ordena a la naturaleza que se abra, la vida se rompe y el alma se escapa a las manos de los ángeles a quienes Dios ordenó que reciban las almas. Por lo tanto, que los amigos no lloren cuando un amigo muere, ya que Dios así lo ha querido. Pero que llore sin cesar cuando haya pecado, porque (así) el alma muere, ya que se separa de él la verdadera Vida. El cuerpo es horrible sin su unión con el alma, mucho más terribles el alma sin la unión con Dios, el Cual con Su Gracia y Misericordia la embellece y vivifica”. Habiendo dicho esto Jesús dio gracias a Dios; y entonces Lázaro dijo: ‘Señor, esta casa le pertenece a Dios mi Creador, con todo lo que Él me ha dado en custodia, para el servicio de los pobres. Por lo tanto, ya que tú eres pobre, y tienes un gran número de discípulos, ven tu a vivir aquí cuando te plazca, y tanto como te plazca, ya que el siervo de Dios te servirá y administrará tanto como se necesite, por amor a Dios’.
196.
J esús se alegró cuando oyó esto, y dijo: “¡Ves ahora que buena cosa es morir! Lázaro ha muerto solamente una vez, y ha aprendido tal doctrina como no es conocida a los hombres más sabios del mundo que han crecido entre libros. Quiera Dios que todo hombre muriera una vez de repente y regresase al mundo, como Lázaro, para que los hombres pudieran aprender a vivir”. Juan contestó: ‘Oh maestro, ¿me está permitido decir una palabra?’. “Di mil palabras”, respondió Jesús, “porque tal como un hombre está obligado a dispensar sus bienes al servicio de Dios, así mismo está él obligado a dispensar doctrina; y mucho más está él obligado (a Hacerlo) si la palabra tiene poder para mover un alma a la penitencia, mientras que los bienes no pueden devolver la vida a los muertos. Así que es un asesino el que tiene poder para ayudar a un pobre, y como él no le ayuda, el pobre muere de hambre; pero más grave asesino es el que por medio de la Palabra de Dios podía haber convertido al pecador hacia el arrepentimiento, y no lo convierte, sino que se queda, como dice Dios: “…como perro mudo”. Contra esos dice Dios: “EL alma del pecador que perece porque tú has ocultado Mi palabra, Yo la requeriré de tus manos, ¡Oh siervo infiel!”. ¿En que condición, entonces, están ahora los escribas y fariseos que tienen la llave y no quieren entrar, y no solo eso, sino que impiden el paso a todos los que quisieran entrar a la vida eterna? Tú me pides, oh Juan, permiso para decir una palabra, habiendo escuchado 100.000 palabras mías. En verdad te digo, yo estoy obligado a escucharte 10 veces por cada una que tú me hayas escuchado. Y el que no escuche al otro, cada vez que él hable él pecará; ya que nosotros deberíamos hacer a los demás lo que nosotros quisiéramos para nosotros mismos, y no a los otros lo que a nosotros no nos gusta recibir”. Entonces dijo Juan: ‘Oh maestro, ¿por qué no ha concedido Dios esto a los hombres, que ellos mueran una vez y regresen como Lázaro ha hecho, para que ellos puedan aprender a conocerse así mismos y a su Creador?’.
197.
J esús respondió: “Dime, oh Juan; hubo un dueño de una casa que le dio una hacha perfecta a uno de sus sirvientes para que talara el bosque que obstruía la vista de su casa. Pero el trabajador olvidó el hacha, y dijo: ‘Si el amo me diera un hacha vieja podría cortar fácilmente la madera’. Dime, Juan, ¿qué dijo el amo? Seguramente que él se enojó, y tomó el hacha vieja y le golpeó en la cabeza, diciendo: ‘¡Tonto y estúpido! Te di un hacha con la cual pudiste haber derribado el bosque sin cansancio, y buscas tú esta hacha, con la cual uno debe trabajar extenuadamente, y todo lo que corta se desperdicia y no sirve para nada? Yo quiero que cortes el bosque de tal manera que el trabajo sea bueno’. ¿Es eso cierto?”. Juan respondió: ‘Es certísimo’. (Entonces dijo Jesús): “Dijo Dios: “Como que Yo vivo eternamente, Yo he dado una buena hacha a cada hombre, la cual es la visión del entierro de un muerto. El que cuide bien esta hacha, elimina el bosque del pecado de su corazón sin dolor; por lo tanto ellos reciben Mi Gracia y Misericordia dándoles el mérito de la vida eterna por sus buenas obras. Pero el que olvida que él es mortal, aunque una vez tras otra ve morir a otros, y dice: ‘Si yo viera la otra vida, yo haría buenas obras’, Mi Ira caerá sobre él, y así lo afligiré con muerte tal, que él jamás recibirá bien alguno”. “Oh Juan”, dijo Jesús, “¡cuan grande es la ventaja del que con la caída de los demás aprende a pararse sobre sus pies”.
198.
E ntonces dijo Lázaro: ‘Maestro, verdaderamente te digo, que yo no puedo concebir la pena que merece el que una vez tras otra ve al muerto siendo llevado a la tumba y no teme a Dios nuestro Creador. Ese, por las cosas de este mundo, las cuales él debería abandonar por entero, ofende a su Creador Quien lo da todo”. Entonces dijo Jesús a sus discípulos: “Vosotros me llamáis Maestro, y hacéis bien, ya que Dios os enseña a través de mi boca. Pero, ¿como llamaréis a Lázaro? En verdad él es aquí maestro de todos los maestros que enseñan doctrina en este mundo. Yo ciertamente os he enseñado como deberíais vivir bien, pero Lázaro os enseñará a como morir mejor. Como que Dios vive, y ante Cuya presencia mi alma comparece, él ha recibido el don de la profecía; por lo tanto escuchad bien sus palabras, las cuales son la verdad. Y tanto más deberíais escucharlo, como que vivir bien es malo si uno muere malamente”. Dijo Lázaro: ‘Oh maestro, te agradezco que hagas que la verdad sea apreciada; por lo tanto Dios te dará gran mérito”. Entonces dijo el que escribe: ‘Oh maestro, ¿cómo habla Lázaro diciendo la verdad al decirte: ‘Tú tendrás mérito’, si tú dijiste a Nicodemo que el hombre no merece nada sino castigo? ¿Serás tú, según eso, castigado por Dios?”. Jesús contestó: “Dios quiera que yo reciba el castigo de Dios en este mundo, ya que yo no lo he servido tan fielmente como yo estaba obligado a hacer. Pero Dios me ha amado tanto, por Su Misericordia, que todo castigo me es retirado, tanto que yo solo seré atormentado en otra persona. Porque el castigo era adecuado para mí, ya que los hombres me han llamado Dios; pero como yo he confesado, no solo que yo no soy Dios, como esa es la verdad, sino que también he confesado que yo no soy el Mesías, por lo tanto Dios a alejado de mi el castigo, y hará que un malvado lo sufra en mi nombre, así que la vergüenza será solo mía. Así que yo te digo, oh Bernabé, que cuando un hombre habla de lo que Dios le dará a su prójimo, que diga que su prójimo lo merece; pero que de fije que, cuando él hable de lo que Dios le dará a él mismo, que no diga: ‘Dios me dará’. Y que preste atención de no decir: ‘Yo merezco’, ya que Dios se complace en otorgar Su Misericordia a Sus siervos cuando ellos confiesan que ameritan el Infierno por sus pecados.
199.
Dios es tan Rico en Misericordia que, así como el agua de mil mares, si tantos hubiera, no podría apagar ni una sola chispa de las llamas del Infierno; sin embargo, una sola lágrima de uno que se arrepienta por haber ofendido a Dios, apagaría el Infierno entero, por la gran misericordia con la que Dios lo socorre. Dios por lo tanto, para confundir a Satanás y para manifestar Su propia generosidad, quiere reconocer en presencia de Su Misericordia, cada buena obra de Su siervo fiel, y quiere que él hable así de su prójimo. Pero de sí mismo, un hombre debe cuidarse de no decir: ‘Yo tengo mérito’ ya que él sería condenado’.
200.
J esús entonces se volvió hacia Lázaro, y dijo: “Hermano, es necesario que permanezca un tiempo corto en el mundo, por lo tanto cuando yo está cerca de tú casa jamás iré a otro lugar, ya que tú me atenderás, no por amor a mí, sino por amor a Dios”. Estaba cerca la Pascua de los judíos, así que Jesús dijo a sus discípulos: “Vayamos a Jerusalén a comer el cordero pascual”. Y él envió a Pedro y a Juan a la ciudad, diciendo: “Vosotros hallaréis una hembra de asno con un pollino cerca de la puerta de la ciudad; soltadla y traedla aquí; porque es necesario que yo entre cabalgando a Jerusalén. Y si alguien os pregunta diciendo: ‘¿Para que la soltáis’, decidles: ‘ El maestro tiene necesidad de ella’, y ellos os permitirán traerla aquí”. Los discípulos fueron, y encontraron todo lo que Jesús les había dicho, y entonces trajeron la burra y el pollino. Los discípulos entonces colocaron sus mantos sobre los lomos del pollino, y Jesús se monto sobre él. Y sucedió que, cuando los hombres de Jerusalén oyeron que Jesús de Nazaret se acercaba, todos salieron ansiosos junto con sus hijos para ver a Jesús, llevando en las manos ramos de palmera y olivo, cantando: ‘¡Bendito sea el que viene a nosotros en el Nombre de Dios! ¡Hosanna, hijo de David!’. Habiendo entrado Jesús en la ciudad, los hombres extendían sus túnicas bajo las patas del pollino cantando: ‘¡Bendito el que viene a nosotros en el nombre de Dios! ¡Hosanna, hijo de Dios!’. Los fariseos reprocharon a Jesús diciendo: ‘¿No ves lo que estos dicen? ¡Haz que se callen!’. Entonces dijo Jesús: “Como que Dios vive y ante Cuya Presencia mi alma comparece, si los hombres se callaran, las piedras gritarían contra la infidelidad de los malvados pecadores”. Y cuando Jesús hubo dicho esto, todas las piedras de Jerusalén gritaron con gran estrépito: ‘¡Bendito sea el que viene a nosotros en el Nombre del Señor Dios!”. No obstante, los fariseos permanecieron aún incrédulos, y habiéndose reunido, se aconsejaron para atraparlo en sus palabras.
201.
H abiendo entrado Jesús al Templo, los escribas y fariseos trajeron ante él a una mujer acusada de adulterio. Entre ellos mismos se decían: ‘Si él la salva, es contrario a la ley de Moisés, y así lo tendremos como culpable, y si él la condena, es contrario a su propia doctrina, ya que él predica misericordia’. Así que ellos se acercaron a Jesús y dijeron: ‘Maestro, hemos hallado a esta mujer en adulterio. Moisés ordenó que debiera ser apedreada. ¿Qué dices tú?’. Entonces Jesús inclinándose se arrodilló y con su dedo trazó un espejo en el cual cada uno veía sus propias iniquidades. Como ellos continuaban insistiendo en la respuesta, Jesús se levantó y señalando al espejo con su dedo, dijo: “Aquel de vosotros que esté libre de pecado, que sea él el primero en apedrearla”. Y él, nuevamente, se hincó de rodillas trazando el espejo. Los hombres al ver esto, salieron uno por uno, empezando por el más anciano, ya que ellos se avergonzaron al ver sus abominaciones. Habiéndose levantado Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, dijo: “Mujer, ¿Dónde están los que te condenaban?”. La mujer contestó: ‘Señor, ellos se han ido; si tú me perdonas, como que Dios vive, yo ya no pecaré’. Entonces dijo Jesús: “¡Bendito sea Dios! Vete en paz y no vuelvas a pecar más, ya que Dios no me envió a condenarte”. Entonces estando reunidos los escribas y los fariseos, Jesús les dijo: “Decidme; si uno de vosotros tuviera cien ovejas, y perdiera una de ellas, ¿no iríais vosotros a buscarla, dejando a las 99? Y cuando él las encontrase, ¿no la pondríais sobre vuestros hombros y, habiendo convocado a vuestros vecinos, les diríais: ‘Alegráos conmigo, porque hoy he encontrado la oveja que yo había perdido?’. Seguramente que lo haríais. Ahora decidme, ¿amará menos nuestro Dios al hombre, para quien él hizo el mundo? Como que Dios vive, asimismo hay alegría por un pecador que se arrepiente; ya que los pecadores dan a conocer la misericordia de Dios.
202.
D ecidme, ¿por quien es más el médico; por los que nunca han tenido ninguna enfermedad, o por aquellos a quienes el médico ha curado de graves enfermedades?”. Le dijeron los fariseos: ‘¿Y como va a amar al médico el que está sano? Seguramente él lo amará solo porque no está enfermo; y no habiendo tenido conocimiento de la enfermedad solo amará poco al médico”. Entonces con vehemencia de espíritu habló Jesús, diciendo: “Como que Dios vive, vuestras propias lenguas condenan vuestra soberbia, tanto como que nuestro Dios es amado más por el pecador que se arrepiente que por 99 personas rectas. ¿Dónde están los justos en nuestro tiempo? Como que Dios vive, grande es el número de los justos injustos; siendo su condición como la de Satanás”. Los escribas y los fariseos contestaron: ‘Nosotros somos pecadores, así que Dios tendrá misericordia de nosotros’. Y esto lo decían para tentarlo; ya que los escribas y fariseos consideraban el mayor insulto el ser llamado pecador. Entonces dijo Jesús: “Me temo que seáis justos injustos; y si en vuestro corazón os consideráis justos a vosotros mismos, y con vuestra lengua decís que sois pecadores, entonces vosotros sois doblemente justos injustos”. Entonces los escribas y fariseos al oír esto se confundieron y partieron, dejando a Jesús con sus discípulos en paz, y ellos fueron a casa de Simón el leproso, cuya lepra había limpiado y curado (Jesús). Los ciudadanos habían reunido a los enfermos en casa de Simón y le rogaron a Jesús que sanase a los enfermos. Entonces Jesús, sabiendo que su hora estaba cercana, dijo: “Llamad a los enfermos, tantos como haya, porque Dios es Poderoso y Misericordioso para curarlos”. Ellos respondieron: ‘No sabemos que haya más enfermos en Jerusalén’. Jesús respondió llorando: “¡Oh Jerusalén, oh Israel, lloro por ti, porque tú no reconoces a tu visitante! Porque yo hubiera querido reunirte al amor de Dios tu Creador, como una gallina protege a sus polluelos dándoles cobijo bajo sus alas, ¡pero tú no quieres! Así que Dios te dice esto:
203.
“Oh ciudad, de corazón duro y perversa mente, Yo te he enviado a Mi siervo, con el fin que él te convierta a (la verdad de) tu corazón, y que te arrepientas; pero tú, oh ciudad de la pasión, has olvidado todo lo que Yo hice a Egipto y al Faraón por amor a ti, oh Israel. Muchas veces lloraste tú a Mi siervo para que él curase tu cuerpo de enfermedad, pero tú trataste de necio a mi siervo porque él quería curar tú alma de pecado. ¿Quedarás tú sola, entonces, sin ser castigada por Mí? ¿Vivirás tú, entonces, eternamente y te librará de Mis Manos tu soberbia? Seguro que no. Porque Yo traeré príncipes con un ejército contra ti, y ellos te rodearán con fuerza, y de tal manera Yo te entregaré en manos de ellos porque tu soberbia caerá al Infierno. Yo no perdonaré ni a los ancianos ni a las viudas, Yo no perdonaré a los niños, sino que Yo os pasaré a todos al hambre, la espada, y la vergüenza; y el Templo, donde Yo he mirado con Misericordia, lo desolaré junto con la ciudad, tanto que vosotros seréis solo una fábula, una historia, y un proverbio entre las naciones. Así se está juntando Mi Ira sobre ti, y Mi Indignación; Temedme”.
204.
H abiendo dicho esto Jesús dijo otra vez: “¿No sabéis que hay otros enfermos? Como que cada vez hay más pocos en Jerusalén que tienen sus almas sanas que los que están enfermos de sus cuerpos. Y para que conozcáis la verdad, yo os digo, ¡oh enfermos, en el Nombre de Dios, que la enfermedad os abandone!”. Cuando él hubo dicho esto, ellos fueron curados inmediatamente. Los hombres lloraron cuando oyeron acerca de la Ira de Dios sobre Jerusalén, y rogaron por misericordia, y entonces Jesús dijo: “Dice Dios: Si Jerusalén llora por sus pecados como penitencia, caminando en Mis Caminos, Yo nunca más recordaré sus iniquidades, y Yo no haría nada del daño que he dicho. Pero Jerusalén llora por su ruina y no por haberme deshonrado por lo que ella ha blasfemado Mí Nombre entre las naciones. Por lo tanto, es Mi Furia entera y mucho más. Como que Yo vivo eternamente, si Job, Abraham, Samuel, David y Daniel, Mis siervos, con Moisés rogasen por esta gente, Mi Ira sobre Jerusalén no sería aplacada”. Habiendo dicho esto, Jesús se retiró entrando en la casa, mientras que todos se quedaron atemorizados.
205.
M ientras Jesús cenaba con sus discípulos en la casa de Simón el leproso, he aquí que María la hermana de Lázaro entró en la casa y, habiendo roto (el sello de) un recipiente, vertió perfume sobre la cabeza y ropas de Jesús. Al ver esto, Judas, el traidor, quiso impedir a María que hiciese tal cosa, diciendo: ‘Ve y vende el perfume y tráeme el dinero para que yo pueda repartirlo entre los pobres’. Dijo Jesús: “¿Por qué le impides que lo haga? Déjala en paz, porque a los pobres siempre los tendréis con vosotros, pero a mi no siempre me tendréis”. Judas contestó: ‘Oh maestro, este perfume podría haber sido vendido por 300 monedas; mira entonces cuantas gentes pobres podría haber ayudado’. Jesús respondió: “Oh Judas, yo conozco tú corazón; ten paciencia, por lo tanto, y yo te daré todo”. Todos comían con temor, y todos estaban afligidos, porque ya sabían que Jesús debería partir pronto de ellos. Pero Judas estaba indignado, porque él sabía que estaba perdiendo 30 monedas por el perfume no vendido, ya que él robaba la décima parte de todo lo que le daban a Jesús. Él fue a encontrarse con el sumo sacerdote, quien estaba reunido con un gran número de sacerdotes, escribas, y fariseos; a quienes Judas habló, diciendo: ‘¿Qué me daréis, si yo entrego en vuestras manos a Jesús, el que quiere hacerse rey de Israel?’. Ellos contestaron: ‘¿Cómo nos lo vas a entregar en nuestras manos?’. Dijo Judas: ‘Cuando yo sepa que el sale de la ciudad para rezar os lo diré, y os conduciré al lugar donde él se encuentre; ya que aprehenderlo en la ciudad sería imposible sin provocar disturbios’. El sumo sacerdote respondió: ‘Si tú lo entregas en nuestras manos, nosotros te daremos 30 moneda de oro, y tú verás que bien te trataremos’.
206.
C uando el día llegó, Jesús subió al Templo con una gran multitud de gente. Entonces el sumo sacerdote se acercó a él diciendo: ‘Dime, oh Jesús, ¿has olvidado todo lo que confesaste de que tú no eres Dios, ni el hijo de Dios, ni siquiera el Mesías?’. Jesús respondió: “Claro que no, yo no lo he olvidado; porque esta es mi confesión la cual diré en el Juicio de Dios en el Día del Juicio. Porque todo lo que está escrito en el libro de Moisés es certísimo, tanto como que (solo) Dios nuestro Creador es Dios, y yo soy el siervo de Dios y deseo servir al Mensajero de Dios a quienes vosotros llamáis Mesías”. Dijo el sumo sacerdote: ‘¿Entonces por qué vienes al Templo con una multitud tan grande? ¿Buscas acaso hacerte rey de Israel? ¡Ten cuidado, o de lo contrario algún peligro podría caerte!’. Jesús contestó: “Si yo buscara mi propia gloria y deseara mi porción en este mundo, yo no habría huido cuando la gente de Naím quería hacerme rey. Créeme, que en verdad yo no busco nada de este mundo”. Entonces dijo el sumo sacerdote: ‘Queremos saber una cosa acerca del Mesías’. Y entonces los sacerdotes, escribas y fariseos hicieron un círculo en torno a Jesús. Jesús contestó: “¿Cuál es esa cosa que tú deseas saber acerca del Mesías?”. ¿Es acaso la mentira? Ten por seguro que yo no te diré la mentira. Pues si yo hubiese dicho la mentira, yo hubiera sido adorado por ti y por los escribas (y) fariseos con todo Israel; pero como yo os estoy diciendo la verdad vosotros me odiáis y tratáis de matarme”. Dijo el sumo sacerdote: ‘Ahora sabemos que tienes el diablo en tú espalda; porque tú eres un samaritano, y no tienes respeto al sacerdote de Dios’.
207.
J esús respondió: “Como que Dios vive, yo no tengo al diablo en mi espalda, sino que yo busco expulsar al demonio. Así que, por esta causa el demonio agita el mundo contra mí, porque yo no soy de este mundo, sino que busco que Dios, Quien me envió al mundo, sea glorificado. Por lo tanto oídme, y yo os diré quien tiene al demonio en su espalda. Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia mi alma comparece, el que trabaja según la voluntad del demonio, el tiene al demonio en su espalda, el cual le ha puesto las riendas de su voluntad y lo cabalga a su antojo, haciéndolo correr hacia toda iniquidad. Así como una prenda de ropa cambia de nombre cuando cambia de propietario, aunque todo es la misma tela, así también los hombres, aunque ellos sean de un material, son diferentes por razón de las obras que actúan en el hombre. Si yo (como yo sé) he pecado, ¿por qué no me reprendéis como a un hermano, en lugar de odiarme como a un enemigo? En verdad los miembros de un cuerpo se ayudan unos a otros cuando están unidos a la cabeza, y los que son cortados de esta, no pueden prestar ayuda; porque las manos de un cuerpo no sienten el dolor de los pies de otro cuerpo, sino el del cuerpo al que están unidas. Como que Dios vive, y ante Cuya Presencia comparece mi alma, el que teme y ama Dios su Creador tiene el sentimiento de misericordia sobre aquellos (sobre) quienes Dios tiene misericordia; y ya que Dios no desea la muerte del pecador, sino que espera que cada uno se arrepienta, si vosotros fueseis de ese cuerpo al que yo estoy incorporado, como que Dios vive, vosotros me ayudaríais a actuar según mi cabeza.
208.
S i yo obro iniquidades, reprendedme, y Dios os amará, ya que vosotros estaréis haciendo SU Voluntad, pero si nadie puede reprocharme de pecado entonces vosotros no sois hijos de Abraham, como os llamáis a vosotros mismos, ni estáis incorporados con esa cabeza a la que Abraham fue incorporado. Como que Dios vive, tan intensamente amó Abraham a Dios, que él no de repente rompió en pedazos los falsos ídolos y abandonó a su padre y a su madre, sino que estaba dispuesto a sacrificar a su propio hijo en obediencia a Dios”. El sumo sacerdote contestó: ‘Esto te pregunto, y yo no busco matarte, así que dinos: ¿Quién fue este hijo de Abraham?’. Jesús respondió: “El celo de Tu Honor, oh Dios me inflama, y yo no puedo contenerme. En verdad yo digo, el hijo de Abraham fue Ismael, de quien debe descender el Mesías prometido a Abraham, que en él todas las tribus de la Tierra serían bendecidas”. Entonces, el sumo sacerdote al oír esto se enfureció, y gritó: ‘Lapidemos a este hombre impío, porque él es un ismaelita, y ha blasfemado contra Moisés y contra la Ley de Dios’. Entonces cada escriba y fariseo, con los ancianos del pueblo, recogieron piedras para apedrear a Jesús, el cual se esfumó ante sus ojos y salió del Templo. Y entonces, debido al gran deseo que tenían de matar a Jesús, ciegos de furia y odio, se golpearon entre sí y de tal manera, que murieron allí mil hombres; y contaminaron el santo Templo. Los discípulos y creyentes, quienes vieron a Jesús salir del Templo (ya que para ellos él no desapareció), lo siguieron a casa de Simón. Entonces Nicodemo llegó allí y le aconsejó a Jesús que saliera de Jerusalén y fuera más allá del arroyo de Cedrón, diciendo: ‘Señor, tengo una casa y un jardín más allá del arroyo de Cedrón. Te ruego, por lo tanto, que te dirijas hacia allí con algunos de tus discípulos, y permanezcas en el lugar hasta que les haya pasado todo este odio a los sacerdotes; ya que yo te proveeré de lo necesario para vosotros. Y deja al resto de tus discípulos aquí en la casa de Simón y en mi casa, ya que Dios proveerá para todos’. Y esto hizo Jesús, queriendo tener solo a su lado a los doce primeros llamados apóstoles.
209.
E n ese tiempo, mientras la Virgen María, madre de Jesús, estaba parada en oración, el ángel Gabriel la visitó y le narró la persecución de su hijo, diciendo: “No temas, María, porque Dios lo protegerá del mundo”. Así que María, llorando, partió a Nazaret, y vino a Jerusalén a la casa de María Salomé, su hermana, buscando a su hijo. Pero como él se había retirado secretamente más allá del arroyo de Cedrón, ella ya no pudo volver a verlo en este mundo; excepto después del acto de vergüenza, ya que entonces el ángel Gabriel, con los ángeles Miguel, Rafael, y Uriel, por orden de Dios lo llevaron ante ella.
210.
C uando en el Templo hubo cesado la confusión por la partida de Jesús, el sumo sacerdote subió a lo alto, y habiendo hecho la señal de silencio con sus manos, el dijo: ‘Hermanos, ¿qué hacemos? ¿no veis que él ha engañado al mundo entero a través de sus artes diabólicas? Ahora, ¿como él desapareció si él no es un mago? Seguramente, si él fuera un santo y profeta, él no blasfemaría contra Dios y contra Moisés (Su) siervo, y contra el Mesías, el cual es la esperanza de Israel. ¿Y que diré? El ha blasfemado a todo nuestro sacerdocio, así que verdaderamente os digo, que si él no es eliminado del mundo Israel será contaminado, y nuestro Dios nos entregará a las naciones. Mirad ahora, como por culpa suya este Templo santo ha sido contaminado’. Y de tal manera habló el sumo sacerdote que muchos abandonaron a Jesús, así que la persecución secreta se convirtió en abierta, tanto que le sumo sacerdote fue en persona a ver a Herodes, y al gobernador romano, acusando a Jesús de que él quería hacerse rey de Israel, y de esto ellos tenían testigos falsos. Entonces se celebró un consejo general contra Jesús, puesto que el decreto de los romanos les hacía temer. Porque así fue que dos veces el Senado Romano había emitido un decreto acerca de Jesús; en un decreto se prohibía, bajo pena de muerte, que nadie llamara a Jesús de Nazaret, el profeta de los judíos, ya fuera Dios o hijo de Dios; en el otro prohibía, bajo pena de muerte, que nadie disputase acerca de Jesús de Nazaret profeta de los judíos. Así que, por esta causa, había gran división entre ellos. Algunos querían que escribiesen otra vez a Roma contra Jesús; otros decían que dejaran a Jesús en paz, sin importar lo que dijera, como un tonto; otros apelaban a los grandes milagros que él obraba. Por lo tanto el sumo sacerdote habló que bajo pena de anatema nadie debía decir palabra alguna en defensa de Jesús; y él habló a Herodes, y al gobernador diciendo: ‘En cualquier caso, tenemos un desafortunado caso en nuestras manos, ya que si matamos a este pecador habremos actuado en contra del decreto del Cesar, y, si lo dejamos vivir y él se hace rey, ¿qué sucederá’. Entonces Herodes se levantó y amenazó al gobernador diciendo: ‘Ten cuidado, pues por tu favoritismo ese hombre, este país podría rebelarse; ya que yo te acusaré ante el Cesar como un rebelde’. Por lo tanto el gobernador temió al Senado y se puso de parte de Herodes (ya que antes de esto, ellos se odiaban a muerte), y ellos unieron fuerzas para la muerte de Jesús, y dijeron al sumo sacerdote: ‘Cuando sepas donde está el malhechor, envíalo a nosotros, ya que nosotros te daremos soldados’. Esto fue hecho para cumplir la profecía de David, quien había predicho acerca de Jesús, profeta de Israel, diciendo: “Los príncipes y reyes de la Tierra están unidos contra el santo de Israel, porque él anuncia la salvación del mundo”. Entonces, en ese día, hubo una búsqueda general de Jesús por todo Jerusalén.
211.
J esús, estando en la casa de Nicodemo más allá del arroyo de Cedrón, consoló a sus discípulos, diciendo: “Está cercana la hora en que yo parta del mundo; consolaos y no estéis tristes, ya que a donde yo voy no sentiré ninguna tribulación. Ahora, ¿seréis mis amigos si os entristecéis por mi bienestar? No, ciertamente, sino más bien enemigos. Cuando el mundo se alegre, estad tristes vosotros, porque el regocijo del mundo se convierte en llanto; pero vuestra tristeza se convertirá en alegría y vuestra alegría nadie os la quitará; ya que el regocijo que siente el corazón en Dios su Creador ni el mundo entero puede quitárselo. Mirad que no olvidéis mis palabras que Dios os ha hablado por mi boca. Sed vosotros mis testigos contra todo el que corrompa el testimonio que yo he dado con mi Evangelio en contra de todo el mundo, y los amantes del mundo”.
212.
E ntonces levantando sus manos al Señor, él rezó diciendo: “Señor Dios nuestro, Dios de Abraham, Dios de Ismael e Isaac, Dios de nuestros padres, ten misericordia de aquellos a quienes Tú me diste, y sálvalos del mundo. Yo no digo, sácalos del mundo, porque es necesario que ellos den testimonio contra los que corromperán mi Evangelio. Pero yo te ruego que los guardes del mal, y que en el Día del Juicio ellos vengan conmigo a dar testimonio contra el mundo y contra la casa de Israel que ha corrompido Tú Testamento. Señor Dios, Poderoso y Celoso, que tomas venganza de la idolatría contra los hijos de padres idólatras incluso hasta la cuarta generación, maldice eternamente a todo el que corrompa mi Evangelio que Tú me diste, cuando ellos escriban que yo soy hijo Tuyo. Porque yo, barro y polvo, soy siervo de Tus siervos, y nunca yo he pensado de mi mismo que yo sea Tú buen siervo; ya que yo no puedo darte nada en retorno por lo que Tú me has dado, puesto que todas las cosas son Tuyas. Señor Dios, el Misericordioso, que mostraste misericordia a los que Te temen, ten misericordia de quienes creen en mis palabras que Tú me diste. Porque así como Tú eres Dios verdadero, así Tú Palabra que yo he hablado es verdadera; ya que es Tuya, pues yo siempre he hablado como el que lee, el cual no puede leer sino lo que está escrito en el libro que esté leyendo; asimismo he dichoso lo que Tú me diste. Señor Dios, el Salvador, salva aquellos a quienes Tú me enviaste, para que Satanás no sea capaz de hacer algo contra ellos, y no los salves solo a ellos, sino a todo el que en ellos crea. Señor, Generoso y Rico en misericordia, concede a Tú siervo estar en la congregación de Tú Mensajero en el Día del Juicio; y no solo yo, sino cada uno de aquellos a quienes me enviaste, como todos los que crean en mía través de las predicaciones de ellos. Y haz esto, Señor, por Ti Mismo, para que Satanás no se jacte contra Ti, Señor. Señor Dios, Quien por Tú Providencia proporcionaste todas las cosas necesarias para Tú pueblo Israel, recuerda a todas las tribus de la Tierra, a las cuales Tú me prometiste bendecir con Tú Mensajero, para quien Tú creaste el Mundo. Ten misericordia del mundo y envía pronto a Tú Mensajero, para que Satanás, Tu enemigo, pierda su imperio”. Y habiendo dicho esto, Jesús dijo tres veces: “¡Así sea, Señor, Grande y Misericordioso!”. Y ellos contestaron, llorando: ‘Así sea’; todos excepto Judas, ya que él no creía en nada.
213.
H abiendo llegado el día para comer el cordero, Nicodemo envió en secreto el cordero al jardín para Jesús y sus discípulos, anunciando todo lo que había sido decretado por Herodes con el gobernador y el sumo sacerdote. Entonces Jesús se alegró en espíritu diciendo: “Bendito sea Tú Santo Nombre, oh Señor, porque Tú no me has separado del número de Tus siervos que han sido perseguidos y matados por el mundo. Te agradezco, mi Dios, porque yo he cumplido Tú obra”. Y volviéndose a Judas, le dijo: “Amigo mío, ¿por qué te quedas? Mi hora está cerca, así que ve y haz lo que tengas que hacer”. Los discípulos pensaron que Jesús estaba enviando a Judas a comprar algo para el día de la Pascua; pero Jesús sabía que Judas lo estaba traicionando, así que, deseando partir del mundo, él habló de esa manera. Judas contestó: ‘Señor, permíteme comer, e iré’. “Comamos”, dijo Jesús, “porque yo he deseado mucho comer este cordero antes de que yo parta de vosotros”. Y habiéndose levantado, él tomó una toalla y se la amarró a la cintura, y habiendo puesto agua en una palangana, él se puso a lavar los pies de sus discípulos. Empezando por Judas, Jesús llegó a Pedro. Dijo Pedro: ‘Señor, ¿vas tú a lavar mis pies?’. Jesús respondió: “Lo que yo sé tú no lo sabes, pero lo sabrás después”. Pedro contestó: ‘Tú nunca lavarás mis pies’. Entonces Jesús se levantó, y dijo: “Ni tú vendrás (entonces) en mi compañía en el Día del Juicio” Pedro contestó: ‘No solo lava mis pies, Señor, sino mis manos y mi cabeza’. Cuando los discípulos fueron lavados y se sentaron a la mesa a comer, Jesús dijo: “Yo os he lavado, pero no todos estáis limpios; ya que toda el agua del mar no lavará al que no crea en mí”. Esto dijo Jesús, ya que él sabía quien lo estaba traicionando. Los discípulos se entristecieron por estas palabras, y Jesús dijo otra vez: “En verdad os digo, que uno de vosotros me traicionará, de manera tal, que seré vendido como un cordero; pero ay de él, porque él cumplirá todo lo que nuestro padre David dijo de ese, que ‘caerá en el hoy, el que lo había preparado para otros’”. Entonces los discípulos se miraron unos a otros, diciendo con pena: ‘¿Quién será el traidor?’. Judas dijo entonces: ‘¿Seré yo, oh maestro?’. Jesús contestó: “Tú lo has dicho; tú serás quien me traicionará”, pero los once apóstoles no lo oyeron. Cuando terminaron de comer el cordero, el Demonio vino a la espalda de Judas, y él salió de la casa, diciendo Jesús otra vez “Lo que has de hacer, hazlo pronto”.
214.
H abiendo salido de la casa, Jesús se retiró al jardín a rezar, de acuerdo a su costumbre para rezar, doblando sus rodillas cien veces y postrándose sobre su rostro. Judas, entonces, fue al sumo sacerdote, y dijo: ‘Si me dais lo prometido, esta noche entregaré en vuestras manos a Jesús, a quien buscáis; ya que él está solo con once compañeros’. El sumo sacerdote respondió: ‘¿Cuánto quieres?’. Dijo Judas: ‘Treinta monedas de oro’. De inmediato el sumo sacerdote le contó el dinero, y envió un fariseo al gobernador para traer soldados, y a Herodes, y ellos dieron una legión de ellos, ya que temían al pueblo; así que ellos tomaron sus armas y con antorchas y candiles en estacas salieron de Jerusalén.
215.
C uando los soldados acompañados por Judas se acercaban al lugar donde estaba Jesús, Jesús oyó que mucha gente se acercaba, así que con temor se retiró al interior de la casa. Y los once estaban dormidos. Entonces Dios, viendo el peligro de SU siervo, ordenó a Gabriel, Miguel, Rafael, y Uriel, Sus ministros, que sacaran a Jesús del mundo. Los santos ángeles vinieron y sacaron a Jesús por la ventana que da hacia el sur. Cargándolo sobre ellos lo dejaron en el tercer cielo en la compañía de los ángeles bendiciendo a Dios por siempre.
216.
J udas entró impetuosamente adelantándose a todos los demás en el cuarto donde Jesús había sido llevado. Y los discípulos estaban dormidos. Entonces el Dios Magnífico actuó maravillosamente, de manera tal que Judas sufrió una transfiguración de voz y rostro tomando semejanza a la de Jesús ya que todos creímos que él era Jesús. Y él, habiéndonos despertado, preguntaba donde estaba el Maestro. Así que nos extrañó, y contestamos: ‘Tú, señor, eres nuestro maestro; ¿nos has olvidado ahora?’. Y él sonriendo decía: ‘¡Ahora sois tontos!; ¿es que no me reconocéis?, soy Judas Iscariote’. Y cuando él estaba diciendo esto los soldados entraron, y pusieron sus manos sobre Judas, quien era en todo igual a Jesús. Nosotros, habiendo oído lo que Judas dijo, y viendo la multitud de soldados, escapamos como fuera de nosotros. Y Juan, que estaba envuelto en una tela de lino, despertó y huyó, y cuando un soldado lo agarró por la tela el se desprendió de la sábana que lo cubría y huyó desnudo. Porque Dios escuchó la oración de Jesús, y salvó del mal a los once.
217.
L os soldados tomaron a Judas y lo ataron, no sin burla. Ya que él en realidad negaba que fuese Jesús; y los soldados, burlándose de él, decían: ‘Señor, no temas, ya que nosotros hemos venido para hacerte rey de Israel, y te hemos amarrado porque sabemos que tú rechazas el reino’. Judas contestó: ‘¡Ahora habéis perdido vuestros sentidos! Habéis venido a detener a Jesús de Nazaret, con armas y linternas como (contra) un ladrón; ¡Y vosotros me habéis atado; a mí, que os he conducido hasta aquí, para hacerme rey!’. Entonces los soldados perdieron la paciencia, y con golpes y puntapiés empezaron a arrastrar a Judas, y ellos lo llevaron con furia a Jerusalén. Juan y Pedro seguían a los soldados desde lejos; y ellos le afirmaron al que escribe que ellos vieron todo el examen de Jesús que fue hecho por el sumo sacerdote, y por el sanedrín de los fariseos, que se habían reunido para condenar a Jesús a muerte. Entonces Judas habló muchas palabras de locura, creyendo que él era realmente Jesús, y que por temor a la muerte él estaba fingiendo locura. Entonces los escribas le cubrieron los ojos con una venda, y burlándose de él decían: ‘Jesús, profeta de los nazarenos’, ya que así llamaban a los que creían en Jesús, ‘dinos, ¿quién fue el que te pegó?’. Y ellos se burlaban de él y le escupían en la cara. Cuando amaneció se reunió el gran consejo de escribas y ancianos del pueblo; y el sumo sacerdote con los fariseos buscaron falsos testigos contra Judas creyéndolo que era Jesús; pero ellos no encontraron lo que buscaban. ¿Y para que decir que los jefes de los sacerdotes creían que Judas era Jesús? ¿Qué digo?, todos los discípulos, incluyéndola que esto escribe; y más aún, la pobre virgen madre de Jesús, con sus parientes y amigos, lo creía tanto que el sufrimiento de todos los allí presentes era increíble. Como que Dios vive, el que escribe olvidó todo lo que Jesús había dicho de cómo iba él a ser sacado del mundo, y que él sufriría en una tercera persona, y que él no moriría sino hasta cerca del fin del mundo. Así que él fue con la madre de Jesús y con Juan a la cruz. El sumo sacerdote hizo que Judas fuera llevado ante el atado, y le preguntó acerca de sus discípulos y su doctrina. Entonces Judas, como si estuviera fuera de sí, no contestó nada al punto. El sumo sacerdote entonces le ordenó que por el Dios Vivo de Israel le dijese la verdad. Judas respondió: ‘Ya te he dicho que yo soy Judas Iscariote, el que prometió entregar en vuestras manos a Jesús el Nazareno; pero vosotros, no sé porque arte, estáis fuera de vosotros, ya que creeréis de todos modos que y soy Jesús’. El sumo sacerdote contestó: ‘Oh perverso seductor, tu has engañado a todo Israel, empezando por Galilea, hasta aquí en Jerusalén, con tú doctrina y tus falsos milagros; ¿y ahora piensas que escaparás del merecido castigo, adecuado para ti, fingiéndote loco? ¡Como que Dios vive, tú no escaparás de él’. Y habiendo dicho esto él ordenó a sus sirvientes que golpearan y patearan (a Judas), para que su entendimiento regresara a su cabeza. La burla que él sufrió entonces a manos de los sirvientes del sumo sacerdote es creencia pasada, ya que ellos entusiastamente inventaron nuevas formas para dar gusto al consejo. Así que ellos lo vistieron como un bufón, y así lo maltrataban, con pies y manos, y de tal manera que habrían movido a compasión a los mismos cananitas si ellos lo hubieran contemplado. Pero los jefes de los sacerdotes, los fariseos, y los ancianos del pueblo tenían sus corazones tan exasperados contra Jesús, que creyendo que Judas era realmente Jesús, se deleitaban al verlo tratado de esa manera. Después lo condujeron maniatado ante el gobernador, quien secretamente sentía aprecio por Jesús. Así que él, creyendo que Judas era Jesús, lo hizo entrar a su aposento, y le habló, preguntándole por que razón los jefes de los sacerdotes y el pueblo lo habían entregado en sus manos. Judas respondió: ‘Si yo te digo la verdad, tú no me creerás; ya que quizás tú estés engañado como (el jefe) de los sacerdotes y los fariseos están engañados’. El gobernador contestó –creyendo que él deseaba hablar acerca de la Ley-: ‘¿Qué no sabes que yo no soy judío?, pero los jefes de los sacerdotes y los ancianos de tú gente te han entregado a mis manos; así que dinos la verdad, para que yo pueda hacer lo que es justo. Ya que poseo el poder para dejarte en libertad o condenarte a muerte’. Judas respondió: ‘Señor, créeme, si tú me condenas a muerte, habrás cometido un grave error, ya que habrás matado a una persona inocente; ya que yo soy Judas Iscariote, y no Jesús, el cual es un mago, y por medio de su magia me ha transformado así’. Al oír esto, el gobernador quedó muy sorprendido, hasta el punto, de querer dejarlo en libertad. El gobernador por lo tanto salió, y sonriendo dijo: ‘En un caso, al menos, este hombre no es merecedor de muerte, sino más bien de compasión’. ‘Este hombre’, dijo el gobernador, ‘dice que él no es Jesús, y dice que Jesús el Galileo lo transformó así por medio de su arte mágico. Así que, si esto es cierto, sería un gran error matarlo, ya que él es inocente. Pero si él es Jesús y niega que lo es, ciertamente él ha perdido su razón, y sería impío matar a un loco’. Entonces los jefes de los sacerdotes y los ancianos del pueblo, con los escribas y los fariseos, gritaron diciendo: ‘Él es Jesús de Nazaret, ya que nosotros lo conocemos; porque de no ser él un malhechor no lo habríamos puesto en tus manos. Ni está loco; sino más bien es maligno, ya que con este truco él intenta escapar de nuestras manos, y la sedición que él provocaría si escapara, sería peor que la anterior’. Pilatos –ya que ese era el nombre del gobernador- para deshacerse del caso, dijo: ‘Él es un galileo, y Herodes es rey de Galilea; por lo tanto no me corresponde juzgar este caso; llevadlo entonces a Herodes’. Conformes con las palabras de Pilatos, llevaron a Judas ante Herodes, el cual desde hacía mucho tiempo quería que Jesús fuera a su casa. Pero Jesús siempre rechazó su invitación, porque Herodes era un Gentil, y adoraba dioses falsos y mentirosos, viviendo a la manera de los impuros Gentiles. Ahora cuando Judas fue llevado ante él, Herodes le preguntó muchas cosas, a las cuales Judas dio respuestas que no venían al caso, negando que él fuera Jesús. Entonces Herodes se burlo de él, con toda su corte, he hizo que fuera ataviado de blanco como se viste a los tontos, y lo envió de regreso a Pilatos, diciéndole: ‘¡No dejes de hacer justicia al pueblo de Israel!’. Y esto Herodes escribió, porque los jefes de los sacerdotes y los escribas y fariseos le habían dado una buena cantidad de dinero. Habiendo oído el gobernador de un sirviente de Herodes que esto así sucedió, y para él también ganar un poco de dinero, fingió que quería dejar a Judas en libertad. Así que lo hizo azotar por sus esclavos, los cuales habían sido pagados por los escribas para matarlo con los azotes. Pero Dios, Quien había decretado todo, reservaba a Judas para la cruz, para que él sufriera la horrible muerte para la cual él había vendido a otro. Él no permitió que Judas muriera por los azotes, no obstante los soldados azotaron a Judas de tal manera, que todo su cuerpo estaba encharcado en sangre. Y no contentos con ello, se mofaban y lo cubrieron con un viejo manto de púrpura, diciendo: ‘Es adecuado a nuestro nuevo rey, que lo vistamos y lo coronemos’; así que ellos reunieron espinas e hicieron una corona, como las de oro y piedras preciosas que usan los reyes sobre la cabeza. Y esta corona de espinas la colocaron sobre la cabeza de Judas, poniendo en su mano una caña a modo de cetro, y lo hicieron sentarse en un lugar elevado. Y los soldados venían ante él, inclinándose en burla, saludándolo como Rey de los Judíos. Y ellos estiraban la mano como para recibir regalos, de los que los nuevos reyes acostumbraban a dar, y al no recibir nada golpeaban a Judas, diciendo: ‘Ahora, ¿Cómo eres tú coronado rey de los judíos sino pagas a tus soldados y sirvientes?’. Los jefes de los sacerdotes con los escribas y fariseos, viendo que Judas no murió por los azotes, y temiendo que Pilatos fuese a liberarlo, hicieron un regalo de dinero al gobernador, el cual, habiéndolo recibido, entregó a Judas a los escribas y fariseos como reo de muerte. Entonces ellos condenaron a dos ladrones junto a él a la muerte en la cruz. Así que ellos lo condujeron al Monte Calvario, donde solían colgar a los malhechores; pero a él, lo crucificaron desnudo para mayor ignominia. Judas en verdad no hacia más que gritar: ‘Dios, ¿por qué me has abandonado, viendo que el malhechor ha escapado y yo muero injustamente?’. Verdaderamente digo que la voz, la cara, y la persona de Judas eran tan similares a Jesús, que sus discípulos y seguidores creyeron completamente que él era Jesús; así que algunos se apartaron de la doctrina de Jesús, creyendo que Jesús había sido un falso profeta, y que por artes mágicas él había hecho los milagros que hizo; ya que Jesús había dicho que él no habría de morir sino hasta cerca del fin del mundo; ya que en ese tiempo él sería llevado del mundo. Pero los que permanecían firmes en la doctrina de Jesús estaban tan afligidos de pena, viendo morir al que era enteramente como Jesús, que ellos no recordaron lo que Jesús había dicho. Y así en compañía con la madre de Jesús ellos fueron al Monte Calvario, y no solo estuvieron presentes durante la muerte de Jesús, llorando continuamente, sino que por medio de Nicodemo Y José de Arimatea ellos obtuvieron del gobernador el cuerpo de Judas para sepultarlo. Así que, ellos lo bajaron de la cruz con tanto llanto que seguramente nadie podría creerlo, y lo sepultaron en el nuevo sepulcro de José: habiéndolo envuelto en cien libras de ungüentos preciosos.
218.
E ntonces cada hombre regresó a su casa. El que escribe, con Juan y Santiago su hermano, fueron a Nazaret con la madre de Jesús. Aquellos discípulos que no temían a Dios fueron de noche (y) robaron el cuerpo de Judas y lo escondieron, extendiendo un rumor de que Jesús había resucitado; de lo cual surgió gran confusión. El sumo sacerdote entonces ordenó, bajo pena de anatema, que nadie hablara de Jesús de Nazaret. Y así surgió una gran persecución, y muchos fueron lapidados y muchos azotados, y muchos exiliados del país, porque ellos no mantenían silencio respecto a este asunto. Llegaron a Nazaret las noticias de que Jesús, su conciudadano, habiendo muerto en la cruz había resucitado. Entonces, el que escribe le rogó a la madre de Jesús que se alegrase y dejase de llorar , ya que su hijo había resucitado. Al oír esto, la Virgen María, llorando, dijo: “Vayamos a Jerusalén a encontrar a mi hijo. Moriré contenta cuando lo haya visto”.
219.
L a Virgen regresó a Jerusalén con el que escribe, y Santiago y Juan, en el día en que el decreto del sumo sacerdote fue emitido. Así que la Virgen, que temía a Dios, aunque ella sabía que el decreto del sacerdote era injusto, ordenó a los que vivían con ella que olvidaran a su hijo. Entonces, ¡como fue afectado cada uno! Dios, Quien conoce el corazón de los hombres, sabe que entre la pena por la muerte de Judas –a quien creíamos que era Jesús, nuestro maestro – y el deseo de verlo levantado de nuevo, nosotros, con la madre de Jesús, nos consumíamos. Así que los ángeles guardianes de María ascendieron al tercer cielo, donde se encontraba Jesús en compañía de los ángeles, y le contaron todo. Entonces Jesús le rogó a Dios que le diera poder para ver a su madre y a sus discípulos. Entonces el Dios Misericordioso ordenó a Sus cuatro ángeles favoritos, quienes son Gabriel, Miguel, Rafael, y Uriel, que llevaran a Jesús a la casa de su madre, y que allí mantuvieran vigilancia sobre él durante tres días, permitiendo que solo pudiera ser visto por los que creían en su doctrina. Jesús vino, rodeado de esplendor, al cuarto donde se encontraba la Virgen María con sus dos hermanas Martha y María Magdalena, y Lázaro, y el que escribe, y Juan, y Santiago y Pedro. Entonces, por el temor ellos cayeron como muertos. Y Jesús levantó a su madre y a los otros del suelo, diciendo: “No temáis, porque yo soy Jesús”. Cada uno de ellos permaneció por largo tiempo como fuera de sí ante la presencia de Jesús, ya que todos lo creían muerto. En ese momento la Virgen llorando dijo: “Dime, hijo mío, ¿por qué Dios, habiéndote dado el poder de resucitar a los muertos, te dejó morir, para vergüenza de tus parientes y amigos, y para vergüenza de tu doctrina? Ya que todos los que te aman han estado como muertos”.
220.
J esús replicó, abrazando a su madre: “Créeme, madre, ya que en verdad te digo, que yo no he muerto jamás; ya que Dios me ha reservado hasta cerca del fin del mundo”. Y habiendo dicho esto el rogó a los cuatro ángeles que se manifestaran, y dieran testimonio de cómo había sucedido el evento. Así que los ángeles se manifestaron como cuatro soles radiantes, y una vez más sobrecogidos de temor todos se desplomaron como muertos. Entonces Jesús dio cuatro sábanas a los ángeles para que se cubrieran, y de esa manera poder ser vistos y oídos hablar por su madre y los compañeros de ella. Y habiendo levantado a cada uno, él los consoló, diciendo: “Estos son los ministros de Dios; Gabriel, el que anuncia los secretos de Dios; Miguel, quien combate a los enemigos de Dios; Rafael, el que recibe las almas de los que mueren; y Uriel, el que llamará a todos el Juicio en el Último Día”. Entonces los cuatro ángeles narraron a la Virgen como Dios envió a por Jesús, y transfiguró a Judas, para que él sufriera el castigo para el cual él había vendido a otro. Entonces dijo el que escribe: ‘Oh maestro, si Dios es Misericordioso, ¿por qué ÉL nos ha atormentado, haciéndonos creer que tú estabas muerto, y que tu madre haya llorado tanto por ti, que ha estado a punto de morir; y que tu, eres un santo de Dios, haya permitido Él que sobre ti cayera la calumnia de que fuiste matado entre ladrones en el Monte Calvario?’. Jesús respondió: “Créeme, Bernabé, que todo pecado, por pequeño que sea, Dios lo castigará grandemente, ya que Dios es ofendido por el pecado. Así que, ya que mi madre y mis fieles discípulos que estaban conmigo me amaron un poco con amor terrenal, el Justo Dios ha querido castigar este amor con el sufrimiento presente, para que no sea castigado en las llamas del Infierno. Y aunque yo he sido inocente en el mundo, como los hombres me llamaron “Dios”, e “Hijo de Dios”, ÉL, para que yo no sea burlado por los demonios en el Día del Juicio, ha querido que yo no sea burlado por los hombres en este mundo por medio de la muerte de Judas, haciendo que todos los hombres creyeran que yo morí en la cruz. Y esta burla continuará hasta el advenimiento de Mohammad, el Mensajero de Dios, quien, cuando venga, revelará este engaño a aquellos que crean en la Ley de Dios”. Hablando así, Jesús dijo: “Tú eres Justo, oh Señor Dios nuestro, porque a Ti Solo pertenecen el honor y la gloria sin fin”. 221.
Y Jesús se volvió hacia el que escribe, y dijo: “Mira, Bernabé, que por todos los medios escribas mi Evangelio acerca de todo lo que sucedió durante mi estancia en el mundo. Y escribe de manera similar lo que le sucedió a Judas, para que los fieles puedan ser desengañados, y todos puedan creer la verdad”. Entonces contestó el que escribe: ‘Todo lo haré, si Dios quiere, oh maestro; pero lo que sucedió a Judas, yo no lo sé, porque todo yo no lo vi’. Jesús respondió: “Aquí están Juan y Pedro quienes vieron todo, y ellos te contarán todo lo que pasó”. Y entonces Jesús nos ordenó que llamáramos a sus fieles discípulos para que pudieran verlo. Entonces Santiago y Juan llamaron a los siete discípulos con Nicodemo y José, y muchos otros de los 72, y ellos comieron con Jesús. Al tercer día Jesús dijo: “Id al Monte de los Olivos con mi madre, ya que allí ascenderé otra vez al Cielo, y vosotros veréis quien me llevará”. Y así lo hicieron; todos, menos 25 de los 72 discípulos, quienes por temor habían huido a Damasco. Y cuando todos ellos estaban parados rezando, al mediodía vino Jesús con una gran multitud de ángeles que estaban alabando a Dios; y el esplendor de su rostro hizo que ellos sintieran temor cayendo de bruces sobre sus rostros al suelo. Pero Jesús los levantó, consolándolos, y diciendo: “No temáis, yo soy vuestro maestro”. Y él reprobó a muchos que creyeron que él había muerto y resucitado, diciendo: “¿Entonces nos consideráis a mi y a Dios como mentirosos?, ya que Dios me ha concedido que viva casi hasta el fin del mundo, tal como yo os dije. En verdad os digo, yo no morí, sino Judas el traidor. Tened cuidado, pues Satanás hará todo esfuerzo para engañaros, pero sed vosotros mis testigos en todo Israel, y por todo el mundo, de todas las cosas que habéis visto y oído”. Y habiendo hablado así, él rezó a Dios por la salvación de os fieles, y por la conversión de los pecadores. Y, terminada su oración, él abrazó a su madre, diciendo: “La Paz sea contigo, madre mía, descansa en Dios que te creó a ti y a mí”. Y Habiendo hablado así, se volvió hacia sus discípulos, diciendo: “Que la Gracia y la Misericordia de Dios sea con vosotros”. Entonces ante los ojos de los allí presentes, los ángeles lo subieron al Cielo.
222.
Después que Jesús hubo partido, los discípulos se diseminaron por las diferentes partes de Israel y del Mundo, y la verdad, odiada por Satanás, fue perseguida, como siempre lo ha sido, por la falsedad. Ya que ciertos hombres impíos, pretendiendo ser discípulos, predicaron que Jesús murió y no resucitó. Otros predicaron que él realmente murió, pero resucitó. Otros predicaron, y todavía predican, que Jesús es el hijo de Dios, entre los cuales está Pablo el engañado por el Demonio. Pero nosotros, todo lo que hemos escrito, eso predicamos a los que temen a Dios, para que ellos puedan ser salvados en el último día del Juicio de Dios. Amén.